lunes, 1 de noviembre de 2021

JCC...

Otro aniversario más 
que duele como siempre

Sobran las palabras cuando
se grita en silencio.
Asomado a la Ventana,
la mirada empapada y
otra noche que se va.

Porque hay cosas que
sangran por dentro y
nadie las puede notar
es que hoy te busco
trepado a la rama más
alta que pude imaginar.

En silencio total es que
se aprende a escuchar,
con el ánimo cansado y
maniatado en mi pensar,
enredado en recuerdos
no te dejo de extrañar.

Ya no estoy acá, estoy
mirando las sierras, las nubes
el mar y mil tempestades.
Mi estrella hoy brilla más,
sueño que de a poquito
te estoy yendo a buscar.



martes, 12 de octubre de 2021

Noche cerrada...

 
Claro, y entonces no sabés para donde disparar…
y puteas, porque….todo mal.....¿Y por qué?
El invierno llega, y aunque a nadie le brinda un abrazo,
nos ayuda a añorar el calor...

¿El infierno está encantador esta noche?

¿Puede alguien decirme
me voy a comer tu dolor?
y repetirme
te voy a salvar esta noche.

¿Por qué no te dejas de pensar
en labios que besan frio
para cerrar un ojo y ver
cuantos cuernos tiene el diablo?.

¿Qué podría ser peor? (eso no me arregla a mí...)
noche cerrada, a esperar...

¿Cuánto más?

miércoles, 26 de mayo de 2021

Palabras al rocío…

Sobre una rosa olvidada,
hablaba el diamante de una lágrima,
palabras transformadas en rocío
que al evaporarse ya no son nada.

Un cielo perfecto, una noche hermosa y las estrellas brillando y observando desde lo alto. Tantas letras sueltas que no se pueden juntar, tantas palabras que aún juntas no se pueden articular. Es verdad, es mejor escuchar los grillos y el agua corriendo por el arroyo y dejar que el viento sople, que él se encargue de hablar esta noche. Pero no es suficiente y es que, siempre quedan cosas qué decir, pero el tiempo se transforma en tirano y nos condiciona la vida. Nos deja desnudos ante tanta belleza y nos intimida a desafiarla… Pero nos abrigamos en lo vivido para no enfermar y afrontamos los desafíos manoteando el aire como si tuviéramos una venda en los ojos y buscáramos de donde aferrarnos.
Tantas palabras sin permiso para salir, las estrellas custodias no las dejan. Como expresarse coherentemente ante semejante presencia, me hacen sentir insignificante, pero quiero hablar, poder decir todo y no puedo aunque lo pretendo.
Me deja mudo la noche y el cielo y mirar la infinidad de esas brillantes perlas que cuelgan, lejanas. Hacen que me pierda y que no pueda despuntar este ovillo de ideas.
A veces me pierdo, otras veces busco que mis palabras transmitan las coordenadas de tiempo y de lugar en que nacieron. Esta noche, como otras, reconozco mi identidad y no la niego, ni la disfrazo. Aquel viento me convida sonidos de un parlante que llora melodías ajenas a él, narra recomendaciones sin ánimo de consejo, alrededor de historias tan simples como las melodías que las abrazan. Mientras miro el cielo y pienso que me encanta confundirme.
Cuesta no poder organizar las palabras y por más que la razón las asista, la forma en que la digo quizás, no sea la mejor, entonces lo mejor será recostarse bajo esa luz tenue que nos llega desde millones de kilómetros, cerrar los ojos, apretar fuerte las manos y no pensar, sólo ser compañía instantánea de cada una de ellas ¿Dejar qué se susciten las imágenes será lo mejor?; No, quizás, escuchar el movimiento de los árboles y comprender que a lo mejor, no haya nada para decir; o tal vez, lo que necesito sólo es eso, no pensar tanto, como cuando uno toma un mate ya lavado, o escucha un disco muy viejo.
No puedo dejar de observarlas, son millones de ojos que me miran, serán las únicas testigos de mis pensamientos, y hasta a lo mejor, ellas sí puedan comprender por qué algunas lágrimas ruedan. Los silencios se abren, necesarios y bellos, como esas pausas en la música, que también son música.
La boca cerrada y llena de palabras, si los labios se separaran, apenas se podría atisbar un aliento cálido, pero ninguna de ellas saldría y aunque algunas palabras son cabañas confortables para que la gente pase un buen rato, otras se las lleva el viento, lejos, donde uno no ha de llegar. Y viste como es… a una cierta edad uno se arregla con menos… ¿Qué querés?.
Será que no las necesito como pienso, será que puedo transmitir todo sólo con mirar. ¿Por qué sigo buscando una lágrima en la arena? Es difícil saberlo, a lo mejor, jamás me entere y el secreto de mis pensamientos se lo lleven ellas, allá bien lejos, siempre esperando.

viernes, 2 de abril de 2021

Borrador adolescente…

¿Te encontraste alguna vez con alguien en la tristeza? Con mi amigo de verdad nos contamos todo, pero ahora que somos más grandes, nos callamos los detalles. La verdad es que uno se ha peleado con la vida, pero nunca llegó a tranzar con la muerte. De alguna manera él la vivió demasiado pronto, en mi caso, es paso a paso y es la peor de las agonías.
Con los años aprendimos a no desesperar, o a lo mejor, a hacerlo en cuotas, casi de manera metódica; el truco está en que nadie lo note, pero se nota, me pueden creer. Nos encanta distraernos y confundirnos hablando de rutinas, de ciencia y del amor, pero oculto e indecible se encuentra la verdad no revelada, la certeza de una conclusión, o lo que es mejor, la sospecha de una sorpresa que no es tal al rebelarse.
No le busques más vueltas, es esto, nada más. Te entreveras en buscarle un lado positivo a lo que no lo tiene, concluir es lo difícil y lo es porque es demasiado temprano para hacerlo, pero no hay más que descubrir… el mundo es esto, no hay nada más.
En la tristeza se halla indecible la realidad: no todo es como lo soñaste, nada es como lo pensabas, nunca va a cambiar lo que es, siempre ocurre primero lo deforme, la mala suerte existe, aquella canción que retuviste en tu memoria se te va a olvidar, ese frasco siempre va a estar demasiado cerca de aquel borde, la tostada va a caer de esa forma, el aceite siempre va a salpicar, el sistema solar nunca te va a alcanzar, no vamos a volver a ser adolescentes, siempre nos va a doler ella, a la muerte nunca la vamos a superar y aquella promesa jamás la llegaremos a cumplir.
Pero hay algo que nos ata y nos contiene de alguna manera. Hay una esperanza que nos hace continuar ante todo este escenario, que oculta, se manifiesta sorda y muda, se camufla en la esperanza y hace que la voluntad aflore: y eso es el amor. El amor por esa causa perdida, por esa profesión que nos abraza, por ese reclamo eterno, por esa memoria activa, por ese futuro anhelado, por esas ansias de saber y querer compartir, por esa simpleza de mirar al cielo y fascinarse.
¿Sentiste que le robaste una flor negra al tiempo? A mí me pasó dos o tres veces y a pesar de la saliva espesa, las velas rifadas, de ir derivando con el viento en contra, la gozas. Te refugias en las anécdotas y los recuerdos que nunca sobran y siempre convidan calor y refugio. Trepando alto aquella cumbre, durmiendo como podías en aquel banco de estación o corriendo de aquella manada de trolls. Allí estás siempre, ahí estoy yo, con vos y no estamos solos porque estamos.
A veces prendo el equipo de radio y escucho, como cuando tenía catorce años y no me animaba a modular, me escondo y refugio en el QRM de fondo y me alegro con la primera voz que aparece… el mundo es esto, no hay que darle más vueltas. Antes era más fácil, pero había más preguntas. Hoy sobran respuestas y se encarna la sensación de empezar a concluir que el sentido de todo esto no es más que todo esto que sentimos.
¿Sentiste alguna vez que llegaste a entender todo pero te faltan herramientas para describirlo? Pues, bienvenido a este universo. Es siempre loco encontrarte con alguien que llegó a la misma conclusión, a lo mejor es de sabios no decirlo y concluir lo mismo que el otro. Una mirada alcanza, a veces una palabra marca ese punto final… es de atrevidos seguir la retórica cuando entre líneas se entiende el objetivo ¿A dónde querés llegar? Ya se entiende con el silencio, es en vano detallar más.