sábado, 28 de enero de 2023

Vamos bonita…

Cuando el viento despeina los recuerdos
y la vista fija en el pasado, transparentado
por un vaso que convida a tomar.
Cuando volvés despacio a tu casa y el Sol sale,
la mirada empapada en rocío y otra noche que se va.
 
Después de haber pasado tantas lunas
ya no quedan escondites dónde huir,
como dos fantasmas que se encuentran,
un hechizo que se empieza a derretir.
 
Llevo tiempo arruinando todo,
no sé otra cosa al parecer.
Pero con vos bonita no puedo,
dame la mano, escapemos una vez.
 
Con tu risa salpicando como gotas,
y tu mirada puesta en el sur,
vamos bonita, caminemos juntos,
seamos las huellas que nunca caminamos.
Vamos bonita, nos quedan batallas
y bostezos también por vivir.
 
Ya sabemos esquivar tormentas
ahora caminamos bajo la lluvia,
le sacamos punta a la imaginación
en cada encuentro que no sucedió.
 
Aprendimos a intuir miradas,
desciframos mensajes que no llegaron.
Perdonamos miserias propias y ajenas,
pero en crisis no tomamos ninguna decisión.
 
Con tu risa regando mis tardes,
y tu mirada puesta en la cruz del sur,
vamos bonita, caminemos juntos,
seamos las huellas que nunca caminamos.
Vamos bonita, nos quedan batallas
y brindis también por vivir.

viernes, 20 de enero de 2023

Resonancia y ecos…

 
Hace más de siete años que una noche, con alguien en un bar, nos escribimos en una servilleta un mensaje para nosotros; en la mía, me escribí: ¿Quién sos? Esta noche, sin ánimos de hacer cuentas, puedo afirmar que llevo por lo menos 20 años haciéndome esa pregunta y aún no encuentro una respuesta que me satisfaga. Puedo distraer a todos contando que hago lo que me gusta, que trato de ser todo lo bueno que me sale. Tengo, si se quiere, algo de experiencia, pero no descubrí aún quien soy.
Quien me conoce un poco sabe que temo a la muerte como nadie, no sólo la mía, sino de la de aquellos a quienes quiero. También que me enamoro de todo y me conformo con nada y que, cada vez que supero lo que me complicaba, me aburro y busco otro reto de dificultad mayor. Generalmente me pasa que al cubrir el 80% de una tarea, dificultad, carrera o proyecto; al comprenderlo y entender como superé la dificultad que me planteó, me aburro y suelo abandonarlo, con miras en otras cosas…
Sueño con ser todo lo que me interesa y no soy nada, se me podría definir como a una persona diletante. Creo en el amor, aunque no se presenta jamás de la manera que espero. Posiblemente ya no me divierto como antes, no creo ser tan alegre como solía y con el tiempo me divorcié de las ganas de tener aventuras. A pesar de que vivo en el lugar donde siempre quise, sospecho que ya no me basta. Soy una suerte de equilibrista entre mis sueños y mis decepciones.
Necesito un mundo diferente, el que vivo no me alcanza y entiendo que la gente que me rodea, difícilmente pueda comprender mi frustración. Me aburro por lo cotidiano, me desespera la repetición, los mismos patrones que se vuelven constantes. Por eso cada tanto, asoma Grytviken, el descontento, la necesidad de algo más que no llega, pero que espero y ansío.
Por eso creo que lo que importa en definitiva es la historia nuestra y como nos refleja, creo que el pasado siempre nos persigue y nos muestra quien es quien; quiero decir, los reflejos de nuestras vidas son premonitorios. No soy de esos que se empeñan en llorar, pero reconozco que muchas veces resuena mi vida en ecos; ecos que no dejan una clara imagen de lo que pasa y a veces, tampoco de lo que pasó. Por eso no prefiero llorar, no, prefiero soñar, aunque muchas veces lloro últimamente.
Me encanta distraerme y confundirme para evitar abordar lo que verdaderamente es importante, cada tanto la cabeza brama una advertencia que suplica por aprender de los errores propios, y de los que cometen los demás, para no terminar de la misma forma de siempre. A vece suelo ser eficaz al respecto… la mayoría no.
Nunca nos llegamos a conocer, pienso que creer en un sueño imposible, donde uno cree que está soñando una realidad, puede ser la solución a un montón de interrogantes que se nos plantean ciertas madrugadas. Por lo general, los ecos del pasado se reflejan cada vez que el pasado regresa. No se trata de glorificar al pasado, sino de vivirlo como una cicatriz que queda para recordarnos algo importante o trágico. Sueño con abandonar mi pasado y no seguir atado a él.
Quisiera reconciliarme con el que fui de chico y no encuentro cómo. Quizás mirando atrás, busco fuerzas, o tomo impulso para seguir, quizás esperando morir, o volver a ser un niño, donde me identifico como una persona completa y feliz.
Por eso, siempre voy a volver (siempre vuelvo) a mi pasado. El pasado no es una obsesión obtusa, sino gente, gente que me visita y me habla, pedazos de mí que reflejan algo que quiero y que no puedo tener. Vos que me estás leyendo, seguramente te vas a convertir en mi cicatriz en algún momento, o quizás, ya lo sos…
Somos, en definitiva, una suerte de fantasmas, que usamos la rutina y el trabajo como un ambiente oxidado que nos permite fantasear un pasado ya superado, como método de escape de nuestra propia sombra. Nos vivimos convenciendo que descubrimos nuevos métodos, que derivan casi siempre en el escapismo y la mentira; escapando, o ignorando esquivamente al dolor. Adormecido... Todo es más cómodo y conveniente.
Pasa el tiempo, cubrí con mil tapas o capas mi dolor y siempre se presenta de una forma moderna y elegante. Cuando el trabajo o la rutina, o la novedad se acaba, dice presente el pasado y aquella vieja herida florece… Lo pendiente siempre se queda con nosotros.
Equilibrado en intensidad y sutilezas, a lo mejor, los pequeños momentos del pasado son alicientes de los momentos presentes de estancamiento y dolor. El mundo sigue y todo es culpa de alguien, no de algo; así pareciera más fácil aliviar la carga, pero tal vez, disfrutando del ahora y no dejarse tirar por el pasado, sea la forma correcta de seguir. No hay que mirar atrás, me dijo una persona, sin ponerse a descifrar lo que le quise decir, al contarle mi situación y crisis actual; que por actual, tiene tientes de pasada.
Mire, no soy depresivo, sólo melancólico y nostálgico serial, me reconozco en el desatino y trato de solucionar aquellas cosas que puedo, por un lado, dejé de fumar hace mucho tiempo, pese al gran placer que sentía al practicar dicho hábito. También he logrado poner límites a mi manera de beber y sobre todo a la gran dosis. Logré incrementar las horas de sueño, pero no he logrado nunca descansar mejor, como tampoco pude jamás hacer que la mirada y opinión ajena cambie, respecto a que se me vea como una persona más que nada obsesionado con el ayer que con el mañana. Estrené muchas alegrías y felicidades en tiempos presentes también. Pero si es muy cierto que suelo negar felicidades en el presente, por buscarlas en el ayer y no en el mañana.
Crear nuevos sueños me sostiene vivo y me da esperanzas, me distrae de la idea de aburrimiento y estancamiento, me encanta cada vez que algo nuevo ocurre y no es una constante, ni una mirada al pasado desde un espejo retrovisor. Me gusta la idea de utilizar algunos retazos de lo que vivimos, y usarlos como trampolín, para proyectar nuestras propias experiencias y ver así, los hilos que realmente nos mueven. Por ahí, si tiramos de aquellos hilos, notemos referencias, matices, colores, sabores, olores y símbolos.
Doy vestigios de información, por lo general es una metodología que utilizo para ocultar algo, para que no se sepa lo que viene… ¿Quién sabe? Tal vez la vida me fue impostada. Pero ya no se si eso es relevante de algún modo. El núcleo de este pensamiento, conduce o refuerza mi presente. Ya no importa la construcción de un futuro o la ruptura del pasado, la presencia de heridas visibles o invisibles, sólo nos hace pensar que somos más fuertes, y la verdad es que no.
La vida es un viaje en el que se relacionan los problemas y se renuevan de maneras relativamente nuevas, sobre todo si empezamos a ser sinceros con nosotros. Ahí es cuando nos sentamos en un vehículo y deambulamos por calles de un único sentido, buscando, de alguna manera la forma de hacernos entender el medio por el cual nos desplazamos.
El pasado, creo yo, suele ser un recurrente generador de conflictos, sutilmente diferentes y no tan distantes, aunque a veces, uno no queda tan encadenado. Al superar nuestras huellas advertimos que ya no somos los mismos de antes; y que tampoco lo son nuestros conflictos. Para ello, la honestidad y la coherencia se tornan en factores fundamentales que permiten advertir aquello. En suma, los momentos que pasamos no son más que el motor que da marcha a nuestra experiencia, y así, a medida que la vida se va abriendo paso, necesitamos o adquirimos mecanismos que nos permiten adaptarnos, o rebelarnos, como método de supervivencia. Sólo al confiar en las nuevas experiencias es que podemos seguir adelante, sin asuntos pendientes y comprendiendo situaciones que antes pasábamos por alto; y de algún modo, nos sentimos y nos sabemos un poco más libres.
A pesar de que uno intente tener todas las variables controladas, la vida busca su rumbo que casi siempre resulta inesperado... Es conveniente saber adaptarse para evitar los bloqueos. No somos el centro de todo. Las personas de nuestro entorno nos determinan siempre.
Las ojeras soldadas, mi viejo, las noches en la terraza mirando al cielo, los besos no dados, los silencios pensados, las tormentas, las miradas corridas, las estaciones de tren, los ojos nublados, los poemas quemados, los heavy metal que pogueamos, los recitales, tu última mirada, aquella sonrisa, las canciones en casetes y CD, ese mail en el que me explicabas todo, aquella vez que decidiste no volver a escribir, tu bloqueo, aquellos golpes de los que pude escapar, la borrachera para esquivar el llanto, los amigos que ya no están, el te quiero que no te dije jamás, las camionetas, los viajes en bondi para verte, las trasnoches hablando por radio, las ilusiones no concretadas, los jueves de lluvia que no te busqué, las noches que no bailamos, las caminatas en la costa, los bares, los alfileres que sostenían la imagen que nunca compraste, el silencio de cómo me veo cuando estoy a la intemperie, en el baldío de lo que soy, en esta penosa imagen que veo y me refleja, que suelo llamar desilusión.

martes, 10 de enero de 2023

Veo...

Asomado a una puerta que
pensaba entreabierta,
me atreví a mirar en tus ojos,
reflejándome una tarde en tu mirada
y sembrando girasoles en la noche
por el perfume de tu cuerpo
y el misterio de tu amor,
salgo, camino y veo tus ojos.
 
No cuenta como silencio
si nos miramos el uno al otro.
Tanteo caminos sólo por seguir,
quisiera contener tus manos frías,
y decirte lo que ya sabes:
por un beso, daría mi mundo,
por un abrazo te confiaría mis huellas.
 
Veo como transitan por tus ojos mi mirada,
mientras siento que lo arruino todo
y se está haciendo demasiado tarde.
La mirada fija y húmeda puesta en el horizonte,
respiro hondo y tiemblo.
Abajo sube el viento del abismo,
mi problema es hoy y esta madrugada.
 
Veo que el camino está lleno
de puñales y abrazos,
me recibí de equilibrista
sólo para verte un rato.
Veo que depositaste tu vida
en una promesa de la que
nunca supiste escapar.
Viajando en el auto,
respirando tardes y canciones
que acompañen tu andar.
 
Veo como ponés en dudas
cada color y cuestionas cada matiz
abrazada al uniforme de adaptarse,
para poder sobrevivir.
Y yo, acróbata sobre los renglones,
plasmando en papeles que no existen
mi anhelo vanidoso, pensando que
la noche más hermosa será
aquella que me quieras.