Últimamente se me dió por saber del mundo, más precisamente que es lo que pasa en él. El que me conoce sabrá que mi definición del mundo es “lo que el hombre hace en el planeta”, y a la luz de la verdad y de muchas reflexiones, debo reconocer que el panorama es cada vez es más claro para mi. No es que sea un experto del tema o que tenga dotes por sobre la media, pero es todo tan repetitivo… la historia… las guerras… el colonialismo… en fin, como quieras llamarlo, es todo más de lo menos, de lo que nos rodea, de lo que sucede, de lo que para millones de personas en países llamados desarrollados “está bien”. No me llevó mucho tiempo al investigar, interiorizarme, informarme y abrir los ojos, sin querer hundirme en uno de esos despertares… allí ví las guerras del mundo, ví niños descuartizados por una bomba, o vivos pero con el cuerpo abrasado, también ví gente mutilada por minas, ví personas matándose entre ellas sin saber muy bien por qué lo hacían, ví proyectiles de uranio empobrecido afectando a muchas personas, aún a aquellos mismos que los disparaban (el problema, por ende inevitablemente volverá a casa), sentí las ansias del petróleo y las ganas de conservar viejos imperios que ya no pueden sostenerse de manera clásica; sentí al humano cargando toda aquella la ira del niño maltratado que siempre llevará consigo, ví amigos, vecinos, parejas, discutiendo todo el tiempo… Imaginé cosas terribles, vi toda esa absurda resistencia a lo que creemos distinto, toda esa lucha contra lo que ataca nuestra "realidad".
Imaginé turbias reuniones de cafetín del Consejo de Seguridad de la ONU, allí donde se dictamina el destino de naciones soberanas, en ese lugar donde algunos “iluminados” desarrollan sobre un mapa las acciones a tomar y dictan tendencias, inventan realidades creíbles a través de monopolios mediáticos que no tardan en convertir una farsa en realidad. ¿Qué importa lo que piensa el resto del mundo, si el Consejo de Seguridad se compone de cinco miembros permanentes: China, Francia, la Federación de Rusia (que extrañamente ocupa el lugar de la otrora URSS), el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América?. ¿Qué más dá si los 10 miembros no permanentes de dicho Consejo no tienen derecho al veto?... De que vale la opinión de 189 países, si entre todos no pueden hacer nada frente al veto de uno de los países miembros plenos del Consejo de Seguridad?...
Allí fue cuando sentí a la mayor parte de la gente que pelea esas guerras sintiéndose sola, queriendo encajar en algún lado, traicionándose para no sentir angustia, o buscando "fuera" lo que sólo pueden hallar "dentro", ó en muchos casos por ser “profesionales” en dicho arte, buscan un reconocimiento o paga por ser veteranos al volver a casa.. pero claro, nadie les dijo que el mundo se cae… que la economía no es la de antes, que aquella crisis que comenzó en 2008 aún continúa y que no hay trabajo para veteranos o discapacitados producto de una guerra que nadie quería.
Entendí que, si el mundo es nuestra creación, es el mundo el que debe encajar con nosotros y no a la inversa. No se puede ir por el planeta (o mundo si quieren) inventando falacias para realizar una asamblea del Consejo de Seguridad y violentar la soberanía y libertad de países por el mero hecho de tener riquezas que en el territorio de aquellas grandes potencias existen, pero no en los niveles deseables para ellas.
Lo que todos llaman "problemas" o "dificultad" son sólo un error de percepción, el ser humano es un error en sí y Generales de cuatro estrellas, lejos de los lugares donde se libra la “acción” ó también llamados teatros de operaciones, luego se dan el lujo de hablar de bajas colaterales, como si acaso ellos supieran lo que es, o sintieran el dolor que generan las bajas colaterales de combate… jamás lo sentirán, pues bien resguardado están detrás de submarinos nucleares, portaaviones nucleares y defensas misilísticas.
Hace dos noches, en un misterioso trance, a través de mi dolor privado, todo el dolor del mundo se me vino encima… sentí el dolor del pueblo libio, el más desarrollado culturalmente, el que tenía la mejor educación y salud de África… destruido por las ansias que generan el petróleo… Europa, EE.UU. en plena crisis económica si tienen el dinero para financiar guerras y tirar bombas, dinero para ello nunca les faltará…
Así como les relaté creo que comienzan los grandes guerras en el planeta, así también empiezan los conflictos en todas las partes del mundo. Las personas se centran en las ideas y no en el corazón, inventan hechos, y no son capaces de observar lo concreto. La paz es amor. La guerra es desamor…
sábado, 7 de enero de 2012
domingo, 4 de diciembre de 2011
Despertares (tarde por cierto)…
¡Hola amigos!. Recién acabo de llegar de un cumpleaños,¿ y saben algo?, aún no sé quién soy. Pero ojo, ese no es el problema, pare serles sincero, eso no me interesa para nada, es decir, saber quién soy. Tampoco me interesa inventar un molde para quedarme tranquilo o quieto… ¿de que serviría?. Vale decir que las definiciones sólo sirven para sentarse y meditar al respecto, empero francamente hoy no estoy para ello. Creo que lo conveniente a partir de ahora sólo es pensar qué quiero hacer, ó mejor dicho, qué estoy haciendo. ¿Es el mundo mejor gracias a mí?; ¿pude cambiar algo en el mundo?; ¿logré labrar un surco en la vida de alguien?. Y no hablo de cosas espectaculares (que de por si, siempre son pequeñas), hablo de las grandes cosas: de nuestra
intimidad, de nuestro rincón, de las cosas que nos unen, de aquellas que de alguna manera nos acercan, ó que nos modifican al menos un granito de arena, apenas imperceptible para muchos, pero vaya que lo es para nosotros. Ese es el principio y el fin de todo, creo yo.
Hace tiempo que no me siento a filosofar frente a la computador y a tener estos soliloquios conmigo, pareciera ser que uno tiene que sumergirse en lo más obscuro del ser (o del alma, como quieran) para poder conversar con uno mismo, es como sucede con un árbol, cuanto más desea elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más vigorosamente tiende sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo obscuro, lo profundo, hacia el mal… agradezco a mi primo el segundo, el menor por esa analogía que me regaló sin saberlo.
¿Cómo nacer si uno en el fondo siente que está muriendo?. ¿Cómo evolucionar si uno se siente completo, pero a la vez siempre siente que algo le falta?. ¿Cómo cambiar “algo” cuando en apariencia y a los ojos de los demás todo vá bien?. ¿Cómo arreglar algo que funciona?. ¿Cómo dar el primer
paso a mitad del camino?. En definitiva: ¿Cómo escribir cuando uno siente que no hay nada que decir?.
Al menos ahora, siento que somos mucho más que ese mundo pequeñito que nuestro cerebro es capaz de imaginar, por muy amplio que sea o por mucho que se haya visto o vivido. Es en vano ponerme a intentar expresar lo que por dentro siento y nadie sabrá interpretar, ó quizás si, tratarán de comprender pero vagamente lo que el corazón grita y la boca calla…
Y si… dá miedo el cambio, la muerte... cuando uno se siente bien (y a la vez no)... da más miedo aún. Pero es simple justificarse a veces porque si nos sentimos mal es fácil comprender que hay algo que no funciona y que, por lo tanto, uno debe permitir el cambio en sí mismo.
Pero guarda, "yo" me sentía muy bien. Completo. Resplandeciente hasta hace un mes atrás y sin embargo me había dormido en mi propio despertar… Resultó ser que la luz que yo veía, el amor que siento, no es un punto llegada, es sólo un punto extraño de partida.
Allí radicaba literalmente el más cruel de mis errores, brotaba burdamente lo más nefasto de mi arrogancia, allí fue cuando por fin me di cuenta que muchas veces (aún en este momento) tuve que crear dolor en mi vida para poder despertarme… Amor y dolor…. así fue como inconscientemente he creado dificultad en lo fácil. Me jugué a nombrar algo antes de tiempo para poder estropearlo. En vez de vivir... me dediqué a pensar.
¡Y mirá como son las cosas!, sin embargo, mediante las palabras que sólo sirven para confundirnos, a través de la ilusoria dificultad, o con el sesgo del pensamiento absurdo... me encuentro hoy en un duelo profundo.
Ayer (y varios días antes) perdí la consciencia varias veces con ayuda del exquisito vino y su panoplia de varietales, y descubrí que cada vez que despertaba, algo se me entregaba o aparecía. Sentía que estaba aprendiendo a un ritmo asombroso, más rápido de lo que aún soy capaz de asimilar… Descubrí que quizás lo que hasta ahora “estaba bien”, en realidad no era del todo así, encontré dolores acallados, sinsabores que no sabía que se encontraban allí, también hallé desolación y frustración a palabras que suenan huecas luego de ser proferidas, pero creo que lo más contundente de todo fue hallarme desnudo allí, solo, en perfecta obscuridad, sin compañía alguna o reconocimiento.
intimidad, de nuestro rincón, de las cosas que nos unen, de aquellas que de alguna manera nos acercan, ó que nos modifican al menos un granito de arena, apenas imperceptible para muchos, pero vaya que lo es para nosotros. Ese es el principio y el fin de todo, creo yo.
Hace tiempo que no me siento a filosofar frente a la computador y a tener estos soliloquios conmigo, pareciera ser que uno tiene que sumergirse en lo más obscuro del ser (o del alma, como quieran) para poder conversar con uno mismo, es como sucede con un árbol, cuanto más desea elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más vigorosamente tiende sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo obscuro, lo profundo, hacia el mal… agradezco a mi primo el segundo, el menor por esa analogía que me regaló sin saberlo.
¿Cómo nacer si uno en el fondo siente que está muriendo?. ¿Cómo evolucionar si uno se siente completo, pero a la vez siempre siente que algo le falta?. ¿Cómo cambiar “algo” cuando en apariencia y a los ojos de los demás todo vá bien?. ¿Cómo arreglar algo que funciona?. ¿Cómo dar el primer
paso a mitad del camino?. En definitiva: ¿Cómo escribir cuando uno siente que no hay nada que decir?.
Al menos ahora, siento que somos mucho más que ese mundo pequeñito que nuestro cerebro es capaz de imaginar, por muy amplio que sea o por mucho que se haya visto o vivido. Es en vano ponerme a intentar expresar lo que por dentro siento y nadie sabrá interpretar, ó quizás si, tratarán de comprender pero vagamente lo que el corazón grita y la boca calla…
Y si… dá miedo el cambio, la muerte... cuando uno se siente bien (y a la vez no)... da más miedo aún. Pero es simple justificarse a veces porque si nos sentimos mal es fácil comprender que hay algo que no funciona y que, por lo tanto, uno debe permitir el cambio en sí mismo.
Pero guarda, "yo" me sentía muy bien. Completo. Resplandeciente hasta hace un mes atrás y sin embargo me había dormido en mi propio despertar… Resultó ser que la luz que yo veía, el amor que siento, no es un punto llegada, es sólo un punto extraño de partida.
Allí radicaba literalmente el más cruel de mis errores, brotaba burdamente lo más nefasto de mi arrogancia, allí fue cuando por fin me di cuenta que muchas veces (aún en este momento) tuve que crear dolor en mi vida para poder despertarme… Amor y dolor…. así fue como inconscientemente he creado dificultad en lo fácil. Me jugué a nombrar algo antes de tiempo para poder estropearlo. En vez de vivir... me dediqué a pensar.
¡Y mirá como son las cosas!, sin embargo, mediante las palabras que sólo sirven para confundirnos, a través de la ilusoria dificultad, o con el sesgo del pensamiento absurdo... me encuentro hoy en un duelo profundo.
Ayer (y varios días antes) perdí la consciencia varias veces con ayuda del exquisito vino y su panoplia de varietales, y descubrí que cada vez que despertaba, algo se me entregaba o aparecía. Sentía que estaba aprendiendo a un ritmo asombroso, más rápido de lo que aún soy capaz de asimilar… Descubrí que quizás lo que hasta ahora “estaba bien”, en realidad no era del todo así, encontré dolores acallados, sinsabores que no sabía que se encontraban allí, también hallé desolación y frustración a palabras que suenan huecas luego de ser proferidas, pero creo que lo más contundente de todo fue hallarme desnudo allí, solo, en perfecta obscuridad, sin compañía alguna o reconocimiento.
jueves, 27 de octubre de 2011
Ciclos…
¿Qué determina el comienzo y el fin de un ciclo?. ¿Qué define un ciclo en si?. ¿Cómo podemos tener certezas en si de estar envueltos en un ciclo?. Ciclos…
Está de más pretender no sentir esta noche, ¿pero qué más da, si a vos lector te da igual?; o sea, ¿qué te importa si lo que me estoy planteando esta noche tiene un sentido para vos?.
Jamás me cansé de rescatar lo que fue, ¡pero la puta!, ¿qué mierda pasa este año?, ¿por qué tantas pérdidas?.
¿Qué determina el ciclo de vida de una persona?. ¿Cuándo acaba el ciclo de latidos de un corazón?. ¿Cuál es la orden del cerebro para que acabe la infinidad de ciclos del cuerpo?.
¿Será que uno elige partir?, ó ¿será algo súbito e inesperado?. ¿Habrá alguna opción?.
Que año de sustos éste, lleno de sustos y pérdidas de personas…
Y hoy 20 de octubre, ver a mi madre llorando, me partió el alma, llorando por su tía, llorando por que no puede contárselo a su madre de la manera que ella quisiera, no por que no quiera, sino por que no lo entendería… Alzheimer… y la puta madre!!!.
Gritos en silencio que no trascienden más allá de lo que la cabeza repite, bruma que no permite ver más allá de lo que deja ver el alma.
Ciclos de la vida, que no son los mismos que los ciclos del alma…
Ciclos… ¿quién sabe a ciencia cierta que son?.
Está de más pretender no sentir esta noche, ¿pero qué más da, si a vos lector te da igual?; o sea, ¿qué te importa si lo que me estoy planteando esta noche tiene un sentido para vos?.
Jamás me cansé de rescatar lo que fue, ¡pero la puta!, ¿qué mierda pasa este año?, ¿por qué tantas pérdidas?.
¿Qué determina el ciclo de vida de una persona?. ¿Cuándo acaba el ciclo de latidos de un corazón?. ¿Cuál es la orden del cerebro para que acabe la infinidad de ciclos del cuerpo?.
¿Será que uno elige partir?, ó ¿será algo súbito e inesperado?. ¿Habrá alguna opción?.
Que año de sustos éste, lleno de sustos y pérdidas de personas…
Y hoy 20 de octubre, ver a mi madre llorando, me partió el alma, llorando por su tía, llorando por que no puede contárselo a su madre de la manera que ella quisiera, no por que no quiera, sino por que no lo entendería… Alzheimer… y la puta madre!!!.
Gritos en silencio que no trascienden más allá de lo que la cabeza repite, bruma que no permite ver más allá de lo que deja ver el alma.
Ciclos de la vida, que no son los mismos que los ciclos del alma…
Ciclos… ¿quién sabe a ciencia cierta que son?.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Velocípedos y esas weas…
Mirando por la ventana, Literio no paraba de preguntarse: ¿por qué se le llama bicicleta a aquel velocípedo?... Debería llamarse biciclo, como ocurre con los que tienen tres ruedas (triciclos) o 4 ruedas (cuatriciclos). Esto ocurría a la vez que apoyado sobre sus brazos en el mostrador del local, veía el incesante tránsito de la avenida. ¡Lo mismo sucedió con la motocicleta!, refunfuñó asustando a un cliente que recién ingresaba. Costó explicarle lo sucedido, ante la mirada atónita del consumidor.
Una vez que atendió al comprador, observó la llegada de su jefa en su ajada bicicleta, luego de saludarla, le comentó en lo que venía pensando, pero su jefa no le dió el interés esperado por Literio y sin pronunciar palabra alguna se fue a tomar un helado sentada en la esquina.
Aburrido, Literio se quedó observando el medio de transporte de su jefa… Se podría mejorar la transmisión de la misma si se cambia la cadena con su piñón y corona, dado que genera una transmisión pulsante y conseguir unas poleas y una correa para eliminar así aquel nefasto movimiento por un desplazamiento continuo.
A pesar de ser las 17hs y del calor típico del verano en Buenos Aires, Literio consiguió dichos elementos y puso manos a la obra a su proyecto, mientras su jefa, dirigía el tránsito con una corneta de cotillón y unos pedazos de palo de escoba pintados con aerosol de color naranja… el tránsito seguía siendo un caos eso si…
Y así fue, nuestro amigo trabajó duro para realizar las modificaciones pertinentes, interrumpiendo apenas su labor para ir al baño y tomar un vaso de agua, hasta que por fin luego de dos horas de trabajo, terminó con su emprendimiento. Ahora hay que probarlo pensó. Pero no podía llevarse la bicicleta de su jefa y abandonar el puesto de trabajo. Para asegurarse, se asomó a la puerta del negocio para mirar donde se encontraba su jefa y quedó como clavado cuando advirtió que ella estaba escribiendo su nombre en las paredes de un valdío con el mismo aerosol con el que había pintado el palo de escoba cortado en dos, los cuales ahora se encontraban tirados en medio de la avenida al igual que la corneta de cotillón, siendo estos elementos apenas esquivados por los autos.
-¡¡¡¡Jefa!!!!, ¡¡¡¡Jefa!!!!, eso vá a producir un accidente, gritó Literio mientras recogía las cosas tiradas en la avenida. Pero su jefa estaba muy ocupada y no parecía tener tiempo suficiente para prestarle atención.
Después de un rato la jefa volvió y se llevó la bicicleta dándole estrictas ordenes de cómo debía cerrar el local.
Literio pudo observar como su creación funcionó de maravilla, hasta que dos cuadras después la jefa dejó tirada la bicicleta y se tomó un taxi. Y es que con gente así uno nunca sabe que puede llegar a pasar…
Una vez que atendió al comprador, observó la llegada de su jefa en su ajada bicicleta, luego de saludarla, le comentó en lo que venía pensando, pero su jefa no le dió el interés esperado por Literio y sin pronunciar palabra alguna se fue a tomar un helado sentada en la esquina.
Aburrido, Literio se quedó observando el medio de transporte de su jefa… Se podría mejorar la transmisión de la misma si se cambia la cadena con su piñón y corona, dado que genera una transmisión pulsante y conseguir unas poleas y una correa para eliminar así aquel nefasto movimiento por un desplazamiento continuo.
A pesar de ser las 17hs y del calor típico del verano en Buenos Aires, Literio consiguió dichos elementos y puso manos a la obra a su proyecto, mientras su jefa, dirigía el tránsito con una corneta de cotillón y unos pedazos de palo de escoba pintados con aerosol de color naranja… el tránsito seguía siendo un caos eso si…
Y así fue, nuestro amigo trabajó duro para realizar las modificaciones pertinentes, interrumpiendo apenas su labor para ir al baño y tomar un vaso de agua, hasta que por fin luego de dos horas de trabajo, terminó con su emprendimiento. Ahora hay que probarlo pensó. Pero no podía llevarse la bicicleta de su jefa y abandonar el puesto de trabajo. Para asegurarse, se asomó a la puerta del negocio para mirar donde se encontraba su jefa y quedó como clavado cuando advirtió que ella estaba escribiendo su nombre en las paredes de un valdío con el mismo aerosol con el que había pintado el palo de escoba cortado en dos, los cuales ahora se encontraban tirados en medio de la avenida al igual que la corneta de cotillón, siendo estos elementos apenas esquivados por los autos.
-¡¡¡¡Jefa!!!!, ¡¡¡¡Jefa!!!!, eso vá a producir un accidente, gritó Literio mientras recogía las cosas tiradas en la avenida. Pero su jefa estaba muy ocupada y no parecía tener tiempo suficiente para prestarle atención.
Después de un rato la jefa volvió y se llevó la bicicleta dándole estrictas ordenes de cómo debía cerrar el local.
Literio pudo observar como su creación funcionó de maravilla, hasta que dos cuadras después la jefa dejó tirada la bicicleta y se tomó un taxi. Y es que con gente así uno nunca sabe que puede llegar a pasar…
miércoles, 22 de junio de 2011
Milagros VI…
-¿Qué hora es?. Dije mientras todo era borroso.
-Son las siete de la mañana. Me respondió
-¿Qué hacés?. Pregunté.
-Nada, estuve mirándote y escuchándote roncar… roncás fuerte a veces ¡eh!.
Quisiera saber la razón y el por que se me vino a la cabeza Milagros en ese momento… lo cierto era que nunca entendí como llegué a la casa de Marcela, ni que hacíamos durmiendo juntos, pero por respeto y para evitar pedir detalles, preferí llamarme al silencio.
-Negra, me baño a las apuradas y salgo cagando que tengo que laburar, le dije, mientras pensaba: “menos mal que los Lunes entro un poco más tarde”. Me bañé lo más rápido posible, pasé por casa, agarré un traje, una camisa, hice el nudo de la corbata y salí veloz al trabajo… por suerte logré llegar a horario…
Los calores de Marzo se hacen sentir, máxime cuando uno lleva traje encima, pero ese medio día se me dió por ir al Parque Avellaneda a pasear, a despejame un poco, revivir rincones y momentos con tintes lejanos que me hicieron crecer en tiempos pasado pero no muy distante si me pongo a pensar un poco. Encontré en un banco una inscripción que hacía tiempo había grabado allí y que aún podía ser leída con un poco de voluntad, caminé por aquellos senderos serpenteantes en los cuales solía perderme en viejos tiempos libres entre taller y teoría (cuando no me quedaba en la esquina de Av. Directorio y Lacarra comiendo con el Tony). Todo estaba allí… igual que siempre… pero distinto a la vez.
Atendí el llamado de las vías y fieles a ellas, seguí su trazado sobre el parque, caminando, mis pasos respetaban la distancia que había entre durmiente y durmiente, gozando de ciertas sombras brindadas por la arboleda y haciendo algún que otro pase a los chicos que se le iba la pelota. Pece a eso, el calor era implacable (algo que no puedo cambiar es mi baja tolerancia a las temperaturas altas), hasta que de repente fuí llegando a la estación Onelli, lugar donde varias noches sirvió de refugio y sitio de esparcimiento. Al acercarme, noté una figura conocida; fiel a mi estilo atiné a acercarme… hasta que me paralicé… sentada en uno de los bancos de aquella simulada estación, se encontraba Milagros.
Pensé en dar media vuelta y volver por donde vine, pero a esa altura creo que ella ya me había visto y como un idiota seguí caminando.
-Hola. Dije.
-¿Qué hacés acá?. Respondió.
-Eso debería preguntarte yo… es más probable que yo esté acá a que vos lo estés. Le dije.
-Tenés razón, es que siempre quise venir a conocer este lugar… vos siempre hablabas de él y bueno… hoy vine… me dijo, a la vez que acotó. ¿Qué hacés vestido así?.
-¿Así cómo?. Respondí.
-Así, con traje, nunca te ví vestido de esa manera.
-Es que salí del trabajo… trabajo acá cerca y no sé como llegué acá. Creeme que no pasa nunca esto. Le dije.
-Si te creo, de hecho es la primera vez que vengo a este lugar. Profirió.
-De noche es mejor, de día es horrible… bah… no es lo mismo… ¿Podés creer que casualmente hoy te recordé?, después de mucho tiempo.
-A mi me pasó algo igual, por eso estoy acá. Respondió cortante.
-¿No deberías estar en Aeroparque trabajando?. Interrogué.
-Hoy me tocó franco. Fue su escueta respuesta.
-Cierto, vos no sabés lo que es un fin de semana… respondí irónicamente mientras agregué… ¿qué venís a buscar acá?; es decir, sabés que corrías el riesgo de que nos podíamos llegar a cruzar.
-No, por cierto la idea no era esa. Creo que vine a ver que onda con este lugar, vos siempre me lo pintaste como un lugar copado y la verdad que nada que ver. Dijo de manera implacable.
-De noche Milagros… de noche es mejor. De todas maneras de noche tampoco sería un lugar como para vos… vos estás para más. Respondí un poco avergonzado.
-Claro, siempre me mediste por mi clase social, o por mis ingresos y nunca como persona; ¿te das cuenta que nunca vas a cambiar?.
A esta altura el calor y la situación me estaban agobiando demasiado, ella nunca iba a entender lo que yo siempre pensé de ella y en vano sería ponerme a explicarlo por que no me escucharía. Dentro mío había un mix de emociones que
ni yo entendía del todo, pero claramente, no quería escarbar en ellas demasiado tampoco. Los segundos pasaban y no me brotaban las palabras para pedirle perdón, o mejor dicho, para decirle que la quería, pero que no la amaba… lo único que se me ocurrió decirle fue:
-Leí tu carta… mejor dicho, las hojas que me diste la última vez.
-¿Hojas?. Fue una carta Roberto. Su tono marcaba su decepción.
-Si, una carta, la leí, después de correr algunas hojas que se llevó el viento esa tarde. Atiné a decir.
-Bueno, me alegro, es una lástima que no haya servido de nada… pero ¿qué se puede esperar de alguien como vos?. Respondió con total indignación.
Agaché la cabeza, con un gran sentimiento de culpa, yo jamás le guardé rencor a aquella persona que me había sacado más de una sonrisa.
-Mirá Milagros…
-No Roberto, no digas nada, es al pedo. Me dijo. Se hizo un gran silencio y propinó: Mejor me voy, evidentemente elegí un mal día para venir acá, ojalá que todo esté bien para vos, a mi manera siempre te deseé lo mejor.
Se levanto del banco y camino para su auto.
-Esperá. Le dije. Odio esta ciudad gris… tenemos que olvidar algunas cosas.
Miré sus ojos y no pude evitar decirle… ¿Te parece bien vernos un día de estos?.
-No sé Ro, no sé si quiero verte y hablar con vos. Tartamudeó.
-Bueno estamos hablando ahora de hecho, pero si querés que nos veamos y charlemos un rato llamame a mi celular, creo que sería algo bueno para aclarar algunas cosas y mejorar otras tantas. Proferí.
-Vamos a ver que pasa, no te prometo nada, tengo cosas que hacer, igual lo voy a pensar. Chau.
Se despidió cortantemente a la vez que subía a su auto (lo había cambiado).
Atiné a responder su saludo con un gesto mientras miraba como se iba…
-Son las siete de la mañana. Me respondió
-¿Qué hacés?. Pregunté.
-Nada, estuve mirándote y escuchándote roncar… roncás fuerte a veces ¡eh!.
Quisiera saber la razón y el por que se me vino a la cabeza Milagros en ese momento… lo cierto era que nunca entendí como llegué a la casa de Marcela, ni que hacíamos durmiendo juntos, pero por respeto y para evitar pedir detalles, preferí llamarme al silencio.
-Negra, me baño a las apuradas y salgo cagando que tengo que laburar, le dije, mientras pensaba: “menos mal que los Lunes entro un poco más tarde”. Me bañé lo más rápido posible, pasé por casa, agarré un traje, una camisa, hice el nudo de la corbata y salí veloz al trabajo… por suerte logré llegar a horario…
Los calores de Marzo se hacen sentir, máxime cuando uno lleva traje encima, pero ese medio día se me dió por ir al Parque Avellaneda a pasear, a despejame un poco, revivir rincones y momentos con tintes lejanos que me hicieron crecer en tiempos pasado pero no muy distante si me pongo a pensar un poco. Encontré en un banco una inscripción que hacía tiempo había grabado allí y que aún podía ser leída con un poco de voluntad, caminé por aquellos senderos serpenteantes en los cuales solía perderme en viejos tiempos libres entre taller y teoría (cuando no me quedaba en la esquina de Av. Directorio y Lacarra comiendo con el Tony). Todo estaba allí… igual que siempre… pero distinto a la vez.
Atendí el llamado de las vías y fieles a ellas, seguí su trazado sobre el parque, caminando, mis pasos respetaban la distancia que había entre durmiente y durmiente, gozando de ciertas sombras brindadas por la arboleda y haciendo algún que otro pase a los chicos que se le iba la pelota. Pece a eso, el calor era implacable (algo que no puedo cambiar es mi baja tolerancia a las temperaturas altas), hasta que de repente fuí llegando a la estación Onelli, lugar donde varias noches sirvió de refugio y sitio de esparcimiento. Al acercarme, noté una figura conocida; fiel a mi estilo atiné a acercarme… hasta que me paralicé… sentada en uno de los bancos de aquella simulada estación, se encontraba Milagros.
Pensé en dar media vuelta y volver por donde vine, pero a esa altura creo que ella ya me había visto y como un idiota seguí caminando.
-Hola. Dije.
-¿Qué hacés acá?. Respondió.
-Eso debería preguntarte yo… es más probable que yo esté acá a que vos lo estés. Le dije.
-Tenés razón, es que siempre quise venir a conocer este lugar… vos siempre hablabas de él y bueno… hoy vine… me dijo, a la vez que acotó. ¿Qué hacés vestido así?.
-¿Así cómo?. Respondí.
-Así, con traje, nunca te ví vestido de esa manera.
-Es que salí del trabajo… trabajo acá cerca y no sé como llegué acá. Creeme que no pasa nunca esto. Le dije.
-Si te creo, de hecho es la primera vez que vengo a este lugar. Profirió.
-De noche es mejor, de día es horrible… bah… no es lo mismo… ¿Podés creer que casualmente hoy te recordé?, después de mucho tiempo.
-A mi me pasó algo igual, por eso estoy acá. Respondió cortante.
-¿No deberías estar en Aeroparque trabajando?. Interrogué.
-Hoy me tocó franco. Fue su escueta respuesta.
-Cierto, vos no sabés lo que es un fin de semana… respondí irónicamente mientras agregué… ¿qué venís a buscar acá?; es decir, sabés que corrías el riesgo de que nos podíamos llegar a cruzar.
-No, por cierto la idea no era esa. Creo que vine a ver que onda con este lugar, vos siempre me lo pintaste como un lugar copado y la verdad que nada que ver. Dijo de manera implacable.
-De noche Milagros… de noche es mejor. De todas maneras de noche tampoco sería un lugar como para vos… vos estás para más. Respondí un poco avergonzado.
-Claro, siempre me mediste por mi clase social, o por mis ingresos y nunca como persona; ¿te das cuenta que nunca vas a cambiar?.
A esta altura el calor y la situación me estaban agobiando demasiado, ella nunca iba a entender lo que yo siempre pensé de ella y en vano sería ponerme a explicarlo por que no me escucharía. Dentro mío había un mix de emociones que
ni yo entendía del todo, pero claramente, no quería escarbar en ellas demasiado tampoco. Los segundos pasaban y no me brotaban las palabras para pedirle perdón, o mejor dicho, para decirle que la quería, pero que no la amaba… lo único que se me ocurrió decirle fue:
-Leí tu carta… mejor dicho, las hojas que me diste la última vez.
-¿Hojas?. Fue una carta Roberto. Su tono marcaba su decepción.
-Si, una carta, la leí, después de correr algunas hojas que se llevó el viento esa tarde. Atiné a decir.
-Bueno, me alegro, es una lástima que no haya servido de nada… pero ¿qué se puede esperar de alguien como vos?. Respondió con total indignación.
Agaché la cabeza, con un gran sentimiento de culpa, yo jamás le guardé rencor a aquella persona que me había sacado más de una sonrisa.
-Mirá Milagros…
-No Roberto, no digas nada, es al pedo. Me dijo. Se hizo un gran silencio y propinó: Mejor me voy, evidentemente elegí un mal día para venir acá, ojalá que todo esté bien para vos, a mi manera siempre te deseé lo mejor.
Se levanto del banco y camino para su auto.
-Esperá. Le dije. Odio esta ciudad gris… tenemos que olvidar algunas cosas.
Miré sus ojos y no pude evitar decirle… ¿Te parece bien vernos un día de estos?.
-No sé Ro, no sé si quiero verte y hablar con vos. Tartamudeó.
-Bueno estamos hablando ahora de hecho, pero si querés que nos veamos y charlemos un rato llamame a mi celular, creo que sería algo bueno para aclarar algunas cosas y mejorar otras tantas. Proferí.
-Vamos a ver que pasa, no te prometo nada, tengo cosas que hacer, igual lo voy a pensar. Chau.
Se despidió cortantemente a la vez que subía a su auto (lo había cambiado).
Atiné a responder su saludo con un gesto mientras miraba como se iba…
jueves, 19 de mayo de 2011
Tres Picos…
Cuna madre de las cúspides
de los puertos de mi alma.
Imponente figura yace
erguida en mi provincia
abriéndose paso en Ventania.
Por el claro del bosque,
sendas ilustres de inexorables destinos
pretenderán amigo mío confundirte
con quebradas, rocas y arroyos.
Peñón donde el corazón
pretende amarrar.
Con dirección a la cruz del sur
por tierra difícil te será llegar.
Águilas Moras tus cumbres custodian,
a tu lado te acompaña el Napostá.
Con paciencia de remero
empiezan a sangrar mis pies;
una barca servirá de guía a la cima,
tiritando una frase que jamás diré.
A la vuelta de una herida que no duerme
Cerro Tres Picos, allí te encontraré.
de los puertos de mi alma.
Imponente figura yace
erguida en mi provincia
abriéndose paso en Ventania.
Por el claro del bosque,
sendas ilustres de inexorables destinos
pretenderán amigo mío confundirte
con quebradas, rocas y arroyos.
Peñón donde el corazón
pretende amarrar.
Con dirección a la cruz del sur
por tierra difícil te será llegar.
Águilas Moras tus cumbres custodian,
a tu lado te acompaña el Napostá.
Con paciencia de remero
empiezan a sangrar mis pies;
una barca servirá de guía a la cima,
tiritando una frase que jamás diré.
A la vuelta de una herida que no duerme
Cerro Tres Picos, allí te encontraré.
sábado, 30 de abril de 2011
Cuando te ibas (en tiempo pasado)…
Cuando más aprendes, es al enfrentar a un oponente que te pueda ganar
Richard Bach.
Ayer cuando te ibas, hubiese querido permanecer abrazado a vos, aunque sea un rato más, hubiese deseado que no te marcharas o hubiera marchado contigo, para no estar contando las horas de tu regreso, que sé no sucederá jamás. Para no encontrarme tan solo y tan vacío, hundiéndome en obscuros abismos donde confluyen el mar de la desesperanza y el mar de la soledad.
Ayer cuando te fuiste, ese loco alegre que vos conocés enfermó de tristeza en el andén de la estación despedida. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Aun así, con su mirada empañada y su corazón en llanta, emprendió un largo camino desconocido y con destino incierto.
Si no te hubieses ido, hoy no estaría inquieto e impaciente. Navegando en un océano de torpezas, donde nada pero nada me alegra. Estas cuatro paredes son testigos fieles de mi insoportable soledad, son como barrotes de prisión, que no dejan escapar tanto amor guardado, tanto amor sincero esperando brotar.
Ayer cuando te ibas, te llevaste contigo mi brújula, y hoy no tengo otro camino más que aquel que me lleva de casa a la facultad.
Ayer cuando te fuiste, borraste del mapa a mi ciudad, me siento solo y perdido, busco algo y no puedo hallarlo, no puedo ubicarme por ningún lugar, doy vueltas en círculo, me hallo para volverme a perder, gasto suelas caminando hacia la nada y aquel pensamiento recurrente susurra...
Que linda fue la forma de despedirte, diciéndote adiós, a el te confío, en el te guardo en el obscuro día del adiós cuando te ibas.
En este sábado gris en el cual me encuentro enfermo tras varios días, decidí colgar una que estaba arrumbada en una vieja carpeta de mi PC y que redescubrí esta tarde. Ojalá les plazca.
miércoles, 13 de abril de 2011
Arroyo Ventana…
Del Ventana al Sauce Chico
hacia el sur navegan sentimientos,
pluvial impronta, sereno tu caudal.
Zigzagueante belleza escondida por momentos
y revelada por Sol y Luna tras cada lluvia.
Pintorescas sierras marcan tu andar,
bajo el Destierro Primero
tu sabes hacerte notar.
En tus orillas la calma supe encontrar
cuando mis pies confuindiéronse
con tu agua y fragilidad.
Querido Arroyo Ventana
nos encontramos una vez más.
Querido Arroyo Ventana
a tu vera me puse a soñar.
Tuve la suerte de no encontrate dormido,
temeroso de en tu correntada naufragar;
ya no temo a lo que venga,
compartiremos una noche más.
Se despereza la esperanza de a tu lado
una nueva vida comenzar,
se despabila la idea que lejanas tormentas
no sepan nuestra unión derrumbar.
Querido Arroyo Ventana,
Percas y Truchas te acompañarán.
Querido Arroyo Ventana
de ti ya no me quiero alejar.
hacia el sur navegan sentimientos,
pluvial impronta, sereno tu caudal.
Zigzagueante belleza escondida por momentos
y revelada por Sol y Luna tras cada lluvia.
Pintorescas sierras marcan tu andar,
bajo el Destierro Primero
tu sabes hacerte notar.
En tus orillas la calma supe encontrar
cuando mis pies confuindiéronse
con tu agua y fragilidad.
Querido Arroyo Ventana
nos encontramos una vez más.
Querido Arroyo Ventana
a tu vera me puse a soñar.
Tuve la suerte de no encontrate dormido,
temeroso de en tu correntada naufragar;
ya no temo a lo que venga,
compartiremos una noche más.
Se despereza la esperanza de a tu lado
una nueva vida comenzar,
se despabila la idea que lejanas tormentas
no sepan nuestra unión derrumbar.
Querido Arroyo Ventana,
Percas y Truchas te acompañarán.
Querido Arroyo Ventana
de ti ya no me quiero alejar.
jueves, 31 de marzo de 2011
Nocturno...
En su reflexión habitual de cada noche, se dispuso a escuchar a Chopin, y desempolvó aquel ajado libro de bitácoras con el objeto de encontrar en él la solución al hastío, esperando de una vez, la llegada del sueño que siempre se resiste a asistir. Procedió temeroso pero a la vez intrigado, arrellanado en su sillón, con la certeza de tener los cigarrillos a mano y aquella botella con su elíxir favorito cerca de aquel vaso que lo acompañaba en el escritorio.
Sopló la cubierta, tomó un trago y abrió más o menos por la mitad a aquel libro, se dejó atrapar casi de inmediato y sin resistencia en la sucesión de letras ordenadas y a veces desordenadas, se abrió el cielo de aquella noche, Chopin no paraba de tocar, de repente un relato resaltó del resto, un relato que hablaba de un naufragio en aquel escote del cual casi ni recordaba, otro de una tempestad desatada tras aquella mirada, y él, expectante, pasó de la sonrisa al llanto, del cigarrillo al whisky… encontró cenizas e inseguridades, también encontró varios “yo sé” cuando en realidad no sabía nada, trastabilló con un recuerdo de teclas gastadas, de risas acompañadas de la mezcla de esas obscuras bebidas, también había un par de recetas en tiempo pasado de cómo estar mejor cuando todo estaba mal… y claro… de eso se trata, de lo antiguo, cuando uno relee un libro de bitácoras, pero en el momento de llenar al mismo no es el pasado, sino el presente documentando lo sucedido para su análisis en el futuro.
Recuperó luces y reflejos perdidos por el paso del tiempo, relatos de humedades y sabores exóticos, de exploraciones a lugares desconocidos y hoy por hoy tan conocidos que hasta él mismo podría perderse si se confía. También había besos con fecha de vencimiento, ásperas caricias, llantos desconsolados, sal, pétalos y flores, cristales, lluvias inolvidables, desfilaban platos rotos, alfileres y huellas en el barro, densos recreos, andenes vacíos y vías que no llevaban a ningún lugar; leyó sobre tormentas, sierras y arena, pólvora mojada, ramas sin fuerza, nubes grises, pizarrones cargados de fórmulas y dibujos, encontró pensares y estrategias jamás usadas, poesías sin títulos, un zorro estepario y hasta un recuerdo que no debía estar allí… la noche pasaba al igual que los cigarrillos en su boca. Un pequeño receso para ir al baño interrumpió aquella catarata de datos, imágenes, signos, información y recuerdos.
Trajo consigo al volver al sillón la predisposición a no hacer nada, a ahogarse en todas esas vivencias, a vestirse de sombra, alejarse de sueños, esperanzas y amores; meterse algunas alegrías en el bolsillo para usarlas en tiempos mejores; para cuando pensaba eso, la noche se iba temblando, el rocío hacía difusa la mirada y Chopin ya no tocaba más el piano… de aquella botella sólo quedaban los restos y de aquel atado de cigarrillos casi nuevo quedaban algunos sobrevivientes.
En vano comenzar a escribir una fé de erratas o hacer borrones y tachaduras en lo escrito en el pasado cuando el presente es aún más confuso y trae consigo un frasco cuyo contenido aún no es descifrable del todo, pero aquel libro le trajo recuerdos varios, de los más sentidos y alegres.
Pero no le pudo traer las sensaciones que vivió en aquellos tiempos documentado en renglones con tinta y acompañadas de alguna que otra foto.
Sopló la cubierta, tomó un trago y abrió más o menos por la mitad a aquel libro, se dejó atrapar casi de inmediato y sin resistencia en la sucesión de letras ordenadas y a veces desordenadas, se abrió el cielo de aquella noche, Chopin no paraba de tocar, de repente un relato resaltó del resto, un relato que hablaba de un naufragio en aquel escote del cual casi ni recordaba, otro de una tempestad desatada tras aquella mirada, y él, expectante, pasó de la sonrisa al llanto, del cigarrillo al whisky… encontró cenizas e inseguridades, también encontró varios “yo sé” cuando en realidad no sabía nada, trastabilló con un recuerdo de teclas gastadas, de risas acompañadas de la mezcla de esas obscuras bebidas, también había un par de recetas en tiempo pasado de cómo estar mejor cuando todo estaba mal… y claro… de eso se trata, de lo antiguo, cuando uno relee un libro de bitácoras, pero en el momento de llenar al mismo no es el pasado, sino el presente documentando lo sucedido para su análisis en el futuro.
Recuperó luces y reflejos perdidos por el paso del tiempo, relatos de humedades y sabores exóticos, de exploraciones a lugares desconocidos y hoy por hoy tan conocidos que hasta él mismo podría perderse si se confía. También había besos con fecha de vencimiento, ásperas caricias, llantos desconsolados, sal, pétalos y flores, cristales, lluvias inolvidables, desfilaban platos rotos, alfileres y huellas en el barro, densos recreos, andenes vacíos y vías que no llevaban a ningún lugar; leyó sobre tormentas, sierras y arena, pólvora mojada, ramas sin fuerza, nubes grises, pizarrones cargados de fórmulas y dibujos, encontró pensares y estrategias jamás usadas, poesías sin títulos, un zorro estepario y hasta un recuerdo que no debía estar allí… la noche pasaba al igual que los cigarrillos en su boca. Un pequeño receso para ir al baño interrumpió aquella catarata de datos, imágenes, signos, información y recuerdos.
Trajo consigo al volver al sillón la predisposición a no hacer nada, a ahogarse en todas esas vivencias, a vestirse de sombra, alejarse de sueños, esperanzas y amores; meterse algunas alegrías en el bolsillo para usarlas en tiempos mejores; para cuando pensaba eso, la noche se iba temblando, el rocío hacía difusa la mirada y Chopin ya no tocaba más el piano… de aquella botella sólo quedaban los restos y de aquel atado de cigarrillos casi nuevo quedaban algunos sobrevivientes.
En vano comenzar a escribir una fé de erratas o hacer borrones y tachaduras en lo escrito en el pasado cuando el presente es aún más confuso y trae consigo un frasco cuyo contenido aún no es descifrable del todo, pero aquel libro le trajo recuerdos varios, de los más sentidos y alegres.
Pero no le pudo traer las sensaciones que vivió en aquellos tiempos documentado en renglones con tinta y acompañadas de alguna que otra foto.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Soy…
Soy el que te espera cada noche,
soy el que verte siempre ansía.
Soy el que viendo las estrellas
tus ojos iluminados imagina.
Soy quien se ampara en la soledad
al no tenerte o saberte encontrar.
Soy aquel que se pregunta cada noche:
¿de qué me sirve tanta sabiduría
si para enamorarte no la sé utilizar?.
Soy una estrella perdida en el universo.
Soy el secreto oculto en tu conciencia.
Soy aquella brisa helada que sentiste
esa tarde cuando te abrazó la tristeza.
Soy el misterio que tiene nombre,
soy ese conocido que no conoces.
Soy las letras que a los silencios le da vida;
soy imagen mentirosa reflejada.
Soy quien espera inquieto y con ansias
ese abrazo imposible que no se concretará.
Soy tantas cosas y a la vez nada,
soy un río profundo y sin orillas
donde te recomendaría nunca pescar.
Soy estas palabras sutilmente embellecidas,
soy quien pone en tus labios estas dulces rimas,
soy el beso que suaviza tus heridas,
soy quien te escribe esta poesía.
soy el que verte siempre ansía.
Soy el que viendo las estrellas
tus ojos iluminados imagina.
Soy quien se ampara en la soledad
al no tenerte o saberte encontrar.
Soy aquel que se pregunta cada noche:
¿de qué me sirve tanta sabiduría
si para enamorarte no la sé utilizar?.
Soy una estrella perdida en el universo.
Soy el secreto oculto en tu conciencia.
Soy aquella brisa helada que sentiste
esa tarde cuando te abrazó la tristeza.
Soy el misterio que tiene nombre,
soy ese conocido que no conoces.
Soy las letras que a los silencios le da vida;
soy imagen mentirosa reflejada.
Soy quien espera inquieto y con ansias
ese abrazo imposible que no se concretará.
Soy tantas cosas y a la vez nada,
soy un río profundo y sin orillas
donde te recomendaría nunca pescar.
Soy estas palabras sutilmente embellecidas,
soy quien pone en tus labios estas dulces rimas,
soy el beso que suaviza tus heridas,
soy quien te escribe esta poesía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)