miércoles, 10 de septiembre de 2008

Soledad…

Yo no digo nada últimamente, pero ya no quiero tampoco impedir que nada sea dicho. Cada vez me gusta más estar vivo (pero reconozco que hay días y a veces meses que no).
A veces estoy feliz, otras triste. Son estos, estados de ánimo cíclicos y efímeros debo reconocerlo.
El otro día recordé que hasta hace un tiempo, la mayor parte de mi familia pensaba que yo buscaba y quería reafirmar mi ego contra el mundo, que sólo era un nene chiquito y “mimado” que quería llamar la atención o que tenía una suerte de espíritu “cheguevarista” de querer cambiar el mundo. Y sin dudas hay mucho de verdad en todo eso, aunque como en todo, nunca lo sentí así. A veces pienso que en realidad estaba intentando saber quién era YO, por qué estaba acá, cuál era mi misión; y para ello hubo un tiempo en que quise alejarme, interiormente, todo lo que pudiera de mi cultura, de mi entorno, de mi familia, de mis amigos, tratar de alguna forma de entender el mundo que los humanos habían creado, y que para mí aún hoy me parece extraño y limitado en muchas cosas.
Aprendí a ser una estrella (aquella que vio a aquel viajero solitario) y a ser un mendigo. Aprendí a invocar aliados (aunque no siempre acudieron), aprendí también a competir contra mí mismo, a matarme, a volar, a estar en más de un sitio a la vez, a viajar tan rápido que la luz, a ver todo lo que quisiese, siempre, de forma nueva y distinta, y aprendí poco a poco a sentirme bien en mi soledad. Y entonces comencé a crear el universo, a saber que, como vos, soy el sumo hacedor de todo cuanto existe y quiera que exista.

Pero aún tenía que lidiar con esa soledad. Sin embargo, junto con ella, hallé uno de los más hermosos regalos que la providencia me ha dado, en ella descubrí que la soledad es casi siempre ilusoria. Con ella comencé un viaje iniciático, a través de todas las sombras, abismos, temores, ilusiones, luces, vendavales, y alegrías, en busca de una suerte de santo grial. Y allí encontré que todo es tan real o irreal como estas palabras que lees ahora mismo.
Ahora, siempre que alguien me viene con un planteo de cualquier índole, con una duda que le provoca ansias de saber, con una situación de mierda de la que no sabe salir, le recomiendo (si esa persona vale la pena) un ejercicio que para mí fue decisivo, y que desarrollé a partir de mi soledad y mi profundo desarraigo interior.
Es un camino largo, pero de forma sencilla y con imaginación, se puede hacer en un instante.
Si te sentís muy sólo no huyas de tu soledad, no te juntes con gente que no te entiende, no empieces a hacer cosas que no te gustan sólo para transitar un sendero esquivo a tus ansias, no te conformes con una relación que no te hace abrirte, descubrirte, y evolucionar. Tampoco la asumas.
No es cierto que todos nacemos solos y morimos solos, o quizás es cierto, pero no de la manera en la que se suele decir, porque llevamos con nosotros el universo entero, y a todos los seres que han existido, que existen, y que existirán. Mirala de frente a tu soledad, saltá al vacío aunque tengas vértigo y miedo, adéntrate en ella (y con ella), y salí por el otro lado. Allí, amigo, amiga, estamos todos.

Digamos: - ¡Hola!.

En latín soledad significa con el sol adentro.

sábado, 6 de septiembre de 2008

El lobo de mar…

Aquel viejo lobo de mar lo vi, en la taberna de aquel antiguo y olvidado puerto, y es que en esos lugares es donde comienzan las historias verídicas. Naufragó en un baso de escocés bien añejo y fuerte, el barco en el que iba a viajar ya partió (yo vi como lo dejaba ir), se quedó bien solo (como ya era costumbre). Y pidío un trago más, para llorar en él, historias locas de tempestades, de amoríos, de naufragios, de despedidas, de soledades, de sol, de calor y de puertos.
En su pecho hace muchos años se hizo tatuar a su fiel amor, que desde entonces nunca lo dejó ni lo dejará.
Y con su ronca, vieja y hastiada voz canta una canción que sólo canta él y que sólo él conoce y es para aquel amor. Esa canción resultó (para mi) una suerte de pentagrama que sólo él conoce, que sólo él sabe, que nadie podría interpretar.
Y vaya si su melodía era linda, sus voz, su canción, todo retumbaba en aquel bar, las charlas se interrumpieron, lo único que sonaba era su canto, todos observábamos, la mayoría con desagrado, yo lo miraba con cierta admiración, con agrado, con alegría, con esperanzas. De repente se paró y comenzó a bailar.

Baila, baila viejo lobo de mar, baila para ella, baila viejo lobo de mar para nosotros.

Y yo me encontraba en un lugar un poco obscuro de esa taberna y lo veía bailar tan feliz, como si ella estuviese bailando con el.
Su canto acompañándolo con aquel ritmo que marcaba sus días de dolor, de angustia y de mucho penar. Por momentos, parecía que lentamente se alejaba de aquella taberna, y fijo su mirar en ese faro que acompañó su vida, que iluminó las olas del mar, ese testigo de que sufre y que ama en sus noches de intenso pesar. Por breves instantes su luz daba hacia la taberna y acompañaba el bailar del viejo lobo de mar, es una imagen difícil de olvidar esa. Yo lo seguía mirando, anonadado, con gran admiración e intentaba comprender sus silencios, más aun los silencios de su corazón, pero siempre oyendo la hermosa canción que no dejaba de cantar y esa sonrisa que sólo brota de la felicidad.
De repente ese viejo lobo de mar se volvió hacia mí, yo temblaba (cosa que no es rara en mi) y sin saber que decir sólo espere a que se acercara, cuando finalmente estuvo cerca, muy cerca de mí, sonrió aún más, y una vez más enredado en sus silencios, como atado por un ancla se fue perdiendo en la inmensidad de esa noche, esa noche que lo observaba, como lo hacíamos todos en aquella taberna olvidada en aquel viejo puerto.
El puerto quedo aislado de la taberna, y la taberna de mi, y el viejo lobo de mar de los que allí estaban, no podría ya olvidar su mirar, su bello cantar, me sería inútil querer borrar esa melodía que llevaba aquel lobo tan dentro de su ser, una sonrisa me nació del corazón.
En un instante sin saber como, estaba perdido en la inmensidad de ese muelle, observando aquellas sombras que creaba el farol que marcó sus días, que sabe de sus historias, de sus amores y desamores, que sabe tanto de aquel personaje, miraba atónito las olas que marcaron la melodía de su vivir, de su andar… y de su canto.
Aquel viejo lobo, se perdió en la noche como un barco en un naufragio, y mi ser con él, más me encontré naufragando, abrazado a mil olas oyendo su canción, el faro iluminó por un instante mis pupilas y al irse su brillo, la sombra de ese viejo lobo emergió buscando a su único amor….

Baila, baila viejo lobo de mar, baila para ella, baila viejo lobo de mar para nosotros.

Ya nada podía ser tan perfecto, de eso puedo dar fé, de repente, un paso en falso y la caída fue inevitable, su cabeza fue a dar contra el piso de aquel lugar, la sangre no tardó en derramarse, todos se levantaron a ayudarlo.
Tomé mi abrigo, me puse mi sombrero, me levanté y fumando me fui, no soporté tan terrible final.
Seguramente, con su amor se encontró, a decir verdad, eso espero…

Que así sea.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Sobre campeones…

Otra vez volviste a ganar, a pesar de que te pidieron mil revanchas, el resultado fue siempre igual, y enseguida los fuegos artificiales y las vengalas iluminaron el cielo, las multitudes gritando tu nombre al unísono, banderas con tu nombre, con tu cara, con tu apellido, parece la imagen de un estadio que está pronto a caerse y así la noche se hace día y aun no entendés donde estas parado…
La enorme maqueta fue apagando sus luces, y en tu mente los campeones que no pueden parar y gozan a los que están del otro lado del vidrio, mientras afuera están esperando los que han perdido. Pero tu mirada no fue la misma… Preferiste irte a dormir, pero los ruidos de los festejos no te lo permiten, de tus ojos una lágrima cayó.
Tu vida siempre fue de ese modo, te acostumbraste a ganar todo lo que te proponías, pero te hallaste solo y no soportas seguir con esa función teatral, allá afuera fue una fiesta, fue un espectáculo, allí adentro, un telón se cerró.

A juntar los puchos, los restos de comida y las copas, a limpiar el piso y barrer bien, a bajar las persianas y apagar las luces, se acabó la fiesta y ya es en vano pedir revancha...
Mientras afuera siguen las vengalas, los fuegos artificiales, las banderas y los gritos, todos vacíos, todos retumban en tu cabeza.

sábado, 30 de agosto de 2008

La fiesta… (para pocos)

Llegué a aquella fiesta casi sin interés, aunque la invitación me la habían hecho hace ya un tiempo atrás… más que una fiesta me parecía un velorio, a pesar que la gran cantidad de gente allí presente la pasaba bien.
Me tome el trabajo de tomar una botella de vino y sentarme en un costado a observar bien ese extraño evento. De repente me di cuenta que, entre la paja que tenía y el vino que ya se había bajado misteriosamente a la mitad, el tiempo se hacía eterno, así y todo noté que un watu estaba de choreo, casualmente una billetera fue a parar a su mochila. De prestado llegué a ese lugar, así que no se por que no le advertí al dueño de la misma, andate a la concha de tu madre!, pensé.
Todos somos emigrantes y en esa fiesta uno ya estaba envaselinado… vaya a saber cuantos más seguirían.
La mesa estaba chorreada con cerveza, tenía restos de lo que fue la comida (al decir verdad nunca pude descifrar que se comió en ese lugar). ¿Quien puso la mesa?. Sin lugar a dudas era un desastre. No terminé de pensar eso que se me acabó el vino… la puta madre!, quiero más!!!!. Utilice mi astucia visual, pero nada hallé…¿Quien esconde el vino?, proferí en voz bastante alta, y de repente pase a ser el centro de la fiesta… Acá tenés una botella sin abrir me dijo “uno”. Y todo siguió…
Al rato una chica muy atenta me trajo una porción de torta…¿Cómo comer el postre cuando no hay cuchara?... en fin esa porción se mezclo con los restos de cerveza y “comida” que había sobre la mesa…
Esa gente no podía lo posible, esa gente no pedía lo imposible tampoco, para colmo el invierno es caluroso y la humedad esta nos mata. Entonces entendí que los caballos regalados siempre muerden y que diosito ayuda a los que nos madrugan. Pero estaba todo bien, no pasaba nada, todo era alegría, todo era conmovedor, esa imagen comenzó a girar en elipse… quizás mucho alcohol por hoy.
¿Quién escupió el vino?, ya hastiado pregunte, y al ver que todos se rieron, pensé que ya era el momento adecuado.
Hijos de las grandes y muy felices pascuas, de las piñas por la espalda, me sentía ninguneado, más bien forreado diría, en mi entornos solo había tetras idiotas, masticados, mal dormidos, mal cogidos.

Tomé mi campera y me fui, pues esa fiesta no era para mi.

NOTA: cuando llegué me faltaba la billetera también…

miércoles, 27 de agosto de 2008

Renunciar a la razón…

Al renunciar a tener razón surge una extraña y loca (a veces linda) paradoja. Extraigo placer del sufrimiento. Y el tiempo que pienso que he perdido... lo he ganado.
Alguien escribió que la verdad es el mejor camuflaje porque nadie la cree. Así, al disfrazarme de mí mismo, queda oculto lo que soy, lo que todos somos. Y sólo quien acepta el disfraz como la imagen verdadera, se encuentra consigo mismo. Aunque no todos lo advierten y a veces hay que temer de aquellos que lo hagan.
Todos somos reyes, reyes en nuestra vida, que tenemos el poder y la visión sobre ella, aunque se complique más de una vez, aunque no halla ni reino, ni castillo, ni ejercito que nos defienda.
Pero también tenemos esa cualidad, si la descubrimos, de ser todos magos, porque somos los creadores de la "realidad", del mundo, y de ser conciente de que uno crea su propia vida a cada instante y a cada momento, y que toda palabra, todo acto, todo encuentro, toda circunstancia, se puede transmutar en lo que uno desee. Se crea (creamos) una ilusión sin aportar consciencia de la ilusión que nosotros mismos siempre creamos!.
La magia es lo único "real", es la naturaleza misma de la vida. El "adulto", no consciente de la magia, no habiéndose convertido en mago, inventa una historia fantástica en la que él mismo no cree, como consuelo muchas veces.
Y sin embargo, la verdadera magia, una vez descubierta, no se puede perder ya nunca, ya no hay vuelta a tras, es oxidarse o resistir, sin solución ni respuesta.
No hay desilusión posible porque uno es consciente entonces de que todo es ilusión, y uno sabe cómo crear sus propias ilusiones (es el principio de los soñadores). Las ilusiones no son historias para ir a dormir bien, es una revelación y una herramienta para despertar bien (en cualquier momento del día).

Y legará el día en que os digáis: "¿Qué pedir si ya soy todo?"… y ese día…

viernes, 22 de agosto de 2008

Contradicciones…

Entre lo que escribo está lo que no escribo, un secreto indecible que sólo algunos de los iniciados reconocerán. Pero, ¿sabes algo?, no es necesario que seas un iniciado para hacer que cualquier idea de vueltas con “vos” en armonía y paz en tu cabeza. Incluso ese ilusorio desacuerdo que a veces sentís, si trascendés la reacción y la racionalidad, puede ser un regalo maravilloso, una explosión que te impulse en otra dirección más linda para vos.
Un mago debe ser capaz de transformar todo en una aventura decisiva. Para un mago ninguna experiencia es negativa. Por eso no esta mal ser un mago con uno mismo, realizar magia y lograr un cambio.
Contradecirse sin miedo, sin vergüenza, es un síntoma de salud mental. Cuando el intelecto no nos domina, actuando de “contralor” interno, impidiendo que expresemos el cambio continuo (y maravilloso) que somos (aunque a veces no). Uno debe muchas veces contradecirse si quiere ser honesto y fiel a sí mismo en cada instante, a cada momento. A veces nos dicen, con un tono de decepción: -"Cómo cambiaste che!". Y deberíamos contestar: "¡Gracias!". Yo lo hago al menos…
Por ese miedo al inevitable cambio, por ese afán de creer que uno anda por terreno conocido cuando todo es, por naturaleza, siempre desconocido, por ese querer resistirse al precipicio y sentirse “acorralado”, la mayor parte de las personas, aún, prefieren percibir la contradicción como un “defecto”, un síntoma de no ser sincero, de mentir, de no ser íntegro, algo que vigilar en los demás y en uno mismo. A veces me pregunto: ¿Con qué fin?… aunque no lo niego, lo he hecho yo también y muchas veces.
De hecho se dice "caer" en una contradicción. Cuando lo que sucede es que uno se eleva en una contradicción, o más bien se traslada, o cambia de nivel de consciencia o punto de vista o evoluciona, o simplemente cambia... como vos quieras interpretarlo.
Como "vos", soy absolutamente libre para contradecirme. Ya no soy el que hablaba ayer, ni siquiera el que hablaba hace un minuto, ni el que empezó a escribir esta frase. Mis palabras de ahora no pueden compararse con ningunas. Porque el que habla ahora sólo existe ahora, y jamás dijo nada antes, ni lo dirá en un minuto...

miércoles, 20 de agosto de 2008

Verdades…

Es verdad que algunas canciones hacen llorar,
es verdad que se puede reír en una despedida,
es verdad que puede nevar eternamente en uno,
es verdad que existen los sueños cumplidos,
es verdad que existen la tristeza y la locura,
es verdad que la vida es cíclica,
es verdad que se puede esperar esa llamada que nunca llega,
es verdad que hay canciones hechas por amor,
es verdad que existís,
es verdad que duermo contigo,
es verdad que te siento cerca a veces,
es verdad que las cosas más diferentes son idénticas,
es verdad que los reflejos que veo son lágrimas,
es verdad que el amor existió un día,
es verdad que en los sueños somos algo más,
es verdad que nunca se quiere los suficiente...

Es verdad…

Es verdad que no me animo a decirte te quiero,
es verdad que te tengo miedo,
es verdad que vos no pensás en mi,
es verdad que existo,
es verdad que los sueños pueden cumplirse,
es verdad que muero por tenerte,
es verdad que muchas veces te hablo y no me respondes,
es verdad que a veces te espero,
es verdad que tal vez no leas esto,
es verdad, todo eso es verdad…
Es verdad que esto que escribo no sabes que es para ti…

sábado, 16 de agosto de 2008

Sobre enojos…

¿Qué es morir sino perder el "yo", la memoria de "nuestra" vida?.
¿Qué vida decidimos vivir?. ¿Qué historia nos estamos contando, escribiendo o inventando?. ¿Qué mundo creamos al levantarnos cada mañana?...
Cuando nos enojamos mucho con alguien se abre una puerta en nuestro interior y se enciende una pequeña lamparita, esa puerta nos conduce a un lugar insospechado en nosotros, un lugar que debemos conquistar para enfrentarnos de lleno con lo que somos.
Uno siempre se enfada uno mismo, con esa parte suya con la que está en pie de guerra. Esa parte que no comprendemos, que no nos animamos a explorar, que nos da vergüenza, miedo o como queráis llamarlo.
"El otro" siempre sos "vos". Si aceptas en ese "otro" lo que te enoja o molesta, si aprendes también a quererlo, a comprenderlo, entonces descubrirás que al enojarte o molestarte sólo te escondías de vos mismo. El enojo, en el fondo, es un acto altivo en el que uno se pone a sí mismo por encima de la persona con quien se enoja. Para huir. Para diferenciarse. Para sentirse ajeno y superior (o impotente) a lo que detesta.
Podes quejarte, desahogarte, llorar, expresar tu enojo, tu indignación, putear (nunca esta de más), patalear, vomitar todo el veneno que deseas hasta que la herida quede aparentemente limpia. Es una opción, y desde cierto nivel de conciencia, a veces, es menester y sumamente aliviador. Porque es más saludable que callar o disimular. Creo que las ulceras se reducirían un 50% si muchos se propusieran a hacer eso mismo.
Pero también podes respirar hondo, muy hondo, hasta lo más profundo de tus miedos, de esos abismos, cerrar los ojos, y ver qué viene a decirte ese enojo acerca de vos mismo.
Y ¡Eureka!. Desde esa humildad siempre se halla un tesoro. Reconozco que muchas veces es muy difícil y no es fácil llevarlo a la práctica, aún hoy me lleva mucho trabajo.
Uno no puede controlar lo que "el otro" hace o deja de hacer. Lo único que puede uno decidir es qué hacer ante y con ello. Y si aprendemos a utilizarlo a nuestro favor, descubriremos a un maestro detrás de todo aquel que despierte nuestro enojo.
Yo agradezco profundamente mi encuentro con todas las personas con las que me he enojado en toda mi vida. Gracias a esas personas aprendí en buena parte a hacer las paces conmigo mismo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El viajero solitario…

Aquel viajero solitario se sintió un poco abrumado de la rutina y la panoplia de inconvenientes que fueron surgiendo, y como todo viajero, decidió salir de viaje, tal vez como una forma de escapismo, quizás para hallar respuestas, por ahí, para encontrar un poco de paz…

Todo comenzará cuando el motor comience a trabajar y su ruido me invite a avanzar por el sendero que tanto he anhelado. Me comentó antes de salir.

Como todo buen viajero, viajó seguro y disfrutando a cada segundo (alguien dijo alguna vez que el viajero se hace camino al andar), aprendiendo de lo que el sol le decía al atardecer, intentando ver mas allá de lo que la niebla le permitía ver, jugando con las gotas que la lluvia le regalaba en varias ocasiones, discutiendo con los fuertes vientos que tuvo que soportar, dejándose seducir por los copos de nieve que la providencia le regaló y hasta se permitió ponerse a hablar con las estrellas que como nunca estaban bajas, hasta podían tocarse, me dijo…

Y vaya si aprendió mucho aquel viajero solitario!, hasta pensó en escribir un poco de ese último viaje que tanto esperó… más siempre estaba aquel problema… Y a quién le cuento todo lo que aprendí y vi en mis viajes? , se preguntó.
El viajar solo tiene una magia inigualable!, la libertad es la que a uno lo acompaña, la soledad es con quien uno conversa largamente, uno mismo es el que espera al llegar al destino ansioso y dubitativo. Pero a veces, también están ellos, que aparecen inesperadamente, sin preguntar, solo aparecen, y son aquellos amigos, familiares y “esa” persona a la que nunca se le animó.
No sabe que es lo que le esperará en el camino, tampoco le importa. Sabe que mil espíritus en la ruta lo acompañaran. Y será en ese momento en el que el reloj se pare y hasta la muerte es la que esperará, pues el habrá de disfrutar cada kilómetro, cada instante. Eso pensé.

Y Mientras tanto va a hablando consigo mismo y la noche ahí está, observando, silenciosa, expectante. Así me contó una estrella que lo vio dejar atrás su kilómetro cero…

sábado, 9 de agosto de 2008

Pasiones y virtudes…

Antes de que este planeta estuviese habitado por hombres y por mujeres, vivían en él pasiones y virtudes. En el planeta Tierra estuvieron viviendo durante cientos y cientos de años y durante toda una eternidad pasiones y virtudes que se aburrían de lo lindo con el transcurrir de los siglos, así que cada día trataban de inventar un juego nuevo al que jugar para que se hiciese más llevadera la larga, larga, larga, larga existencia. Solía ser la imaginación la que proponía los juegos, y un día propuso jugar a la escondida. A todos les pareció bien, todos estaban entusiasmados con la idea, pero claro, ¿quién contaría?. La primera en levantar la mano fue la locura “Yo, yo, yo cuento” . Bueno esta bien, pues a contar. “Poné la cara contra ese árbol y comenzá la cuenta mientras el resto nos escondemos”.

La locura se dio vuelta, puso la cara contra la corteza del árbol y empezó a contar una cuenta imposible “1, 7, 2, 55, 88, 13”, y uno a uno se fueron escondiendo todas y todos. La locura seguía con su cuenta, y cada uno iba buscando el lugar más apropiado en el que pensaba que la locura no lo encontraría. Poco a poco se fueron escondiendo todos, excepto uno, que tardaba en encontrar el lugar apropiado, ese era el amor. Es que ya sabéis que el amor es bastante indeciso, y andaba de un lado a otro sin saber donde meterse. La locura seguía con su cuenta “55, 6, 99, 100, voy”, y se dio la vuelta. El amor se metió en el primer lugar que vio, se metió de un salto en un matorral de zarzas que había ahí cerca, allí se coló y se quedo atrapado con la esperanza de que no lo vieran, y la locura no lo vio. Al primero que encontró la locura, allí tumbada fue a la pereza, a la imaginación allí entre las nubes, a la mentira la vio allí, pero como era mentira estaba allí, y así uno a uno fueron apareciendo todos, la locura fue encontrándolos a todos. Al rato faltaba solamente uno por encontrar, aquel era el amor. Es que ya sabéis que encontrar al amor es bastante difícil. El juego ya empezaba a hacerse pesado, así que la locura empezó a impacientarse

“Amor salí ya que se hace tarde”, pero el amor ya sabéis que es muy indeciso, y no solamente uno tarda en encontrarlo, sino que a veces tarda demasiado en salir a la luz. El amor asustado no salía. La envidia que suele preocuparse bastante mas de los demás que de si misma, se acerco al oído de la locura y le dijo: “El amor esta oculto en esas zarzas”. La locura muy enfadada fue hacia las zarzas y empezó a gritar: “Amor salí ya, se nos hace tarde”. Pero yo les he dicho ya que el amor es indeciso, y una vez que lo encuentras es difícil sacarlo. La locura muy enfadada trato de meter la mano entre las zarzas para sacar al amor de las solapas, con la mala fortuna que se pincho con una espina (es que a veces hacer salir al amor es doloroso). La locura muy enfadada agarró una vara que había junto a las zarzas, la introdujo en el matorral y empezó a agitarla entre las ramas. De repente sonó un grito. De entre las ramas de las zarzas salió el amor con las cuencas de los ojos ensangrentadas.

La locura en su locura al agitar la vara entre las zarzas le había sacado los ojos al amor dejándolo ciego para siempre. Todos se quedaron muy callados mirando al amor con las cuencas vacías, sin saber nadie que decir. Quizá aquella fue la única ocasión en la que la locura habló con un poquito de cordura, por que dijo: “No os preocupéis, desde ahora yo seré sus ojos”.

Y cuenta la leyenda que es por eso que desde entonces el amor es ciego y la locura son sus ojos…