jueves, 13 de abril de 2023

Concluyendo…

 
Después de muchos años llegué a una conclusión que me asusta y a la vez me sorprende. Amar a alguien que, por alguna razón, la que fuera, no puede corresponder a nuestro amor es extremadamente doloroso, es lo más parecido a la muerte de un ser querido, y sobran a lo largo de la historia obras y escritos respecto al tema en cuestión.
Pareciera que mientras más lea uno, mientras más se anime a escribir, o a sumergirse en la propia obscuridad, ahí donde habita lo que nos molesta, más espera encontrar respuestas – con una importante tasa de interés, de suspenso, que gradualmente y a la larga, nos embarga - buscamos de alguna manera descubrir un desenlace que cierra un ciclo y nos abre a otras páginas, ya no escritas, sino por escribirse. O a lo mejor, por vivirse.
La severidad y frialdad son propicias sólo para ciertos aspectos, no para los románticos y mucho menos para los poetas, o aquellos que tenemos pretensiones de serlo. Con el correr del tiempo hay que encontrar la manera para que no se conviertan en consejeras constantes, hay que aprender a dejarlas de lado, a intentar de algún modo la forma de no permitir que sus susurros lleguen lejos en nuestros oídos.
Amar a alguien que no te corresponde, muchas veces saca lo mejor de uno, toda vez que nos permite validar juegos de la imaginación, donde se presentan todo tipo de circunstancias; y
los poetas se la pasan escribiendo al respecto, aluden a ello como el dolor más grande que sintieron. Pero si se atreven a ver un poco más allá, si uno se anima a hacer caso a algunos poetas y artistas, a lo mejor encuentre cierta belleza en esa clase de amor. Un amor tan puro, una llama que quema y brilla y que no es alterada, fenecida o corrompida por la realidad cotidiana. Cada día es tan puro y perfecto como aquel día en que la llama comenzó a arder; y como ser melancólico y romántico que soy, prefiero aferrarme a eso cada vez que me sea posible.