lunes, 20 de abril de 2009

Batallas…

Hacía frío, apenas una sopa tibia lo alimentó esa noche, mientras “sentado” sentía sus huesos doloridos que le reclamaban un poco de bienestar. El frío metálico del arsenal no servía de cobija, más sólo era aquella salvación, la disuasión ante posibles ataques, a pesar del mal estado en el que se encontraba y de su dudoso poder de defensa. A pesar del cansancio, aún tenía esperanzas.
La noticia de la muerte del general no se hizo esperar, muchos de sus compañeros corrieron a atender asuntos más importantes que mantener una batalla que ya se suponía estaba perdida, de repente un ataque sorpresivo, escombros volando por todos lados le hicieron comprender que debía defenderse, se puso al pie del cañón y disparó. Funcionó, los ataques cesaron pronto.
En otro lado, lejos de todo esto que relaté con anterioridad, y mientras todo aquello ocurría, doctorados en relaciones exteriores pactan negociaciones basadas en documentos, tratados y pactos que sólo ellos comprenden y saben usar, las ambiciones afloran en esas reuniones, el resultado final es conocido sólo por ellos.
Ya sin poder soportar tanto dolor por tanta sangre derramada y tanta masacre sin reconocimiento, la viuda del general concurre a un hotel utilizando un nombre falso, para no ser reconocida, sólo un objetivo en su cabeza, vengar la memoria de su marido y de aquellos que dieron su vida por una causa justa. Sus cartas desde el exilio prometen regresar un poco de luz ante tanta obscuridad.
Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo un camino que llevaba una casa. Con mucho cuidado avanzó hasta llegar a la puerta de la misma, al abrirla, se encontró con ella, que le dijo: lamento ser quien tus sospechas confirman. Un disparo certero en la frente fue el resultado de aquel encuentro.
Se terminó la batalla para aquel soldado.

domingo, 19 de abril de 2009

El adiós después del adiós…

Aquel bondi que nunca esperaría fue el subterfugio perfecto para caminar de regreso a casa para aquel boxeador ciego que lo viene madurando el knock out, que lo único que sabe hacer es tirar ganchos derechos e izquierdos y apercap a la nada, siempre contra la cuerda, roto, pero esperándola igual, esa excusa le venía como anillo al dedo; encendió un cigarrillo, y envió un mensaje a su amigo a través del digital invento, el cual anunciaba “se terminó la pesadilla”. Digno comienzo para aquel final.
La infinita sucesión de luces se fue esfumando conforme sus suelas devoraban las cuadras, la inmensa bola dorada comenzó a ganar el cielo y cubriendo con un manto de luz las veredas rotas de aquel barrio. Aquel empedrado impío, rezongaba del andar de autos, camionetas, y aquel bondi que debería haber tomado dijo presente y siguió su rumbo hasta su destino.
El ángel que siempre lo acompaña, lo miró con desdén, y le dijo: “¿qué más podés hacer?”, dicho esto, se refugio en la reticencia y sólo se dignó a acompañar. Un tren pedía a gritos descarrilar, pero no sucedió. El empedrado se volvió asfalto al llegar a la gran avenida.
Andaba sólo movido por su instinto y no por su razón, un colectivo de la línea 46 le hizo recordar que era menester mirar hacia ambos lados en las esquinas antes de cruzar, operación que nunca sucedió, tal vez a la espera de un milagro, que como los milagros mismos, nunca suceden. Las calles vacías, bostezos desde los taxis, finales de una noche amor en algunos bares, la avenida diagonal que lo llevaba a su casa con un tránsito muy por debajo al habitual, una nube gris se apiadó de su presencia y bloqueó tenuemente la gigante bola por algunas cuadras.
¿Cuánta gente lo vió pasar?. ¿Cuánta gente vió esa alma en pena andar, errar y desandar ese camino hacia la nada?. Las cuadras se tornaban infinitas, el sólo hecho de andar era la premisa, caminaba sin pensar, con la mente en blanco, se puede vivir sin pensar, se dijo. Se puso la camiseta de “olvidar” y así debutó en la primera de “Deportivo Abandonado”.
Zigzagueante andar lo llevó hasta la avenida que lo llevaba a su hogar, fueron varios los cigarrillos que ya se habían consumido en su boca, un giro a la izquierda y la calle que lo vió crecer se ensangrentó por culpa de la herida abierta (nuevamente), un último esfuerzo para sacar las llaves y abrir aquella puerta, un dificultoso andar hacia la puerta del living, un sabueso expectante e intuitivo lo miró con ternura.
Una cerveza escogida al azar en la heladera, una pequeña escalada a la escalera lo llevó a su habitación, un cigarrillo más… aquel sabueso que subió a su cama vió como él se sentó en la computadora a escribir sobre el adiós después del adiós una hora después de aquel último adiós.

Bye, Biao, mirupafshim, Tschüss, Чао, Nashledanou, Farvel, Hei, Au Renoir, Dag, Поки, Hej då, Tchau, Пока, Zdravo, Ċaw, Adiós.

sábado, 18 de abril de 2009

Un tal Lucas…

La ruta estaba cargadísima, lo cual no me pareció extraño pese a mi cansancio, pero debía ir a la ciudad de Tandil por cuestiones laborales, de todas maneras, Tandil es lo que menos me molestaba de todo ello, lo que sin dudas me molestaba era ese tránsito incesante. Pensé que al llegar a la RP30 el mismo iría descendiendo. Triste equivocación, en la ciudad de Las Flores el caos aún continuaba.
De acompañante al lado mío estaba un niño de unos 10 años que observaba como yo miraba por la ventanilla del ómnibus de larga distancia, apoyando mi mentón en mi mano izquierda, viendo la nada y pensando recurrentemente en el único tema que ocupaba mi cabeza. Rompiendo con la monotonidad del viaje, y con un tono temeroso, me preguntó: ¿En qué pensás?. Lo miré con cierta ternura y le respondí que pensaba en una persona especial.
-¿Cómo se lama esa persona especial?.
A decir verdad no tenía la más mínima ganas de comentarle a un niño sobre mi pensamiento recurrente, ni sobre mi persona especial, de todas maneras aquello podría servir de distracción de aquel tránsito diabólico que comenzaba a exasperarme. Así que de forma menos simpática le dije el nombre de mi persona especial.
-¿Vas a verla a Tandil?, preguntó suspicazmente.
-No, ella está en Buenos Aires, ni debe saber que estoy viajando a Tandil, respondí con total sinceridad, el tiempo demostraría que si lo sabía.
Aquel niño, se quedó pensando un buen rato en silencio, pensé que con eso, había dado por terminado el diálogo, así que volví a mi posición anterior y observé como el ómnibus entraba en la rotonda, abandonando así la RN3 y tomando por fin la RP30. La paz duró poco eso si.
-Soy bueno escuchando, si querés podés contarme que te pasa, dijo cortando repentinamente el silencio de aquel viaje.
-Estoy cansado de andar repitiendo que me pasa, la verdad que no gano nada contándote lo que me pasa o lo que pasa, además no solucionaré nada si lo hago. Respondí cortantemente.
Muy audazmente el niño comenzó a contarme su historia, sus amores y desamores, su situación, sus vivencias, sus perspectivas, su forma de sufrir el mundo y debo reconocer que me fue atrapando su relato, la sinceridad se volvió absoluta en aquel momento y generó un punto de inflexión y sin darme cuenta terminamos hablando de lo que me pasaba, de todo lo que pasó y de lo que puede estar por venir.
Con el correr de aquella noche y de los kilómetros, nos fuimos haciendo grandes amigos, y ese niño que yo veía, pasó a ser una persona distinta, una persona con la cual nos fuimos conociendo en muy poco tiempo, reconociendo aciertos y desaciertos, gustos en común y no, esa persona me hizo poesía casi sin conocerme, y por aquel hecho quedó pendiente siempre un homenaje.
Cuando llegamos a Tandil, bajamos del ómnibus y vaya uno a saber si es cosa del destino, pero para sumarle similitudes al cuento de Cortázar, el niño en cuestión se llama Lucas.

miércoles, 15 de abril de 2009

Caducó…

Siempre sofisticado y con snobismo dialéctico, siempre queriendo sobresalir (cuando no puede), siempre con el mundo en contra, siempre sufriendo ser quien es, siempre jugando a ser maduro, siempre engañando a los demás con discursos, signos y premisas que a veces él mismo fabrica para no quedar en evidencia.
Golpeándose la cabeza una y otra vez, queriendo lo imposible, anhelando lo increíble, pensando ser un mesías, mírenlo, ahí lo ven caminar, con toda esa rutina cargando su humanidad, al final ¿entiende que no está bueno actuar?.
Y ahora que se terminó tu juego, ¿qué es lo que harás?, ya no existe tal farsa que supiste concretar, al final esas malditas vacaciones donde creías encontrar la paz de nada sirvieron, sólo te mostró lo que ya sabías, la mediocridad, lo caduco de un libreto que nunca escribiste bien y hoy te deschava.
Y buenos Aires te golpea, te asfixia y saca la mierda que hay en vos, nada podrás hacer contra ello, tal vez estés pagando por lo que te creíste ser, cuesta el dormir, cuesta el laburar, cuesta ver a los amigos, ¿nunca te preguntaste por qué será?. Eso si, es feo que cuando al fin pudíste concretar el anhelado sueño, un sacudón te despierte en el transporte público que tanto te dio.
Todo sale a la luz, tarde o temprano, todo se sabrá… ¿Te animarás a reconocerlo?.
Y acá yo viéndolo desde lejos, entendiendo y no tu proceder, advirtiendo que las máscaras no son para siempre y la verdad siempre sale a la luz, pero cuidado, no vaya a ser que la verdad te apabulle y vuelvas a recaer. El peor juez que tenés es el tiempo y vos mismo, ojalá encuentres una salida a tu caduco momento.

sábado, 11 de abril de 2009

Carta a Fede...

Mi querido Fede, mi bebé, te escribo ésto desde el inmenso dolor que me invade en éste momento tan cruel para ambos, en realidad no se para que te escribo si no sabés leer y nunca vas a leer esta epístola, pero quizás sea para adormecer un poco este llanto que me está matando en vida. Mi bebé, Fede, mi bebé. Mucha gente no está contenta contigo mi cielo, no te quieren, te menosprecian, pero yo siempre te defiendo, siempre digo lo digno que es tenerte, quererte, pensarte.
Daniel aún no ha llegado, el otro día discutimos por ti, está muy raro últimamente, se enoja por todo, pero sé que no es adrede, el no entiende nuestra unión, nunca pensó que sería así la historia. El doctor dijo que todo estaba bien, que no había ninguna complicación, se lo comenté a Daniel, pero el se reía, aún no se bien por que. Y en un momento se puso furioso y dijo cosas feas… aunque a vos no te interesa ni debe interesarte lo que él dice o piensa a veces de mi. Me encantaría saber que es lo que sentiste estos últimos cinco días. No me importa que me digan que sos malo, que no te quieren.
Todo es muy raro últimamente Fede.
El tiempo es una magnitud difícil de explicar mi querido Fede, y vos sos muy pequeño para entenderlo, pero Daniel va a llegar en cualquier momento y debo ponerme a limpiar. No debe ver ésta carta, ya que es sólo para vos, tengo miedo que escriba algo que no te guste. Las lágrimas se me caen Fede, por eso algunas cosas no se leen bien, pero me las estoy limpiando, como puedo, para que sea lo más entendible posible, aunque mi trazo ya no es el mismo con el que empecé a escribirte. Me siento una idiota Fede, menos mal que para cuando llegue Daniel todo estará limpio, así no me dirá nada, pero me quedo con las ganas de cantarte esa canción que siempre te canto… a la familia no le gusta mucho que hable sin cesar de vos Fede.
A vos no te gustaría estar en este lugar, en serio Fede. Me duele no poder estar contigo, sufro sabiendo que no podés vivir acá, es que todo es tan chico, no hay espacio, vivimos chocando con Daniel, a nadie le importa, y eso es malo para lo dos, yo ayudándolo a que consiga lo que él busca y yo quedándome sin vos que es lo que tanto busqué. No podrías comprender nunca este mundo, es muy raro, muy raro y complicado, todo se rumorea, todo se sabe, tratamos de arreglarnos con lo poco que tenemos. La cama hace rato que tiene los elásticos vencidos, ya no puedo limpiar como lo hacía antes, Daniel fuma, como nunca está fumando y tira las cenizas en cualquier lugar, hay un ambiente terrible de desgano mi querido Fede, mi Federico. Creo que nadie aguantaría acá mucho tiempo.
Todo duele Fede, es muy sucio y triste, el dolor me parte en dos, me cuesta mucho escribirte en este momento, quiero tenerte, quiero abrazarte, quiero verte llorar, limpiarte. Pero el mundo no me importa mucho ahora, sólo me importas vos, tu chupete, tu mamadera, tus gritos y lloriqueos en medio de la noche, en todo eso estoy pensando mi bebé, mi Fede querido, en todo eso. Quiero pensar que estás bien y que no estás triste, vos sos mi sol, vos sos mi destino. Quizás esté enferma, o sea mala, o me sienta sola, no lo sé, te quiero tanto mi bebé, mi Fede.
Si vieras el piso de la cocina como está, mi Fede, y Daniel está pronto a llegar, no quiero que vea todo el piso manchado de rojo, debo limpiar, apurarme antes que llegue y encuentre todo hecho un desastre. Cuando estemos juntos te voy a cantar nuestra canción, nos va a gustar. A Daniel a veces se le pega y la silba cuando vamos por la calle, cuando está contento, y a veces hasta habla con vos y eso me gusta mucho. Quiero ver tus ojos Fede, me encantaría hacerlo.
Ya no puedo llorar más, estoy más contenta, pero sé que pocos podrán entender esta decisión, o la verdad quizás ni les importará. Afuera está lloviendo Fede, pronto estaremos juntos, llueve mucho y Daniel está por llegar.

miércoles, 8 de abril de 2009

Reflexión… (del fenómeno físico)

Soy bastante de autodestruirme, si me peleo o discuto, no soy de salir a pelearme o cagarme a trompadas, más de una vez me he descubierto en un bar o en mi casa tomando un whisky, recordando el hecho (llorando o no), así padezco las cosas, así vivo últimamente y no es un orgullo decirlo, pero aquel que entienda, sabrá que es la única forma de anestesiar tanto dolor.
Pero algo estoy comenzando a aprender en ésta, podría llamarle ”la peor caída de mi vida”, una suerte de crisis económica mundial, pero en carne propia y con factores, sutilezas, sentimientos que sólo pocos pueden/pudieron/podrán advertir; les decía que algo estoy comenzando a aprender y esta vez voy a poner el verbo después del sustantivo, ya basta de decir voy andando para la luz, ahora será andando para la luz voy. Quizás sea esa la solución a ocho años de dolor interrumpidos (si no son más).
Y sé muy bien que eso fue obra del azar, es la ley del azar, que no corresponde a la de la lógica, ese azar que hace las cosas tan bien, que a veces supera a la lógica. El mismo azar trabaja y hace que aparezcan situaciones estocásticas que a veces le gana a la lógica y ésta última no es capaz de explicarla o comprenderla. Ahora lo sé, ahora lo saben, ya no es secreto, a decir verdad nunca lo fue (salvo para algunos).
Una vez supe, tener objetivos claros, supe ir y venir. Dar vuelta las páginas, repasar lo leído, replantearme situaciones, y todo ello también supe tirarlo a la basura y volver a empezar, al menos lo he hecho varias veces, generalmente el resultado fue el mismo, otras no (fueron las menos).
Me ha pasado (aún hoy me sucede) que las palabras me desconcentran, generalmente logran un efecto adverso que es la desorientación, otra veces me pasa que las mismas palabras cuando las releo tienen otra significancia, me tiran el mundo a la mierda, no me dicen lo que yo quiero leer, y ahí uno cae que a veces, la ilusión y las palabras son más enemigos que amigos a la hora de su interpretación. Situación similar ocurre cuando veo imágenes, signos, objetos extraños; éstos me hablan cosas, a veces suelo comprenderlas, otras me las llevo conmigo mientras camino y me hablan hasta el destino, a veces se callan y comienzan a hablar cuando salgo de aquel destino y me dispongo a volver a mi hogar; o en el mejor de los casos las olvido, cosa que muchos saben no es muy difícil y ya podríamos llamarle un clásico de mi persona.
Y así estoy, así llegué a esta suerte de cementerio de los barcos sin nombre, naufragando entre el espanto que me quedó y las cenizas que espero no estén por venir jamás, o por lo menos no en un futuro próximo. Y reconozco que poco he aprendido y poco aprenderé superada esta crisis, más espero nunca se repita otra igual, por que ahí si, no sé que es lo que sucederá en el futuro.
Aunque aún siento que quien carezca de sentimientos será como un barco sin timón en alta mar y en medio de una tormenta sin final, su soledad será absoluta, aún en medio de una multitud, difícilmente encuentre razón a su existencia, tal vez su vida se convierta en perversa y su desdicha (roguemos) sea inmensa.

sábado, 4 de abril de 2009

Resplandores…

Tsubasa hacía dos días que había comprado su cámara de fotos y aún no había podido estrenarla. Sus ansias no lo dejaron dormir, hasta que ese nueve de agosto de 1945, salió de su casa y se dispuso ir a una plaza en su Nagasaki natal.
La ilusión fotográfica se adueñó de él en cuestión de segundos, las expectativas y sus ansias crecían al compás del armado de la cámara y el trípode, se dejaba seducir con la idea de cada toma desde los distintos puntos que ya había marcado mentalmente en aquel parque que desde niño lo acobijo. Siguiendo sistemáticamente las instrucciones, logró armar la cámara en un tiempo nada envidiable, se quedó mirándola, era todo un logro y un gran sacrificio el haber destinado grandes horas de su vida y ocuparlas a dicha pasión que ya desde pequeño lo fue seduciendo, como las mujeres hacen al andar.
Tsubasa escuchó el ruido lejano de un avión.
Preparó la cámara, ajustó el lente para ver nítidamente la imagen de aquel sector del parque, preparó el flash para lograr una fotografía óptima, cuando al fin todo ya estaba listo, disparó.
Tsubasa vio un resplandor y sintió un calor enorme.
El número de víctimas causadas directamente por la explosión se estima en 40.000 mortales y 60.000 heridos de una población de 195.000 habitantes. A estas víctimas hay que sumar las causadas por los efectos de la radiación nuclear.
Tsubasa falleció al igual que otras personas.
Ojalá nunca vuelva a suceder.

miércoles, 1 de abril de 2009

Charlando conmigo después del adiós…

Las convicciones son un lujo que sólo se pueden dar los observadores, y aunque yo soy un observador bastante bueno, no las tengo y a decir verdad tampoco las quiero en este momento.

Hace rato que no tengo ganas de vivir, quizás por eso no hago nada, literalmente, no me nacen las ganas de hacer nada, no puedo, no quiero. Sé que es muy difícil de explicar y si nadie lo va a entender, mejor ahorro trabajo y le ahorro el tiempo a aquel “interesado ocasional”.

La pregunta es: ¿Y ahora che?; ¿Cómo te ves?; ¿Qué pensás?; ¿Cómo vas a encontrar las ganas para lo que se viene?... tristemente no lo sé… la política del fracaso ha fracasado y la de hacer las cosas por convicción y por amor también, aunque dudo que al último lo pueda abandonar. Y es que no lo entiendo; por un lado creo haber hecho las cosas bien, creo que hasta lo merecía, me inventaba imágenes y no dudaba en que podían concretarse, que tranquilamente pudieron haber sido ciertas (resultaron no serlas) o en esos sueños tan reales donde estabas ahí, siendo mi compañera de ruta. ¡Ay!, por favor, ¡siento que pateé al arco y pego en el palo che!, que partido chivo.

Pero la vida no entiende de filosofía, la vida entiende con los hechos y a los hechos me remití, confesión de parte y a otra cosa para ella (la vida), un nuevo dolor, una nueva tristeza, un nuevo empezar desde lo más bajo que estuve en mi corta existencia. Y se va a complicar más, por que una vez que uno descubre lo excelso, se va a dificultar mucho encontrar alguien así o similar, si es que verdaderamente existe, aunque no me voy a poner a filosofar al respecto, pero va a ser inevitable no realizar comparaciones, aunque eso nunca es bueno y no lleve a nada.

Hoy me descubrí pensándote el 75% del día, también frené un sms que estaba a punto de enviarte, hice caso omiso a 4 te quiero, y a no menos de 5 te extraño…

No más whisky en mi petaca, no más petaca en mis noches, no más faro guiando mis noches…




En esta triste fecha, mi recuerdo y homenaje al presidente que gobernaba cuando nací y que garantizó pacificamente el retorno a la democracia. Mis respetos Doctor Raúl Alfonsín.

sábado, 28 de marzo de 2009

El puente condenado…



Dedicado a Agustina: avec une grande douleur dans mon coeur,

conserver vos souvenirs pour toujours.

Se dieron cita en aquel lugar prefijado con anterioridad, se esperaron, se conocieron, compartieron charlas, intercambiaron ideas. Caminaron, caminaron mucho, atravesaron el valle, pero allí estaba a lo lejos… aquella figura, imagen extraña y bella a la vez, pensaron en llegar primero a su principio, para cruzar juntos aquel puente con forma de arco iris y seguir caminando juntos, como lo venían haciendo. El puente, claro, no se sacudía como un ser vivo, pero algo los comenzaba a incomodar, algo les generaba terror, desconfianza, más él comenzó a sentir que no tenía la habilidad para impedir decirle adiós.
A su memoria llamaron versos colgantes que jugaban a ser un puente, que si uno logra cruzarlo, consigue el poder para vencer el mal que te rodea, perder el temor a lo desconocido, brinda el poder de crecer y ser lo que siempre anhelaste, empero, no se debe detener su marcha un instante, no puedes parar a admirar el paisaje, o detenerte en detalles que la vista te provee. Si ello sucede, uno debe decir adiós, debe transformarse y dar media vuelta. Si eso pasara, el puente se transforma en un puente condenado para aquella persona y el hecho de atravesarlo, se torna vano.
Ahí estaba ese puente, curvo, de estilo asiático, de madera bien conservada, llamativo. Y ahí estaban ellos, que dudaban cruzarlo, pasaron los días, y no tomaron una decisión, el cielo comenzó a quejarse y a llorar de tristeza por tanta indecisión, la lluvia tendía a cada instante puentes, uno más bello que otro, sobre los árboles, sobre el camino, sobre los cerros, sobre la madera de aquel puente, sobre ellos, en vano construir con palabras un puente indestructible. El puente ya se había condenado para él.
Ahí estaban ellos, en el filo de la nada que ha cortado al puente entre ambos, aquel puente, ahora no era más que un frágil puente de papel para él, imposible de cruzarlo. Le dijo adiós, dio media vuelta para no verla a ella cruzarlo.
Frágil y cansado, como éste puente que une los renglones torcidos de ese adiós llora aún hoy por esa imagen, por ese puente incruzable, por esa persona que ya cruzó, por ese abismo que los separa, por sumar un nuevo adiós a la memoria.
No hay día que no se pregunte, ¿Cómo se rompió, aquel puente que nos unía?.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Guerra…

Espacio exterior, vía láctea, sistema solar, sistema solar interior, planeta tierra, continente africano, humo de Napalm, un jeep explotando en pedazos, pandemónium, gente corriendo, otros con sendas AK-47 dispersando balas por doquier, una revolución, la caída de un régimen, una guerra, más hambre, menos educación, menos salud. Lejos las Naciones Unidas interviniendo, lejos, como siempre, lejos del espanto, lejos del terror. Heridos, muertos, cascos azules tirados, un vehículo Phanard destruido por una mina, un nuevo chapón con la sigla “UN” en el suelo de aquel continente.
Del otro lado del globo alguien los presentó, ellos hicieron el resto. Se hablaron, se conocieron, se contaron anécdotas, rieron, pensaron en lo que pasaba en África, discutieron sobre gustos, acordaron encontrarse. Así fue que se vieron, comieron juntos, vieron una película, tomaron un helado, hablaron por teléfono antes de dormir. Se mandaron unos poemas al otro día por e-mail desde sus oficinas, se pensaron de más, se reencontraron, se enamoraron, se besaron. Al tiempo se casaron, tuvieron hijos, fueron felices, se mudaron de barrio.
La ciudad quiso que se encuentran en una plaza, hacía años no se veían, ella le contaba que estaba casada, el le contó que consiguió el divorcio y tras muchos años de no verse, se reencontraron en la habitación de un hotel, sábanas húmedas, besos cómplices, gemidos no disimulados, fantasías concretadas, respiraciones aceleradas, rasguñones furtivos, horarios controlados; la rutina de volver a casa como si nada de ello hubiera ocurrido, simular que está todo bien, fantasear con el reencuentro, inventar subterfugios, crear discordias adrede.
Al tiempo el marido se entero, algún malicioso le fue con el cuento, seguramente el cuento fue agrandado, alguien averiguó sobre la otra persona y así nos encontramos ante otra guerra, sin AK-47, sin regímenes, sin muerte, sin hambre, pero con dolores acallados, corazones partidos, desilusiones a estrenar, una carpeta más en los juzgados, hijos con padres separados.
Continente americano, planeta tierra, sistema solar interior, sistema solar, vía láctea, explosión de una estrella, agujero negro devorando con violencia planetas y la luz, una guerra cósmica comenzó en el espacio exterior.
Visto desde afuera yo no quisiera vivir allí