domingo, 14 de enero de 2024

De tanto andar…

¿Es posible el perdón? ¿Cómo funciona esta compleja interacción entre la indulgencia y el arrepentimiento? La pregunta persiste: ¿Por qué, al perdonar, anhelamos reciprocidad, ya sea en forma de arrepentimiento, cambio de conducta o una disculpa formal? ¿O acaso existe la posibilidad de otorgar el perdón de manera desinteresada, sin esperar nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento? Esta interrogante, arraigada en la filosofía de las relaciones humanas, se entrelaza con la creación poética y la búsqueda de conexión.
En la soledad de la creación poética, el escritor a veces es testigo de un milagro: encontrar a ese lector que comprende las palabras impregnadas de arrepentimiento. "Estaba un día solo en casa, no había nadie y escribí una poesía… y llegó un día en el que encontré a un lector, uno que la leyó y se emocionó, y ahí, desde entonces, ya no estoy solo". Así es como la poesía se convierte en un lazo, tejido con dulzura, miel, amor y sufrimiento, capturando la esencia misma de la naturaleza humana.
Esta conexión poética, a su vez, refleja la melancolía y tristeza inherentes a la condición mortal y trágica del ser humano. En la búsqueda del lector que entienda el arrepentimiento subyacente, la poesía se convierte en un medio de expresión que trasciende el tiempo y el espacio, explorando las complejidades de nuestras emociones y la posibilidad de perdón en un mundo cargado de imperfecciones.
Desde un enfoque científico, podemos considerar que un ser humano, ya sea mujer u hombre, constituyendo un sistema interactuando con su entorno, que abarca el mundo y la presencia de otros individuos. Las interacciones entre el sistema y su entorno son diversas, siendo el objetivo principal del sistema la supervivencia en este entorno. A diferencia de un objeto inanimado como una piedra, cuya única aspiración es mantenerse en su lugar, las necesidades de una ameba son más complejas, y las de un mono aún más. En el caso del ser humano, las exigencias son más variadas.
Para garantizar su supervivencia, el ser humano debe pensar, anticiparse a su entorno y, si es necesario, adaptarse cambiando de entorno. Este proceso implica caminar, observar, percibir, y elaborar teorías. Entre las múltiples facetas necesarias para la existencia y la continuidad de la vida, la poesía y la lectura, para quien les habla, ocupan un lugar destacado. Sin la presencia de la poesía, la existencia humana se vería amenazada. El romanticismo no es simplemente un refugio o un pasatiempo, sino una necesidad tan vital como el oxígeno. Su ausencia nos sumiría en una tristeza tan profunda que, tarde o temprano, nos llevaría a la extinción. En este sentido, la poesía y la lectura no son simplemente elementos decorativos, sino pilares fundamentales para la salud emocional y espiritual del ser humano, según veo yo.
La evolución constante del humano reemplaza al individuo de ayer. A medida que crecemos, experimentamos transformaciones graduales, lejos de cambios abruptos y catastróficos. No se trata de decidir: "de repente, a las ocho de la noche, me convertiré en una persona decente". La transformación es un proceso continuo que ocurre minuto a minuto, llegando a un punto en el que ya no nos reconocemos, a pesar de que el documento de identidad insiste en que seguimos siendo la misma persona de hace dos décadas. Aunque el DNI sugiere continuidad, es una falacia. Sin embargo, esta aparente estabilidad es esencial para cumplir con compromisos financieros y responsabilidades. Imaginen el caos si argumentáramos que no podemos cumplir con nuestras deudas simplemente porque hemos experimentado cambios...
Lo cierto es que de tanto caminar con los cordones desatados, tarde o temprano nos vamos a volver a caer y no valdrá la pena pedirle perdón a la sombra de nuestra sombra por lo que hemos logrado o perdido.

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