miércoles, 2 de diciembre de 2020

Eterno III...

 


Prometeo no es sólo un titán de la mitología griega, nosotros tenemos uno nacional y lo llamamos siempre Diego. Su forma de jugar en la cancha convidaba ese fuego divino, invitaba al goce, al disfrute, al deleite visual; las emociones se exacerbaban con cada gambeta, la piel se erizaba con cada toque, con esos amagues, con esos golpes y patadas que parecían que provocaban su caída y sin embargo siempre se estabilizaba, increíblemente lo hacía, merced al tamaño de sus piernas que parecían troncos con fuertes raíces clavadas al césped.
Ese fuego trascendió aquella figura geométrica de césped. Con una esfera de cuero lograba la alegría que no podía dar la mejor política económica, ese fuego dio luz a una estrella dorada que jamás se apagará y que está colgada en el pecho de todo jugador que tenga la camiseta de la selección nacional.
No murió, está ahí, podés verlo, todos pueden hacerlo y decime si no brilla fuerte ¡Como nunca!.
De Fiorito a Qatar, de la letrina a las canillas doradas, de los dos ambientes del barrio a subir en ascensor con el auto a la puerta de una habitación de un 7mo piso. Un pibe de Fiorito hizo que todo el mundo hablara de él por días, que en la radio y la TV se haya reprogramado la transmisión habitual para hablar de este paradigma que se eternizará.
Un rey sin paje, sin ceremonial ni protocolos, todos los políticos, todos, morían por estar con él. Vale recordar sus charlas con Fidel Castro, sus bromas junto a Hugo Chávez, las charlas de fútbol con Rafael Correa, el apoyo a Nicolás Maduro, su cena con Muamar Gadafi​, el encuentro con Juan Pablo II y con Francisco, todos , todos querían estar con él.
De Fiorito salió un político al mundo que no temía hablar de soberanía americana, en contra del imperialismo, defendiendo la causa nacional de las Islas del Atlántico Sur, de hablar en defensa de los humildes y a favor del pueblo trabajador y de los jubilados. Defensor de las causas nobles junto a las madres y abuelas de Plaza de Mayo. La movía desde ahí, atacando como siempre, moviéndose en la cancha más difícil y tocando siempre para los pobres del mundo.
Los que por algunas políticas que aún nos son comprensibles del mundo, pasan hambre, en vos encontraron alegrías y se olvidaron por un rato de ese dolor en la panza y esos gritos de baja intensidad sonora que suele producirse con el hambre, ese dolor se transformaba en algo similar que nos pasó alguna vez a todos con la ilusión del primer beso, el vértigo del debut sexual o la presentación de un discurso ante muchas personas. Ahora había un embajador de todos ellos, uno como cualquiera que estaba en lo más alto, un fabricante en serie de sonrisas y gritos de júbilo. Ya no era necesario un plato de comida porque la panza estaba llena de ilusiones y alegrías estrenadas. Sabían que el pelusa nunca dejó de ser "el Diego" cuando se rodeaba con los millonarios que desprecian o desconocen sus posiciones. Siempre supo Diego quién era, de dónde venía, hacia dónde iba y qué debía hacer.
Los nórdicos hablaban de Thor y cómo éste protegía a la juventud, los egipcios tenían a Maat para la verdad y la justicia, en nuestro continente, los aztecas y olmecas tenían a Tláloc, los celtas a Dagda, los chino a Chi You; cerca estaba Visnu para los hinduistas y Amida para los japoneses y más atrás en el tiempo, Sin en la Mesopotamia, de todos ellos algo tenías vos.
El César se levantó en la Roma antigua, victorioso, venciendo a los conservadores del Senado; un mito nuevo nació en el mundo de la mano del 10, quien de abajo vino y bien arriba se fue, se suma a Gardel, se suma  a Fangio, a Borges y a Cortázar, a Perón, a San Martín, Belgrano, Rosas y Bouchard, ya no serás argentino Diego, pasarás a ser de todos, como dijo Cherquis Bialo, la historia tiene desde ahora un nuevo Capitán.

martes, 1 de diciembre de 2020

Eterno II...

 


No fue un día inesperado, pero fue abrumador y verdaderamente cruel verlo esa tarde buscando cariño en todos lados y rodeado de tanta gente y presentir que ninguna de esas muecas, ninguno de esos brindis, ninguno, quiero enfatizar ninguno, gravitaba en su corazón. No, no configuraban nada relevante en esa vida transcurrida hasta allí. La anatomía presente en forma de rostros, en ojos por doquier, en brazos que se asoman, en figuras humanas ¿Pero dónde estaba el amor para aquel guerrero?.
Devota, masifica e inanimada caravana ausente que bramaba tu apellido y tu nombre de manera incesante; sonrisas y aplausos tras pantallas, lágrimas de quienes profesan que te aman y siempre pensé en tu corazón ya cansado de tanto latir. Sólo solicita un poco de amor, empero estaba solo, estaba dolorido, estaba enfermo el peleador. Yo lo vi, lo advertimos con mi viejo esa tarde. Diego, en el partido más difícil te faltó esa asistencia que era tan crucial para vos. Nadie te acarició, nadie te miró a los ojos, nadie te dio un beso en la frente ni te dijo todo lo que te necesitaba, ni cuánto te quería.
El parte médico tras la autopsia dirá: "Edema agudo de pulmón secundario debido a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada, como consecuencia de corazón con miocardiopatía dilatada", la medicina me enseñó mucho de corazones enfermos gracias a mi viejo, pero todos sabemos que el corazón en un momento estalla... Van a especular que fueron las drogas, después el alcohol, el cóctel de alcohol con drogas y luego las pastillas, los sanatorios, pero la realidad es que murió de un amor que le dio a todo el mundo y que sólo volvió en admiración popular, pero no en gestos.
Una cosa es ganar y otra cosa es ganar con orgullo, en un lugar hostil, a los mejores del mundo, remontando resultados desfavorables, abucheado, denostado por tu forma de actuar, por ser siempre íntegro, por nunca fallarte, por nunca fallarles.
Un tipo que sólo se dedicó a amar, a sus viejos y hermanos, a su barrio, a su pueblo, a su pelota, a su casa, a su marginalidad, sus hijos, a su esperanzas, a sus hinchas, a sus sueños y a su selección nacional; podía sobrevivir a un padecimiento, a no tener un órgano, a soportar un profundo dolor, pero no podía vivir sin amor.
Todos recuerdan y ovacionan al formidable atleta que en catorce segundos, corriendo y amagando pasó a seis ingleses en poco más de cincuenta metros, vulnerando adversarios ¿Debió dejar suspendida esa imagen a la posterioridad? ¿Debió quedarse congelado para siempre?
¡No! La gente no llora un paradigma deportivo, la gente no llora una desaparición física en este mundo, la gente llora a un "villero", un hombre como cualquiera en el mundo, el mayor de los exponentes de la meritocracia (le cueste a quien le cueste aceptarlo), un tipo como vos que lees esto o como yo que lo escribo sin saber si lo hago bien; un tipo que con sólo verlo y decir su nombre no necesitaba un pasaporte, porque no era nuestro, era del mundo. Todos querían una foto con él, primeros ministros, príncipes, dignatarios de Estados, vos, yo, presidentes, ricachones, mafiosos, emires y papas... siempre con respeto, siempre con total admiración, como si fuera un igual, como si fuera uno de ellos; ¡Pero no!, no era uno de ellos, nunca terminó la secundaria, nunca tuvo los modales acordes a las grandes fortunas, sin embargo eso no le importó y en Oxford fue nombrado “Maestro Inspirador de Sueños” en 1995 y después vino Harvard en 2017 bajo el lema: "El Juego Global: Fútbol, Política y Cultura Popular" y con la naranja y su juego no hizo más que dejar sordo a todos con los aplausos que cosechó.
El guerrero sabe discriminar las situaciones: el adulto y el joven; el joven y el adolescente; el ejecutivo y el trabajado; el político y el que sufre... papá de su papá; padre de sus hermanos, papá de sus sobrinos, sindicalista de los jugadores, defensores de las causas perdidas en un mundo que parece no adecuarse nunca a los menos, que somos más.
Que difícil no sentir empatía por alguien que es querido y amado por millones en el mundo y que le falte ese amor de vedad, el verdadero, el que algunos tienen. Ese 30 de octubre habrás pensado ¿Dónde están los que me dijeron que me amaban?
Todo se vuelve finito en la vida ¿Dónde están mis hijos que me aman? ¿Dónde están las mujeres que dicen que me aman? Ya no estoy para discusiones, ahora soy esto ¿Dónde están? ¿Por qué no están conmigo?.
Un guerrero que dio todo y sólo recibió palabras de admiración, hundido en la más cruel soledad, que no es lo mismo que estar solo. Pero no estaban los rostros del amor y del afecto del alma. La soledad de estar entre uno y otros.
De repente apareció de vuelta, aquel susurro le profería que había jugado los minutos de descuento y que ya no había que pedirle nada más al referee, debía sonar el silbato y terminar el partido... así funciona el juego Diego, vos lo sabés mejor que nadie... de repente todo se vuelve obscuro...
El guerrero no murió en batalla, el guerrero murió por amor.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Eterno I...

 

Cuando era chico me asustaban los gritos de mi viejo tras cada gol y el reproche de mi vieja como una extensión al mismo, es como que la alegría y euforia de él no era acompañada por ella que no hacía más que ensayar algún reproche por el volumen, por el gesto o por cómo se paraba mientras comíamos o almorzábamos.
Una tarde estábamos viendo un partido del mundial de Italia 90, mis recuerdos son muy borrosos, porque apenas tenía 5 años, pero nunca me voy a olvidar de ese momento:
El arquero la reventó, la mandó a volar bien alta al cielo , no me acuerdo de qué selección era, pero el plano de la cámara se abrió totalmente y ahí estaba él, Diego, mirando al cielo, dio dos pasos y se quedó parado, no hacía otra cosa que mirar para arriba, en eso cae la pelota; Diego la paró con el pecho y la mató con el pie. Miró para los dos lados y comenzó a correr para el mismo lugar de donde venía la pelota. Me impactó tanto esa escena que lo miré a mi viejo y le dije: -Eses es re bueno jugando Pá- con una sonrisa y los ojos brillosos. -¡Pero claro que es bueno nene, es Maradona!- me dijo.
Eugenio y su hermano viajaron con su padre a Sudáfrica en 1996. La idea era ir de cacería dos semanas y recorrer distintas reservas donde se permitía la caza de animales no tan permitidos. "Había gente de mucha plata y de todos lados del mundo. Un español llegó bajando desde Europa y recalando en distintos puertos hasta llegar a Sudáfrica, sólo para cazar", me contó Eugenio. La cosa es que era all inclusive el asunto, los dólares eran oro puro y todo estaba al alcance de la mano con muy poco dinero. "Acordate que estaba el 1 a 1" me dijo... ese empate nos costó bien caro, pensé.
Resulta que una tarde salen a la reserva más lejana del "paquete turístico", con la advertencia de que las personas que allí vivían no les gustaban los turistas y que había que evitar molestarlos. El viaje fue como de tres horas por medio de la estepa hasta que llegaron al lugar en cuestión. Eugenio llevaba puesta una camiseta de la selección nacional y arriba de ella un chaleco con todos los menesteres para la cacería. El viejo de Eugenio se fue con el gallego rico por un lado y Eugenio con el hermano para el otro, quedando que a determinada hora se encontraban con el guía, el conductor y el asistente en ese lugar. Caminaron un motón y sin querer se acercaron a la aldea donde estaban los habitantes de esa zona, se quedaron viendo como jugaban fútbol con una especie de pelota hecha de trapos y hojas; miraron un rato y cuando se dieron cuenta, ya era tarde y sigilosamente, como fueron, comenzaron el retorno. De repente aparecieron dos negros muy altos con lanzas apuntándoles al pecho. "Nos hablaban a los gritos, no entendíamos nada", cuenta Eugenio. Bajamos las armas, mostramos las balas, les mostramos que no teníamos nada y uno me miró y dijo: -Maradona-. A lo que respondí: -Si, si, Maradona, somos argentinos-. -Maradonaaaaa- gritaba el negro y bajaron las lanzas y con gestos nos invitaron a jugar el partido de fútbol que habíamos interrumpido con nuestra presencia. "Le regalé la camiseta a un pibe que casi me rompe el tobillo con un faul", me terminó de contar.
Franco viajó a la URSS en el ´87, quiso sacarse las ganas de conocer el tren transiberiano junto a su mujer Paula. Juntos cruzaron la cortina de hierro y recorrieron la entonces Alemania Democrática. Tras dos semanas llegaron a la Estación Yaroslavsky, en Moscú. Tenían los pasajes desde hacía dos semanas porque siempre se agotaban rápido. Si bien compraron locaciones en camarote, a la hora de comer iban al salón comedor. Allí se reunían soviéticos de todos lados. "Entramos el primer día y nos miraron muy mal todos, tanto al almuerzo como a la cena", contó. Al otro día Paula me pidió que no vayamos, porque no le gustaba como nos miraban. La terminé convenciendo y fuimos. Al entrar nuevamente se cortó la música que venían tocando con una guitarra y un acordeón; el silencio se perpetuó mientras nos sentamos. En un momento, mientras cenábamos, se acercó un polaco con una barba muy tupida y con una espalda enorme y nos preguntó de dónde éramos, o al menos eso llegué a interpretar, me dijo. De algún modo me di a entender, "Somos de Argentina", le dije. El polaco nos miró sin entender demasiado. "Argentina, Maradona", volví a decir. "Maradona, Maradona", empezaron a gritar y a tocar una canción con su apellido. El Diego era conocido en todos lados ¿Viste?.
Mariano me contó de cuando viajó a China en el año 2005. Subió a un catamarán que navegaba por el río Yangtsé. Luego de unas horas de calma navegación y de contemplar el paisaje hermoso, se les acercaron en botes a vender artesanías varios pobladores locales de las costas de ese lugar. Desde arriba del catamarán, uno que estaba cerca le muestra la camiseta de Italia... nosotros, le gritamos "Argentina". El tipo se dio vuelta, miró con cara de felicidad y dijo: "MARADONA".
El tío de Hernán había viajado en 1988 a Argelia, resulta que el INVAP firmó un contrato para la construcción de un reactor nuclear de investigación en ese país, de 1 MW de potencia térmica. Esa planta, de tipo multipropósito, fue inaugurada en abril de 1989 en Draria, tras una fase de construcción de 18 meses. Recibió el nombre de NUR, que significa luminosidad en árabe. El diseño del NUR es similar al Reactor Argentino RA-6 construido en la Argentina, aunque cuenta con mejoras realizadas en la interfaz hombre-máquina. Perdón, demasiados datos que no vienen al caso. El tío salió a pasear por el desierto junto con unos amigos y se terminaron perdiendo. En ese momento en el país justo había una reunión de emergencia de la OPEP, con medidas de extrema seguridad antiterrorista. Perdidos, iban caminando por el medio del desierto, siguiendo lo que quedaba de sus pasos, de repente una patrulla del ejército se los cruzó en el medio de la nada con un jeep.  Sin saberlo eran extranjeros, sospechosos y estaban cerca de alguna base militar. Se bajaron del Jeep a los gritos en árabe, mientras los rodeaban y les apuntaban nerviosos con rifles semiautomáticos. La situación escaló a gritos cada vez más fuertes, nadie entendía nada. Seguían preguntando qué hacían ahí, sin poder comunicarse. El tío, tratando de explicar que era argentino trabajando para el gobierno haciendo el reactor, no logró hacerse entender, entonces los militares se pusieron cada vez más nerviosos y gritando, los hacen agacharse y disparó un tiro al aire como advertencia que estaban hablando en serio. El tío volvió a explicar todo, tratando de expresar que eran argentinos que no eran yankees, no eran de la CIA, ni eran israelíes del Mossad. Por alguna cuestión, los militares no entendían la palabra "argentinos". Hasta que de pronto en la desesperación les dice "Argentina, Maradona". Uno de los militares dijo: “¿Maradona?”. “¡Maradona! ¡Maradona!”. Repitió el tío, "Argentina, ¡Maradona!”. Y entonces mágicamente todos se entendieron. Ya no eran una amenaza, eran los campeones mundiales. "Eran Maradona".
Guido hablaba con un amigo, en un banco de plaza en el Parque Avellaneda, de cuando pasó el peor momento de su vida en un viaje. "En inmigraciones, en el aeropuerto de Riad, en Arabia Saudita, el policía del aeropuerto que me tocó, me revolvía toda la valija hasta que encontró una revista <<El Gráfico>> con la tapa de Diego que llevaba para un amigo que conocí por internet y que vivía allá y ahí terminó la historia y mi cagazo. El policía se lo mostraba a todos los compañeros <<Maraduna>>", decía.
Alejandro escribió en su Facebook lo siguiente: Me pasó una vuelta estando en Miami. No es una anécdota de esas traumáticas, pero no deja de ser sorprendente. Íbamos con un compañero de trabajo hablando por el hall del hotel en el que nos hospedábamos, hablábamos de cualquier tema y de repente, antes de bajarse del ascensor al que habíamos subido, un colombiano nos miró y dijo: "Ustedes tienen la suerte de pertenecer al país del mayor jugador de fútbol del mundo"

jueves, 26 de noviembre de 2020

Eterno...

 


Te despertaste sobresaltado, lo sé, ese dolor en el pecho esta vez era más profundo que antes. Sentiste miedo, miraste a tu alrededor y no había nadie... cerraste los ojos, respiraste profundo y contuviste la respiración. El flash de siempre y recordaste que ya te había pasado algo parecido hacía un tiempo y que no fue nada grave, nadie se enteró de eso aquella vez, siempre fue tu secreto. Volviste a abrir los ojos, sentiste frío tal vez, como lo sienten todos que están cerca de la huesuda... volviste a cerrar los ojos. Vinieron imágenes de Don Diego y Doña Tota, recordaste el barro de los potreros de Fiorito y también el calor del agua turbulenta del hidromasaje de Dubai y saboreaste con la mente ese champagne que te encantaba tomar siempre por las mañanitas, promediando las 10 hs.
Pesa levantar la cabeza de la almohada cuando la carga de tristeza es tan grande, pero no podés quedarte todo el día acostado. Te levantaste y haciendo un gran esfuerzo fuiste a la cocina, ahí estaba Momona haciendo el desayuno.
-Hola Diego, buen día. Te hice el desayuno.
Te negaste, no tenías hambre ni ganas de nada, a decir verdad te levantaste para no estar todo el día en la cama como lo venías haciendo.
-Dale Dieguito, lo hice igual que como lo hacía la Tota. Insistió la Momona.
Pero no quisiste saber nada de desayunos. No se puede comer cuando el alma está rota y la dieta era la mediación del tratamiento médico post quirúrgico hacía días, pero vos tenías la cabeza en otra cosa. Vos sólo pensabas en ellos, en cada uno. Ya venías repitiendo sus nombres desde ese día que lograste concretar esa 60va órbita al Sol, los repetías en sueños, los susurrabas cada vez que podías: Dalma, Gianinna, Jana, Diego Fernando y Dieguito.
Ese día costó caminar tanto en esa cancha, los abrazos venían de todos los flancos, pero ninguno era de alguien que vos esperabas. Se te notaba Diego, la mirada perdida, expectante, a la búsqueda de un rostro familiar, de un afecto, de alguien realmente cercano... NADIE, pero todos, estaban todos ahí, abrazo tras abrazo, palmada tras palmada, te acariciaban, te agarraban de la cabeza y te volvían a palmear, te frotaban el pecho y te hablaban al oído. Costaba entender con tantos tapabocas.
"Una foto Diego" gritó uno de un costado y el flash fue fortísimo. "Acá Diego, mirá para acá" vociferó alguien en esa multitud de rostros cubiertos por tapabocas, entre los estruendos de los fuegos de artificio...Te hicieron caminar un montón Diego, te faltaba el aire, el tapabocas bajo permitía que esa mezcla de argón, dióxido de carbono, helio, nitrógeno y oxígeno entrara sin restricción por tu nariz, pero el esfuerzo era total, allá estaba ese sillón esponsoreado, allá lejos, pero cerca, asistido siempre, pero no imposible. Los altoparlantes bramaban tu apellido con melodías grabadas, pero vos buscabas a la gente en la tribuna, no los buscabas a ellos, buscabas un rostro familiar, de alguien que te quiera realmente.
Las placas no valen, las camisetas tampoco, un sillón de rey no es nada cuando el alma está fragmentada, cuando la soledad es acompañada por gente que uno apenas conoce, las piernas lo sintieron Diego, la gravedad del planeta es grande, te aplasta... él lo notó y tras aquel abrazo, el cabezón te asistió para que Tapia te mostrara otra placa. Vos no entendías bien, te temblaban las manos, después una camiseta; abrazos y manos de todos lados y ese sillón...
Y vos ya no estabas, vos no estabas ahí, estabas con la cabeza en otro lado, estabas susurrando aquellos nombres y apareció de nuevo ese dolor y ese frío en la oreja que bisbiseaba tu nombre como hacía tiempo, pero esta vez más cerca, más cerca que nunca.
Veinte minuto fueron demasiado para una mente que no estaba allí.
-Momona me voy a acostar, no me siento bien, hay mucho ruido.
-Estás muy pálido Diego. Respondió ella.
Todo se volvió borroso, ¿Es extraño sentir como flota uno no?
La gente alrededor se puso muy nerviosa, una tensa calma por un instante...
El susurro al oído era cercano, frío, pero no era amenazador, era vehemente: -Ya está bien Diego. Se terminó el tiempo de descuento, diste todo, el partido tiene que terminar.
Un instante, unos milisegundos...

miércoles, 21 de octubre de 2020

Pirata de la melodía...

 

 
                                                       Una un poco vieja que terminamos escribiendo
                                                       con Luquitas, allá tiempo, hace lejos.
 
Te estás aburriendo,
me puede matar,
vestite que nos vamos.
Es parte del juego,
podés esperar,
a la cumbre no legamos.
 
Te ves asustado,
es para pensar,
hay un clima desquiciado.
Hundido en el fondo
de un viejo placard,
tal vez estoy atado.
 
Me está seduciendo
una especie de azar,
un poco complicado.
Hay luz en el fondo
y no creo llegar.
No sé si estás al lado.
 
Estoy abollado,
no levo anclas,
pirata conformado.
Botellas vacías,
la fiesta no acaba,
te busco en cualquier lado.
Al costado una araña,
que no para más,
me tiene hipnotizado.
 
Cerca hay una isla
donde naufragar,
refugio avistado.
Hay baja marea
en este lugar,
vertiginoso salto.
 
Me está seduciendo
una especie de azar,
un poco complicado.
Hay luz en el fondo
y no creo llegar...
No sé si estás al lado.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Utima fuga...

 

Adiós amor mío, espero te vaya bien siempre,
ojalá te brinden lo que yo no pude darte,
ojalá te den lo que en mi no encontraste,
ojalá se dé ese amor que tanto reprochaste.
 
Yo me refugiaré en las sombras de la obscuridad,
me cubriré con el bullicio del silencio cruel,
me esconderé en las corrientes de la tristeza,
y encenderé los brillos de mi soledad otra vez.
Cuesta poder olvidar cada detalle tuyo,
aquella sonrisa que me roba la calma,
aquella mirada que provocó en mi ilusión,
aquellos labios que me han quitado el sueño,
aquella voz que mi nombre susurró.
 
Más ahora debemos despedirnos,
es momento de dejarte marchar,
que seas feliz... de veras muy feliz...
que nunca te abrace la soledad,
mi corazón clausurado está por ti
ahogado en llanto a orillas de la cama.
La hora benigna me pegunta la hora,
yo le respondo con mis historias de amor,
pierdo el rumbo en rotas promesas,
le cuento de nuestras charlas sin tiempo
desorientado y aturdido de tanto esperar,
piloto federado, con miedo a volar.
 
Los despegues son opcionales,
los aterrizajes son obligatorios.
Pido pista en el bar de amistades,
se escuchan mil palabras, miro y miro
esperanza cruel de allí encontrarte.
Brindis con vino y guarnición de lágrimas
Adiós amor mío, iluso al esperarte.
Que el amor sea quien te acobije,
terminó este vuelo de cabotaje.
 
Inventemos un final feliz para esta historia,
las palabras sólo generan dudas, me dijiste.
Seamos recuerdos enterrados en esta ciudad
solos, en la tranquilidad los amantes,
donde nadie nos encuentre,
volveremos a despegar.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El bicho...

"Las verdaderas historias de amor nunca tienen final."
Richard Bach

 

Pasaron muchos años, todavía me acuerdo de estar sentado en aquella plaza, los patos se corrían con insistencia hasta que llegaban al agua y allí hacían una fila india hasta la islita de enfrente. Sentado bajo el Sol, sentía una leve brisa que me trajo la voz de un niño que le preguntó a su abuelo sobre los días de la pandemia.
̶  "No quisiera hablar de eso Benja, andá a jugar un rato." Respondió con la mirada perdida.
̶  "¡Dale abuelo, contame!." Insistió el niño, elevando la voz.
Tras unos segundos de silencio y luego de un suspiro, siempre con la mirada perdida y un tono de voz ameno, comenzó su relato:
̶  "Algunos lo llamaron COVID, muchos la peste, otros "el bicho", a mi me gustaba esa forma de llamarlo, era como lo veía, pero tuvo muchos nombres distintos según como uno lo vivía o como terminaba la historia. Un día nos habían dicho que debíamos quedarnos en casa por cadena nacional. Había un médico, un infectólogo, creo que se llamaba Pedro Cahn, según muchos era el más sabio de ese entonces; en aquel momento nos advirtió a todos, nos dijo:  `el virus no te busca a vos, vos salís a buscar el virus. No salgas´. Pero en aquellos tiempos, al igual que ahora, en los medios de comunicación hablaban mucho, había periodistas de renombre que impulsaban a la gente a salir, había una mujer que decía que tomar dióxido de cloro era bueno, y así,  algunos lo tomaron y murieron... tengo un vago recuerdo de un médico, un tal doctor Claudio Zin, que pedía que los chicos salieran a la calle porque ellos no contagiaban a otros. En el ejercicio pleno del uso de la libertad y en la necesidad de llenar espacios televisivos, todo estaba permitido, casi cualquiera podía salir a desafiar a las autoridades, señalando que ellos iban a salir, bramaban que nadie se los iba a prohibir, buscaban de alguna forma que la gente saliera y se contagiara."
A esa altura del relato, me parecían hipnóticas sus palabras, buscaba posicionarme lo más cerca posible, dentro de los límites que me ofrecía mi banco de plaza, para no perderme detalle alguno de lo que estaba atestiguando, pero tampoco quise ser invasivo, ni mucho menos pecar de chusma.
̶  "No eran buenos tiempos aquellos querido Benja, mientras eso ocurría, otros impulsaban por las redes sociales manifestaciones de contagio múltiple, la mayoría ponía en tela de juicio las palabras de los infectólogos, se reían de ellos, se burlaban de los sabios... no había expertos, claro, todo era nuevo, se aprendía día a día sobre "el bicho". Se trabajó mucho Benja, día y noche, como nunca esa gente nos estaba cuidando, muchos se mofaban de la palabra "científicos",  otros los amenazaban a ellos, a los sabios de la época, los  amenazaban, como en la edad media; decían que luego de la peste no iban a poder salir a la calle por que los iban a estar esperando. No eran buenos tiempos aquellos querido Benja, en aquel entonces un grupo de intelectuales y periodistas denunció que la cuarentena era una dictadura, todos denunciaban algo, denunciaban. Denunciaban que no funcionaba el parlamento porque no estaban todos en el recinto, muchos políticos exigían debatir en forma presencial y cuando le decían que lo hicieran ellos y el resto que lo hiciera de manera virtual, anunciaban que era un golpe de estado; se denunciaba que no funcionaba la justicia, a pesar de que todos los días salieron fallos... Lo peor era la angustia que contagiaba ver televisión Benja, uno podía comprender el aislamiento y el hastío, pero se justificaba proferir cualquier barbaridad escudado en la libertad.
`Aunque no lo creas, es cierto, en el medio de la pandemia no permitieron que médicos de otros países vinieran a ayudar, tampoco permitían impulsar gravámenes para financiar la ayuda a los más desprotegidos, a los más vulnerados, a los hambrientos, a los enfermos, Benjamin.
`En Buenos Aires y Bahía la gente ponía carteles en los ascensores para echar a los médicos que vivían en los edificios por temor a contagiarse; los médicos escribían cartas desesperadas, pedían en los medios que los escucharan, escribían contando que estaban perdiendo la lucha contra "el bicho", que no daban más, que estaban exhaustos, en muchos casos enfermos y que muchos habían muerto peleando de igual a igual con el virus. Escribían contando lo que muchos sabíamos: que ganaban monedas, que debían tener varios trabajos para sobrevivir... y de golpe las camas de terapia intensiva se iban acabando Benja, día a día eran menos al igual que los respiradores, que eran el último recurso que se usaba en ese entonces para intentar de algún modo salvar a aquellos que ya no podían respirar por sí solos... y aunque se sumaban camas, como se podía y también respiradores, ya no quedaban más médicos calificados... La gente se moría todos los días sin un ser querido que estuviera a su lado sosteniendo su mano, o se despidiera en medio de un llanto, o esbozando la sonrisa más bella para que el último recuerdo así lo fuera...
Algunos contagiados volvían a contagiarse, aquella vacuna tardaba en llegar  y todo era incertidumbre. Entre tanto se armaban grupos de lobby para luchar por el derecho a salir a correr, a jugar al tenis, a ir a un  gimnasio. Muchos, en cambio, salían a la calle a marchar por la libertad y en contra de la cuarentena, generalmente se aprovechaban las fechas patrias, armaban una especie de contagiasos que posteriormente derivaba en más enfermedad y más muerte; al final de la marcha volvían a sus departamentos y tocaban el botón del ascensor en la planta baja, el mismo que apretaban otros que iban a ver a sus padres, a sus abuelos o se escapaban a ver a su pareja. Y así Benja, cada día se contagiaban más, cada día morían más y los que aún no habían perdido la razón temían tocar las cosas por si estuviera infectado,  a veces Benjamin, temían hasta respirar en algunos espacios compartidos con otras personas a pesar de usar tapaboca.
`No puedo olvidar aquellos  días en que se dieron la mayor cantidad de contagios, cuando todos debíamos estar dentro de nuestras casas cuidando a nuestras vidas, siempre me acuerdo Benja de dos conductores de TV que ante un paneo de la cámara, dijeron:  `Que lindo para salir a tomar una cerveza en un bar, hay poca gente, debe ser porque hace frío, ponete una mantita y salí´."
El hombre, bastante mayor rompió en llanto mientras su nieto lo consolaba con un abrazo. Una brisa fresca aceleró la caída de una lágrima mientras caminaba hacia la esquina para volver a mi casa.

viernes, 21 de agosto de 2020

Qué extraño es todo esto...

Todo lo que está ocurriendo me asusta de algún modo, me acongoja y hasta me duele, pareciera que forma parte de una novela de ciencia ficción; daría gusto leer y estudiar cada uno de los sucesos si así fuera. Es muy extraño todo lo que ocurre en la vida social y política de esta pandemia. Creo que éstos tiempos que vivimos, bien valen el título que presenta este ensayo. Para empezar esta pandemia es lo más extraño de todo lo que he vivido, no conozco persona alguna que haya transitado una crisis sanitaria de éste tipo. A lo mejor habría que recurrir a la gripe española de 1918 para aproximar a la catástrofe actual epidemiológica, tan ecuménica.
Uno nunca es ajeno a los males de la cuarentena a pesar del confinamiento, pero de todos modos, la soledad, estar incomunicado, lo impenetrable de los muros, no es una preocupación para determinadas personas, en mi caso me visitaron siempre en cualquier época del año y en mejores situaciones sanitarias. Uno viene con una costumbre de sentirse solo, de quedar atónito a la realidad y no comprender el carácter de los sucesos que lo rodean y de algún modo siempre me sentí encerrado, aún estando bajo los cielos más despejados y los horizontes más bastos a los que la vista puede aspirar y aún así me he sentido confinado.
A lo largo de los años he intentado agrandar mi soledad haciéndola multitudinaria de alguna manera, uno adquiere la posibilidad de convocar fantasmas, sombras y algunos ruidos y ahí ya uno no está tan solo. Esas presencias son el amor, la ciencia, el arte, los sueños, la imaginación y trato todo el tiempo de leer, de escuchar, de inventar alguna cosas, de buscar o escribir... tratar de construir un sueño, con toda la dificultad que ello supone, porque la soledad tiene también la crueldad de desechar todos los borradores que uno le presenta. A lo largo de los años que me he sentado a escribir, de manera aficionada siempre me resultó difícil aprobar algún borrador personal; casi siempre ocurre que lo aprueban los amigos, los familiares, alguna pareja, pero cuando el poeta se encuentra solo, el rechazo a los borradores es inevitable y ello configura una profundidad en su soledad y no hay mejor recurso que intentar hacer algo, escribir, resolver una ecuación, pensar en otras vidas, toda vez que a lo mejor ésta ya no alcanza, y en las cuales uno esté muy acompañado.
A lo mejor uno se relaciona con personas que quizás no existen, se relaciona con personas que no son otra cosa que invenciones nuestras y estas cosas pasan en el amor, en la relaciones con amigos y lamentablemente también en términos políticos, por eso uno se hace afín a determinados movimientos.
En mi caso, no suelo dar consejos, aún cuando me los piden porque no soy un buen decidor, y como cada vida es individual, y temo que cuando yo diga que uno no puede comunicarse con nadie, la otra persona entienda otra cosa y en definitiva lo que queda tras cada diálogo es una suerte de ruido. Se configura ese ruido que hace dificultoso escuchar la letra o la música del mensaje. Eso desde ya es más profundo en éstos tiempos donde la dilación de las comunicaciones, por cables, cámaras, en fin, la vía virtual, confabulan en tales términos. Esto me hace pensar que es preferible evitar ese tipo de exposición y como pensé siempre, evitar de todos los modos, resistirse a la tentación de querer ser genial. Por eso elijo en estos tiempos sentarme a escuchar, para no entender por mis propios medios, lo que quiera proferir cualquier interlocutor. Más en estos días que hay tantas visiones como personas que construyen su propia biosfera, donde elaboran toda clase de teorías y de pensamientos que a veces la razón no alcanza a comprender del todo.
A lo mejor el resultado de todo esto es una nueva forma de comunicación donde podamos comunicarnos, inventar nuevos códigos que nos permitan comunicarnos con mayor riqueza y fluidez... O tal vez, éste es el momento adecuado para inventar nuevos lenguajes que nos acerquen más a los demás y quizás, nos haga sentir menos solos, y que diga más cosas, y lo haga más claramente que el lenguaje actual, en el cual basta que yo diga que desconfío del idioma para que usted entienda otra cosa; entonces usted me va a decir que yo tengo razón y yo voy a entender otra cosa también.
La soledad hace que sea casi imposible conectarse a otras personas, Sábato decía que somos islas y que es difícil comunicarse; en mi caso creo que es muy difícil. Algunos lingüistas sugieren que la comunicación hasta puede ser imposible, toda vez que se desconfía tanto del idioma que basta que yo diga que desconfío del idioma para que usted entienda otra cosa; entonces usted me va a decir que yo tengo razón y yo voy a entender otra cosa también. Esto resulta en una sumatoria de equívocos que no es otra cosa que el lenguaje de los seres humanos, que a mi parecer produce una especie de angustia permanente que no es otra cosa que la angustia de existir (acá es donde me cagaría a pedos mi querida Paula), que se constituye con los siguientes elementos, a saber: primero: uno sabe que va a morir; segundo: uno está solo; tercero: es difícil comunicarse... Luigi Pirandello le decía a su mujer que nadie conoce a nadie... Creo que tenía razón.

martes, 28 de julio de 2020

El hombre es hombre

Improvisación creada con mi querido Fede,

una mañana en la placita del barrio,

allá tiempo, hace lejos


El paisaje es tal vez mezquino en bonanza, 

empero el hombre en el fondo busca ser hombre.

En el entorno en cuestión no hay piedra 

en el camino que niegue su tradición, 

más cuando el Sol indica su destino, 

no hay cerro que doblegue su ambición.

La penumbra rompe el horizonte, 

un día presto a comenzar, 

no hay Sol que por renegado no vuelva

y a la Luna se preste a iluminar. 

Aquel camino que el hombre sigue

ya sin rencores en eterno naufragar, 

vino y vidala menguarán su pesar. 


Es camino por rumbo propio

y la aflicción aderezando el andar.

Faca y pava en el cinto, 

el hombre carga tras mucho caminar, 

caballo esquivo y mezquino

que elegante sigue su penar. 

Porfiado el hombre busca destino, 

su cumbre más alta anhela alcanzar.

Un puesto esperanza traerá:

calor y yerba, agüita y pan;

carne asada, baguala y sal.

Días en pena, prosigue al andar, 

destino maula, vino y llorar.


El hombre es hombre más por su andar, 

va por la carrindanga hacia el mar, 

Bahía y frutos espera encontrar, 

mil soles, sin fin de sombras y 

millones de luces más.

El hombre es hombre más porque busca 

en cada uno de sus pasos al andar.

jueves, 25 de junio de 2020

Agustina...


Eres libre de crear y venerar el pasado que elijas,
para así proteger y transformar tu presente.
Richard Bach.

Agus, voy a dormir un rato
entre sueños y sonetos,
con los párpados ya cansados
de leer nuevos cuentos.
Me voy aferrar a tu recuerdo,
como si fuera tu cintura,
poniendo rumbo a tu encuentro
puerto seguro esta noche
que me abrigo del deseo y la locura.

Agustina dijo adiós aquella madrugada,
enfrentado al corazón
aseguró que no le gustaba.
Yo la abrazo a lo lejos,
ella se despide sin palabras,
yo tiré el ancla a la imaginación
y ella cerró su persiana.

Agustina lleva en su mirada
infinidad de fotos imaginarias,
ilumina mil retinas
con cada una de sus palabras.
Ella se la juega el todo por el nada,
carga el peso en sus labios
del silencio de mil frases,
que tienen un destinatario.
Lleva atado a su corazón
un sentimiento indecible,
sin pretensiones de obras cumbres,
mientras escribe en un borrador,
sus ojos describen el firmamento
con cada sonrisa esbozada.

Y la abrazo como barco al puerto,
naufragando en su olvido,
aunque duela el corazón,
quisiera ser a quien ella ama.
Agustina duerme, es muy tarde de madrugada,
acá hace frío esta noche
y yo sueño que me ama.

domingo, 19 de abril de 2020

Hoy...


Hoy que borré tatuajes del pasado,
confesé mis secretos de cama
y silbando una vieja canción
me aferré a ilusiones lejanas.
Hoy que nada está perdido
y que lejos está la gran ciudad,
que me dispuse a escribir la novela
y terminé abrazándote en estas rimas.

Hoy que mariposas huyeron lejanas
del estómago a mejores lugares,
decidí reinventarte en este
lejano y atípico lugar.
Hoy que logré verte desde
el abra del despeñadero,
hoy que celebramos este
nuevo reencuentro.
Hoy que blancas cumbres
tiñen mi asombrado mirar
y que entre valles y las alturas
descubrí mi fragilidad.

Hoy que no es mañana,
que ves transmutada la soledad
por esta escritura viciada,
que aprecias el melancólico trabajo
que esquiva la tragedia.
Hoy  que se perfilan sentimientos archivados
por aquel necesario estado de sitio,
soy la sombra del poeta quien
le roba unas pocas palabras al silencio,
para ver si todavía me les animo,
justamente porque hoy es hoy.


martes, 14 de abril de 2020

Conspirando (contra mi)…


Te busqué sin ánimo de encontrarte
y aún espero sin querer hacerlo.
Te llamo en sueños para hablar de nada,
te pienso en silencio diciendo tu nombre.

Y así me vá, callando lo que quiero oír,
profiriendo lo que no se me ocurre,
esquivando lo que me gustaría
que suceda y nunca va a suceder.
Con las velas rifadas
tiro el ancla en las noches
en las que te recuerdo, mientras
ahogo mis pensamientos inútiles.

Marejada y aguaceros me bañan
en recuerdos vagos de llanuras sin sueño,
día tras día se desdibuja el calendario
 y el otoño anuncia de a poco que llegó su fin.

Esa brisa que no deja de congelarme,
me susurra al oído tu nombre.
prólogo de una excursión
por los tiempos ya idos.
Una planta del adoquín vi brotar
y me dieron ganas de continuar.

Soy el que intenta hacer esta poesía
y reniega al ver que no le sale como ayer.
Soy el que conspira esta noche en mi contra
sinfonía interrumpida, amarga y cruel.


miércoles, 1 de abril de 2020

Tarea para el hogar…


El motor no enciende, afuera está helado, hielo en el parabrisas, brasas cerca de mi boca, el humo se confunde en la obscuridad de la mañana. No quiero que me hieras otra vez.
El motor por fin enciende y quemando combustible escapo, la radio acechándome con temas que no quiero ni escuchar, hubiese querido no perder mi ebriedad de hace unas horas atrás y seguir escuchando rock… el embrague que viene a mal andar me trae a la realidad, no se puede divagar en pensamientos mientras se maneja.
Tu sonrisa en el sueño de ayer me tiene a mal traer, fumando en la obscuridad, comienzo a ver la claridad del día que empieza a deglutir todo y que desea pronto morir, me estoy perdiendo en mi pelotudez y en esa mueca que pretendía ser una sonrisa volcada al espejo retrovisor… tarea para el hogar: dejarte de pensar por las mañanas, no vaya a ser cosa que tenga que frenar y por pensarte me estrole con algo o alguien.
Yéndome pronto me escaparé, como siempre, ebrio en mis sueños te hablaré, como nunca, pero hasta entonces realizaré mi tarea para el hogar.