El problema es qué hago con vos esta madrugada, porque mañana sé lo que va a pasar. Mañana voy a llorar. Tal vez no apenas despierte. Seguramente primero voy a hacer todas esas cosas absurdas que hacemos cuando queremos convencernos de que la vida continúa normalmente. Me voy a levantar, voy a preparar un café, mirar alguna noticia que no me interesa y revisar el teléfono sabiendo perfectamente que no hay ningún mensaje tuyo.
Después, en algún momento, algo va a fallar. Puede ser una canción, una palabra, un perfume en la calle.
Entonces, ahí si voy a llorar.
Pero eso será mañana, porque el problema sos vos esta madrugada.
Ahora todavía estás demasiado cerca. Todavía puedo reconstruir tu voz sin esfuerzo y recordar exactamente la forma en que me miraste. Todavía no sos un recuerdo, mucho menos una historia. Todavía sos vos, y quizás por eso duela de esta manera.
Con los días todo va a cambiar, lo sé porque ya me pasó varias veces.
El tiempo tiene esa extraña costumbre de transformar las tragedias personales en pequeñas anécdotas que uno termina contando durante una cena mucho tiempo después. Aquello que una noche parecía insoportable, tras algunos años, entra perfectamente dentro de cuatro o cinco frases.... Supongo que es una forma de sobrevivir.
Vos también vas a transformarte con el tiempo. Primero vas a ser tristeza, después vas a convertirte en poesía.
Voy a escribir cosas sobre vos tratando de esconderte entre metáforas para que nadie descubra de quién hablo. Voy a cambiar lugares, fechas y situaciones. Tal vez hasta cambie el color de tus ojos, pero voy a saber que sos vos siempre.
Después vendrán las canciones. Algunas ya existen, otras aparecerán por casualidad y voy a cometer el error de creer que fueron escritas para nosotros, aunque nosotros tampoco hayamos existido demasiado antes de ellas.
Y finalmente llegarán las borracheras. Alguna noche voy a levantar un vaso y decir que ya está, que fue hace mucho, que no importa.
Probablemente mienta.
Uno aprende a mentir bastante bien cuando se trata de explicar ciertos amores. Lo curioso es que, con el tiempo, posiblemente deje de extrañarte a vos y empiece a extrañar quién era yo cuando estaba con vos.
Eso siempre me pareció injusto.
Las personas se van, pero dejan versiones nuestras viviendo en algún lugar de la memoria.
Y a veces no queremos que vuelvan ellas, más bien queremos volver nosotros, antes de que ellas nos llevaran.
Esta madrugada todavía tengo la posibilidad de evitar todo eso. Podría llamarte. Podría escribirte. Podría hacer alguna estupidez considerablemente más digna que quedarme mirando el techo mientras imagino conversaciones que jamás vamos a tener.
No lo voy a hacer.
Hay cosas que uno sabe que terminaron incluso antes de aceptar que terminaron. Así que voy a dejar que pase la noche.
Mañana lloraré. Después escribiré. Más adelante alguna canción volverá a traerme hasta acá y, en una noche con demasiado alcohol, seguramente cuente nuestra historia bastante mejor de lo que realmente ocurrió.
Voy a agregar detalles, voy a olvidar otros. Porque también hacemos eso, corregimos el pasado hasta convertirlo en un lugar donde podríamos haber sido felices.
Pero eso será después, ahora son casi las cuatro de la mañana.
La casa está en silencio. Tengo tu recuerdo todavía demasiado fresco y ninguna respuesta para la única pregunta que verdaderamente importa.
¿Qué hago con vos esta madrugada?.
Supongo que nada.
Dejarte ir.
Y empezar, lentamente, a inventarte.