Charlas con el tío…

jueves, 31 de diciembre de 2015

El otro día sugirieron realizar recortes de la vida de cada uno en un programa de televisión, o sea, recortar momentos poco significativos, esperas, desamores, de infelicidad, a veces de tristeza o aburrimiento y al terminar la edición creo que quedaría una película de diez minutos. A esa conclusión llegamos tras un corto debate con el tío, empero el relato a continuación bien podría caer en esa suerte de edición de vida personal, no por su falta de contenido, sino más bien por una cuestión de repetición y hasta hastío.
De todas maneras lo peor es que sucedan situaciones o comentarios como: “El otro día estuve con Roberto, ¡está siempre igual, no cambió nada, siempre un tipazo!”, como si se tratara de un elogio, una virtud o algo positivo… todas esas repeticiones o frases como: “yo siempre les digo a mis hijos”, ó “como yo siempre digo”, ó aún, “a mis alumnos siempre les cuento lo mismo”, se tornan para mí como mensajes alarmantes, verdaderamente alarmante dado que la imaginación personal de ustedes (al igual que a mi), ya se estará construyendo la imagen tediosa de los hijos, los alumnos o de todo aquel que padezca dicha situación la cual es pésima, al igual que alguien que siempre repita lo mismo. En definitiva, el “siempre” termina siendo ominoso y refiere a repeticiones que a priori da a pensar en determinada patología. Mi tío entonces, es ese tipo de persona que padece esa patología y mi relato a continuación, hace referencia a su discurso, siempre, en sobremesas, a veces en el momento del café, o en ese instante previo a servir el asado, cuando se vierte por vez primera el vino en la copa.
En esas charlas de entremesa mi tío afirma luego de unas copas que: Es siempre bueno y vale la pena decir que uno hace el esfuerzo de pertenecer a determinado grupo de personas, los que tienen ganas de hacer algo, de concretar metas o simplemente de ser parte de una historia y que ese grupo siempre lucha, tiene esperanzas de amor o sea que mantiene las esperanzas de que ocurra algo muy bueno cada vez que piensa en el futuro, pero siempre será a mi modesto parecer un gesto de cortesía a uno mismo y para los demás también, sobre todo a aquellos que nos quieren, aman o nos acompañan. El creer en proyectos, en mantener ideales o defender aquellos valores propios, siempre refresca, eso mantiene joven a uno mismo. En definitiva mostrarnos de esa manera es un gesto de amor también para aquellos que nos quieren, nuestros padres, hermanos, amigos, familiares e incluso nuestros hijos o aquellos que se acercan a nosotros.
Conozco muchas personas que otrora fueron muy intensos, con mucha energía y de ellas algunas muy tempranamente y otras no tanto, comenzaron a “desinflarse”, se pincharon, como se dice coloquialmente en los barrios de Buenos Aires y que quede claro, no me refiero con ello a adquirir algunos kilos de más, perder el cabello, comenzar a usar anteojos o simplemente ser más lento en la forma de pensar o responder con el paso del tiempo, sino que a mi parecer es como si terminaran entregándose al tiempo, renunciando a lo que puede ser, pierden el cinismo que los caracterizaba y la característica principal es la falta de exigencia alarmante ante todo, por citar algunos ejemplos: no exigen que un gobierno satisfaga alguna necesidad básica ó que una gracia sea humorística y los hagan reír; no exigen que una película o programa de TV sea cautivante para toda su vida; especialmente no se exigen ellos, en definitiva y para no hacerla larga, no exigen nada de nada. El reflejo inmediato está a simple vista en el espejo, pero ya ni en eso se fijan y todo comienza con una camisa mal abrochada o por fuera del pantalón, la mirada perdida y con desgano, se sientan mal en las mesas, pierden el ánimo de seleccionar adecuadamente las palabras que van a utilizar coloquialmente; no se toman ese tiempo, prefieren que la cara, las manos, sus expresiones y pensamientos sean laxos. La consecuencia es conocida por todos, el discurso concatena en palabras yuxtapuestas que se asemejan a una persona intentando cruzar un arroyo de poco caudal saltando de piedra en pierda sin saber cuál va a ser la otra y claro…  todo eso con el paso del tiempo deriva en las clásicas repetición de anécdotas o momentos.
Si te está sucediendo algo parecido a lo que relato, te pido por favor, anotá lo que contás, pensá cuando hablás y contás una historia o suceso, pero no por vos, sino por nosotros que te queremos y te escuchamos, nos vas a ayudar, te vas a ayudar. ¿Por qué digo esto? A veces acontece por decadencia propia, pero muchas otras es por egoísmo que suceden esas cosas. Ese egoísmo de dejarse estar sin pensar que uno ocupa un lugar en el mundo y lo comparte con otros que lo miran, conviven y hasta lo quieren. Y aunque no tengas para quién, tenés que pensar que siempre uno hay. Igual, tranquilos, muchas personas (quizás nosotros, agregaría al relato del tío) creen que no son así y  son así… el mundo se caracteriza por tener personas que creen que no son de una manera y terminan siéndolo. El otro día hice una prueba preguntando: ¿A quién le gusta la democracia? Y todos levantaron la mano, cuando en realidad no a todos les gusta, quizás sólo les gusta un ideal partidario o los atributos constitucionales…

Alguna vez nos hemos preguntado: ¿Yo soy interesante? Y claro, uno automáticamente piensa en fiestas o eventos donde coloquialmente lleva el diálogo, impone premisas o simplemente es escuchado cada vez que aparece la oportunidad de meter bocado, la duda forma parte de ese bagaje de cortesías para uno mismo y siempre es un sano ensayo que considero bien.

Tiempos de cambio (Tempi di mierda)…

martes, 15 de diciembre de 2015

Cambio según la Real Academia Española (RAE) proviene del lat. tardío cambium y significa la acción o efecto de cambiar.
Quiero dejar en claro que a continuación voy  expresar mi parecer sobre los tiempos políticos que acontecen en mi país, en el lenguaje más coloquial y de barrio posible, imaginando que estoy en una sobremesa y no dando cátedras o exponiendo competencias lingüísticas , de manera tal que está a tiempo de poder retirarse e invertir su tiempo en mejores cosas que esta…
Desde la revolución francesa hasta ahora, en tiempos modernos, por llamarlos de algún modo, pero haciendo especial énfasis en este presente que nos toca vivir a nosotros, cuando hablamos de cambio, nos referimos a la posibilidad latente de enfrentarnos a los privilegios ganados en la historia por los poderosos, me refiero a la posibilidad de ir acrecentando los derechos de los que menos tienen, siendo más claro, la chance de poner en tela de juicio a la naturaleza misma de la sociedad capitalista, la sociedad de consumo; entiendo yo que todo eso es el cambio… oponerse incluso a las voluntades de aquellas naciones que en estos tiempos son las que generan las crisis, las que producen las guerras, las que se encargan de vender las armas.
Sin darnos cuenta, todo eso forma un bando, junto a las corporaciones, juntas, son entidades que generan una gran injusticia, una gran desproporción en las distribuciones… y cambiar… cuando uno dice “cambiemos”, está refiriéndose a eso, está pensando, no desde ahora, sino desde hace 200 años, está pensando en eso, en enfrentar a todo aquello que genera injusticia.
Creo que hace un tiempo en mi país se vivieron momentos de ese cambio, se está viviendo ese cambio en muchos jóvenes y no tanto; ahora pues, a Ud. puede que no le guste éste o aquel ángulo de gestión, es totalmente comprensible, pero evidentemente estamos en un momento histórico donde ese cambio se está produciendo.
Ahora bien, si Ud. le pone ese mismo nombre al retroceso, si Ud. le pone el mismo nombre al movimiento que es volver a hacernos conservadores, repetir el neoliberalismo más salvaje y encolumnarnos detrás, justamente de los que están produciendo esos fenómenos a los que el cambio se opone, me ha llevado a la conclusión que nos encontramos ante un fuerte problema técnico de nomenclatura… llamamos cambio, justamente a lo que se opone, a lo que occidente o el mundo entero está llamando cambio desde hace por lo menos tres siglos.
No sólo me parece raro, sino que a su vez me produce una gran perplejidad, porque he vivido como espectador una gran lucha por los nombretes, que resultó ser una parte importante de la lucha política en esta despolitizada lucha política de los últimos tiempos, donde parece que primero prevalece el que se apropia de una palabra, el que aparenta más felicidad ante un retruque o el que acierta  con los colores y me preguntaba: ¿Por qué? Y la respuesta llegó simple y sin condicionantes, es porque en realidad no hay una verdadera discusión política y me parece que convertir una verdadera discusión política en una “no discusión política” resultó ser uno de los grandes aciertos publicitarios del partido que hoy mismo gobierna.
Cada vez que pronuncio la palabra cambio, siento que no es mía, que la perdí con su verdadera magnitud, que les pertenece o se la apropiaron otros, indebidamente, es como me que dijeron (aplausos de por medio) bueno, tenemos que cambiar… y volviera todo al gobierno de Bartolomé Mitre… sin dudas es un cambio, pero lo considero un cambio hacia atrás. De todos modos, alguien me podrá decir, antes era todo mejor… Bueno, aprecio la observación… empero, discutámoslo…
Al mismo tiempo de todo esto, aparecieron (o se reflotaron) y la sociedad se ha apropiado de palabras y conceptos como pueblo o la figura de Perón, que en los 90 no tengo recuerdos de escuchar tanto o tan fuerte como ahora. Lo que voy a decir es con total respeto, pero verlo al Ing. Macri parado al lado de un monumento de Perón, con su pose tan firme y aristocrática, sin peronistas de cepa al lado suyo, me hizo sentir desubicado a mi, cuando a priori, uno tiende a pensar que él debería serlo. Aa eso, amigos mío, a eso mismo le tengo temor, a vivir en una perpetua desubicación, tengo que acostumbrarme  a vivir en un mundo de desubicación y de reconsideración de cada palabra que salga de mi boca, quizás pensar en Perón de otra manera o en la palabra cambio de manera diferente, intelectualizar la palabra progresismo de otra forma y aprender a vivir un poco raro.
No soy partidario de sembrar el miedo, más bien cosecho el miedo que otros han sembrado, jamás propongo tener miedo, solo advierto que hay algunas cosa que a mí personalmente me mete un  poco de miedo, confesar el miedo propio no es sembrar terror, eso quiero dejar en claro.

Si hay algo que debo confesarles, perdí la capacidad de odio, tipos que están en las antípodas o son mi negativo personal, no puedo odiarlos y siendo tan difícil vivir, que enojarse o ponerse mal, por los motivos que sean, odiarse o decirse cosas para molestar al otro, me hace preguntarme ¿Para qué?... me leo y no me creo mucho, pero con el tiempo uno se conoce y llegué a la conclusión de que eso me hace más eficaz como persona.

La venganza será terrible...

sábado, 20 de junio de 2015

Esta noche me puse a escribir sin que mediara ningún tipo de decisión y en primera persona, es por ello que elegí hacer hincapié en "uno" de manera reiterativa, dado que prefiero escribir de cuestiones que conozco bien y no en hipótesis o experiencias ajenas, ya que creo y estoy convencido de la veracidad de estas palabras y que la tarea del arte, además, es una labor algebraica en la que uno se encarga de transformar lo que le pasa, siente o vive en símbolos, esos que en estos momentos te toca interpretar, o en trazos, o quizás en música; como algo que pueda o pretenda perdurar en la memoria de los hombres y quizás en nuestros propios deberes cotidianos, una suerte de recuerdo o anécdota volcada en un libro de bitácoras imaginario para luego... para luego... ¿Quién sabe...?
Estas páginas son un espejo de mis evoluciones y si mi escritura ha cambiado es porque yo he cambiado y si es así es porque esto cambió de alguna manera dado que ni por asomo es parecido a lo de antes.
Ayer tuve la dicha de encontrarme con mi primo el segundo, el menor y entre muchas cosas que charlamos, situaciones varias, realidades dispersas y esas cuestiones que conversan las personas que hace un tiempo no se ven, salió el tema de la venganza...
La venganza sin lugar a dudas es un error, ya de por sí es un error buscarla, creo que la venganza tiene su origen en una indignación impotente, es decir, alguien recibe un agravio o un rechazo y no tiene o cuenta con el poder suficiente para vengarse en ese mismo momento, en ese instante, es entonces que siendo esa la línea de partida, uno pasa el tiempo maquinando una construcción de poder que le permita escarmentar a aquella persona que de alguna manera lo haya lastimado. Pero una vez que ese poder es pergeñado y construido, el deseo de venganza desaparece, porque ese deseo es alimentado únicamente por la posibilidad de poder ejercerlo, es decir, por la impotencia, entonces, puede afirmarse de alguna manera que cuando uno puede vengarse ya no lo desea tanto.
En una vida exenta de toda épica, como la de muchos de nosotros, o la mía al menos, la mayoría de los deseos de venganza provienen de rechazos del tipo amorosos o se manifiestan a través de algún modo de desprecio, alguien que no nos quiso o no nos valora de la forma que nosotros mismos queremos...
La venganza, entonces, es una institución terrible y que hace más daño al que quiere vengarse que al objeto de esa venganza, porque entiendo que  eso de ir alimentando odios y rencores es malo para la salud a largo plazo, aún para la economía doméstica si uno considera los gastos en alcohol o medicamentos que ello produce, o también para el cutis... por lo general las manifestaciones físicas son poco visibles para uno pero si para las personas que lo rodean.
En lo que se refiere al amor, en mi propio y modesto ser, he tratado en este último momento y con una nueva desilusión bajo el brazo, de comprender y de aceptar que no todas las mujeres que me gustan y quiero se van a enamorar de mi, en realidad, creo que ninguna... ¿Y por qué digo esto...?; porque es algo que los hombres suelen no aceptar con facilidad. Conozco muchas personas muy inteligentes, inteligentes de verdad, que cuando reciben un rechazo amoroso, o cuando ven que no se le da el juego pretendido en determinados foros, por llamarlo de alguna manera, se ponen odiosos y se ofenden; una especie de ira estrepitosa los embarga y buscan vengarse de algún modo... y eso está mal y eso es canallesco también... uno no debe permitir que cosas así terminen sucediendo...
Tampoco se debe llegar como modus operandi a ser mezquino en el amor, esa cuestión de andar haciendo cuentas del tipo bancarias para ver si uno da algo o no da tanto (como si administrara saldos), es un gran gesto de mezquindad, sin embargo, muchas veces, uno se arrepiente de algunos episodios donde uno mismo se halló dando más, pero no como un mero arrepentimiento de haber sido generoso, sino porque a veces, dando demasiado, uno terminó incomodando al otro, ya que la mala lectura de un amor, de una situación amorosa, es humillante y creo que es lo peor que le puede pasar a un enamorado, es decir, no leer o no saber hacerlo, correctamente la situación.

Si yo me arrepiento de algo, en alguna situación o episodio amoroso es de haber leído mal... de haber creído que me amaban mucho cuando en realidad no era así y de haber generado una respuesta desmesurada que incluso pudo ser incómoda para la otra persona, para la que no me amaba tanto, pero además, esas situaciones terminaron de algún modo siendo menoscabante de mi propia dignidad y debo reconocer, también, que me arrepiento en muchos casos de haber amado más de lo que me amaron, pero ese no es el mayor de los dolores que me acongojan mientras escribo estas líneas, vuelvo al concepto con el que quiero redondear la idea que señala la bandera a cuadros de este texto; no me arrepiento de mi elecciones, ya que no tengo dudas que siempre fueron positivas y que las personas que elegí son las idóneas o adecuadas para cualquier tipo de sueño, anhelo, plan o relación amorosa, sino de no haber leído bien. Estoy persuadido que aquel enamorado, el buen enamorado, sabe exactamente o debe saber precisamente hasta donde debe llegar, saber leer cuánto le están abriendo la puerta y saber, además, cuando sobra o cuando debe marcharse, asique yo en algunos amores, más que el dolor del amor contrariado, siento la humillación de no haber "sabido leer" y hasta pido perdón por eso... 

De Balcarce a Mar del Plata...

lunes, 1 de junio de 2015

Relincha un saino a lo lejos
entre ecos de lejanos cerros,
ya sin Luna la bruma asoma
en caminos, piedras y lomas.

Y por ser un hombre de huella
llevo marca de cortaderas,
la bordona suena y lleva
lágrimas de diaria faena.

Y en las Sierras del Volcán están,
mis amigos me esperan allá.
Ya Balcarce se queda atrás
y el "chueco" sonríe al espiar,
mil pañuelos se agitan
el campeón ya está por pasar.

Rechinan cauchos de lejos,
una flecha de plata rugiendo
y pasando Brava Laguna,
tras el curvón se vé la Difunta.

Galopando caminos de tierra
siempre encuentro tranqueras abiertas,
Copelina con agua refresca,
paisanada, jinetes y fiestas.

Sierra de los Padres queda atrás,
la carrera está por terminar.
Mar del Plata de gala está
y el "chueco" sonríe al doblar,
mil personas festejan
el campeón ya está por llegar.

 

La Posada del Ogro (VI)...

lunes, 18 de mayo de 2015

Recuerdo que no podía entrar a la habitación del tío Norber por que ver los aparatos esos enchufados a su humanidad me generaban un dolor enorme, siempre me preguntaba: ¿por qué le pasa esas cosas a la gente de bien, a la gente buena?; era muy difícil no llorar, un nudo enorme me apretaba la garganta y no me permitía otra cosa que no sea balbucear una especie de ruido onomatopéyico que difícilmente haya entendido alguna vez. La segunda vez que lo vi (también fue la última), llegué a decirle te quiero, y desde ahí el tío Norber peleo una semana más, luego partió para nunca más volver. Los hecho comenzaron a ser confusos y rápidos, luego de aquel suceso, recuerdo que la tía Rosita murió exactamente al mes que falleció el tío Norber, dicen que fue un paro cardíaco mientras dormía, yo siempre sostuve que murió por amor, y sé que han de estar felices donde quiera que estén, cantando algún tango, una chacarera o una zamba juntos, como siempre, felices, como siempre se los vió, dupla guerrera de jamás aflojar… cómo se los extraña hoy en día. Hoy tengo 30 años y tengo gratos recuerdos de ambos, retornando de un viaje a Pehuajó por trabajo, el micro de larga distancia empezó a entrar en todos lados a partir de Luján, y terminó entrando en Álvarez, casi no lo podía creer, todo había cambiado y a la vez estaba igual; desde el fallecimiento de los tíos que yo no volvía a pisar ese lugar, pasamos por enfrente de la casa que fuera de Norber y Rosita y estaba en muy mal estado, el frente era más chico, ya que había casas a ambos lados. La calle estaba pavimentada. Camino a la terminal de ómnibus de Álvarez, pasamos por el frente de la Posada del Ogro, estaba con las persianas bajas y olvidada en el tiempo, entonces comencé a recordar… Hacía rato que no pasaba por la Posada del Ogro…

A quien corresponda…

lunes, 1 de septiembre de 2014

Este es un mensaje que pretende ser como el de un náufrago, escrito en un resto de papel para ser colocado en una botella y recibido por quien el viejo Rey Tritón señale como destinatario. Aprendí con el correr de los años a derrumbar mis rumbos, nunca he podido dejar de sentirme adolescente en lo que vá de mi vida, me resisto cada vez más a la idea de ya no serlo, a pesar que nunca lo fui del todo… mi mambo nunca fue el de los demás y eso me pesa ya sabe usted (lector habitué) que soy una máquina de quejarme de mi mismo, pero no me quedo ahí, en ese constante quejar pretendo abrazar la idea vanidosa de que algún día, llegue la iluminación que tanto espero y por fin pueda transmutar este mediocre metal. Ya sabe ud. que tengo por costumbre arruinar lo querido. Quémese después de leer.

La caja negra...

sábado, 28 de junio de 2014

Es bien conocido que la caja negra es un dispositivo destinado a guardar y registrar datos de distinta índole para su posterior análisis una vez hallada o recuperada. Tras la gran pérdida de hace un tiempo me dispuse a buscar la caja negra que parecía no poderse abrir por cuestiones más bien técnicas, pero sobre todo, lo más dificultoso es que estaba enterrada en una especie de ciénaga infernal a la cual, para serles sincero, no estaba dispuesto a aventurarme con dicha finalidad. El proceder fue cauteloso y lento, más bien cuidadoso agregaría, el contenido con el que se puede topar uno adentro, rara vez es lo que se espera y ¡claro!, las convicciones sólo son un lujo que tienen aquellos que se dedican a observar, lo que claramente no es mi caso en los últimos tiempos. Generalmente hay que estar preparado para lo que uno pueda llegar a encontrar en elementos de éste tipo, quizás por ello es que me tomé mi tiempo para destapar aquella caja de truenos y tormentas. En mi interior creo que buscaba de alguna manera converger con un instante que defina/redefina la noción infantil del romance o al menos, aquella versión de lo que mis anhelos decían que debía ser... jugando a la rayuela, encontré lo que se destacaba como la primer pista de los acontecimientos sucedidos a modo de eventos, aquello que no está presente y que el tiempo cachetea, entre ellos descubrí tener mañas domésticas, que se terminaron constituyendo en rituales existenciales, silencios, baraúndas de preguntas y dolores que a nada llevaron, ayudas sin eco que terminaron donde uno suponía que iban a terminar, vale decir, en aquel cruce entre la cortada llamada decepción y la calle despedida. Un poco a la más a la derecha de aquello, localicé letras perdidas en un block de hojas olvidado, un par de trenes que vienen con retraso y lágrimas que esperan a ser derrochadas cuando valga la pena, eso sí, sabés que ya nunca serán por vos ni por nada que a vos refiera, pues, verás, al husmear en esta caja negra, la caja negra de nuestro amor, sólo pude descifrar las siguientes variables: vientos, tormentas, truenos, granizo y relámpago, variables nada buenas para un vuelo seguro o con ilusiones de un final feliz. Quizás por ello tanto vos como yo sabemos que los despegues son opcionales, ahora bien, los aterrizajes son obligatorios... Por eso siempre fue peligroso para ambos salir a volar con sólo un paracaídas, siempre supimos o aprendimos a entender que tarde o temprano los dos íbamos a tener que saltar... Y así es la historia, siempre hay que analizar, estudiar, investigar la razón y consecuencias de los accidentes de éste tipo, no sé si lo hago para perdonarme, más bien es como una suerte de exorcismo, para ahuyentar demonios. Pero no olvidemos que los demonios no son más que ángeles caídos... viendo en retrospectiva en tu caso no es así, sos una suerte de demonio disfrazado de ángel viviendo a imagen y semejanza de lo que son los "otros", los demás. Por creerte igual sin serlo, por tus carencias y tu afán de ser como nunca vas a poder ser es que sufrís tanto, pero ¿qué más dá?, si a fin de cuenta el salario a principio de mes cubre las necesidades básicas de carteras, ropa de marcas prestigiosas, viajes y navegaciones ó salidas para sostener esa imagen que tanto anhelas. Al instante otra representación, la mía, donde veo que estoy viejo, mañoso y gruñón, yo me definiría más bien amargo. Con el correr del tiempo reinventé microespacios masculinos que son bastiones difíciles de ser entregados a futuro con una mujer; encontré sentido a muchas cosas, por ejemplo, se dice "hasta que la muerte nos separe", cuando lo que nos separa es la vida, aquel viejo dicho que profiere: "el amor lo puede todo", cuando estamos hartos ya de probar empíricamente cualquier método para lograrlo y a sabiendas de que con el amor no alcanza en muchos casos, máxime cuando la soberbia, la falta de comprensión y el no saber escuchar al otro nubla cualquier intento de acercamiento o por qué no, de entendimiento. Reconozco que soy muy torpe a la hora de poner el corazón arriba de la mesa, es más difícil aún cuando dentro de uno hay un consorcio de tipos pateándose, gritándose, peleándose, buscando tener la razón y saturando el aire con lo que son, casi todos miserables, a veces un ratito aunque sea. En la cresta de esa función senoidal sólo puede converger el pandemónium. Ambos lo sabemos... los dos conocemos que pagamos muy caro nuestras desprolijidades. También sabrás comprender que estar enojado no es buen consejero para escribir, ahí se juntan todos los sentimientos que andan cerca y no sabés cual es genuino y cual no, por eso es que tardé tanto en abrir la caja negra, sabía que no era el momento cuando quise hacerlo, entiendo que éste tampoco es el mejor, pero es el que me place y por ello lo hago, a mi modo, para variar, como me sale. En el amor de pareja la disponibilidad del objeto atenta contra el deseo. Es probable que el deseo siempre esté en fuga, por eso creo que los celos están basados en nunca haber aprendido a amar, amar de verdad y no por mostrar una imagen o cubrir vacíos con regalos de aparente profundidad, como si la imagen esa que mostrás fuera vagamente lo que el amor verdadero es. Después de cierta edad uno se pone más introvertido y hace escrituras que son como autopsias, lo mismo pasa cada vez que uno se dispone a abrir una caja negra o a revisar viejos libros de bitácoras, es decir, uno tiende a ser fotográfico y hace pequeños retratos de lo que se dá en un barrio, en el amor o en un grupo. Yo, a la larga, sentí ganas o mejor dicho, me fue más fácil referirme a lo que mejor conozco, o si querés, lo que es el mayor de los misterios que quiero descifrar, que es de la piel para adentro. Puede llegar a ser difícil, porque atreverse a ser “hombre rana” de vos mismo te puede llevar a encontrar bastante dolor allá abajo, en el fondo. Ese dolor al que me refiero, en parte es por vos, por tu traición posterior, por lo que resultaste y no te preocupaste en cambiar ni en advertir... la impunidad fue tu escondite, es la obscuridad sonde te albergás y te hacés anónima, es tu claro refugio y lo que te atormenta al mismo tiempo.

La Posada del Ogro (Parte V)...

miércoles, 28 de mayo de 2014

Las horas volaban en aquel lugar, en un momento me descubrí discutiendo sobre la convertibilidad, realizando un discurso que hasta a mi mismo me llamó la atención, los amigos de mi tío se quedaron callados, sólo uno saltó a discutirme, mientras el tío miraba con una sonrisa típica de él, aquella era una postal de un grato momento, que realmente marcó mi vida. Yo me compré una casa y pude irme de vacaciones, me dijo un tal Cacho; está bien; ¿pero a qué costo lo estás haciendo?, retruqué yo bastante exasperado. Se hizo un silencio de velorio, el tío, muy hábil miró el reloj y vió que eran las 24 hs. Y con un tono bastante alegre dijo: vámonos antes que caigan las brujas a éste lugar. Todo el mundo nos saludó y muchos agradecieron que haya participado tan “fervientemente” en la conversación aquella y me invitaron a volver cuando quiera. Nos levantamos con el tío y fuimos a la barra a que él pagara. En ese instante entró una persona que me llamó la atención, sus ojos estaban todo el tiempo a la expectativa, nerviosos, su tez era obscura, el pelo muy corto y negro, tenía un tatuaje con dos letras “WC”, intuí que eran las iniciales de “Walter” y “Camila”, es típico en algunas personas tatuarse las iniciales de los nombres de sus hijos. El tío se puso a hablar unas cosas con Don “Pepe” que yo lo había conocido en el aniversario de casado del tío, pero sin saber que era el dueño de la posada. El tío se dio media vuelta y enfiló para la entrada, yo lo seguí por detrás, de repente vió a éste sujeto que tenía el tatuaje y le dijo: ¡yo a vos te conozco!, ésta persona se puso nerviosa y le dijo que no, que estaba equivocado; mi tío le dijo que jamás olvida una cara, ¡ahhhhh!, ¡ya sé, a vos te agarramos robando ganado y alambrados en la casa de Martínez!, dijo mientras levantó el tono Norber; el tipo sacó un arma y le disparó dos veces a mi tío en el pecho, se levantó y salió corriendo del lugar. Yo me quedé atónito, enseguida los amigos de Norber me sacaron afuera, mientras Pepe llamaba a una ambulancia y luego a la casa del tío para avisarle a la tía Rosita lo que había pasado. Recuerdo que la ambulancia llegó 45 minutos después del llamado, también me acuerdo que se llevaron a Norber aún con vida, y mi vieja tomándome de la mano y abrazándome bien fuerte, como pocas veces lo hizo. Un policía bonaerense me hizo preguntas sobre el tipo que le disparó a quema ropa a mi tío, le describí todo, cada detalle, casi con odio. Después lo que me imaginé, un psicólogo haciéndome preguntas y tratando de dilucidar cuanto me había afectado el hecho y a decir verdad, fue fuerte, pero no traumático como muchos en la familia llegaron a decir. Al otro día nos volvimos a capital con mis viejos. Mi vieja iba todos los días a ver a mi tío al hospital, la tía Rosita hacía guardias interminables y estuvo siempre acompañada de toda la familia, siempre agradecía cuando llegábamos a hacerle compañía o simplemente convencerla de que duerma un rato y que coma algo. Siempre fue centinela fiel de mi tío y jamás lo dejó solo, aunque se le notaba el dolor y la angustia que llevaba consigo y sus ojos eran reflejo fiel de ello. El tío comenzó a empeorarse, y la tía se estaba poniendo muy mal por ello, todos hicimos lo imposible para mantenerla de pie, para aplacar un poco la angustia que tenía encima, pero a veces parecía un sacrificio inútil, siempre noté una suerte de conexión especial entre ellos, y la tía sabía muy bien como iba a terminar ésta historia.

La Posada del Ogro (Parte IV)...

sábado, 12 de abril de 2014

Al otro día me levanté tardísimo, sonaba una chacarera de fondo y todo ya estaba limpio, me lavé los dientes, la cara, y fui a la cocina a prepararme unos mates, en la mesada había pan de campo, así que le dí un buen mordisco y armado con la pava y el mate, salí al parque trasero, aunque me llamó atención que no había nadie en la casa, me dispuse a arrancar la mateada cuando irrumpió Sofía, la vecina de al lado, que venía a pedir un poco de azúcar por que la madre estaba haciendo una torta o algo así. Le alcancé el azúcar y la invité tomar unos mates, siempre me había llamado la atención Sofi, divertida mientras jugábamos, calladísima si no jugaba, casi siempre había que sacarle las palabras a tirabuzón, ahora si, cuando tomaba confianza era imparable. Aceptó y nos tomamos unos mates, con una hermosa brisa de verano y una tarde que no mataba con su temperatura. Al rato llegó la familia que habían ido de compras y se sumaron a la mateada. No sé por que recordé esa noche que mi tío llevaba a mi viejo a veces a un lugar que se llamaba la “Posada del Ogro”, donde se juntaban con amigos de mi tío y generalmente volvían muy tarde de ese sitio; siempre sentí curiosidad por ese lugar, pero nunca me animé a preguntar al respecto, ni a mi tío ni a mi viejo. Pero esa noche se me escapó la pregunta y Norber con ésa sonrisa pícara que solía hacer cuando sabía que le iban a preguntar algo, me respondió: mañana si querés te llevo a la posada, después de todo ya estás grande, igual preguntale a tu padre si te deja. Bajando la voz me dijo: si no te deja, yo hablo con él, me dijo mientras me guiñó un ojo y esbozó una sonrisa. Enseguida fui corriendo a preguntarle a mi viejo y él me dijo que si, que podía ir, pero que me comporte. A la tarde-noche del otro día, salimos con mi tío rumbo a aquel enigmático lugar, el camino como siempre era difícil, pero Norber lo conocía a la perfección, iba escuchando una radio de tango y la verdad que el viaje fue bastante silencioso. El paseo no fue largo, pero mientras yo miraba por la ventana, pensativo, iba observando el camino, los árboles, las casas, los sapos en la calle, los caballos, hasta que todo paró y vi un descampado enfrente mío. Llegamos, dijo el tío y bajamos. Delante de mí, una esquina con una edificación bastante antigua, un cartel de madera apenas iluminado me decía: Bienvenidos a la Posada del Ogro. Que buen nombre pensé, mientras observaba el “gastado” edificio. Buenas, dijo mi tío al entrar y todos lo saludaron al unísono, enseguida empezó a presentarme a todo el mundo y todos me abrazaban y me saludaban, me daban la mano, y yo atento respondía con cordialidad y con muchísimo respeto. Mi tío buscó una mesa (al parecer es en la que se sentaba siempre), pidió una picada y una cerveza. ¿Querés algo más Robert?, me preguntó, le respondí que no, que estaba bien. En cuestión de segundos estaba la mesa llena con amigos de él, hablaban de política, del fútbol, de la economía, y así se pasaba el tiempo en aquel lugar, corrían las cervezas, el vino y las palabras, había una tenue música de fondo que por lo que pude interpretar (es que había mucho ruido por las acaloradas discusiones), era un tango de Julio Sosa, mi tío me vió que le prestaba atención y me dijo, es un muy lindo tango, prestale atención, te va a gustar mucho, y dicho y hecho es un tango que aún respeto mucho. “Destellos” se llama.

La Posada del Ogro (Parte III)...

lunes, 17 de marzo de 2014

Otros años íbamos y mi tío no estaba de vacaciones, así que se iba muy temprano a la madrugada, creo que salía a las 3hs. y volvía cerca del mediodía, era una fiesta recibirlo cuando entraba el auto. Por lo general nos traía algo a mi hermano y a mí; yo solía correr hacia él, saltar y abrazarlo, él siempre reía y me abrazaba con mucha fuerza y a veces murmuraba algo que jamás pude interpretar. Todos los años decía lo mismo, ya falta menos para jubilarme, ya no quiero trabajar más. El último año que fuimos para allá me enteré por fin de que trabajaba, él era policía, y justo ése año, creo que le faltaban dos meses para jubilarse; siempre profería: No vuelvo más, al menos que el país entre en guerra no vuelvo más. La última vez que fuimos allá yo tenía 13 años, ya la relación con el tío había cambiado bastante, hablábamos de otras cosas, nos contábamos cómo veíamos al país, charlábamos de Cortázar y de Borges y discutíamos sobre Juan M. de Rosas y el FMI, y también le hablaba de la chica que me gustaba. Por alguna razón ese verano él interrumpía mis lecturas nocturnas y se ponía a charlar conmigo, me contó por primera vez de su trabajo, de su jubilación y de sus proyectos a futuro. El tío quería comprar una chacra en Entre Ríos, creo que en Federación, no recuerdo muy bien; y yo le contaba de lo que venía leyendo, de mis planes, la aviación, los sueños y de cosas así, simples; esa noche fue que tomé mi primera cerveza con él antes de que se vaya a trabajar. Por lo que escuché la tía no estaba muy segura de irse, pero decía que las cosas en la zona estaban cambiando mucho, había muchos robos, casas tomadas y cuatrerismo. Cierta vez escuché que le dijo a mi vieja que estaba decidida a irse a Federación con Norber. Ése año ellos cumplieron 25 años de casados y toda la familia cayó en la casa de los tíos, los familiares de Moreno, los de Lomas de Zamora, de San Justo, los de Capital Federal, los tíos de Entre Ríos y Santa Fé también vinieron. Jamás estuvimos tantos primos y tíos juntos en una fiesta, y la verdad que estuvo terriblemente buena, con mi primo Sergio nos tomamos dos cervezas entre los dos y tuvimos que salir al parque a respirar y a parar al mundo, por que todo nos daba vuelta. El tío se dio cuenta y nos trajo un café y algo para comer, mientras se reía. Hacía rato que no veía tanta familia y tanta joda, los tíos estaban re contentos, se les caían las lágrimas de felicidad, el vino corría como agua y el asado era interminable, siempre salía más de esa parrilla, muy buena labor sostuvo mi viejo al realizar tamaño asado y que salga tan rico, pocas veces volví a comer uno de esa calidad. Algunos vecinos también se acercaron a saludar a mis tíos y se quedaron en la fiesta esa noche. En un momento el tío Santiago, empezó a tirar fuegos artificiales, fue un espectáculo hermoso, todos estábamos muy emocionados, pero la atracción mayor fue cuando tiró una bengala que quedó suspendida en el cielo como una hora más o menos, y claro, mi tío Santiago era Capitán de Corbeta o algo así en la Armada y seguro se trajo una de allí. Todos nos quedamos viendo aquella bengala hasta que se apagó. Fue un momento muy lindo, luego siguió la música, el baile, y una zapada increíble entre los tíos. Recuerdo que eran 4 guitarras, un bandoneón, un bombo y todos desentonando al unísono, salvo algunas excepciones. Todo el mundo se fue ya arribada la mañana y yo ayudé bastante a limpiar y ordenar, hasta que el sueño me venció.