lunes, 20 de noviembre de 2023

Frente al espejo…

Se puso frente al espejo para que la describiera y le hablara. Su rostro estaba levemente hinchado por la siesta. Sus ojeras no estaban tan remarcadas y su rictus era neutral. El brillo de sus ojos sólo reflejaba el ardor de dos lámparas que ni siquiera eso hacían, pero que servían para esos fines. Ahora sólo tengo mis recuerdos, musitó.
Lo que pasa es que el amor a vos nunca se te dio bien, le dijo una amiga confidente, tratando de contextualizar aquello que no era necesario hacer. Eso suele ocurrir cuando en la amistad uno busca la respuesta a la duda sobre quién es. Pensó que quizás eso es lo que le cuesta siempre… ser ella.
A la noche se puso a reflexionar y contarle secretos a su almohada. Murmuró un “yo no sé si me eligió o me necesitaba”; ahora todo huele a naftalina, como mi relación con ella. Un suspiro la posicionó en aquella discusión donde no pudieron escapar:
- Al final ¿Tanto me odiabas?
- Lo normal, respondió ella.
¿Qué puede querer un muerto? ¿Qué deseo puede tener alguien que murió? Desesperada y a los gritos, aquella tarde de domingo bramó. Calmate, le dijo un amigo ¿No te das cuenta que estás muriendo vos por ella? Despegá de ahí.
- Estoy tratando de conectar con lo que siento. No me gusta sentirme expuesta. Me siento frágil y vulnerable ¿Por qué soltar lo que tanta felicidad y alegría nos ha dado?
- Porque esa es una decisión que tenés que tomar para seguir adelante. - le dijo su madre mientras la abrazaba con ternura y le acariciaba la cabeza.
Esa noche la enfrentó nuevamente al espejo, tratando de encontrar respuestas en el reflejo que ahora parecía más enigmático que nunca. La noche siempre es un universo, un vasto océano de posibilidades, pero cada ola trae consigo misterios y en la obscuridad de la noche no es fácil rumbear sin brújula o sextantes.
Un desenlace de su historia aún está por escribirse. Reinventarse y descubrirse, o sucumbir al aparente nuevo equilibrio.
Una última mirada al espejo dejó ver lo que había escrito con su aliento sobre el mismo…

viernes, 27 de octubre de 2023

Quisiera que estés aquí…

El chico de la foto y el del presente son dos personas distintas. Pensó en ello mientras sospechaba que el pasado es la única realidad soportable en ese mundo agridulce. No se puede vivir dividido entre el pasado y el presente. Las personas que están son las que importan, el pasado deja marcas y huellas, pero teme haber avanzado tanto para sólo reencontrarse con su pasado.
Entonces reflexiona: ¿Y si la vida está en los recuerdos y el presente lo vivo como un mal sueño? Respira profundo y apaga la luz. Navegar el presente con el peso del pasado no es tarea fácil.
El polvo va ganando lugar con el correr del tiempo tapando todo bajo el. Resuena, entonces, la decadencia espiritual de quien perdió aquello que lo sostenía y mantenía de pie.
¿Qué es la libertad? Quizás sólo la muerte sea quien la ofrezca; después de todo, la muerte barre con las certezas, es un final sin garantía de recomienzo.
Muchos trabajan de lo mismo, pero no conectan entre sí para evitar conectar con su pasado; de algún modo lo que te pasa termina afectando a alguien. Se dio cuenta de eso hace unas horas con un vino.
Wish you were here. Se quedó sin sillas en su propio juego de las sillas. Sostiene que sólo con el amor se puede enfrentar a un mundo así. Pero sospecha que con el amor no alcanza, estar vivo no es más que una evidencia de ello. Se quedó mirando el horizonte y pensó: El amor es lo más parecido a un milagro que existe, siempre lo presintió hasta que lo pudo comprobar. Tal vez es la más maravillosa de las trampas en las cuales cayó.
Sabe que ninguno de los dos regresó porque no tenían a donde volver. A veces volver es sólo un sueño ¿Pero a dónde? No hay respuesta cuando los lugares no conforman a nadie.
El tiempo es nuestro gran enemigo ¿Y si todo es una imagen y lo mira desde lejos queriendo ver desde adentro?
No es tan cínico como quisiera. Sintió su borborigmo antes comer.
Todo cambia.
Debo decirte adiós… Pensar que el futuro era nuestro.
Mi adiós es un hasta luego. Muy pronto sobráis de mí.
Y así, nos volvimos extraños, como antes de conocernos.

martes, 17 de octubre de 2023

Damián (el mago)…

Una noche, tomando un vino con el mago, dijimos algo así como que el batero es el arquero de un grupo; el cantante, con suerte es un nueve; el violero es el diez y el bajista es el tres. Tras algunas risas, nos pusimos a hablar de la improvisación.
Un guitarrista de jazz, sin duda, improvisa, pero lo hace dentro de escalas musicales específicas. La improvisación, en esencia, implica establecer reglas que se seguirán y luego, de forma espontánea, crear algo artístico, ya sea en términos de pensamiento, cultura o música. Sin embargo, sin un conjunto de reglas predefinidas, si un guitarrista simplemente toca lo que le apetece, no se puede considerar improvisación, sino más bien un acto sin sentido.
Lo que realmente cautiva al público sobre un improvisador es observar cómo enfrenta desafíos y los supera de manera brillante. Un ejemplo es la payada, una forma de canto improvisado que fue popular en el siglo XIX en nuestro país. En la payada, se establece inicialmente una forma específica, como cantar en décimas, lo que introduce rigurosidad en la improvisación. Los versos son octosílabos y deben rimar, creando un desafío que el improvisador debe superar. La verdadera maravilla radica en la capacidad del improvisador para pensar rápidamente y comunicar coherentemente mientras mantiene la estructura, similar a la fascinación que genera un mago en acción.
Un mago plantea un desafío inicial y luego demuestra su habilidad para superarlo. Por ejemplo, si dice: "No se puede atravesar esta mesa con esta moneda", el mago propone vencer esa limitación y lo logra ante la audiencia. Sin embargo, si el mago simplemente tira monedas al azar, carece de sentido y no puede considerarse improvisación; en cambio, es un acto de insensatez.
La improvisación colectiva es especialmente difícil, ya que algunas personas pueden ser talentosas e imaginativas, pero carecen de colaboración. En lugar de contribuir al flujo general, a menudo traen chistes premeditados que interrumpen la dinámica del grupo. Cualquier interrupción que obstaculice el diálogo colectivo, termina frustrando a los participantes.
En la improvisación, llega un punto en el que uno no puede continuar, y aquí se aplica la analogía de los payadores. Cuando dos payadores cantan en contrapunto, cada uno contribuye con dos líneas, y el desafío es superar las dificultades planteadas por el otro. Sin embargo, si uno intenta dificultar la tarea del otro, y este logra superar el obstáculo, el siguiente verso se tornará aún más complicado. Por lo tanto, es prudente preparar versos con lógica y musicalidad en mente para mantener el flujo.
La música comparte similitudes con la magia en su capacidad para manipular emociones y expectativas. Tanto el mago como el músico guían al público a través de experiencias cuidadosamente diseñadas. Por lo tanto, la elección de la música adecuada es esencial para realzar el impacto de un acto de magia.
El mago me dijo una vez que en las inversiones amorosas está muy bien no tener recompensas. Si todo sale mal, bien vale siempre la inversión. Así, entre reflexiones y charlas, entre chistes y magia, entre abrazos y brindis, es que, con cada despedida, nos prometemos un pronto reencuentro, para que la magia diga presente, para que la amistad se llene de magia. La magia que hay en él, la magia que él saca de mí, para que brote la magia que hay en vos que lees esto y aún no lo conocés.

sábado, 7 de octubre de 2023

Personalidad (máscaras)…

De tanto hablar con Marga, concluimos, bah, concluí, que la personalidad viene de personaje, por lo tanto, a mi entender, es una forma de máscara.
Desde la infancia, solemos creer en la noción de que los individuos malintencionados ocultan su verdadera naturaleza detrás de una fachada amigable, como el lobo que se disfraza de cordero para engañar a los demás y aparentar cualidades inocentes. Sin embargo, siempre sostuve una perspectiva diferente, que plantea que podemos desafiar este pensamiento adverso. No considero que nuestra auténtica identidad resida en lo más profundo de nuestro ser, sino más bien en la construcción consciente que realizamos día a día, a través de nuestras acciones y elecciones personales.
Al nacer, heredamos una apariencia que no podemos cambiar, forjada por la genética y posiblemente marcada por los rasgos de nuestros antepasados. Sin embargo, tenemos la capacidad de moldear y mejorar esta apariencia superficial mediante el estudio, el esfuerzo, la generosidad y el trabajo constante. Cada acto que emprendemos, ya sea el simple acto de cepillarnos los dientes, mantener la higiene o mostrar amabilidad, añade una capa sobre nuestra fachada inicial. Podemos aprender nuevas habilidades, explorar la ciencia, sumergirnos en el arte y la filosofía, contribuyendo así a la construcción de nuestra identidad día a día.
Esta imagen que proyectamos hacia el exterior, compuesta de múltiples capas de esfuerzo y desarrollo, se revela como una representación más auténtica de nosotros mismos en comparación con la cara que traemos desde el nacimiento. Es esencial despojarnos de las máscaras que llevamos internamente y, en su lugar, construir una identidad sólida desde el exterior hacia el interior. De esta manera, podemos llegar a apreciar la última capa que hemos formado con tanto empeño, en lugar de aferrarnos a la máscara inicial que nos fue otorgada al nacer.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Efecto Forer…

Hoy no quise despertarme, e igual
me levanté rifando al corazón.
Vagando por los rincones de este invierno
discuto con el espejo el precio de ser yo.
 
Las grietas se abren en la vida de todos
y siempre corremos el riesgo de caer.
Ahí está nuestro yo dentro de nosotros,
casi nunca somos bienvenidos allí.
Huellas pisoteadas, caminos esquivos,
somos un reflejo del contexto donde vivimos,
o el resultado de donde estamos estacionados.
 
Borracho y enfermo en mi filosofía,
perdido en mi ciencia, buscando la forma
en que la física me acerque y la química te invente
tras cada amague que disparan tus palabras.
Aquella vieja herida que parece no querer sanar y
que me persigue hasta el final de los días.
 
Sin un trago ante cualquier duda,
como sabía suceder tiempo atrás.
Parte de mi corazón murió hace tiempo y
me queda poca gente en quien confiar.
 
Todos desesperados por mostrar quienes son,
todos quieren ser vistos y ahí estamos nosotros,
quienes somos, quienes fuimos siempre.
A vece da miedo, es el precio del presente,
viajar profundo a nuestro interior,
buscar pistas en esa escena del crimen.
 
Ayer no quise despertarme, e igual
me levanté dándole riendas al corazón.
Los pies fríos y reprochándole al espejo que
me devuelva la imagen del tipo que era yo.
 
Librarte de anclas puede dejarte a la deriva,
cuando se trata de amor,
no hay nada mejor que la claridad.
No quedan islas donde naufragar esta tarde,
en esta playa sin arena y sin mar
un día de éstos nos volveremos a encontrar.

jueves, 21 de septiembre de 2023

Una tal Vanessa…

El mundo tiene también una crisis existencial, al igual que quién les escribe estas líneas tan temprano, o tarde ¿Qué más dá?. Vengo desangrándome por los rincones de este inverno, vagando y conversando con todo ese viento, esquivando balas de plata que arañan la puerta en la madrugada, pidiendo pista en la trinchera de mis días y creando orificios de ingreso en el orgullo y la razón.
Desde hace ya un tiempo que vengo pensando que uno llega a diferentes estadíos donde la mente se alquimiza con la memoria cuando se rememora aquello que se extraña, y es ahí cuando tengo miedo de usar el pasado como una válvula de escape a todo lo que tiene que ver con el mañana. Entonces, es el pasado lo que está presente y el futuro termina resultando indiferente; por eso es que últimamente nada me interesa, y entiendo que no tengo nada importante porque luchar o vivir.
En cambio, muchos viven el momento como una joya de oro que se pierde con el paso del tiempo, otros, un poco más cuerdos quizás, trabajan en la búsqueda de un sueño como método de escape o motivación. Entiendo que ir hacia adelante no siempre es ir al futuro, a veces, ese avance se justifica en buscar algo que se perdió en vez de investigar lo que sea que uno desea encontrar.
Así, es que todos somos un montón de desconocidos que coexistimos en un mismo lugar, y a veces ni siquiera llegamos a eso.
Hace poco tiempo que conocí a Vanessa, cruzando un puente en la imaginación que nos permitió atravesar aquella noche entre risas y anécdotas. No recuerdo quién agregó a quién, aunque ella sugiere que fui yo sin saberlo. La historia es confusa y poco aporta a todo esto, me pueden creer.
Fue así que pasamos nuestras noches y días, de chistes tontos a chistes inteligentes, de risas a historias de vida, hubo sueños en los que dijimos presente, relatos de películas, de esas que hacen llorar y también aquella tonada foránea que le sale tan bien cuando la imita. Hubo una madrugada donde se sopló la junta de la chata del ruso, y también estuvo Entre Ríos, allá, lejos, pero acercándonos.
Vane fue clara al explicar que hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos y que eso es suficiente motivo para celebrar. A su manera me mostraba que las cosas salen: ni bien, ni mal, sino que a veces no concuerdan con las ideas iniciales que nos habíamos imaginado. A su manera intentó que trate de entender que hay que confiar en los procesos, y creer que siempre es lo mejor que nos puede estar pasando. Que también estamos en el lugar indicado, con las personas correctas y que somos suficientes… aunque creo que con el tiempo se dio cuenta que no lo veo tan así… pero que no lo dejo de intentar.
Fue así como la buena onda dijo presente, al igual que la atenta escucha, había algo lindo en su discurso, algo en su filosofía resonaba en un “yo” que hacía tiempo que se había retirado a otro lugar, tal vez más elegante. Recuerdo cierta vez en la que me dijo algo así como: “Siempre que uno actúa de buena fé, y decidiendo con el corazón, nada puede ser tan malo. Los resultados, sólo son resultados... se vuelve a intentar, con el corazón tranquilo de que uno está haciendo las cosas bien".
Vane también me hizo conocer las ondas delta, sabiendo de mi curiosidad y desvelo por saber.
Cierta noche de ayuno y vino de mi parte, me convertí en su cómplice en aquel necesario “operativo timbre” de madrugada. Y así podría contar mil anécdotas que engalanan a su persona, pero que poco aportaría a lo que realmente importa cuando uno refiere a alguien.
Antes de vernos, Vane me hizo pensar en el brillo de mis ojos cuando era chico. Fue imposible no comparar la mirada perdida y sin brillo, con los párpados levemente caídos que están en aquel mismo lugar hoy en día… Vane tiene eso, siempre me hace pensar.
Cuando Vane vio mi foto de pequeño, me envió una de ella, también de chica, y me dijo: “preguntale si lo dejan salir a jugar”. Ella no tenía idea de cómo venían siendo mis días, pero con aquel gesto, movió la estantería. Punto para ella.
Los días en silencio, aquella invitación, los nervios y ese “Robert” cuando llegué… Imposible que me olvide de ello.
Así Vane, se volvió la novedad más bella en estos tiempos, un soplo de frescura, una mirada distinta de lo que pasa y acontece.
Cuando uno es un niño no tiene un pasado al cual recurrir, por eso todo se torna una novedad, todo es presente. No hay un pasado que te hace tocar fondo en momentos ambiguos, ni que te rebase y te haga enfrentar a tu destino, o aspiraciones.
Una vez le dije: Que lindo que era a esa edad, enseguida te hacías amigo, bastaba con preguntarlo solamente: ¿Querés jugar conmigo? Eran tiempos deliciosos. Recuerdo que ella me respondió algo así: Y si esa táctica era buena, ¿Por qué no seguir empleándola?
Quizás forjar futuros es el verdadero motivo para olvidar el pasado, a lo mejor, el pasado no tiene por qué definir la actualidad, eso Vane lo sabe muy bien.

viernes, 15 de septiembre de 2023

Resonancia de Schumann…

 
Abrazados, desnudos, sin sacarnos la ropa,
alejados de aquel mundo desesperado
por mostrar quienes son, para poder ser vistos.
Allí encontré la camisa que mejor le va a mi tristeza,
en el carnaval de tu alegría y el eco de tu mirada.
 
Creo que estoy pagando el precio
de ser quién soy, o quien creo ser.
Gastando entusiasmos y urgencias
que no sabía hasta que fue demasiado tarde.
 
Y con el simple hecho de encontrarme,
confesé mis pecados en la barra de un bar.
El anhelo vanidoso de lo que quiero y no es
me convidó otra vez con un sueño en espiral.
No me encuentro, persiguiendo horizontes perdidos,
me equivoque de ruta otra vez.
 
Años, amores y copas no deberían contarse,
pero sin embargo acá me ves.
Cuando la realidad no coincide con nuestras ilusiones
la verdad y el amor siempre son posibles.
Antifaces donde escondéis vuestras almas cómplices,
amigos en la obscura brillantez,
soledades acompañadas nos complementan en esta red.
 
Frente a la muerte, escribo y busco al amor.
Vagué por cientos de bares, me conocen en ciudades
y nadie sabe quién soy.
No me importa perder si es acorde a mis convicciones
el más cálido y fuerte de mis abrazos te daré,
mientras pienso que no nacimos para perder.
 
Y con el simple hecho de encontrarme,
confesé mis pecados en la barra de un bar.
El anhelo vanidoso de lo que quiero y no es
me convidó otra vez con un sueño en espiral.
No me encuentro, persiguiendo horizontes perdidos,
me equivoque de ruta otra vez.

viernes, 1 de septiembre de 2023

El discurso innombrable...

Soy aquello a lo que tanto le temes y no te animas a nombrar, sólo nos conocemos de nombre, aunque inevitablemente algún día nos cruzaremos y nada será lo mismos. Sin importar de quién o qué se trate, de algún u otro modo yo me revelaré, aunque muchas veces me dé pena tener que hacerlo.
Suelo sentarme habitualmente a ver lo que acontece para tomarme mi tiempo o saber cuándo es más adecuado hacer mi labor. Dependiendo el día, me gusta mirar todo desde arriba, me trepo a la cornisa del edificio más alto y salto hacia el cielo en la obscuridad de la noche, y esquivando las nubes me desplazo hacia cualquier lado; aunque debo admitir que me gusta espiar la infinita sucesión de luces y destellos de los automóviles que se frenan y vuelven a arrancar pasado un tiempo, o la gente que corre un colectivo colmado de pasajeros que se le va, como si pudiera alcanzar lo imposible. Hay cierta gracia en la vida humana que convida a vivir.
No importa dónde vaya, las historias son similares. Algunas noches acompaño a la abuela Alba que sale a caminar y darle de comer a los perros de la calle, ella sabe cuándo estoy cerca y me echa, conoce bien el día y el momento, me dice siempre. Cuando la dejo me gusta irme a un edificio bajo y viejo de Villa Lugano, me hago pequeño y entro por las cañerías, que aguas abajo, van desde el tanque hasta los diferentes departamentos. Me agrada hacerlo por la noche para que se sienta mi presencia con vibraciones y sonidos reverberantes; el despertar exaltado de Pedro del 2º "B" siempre me complace, a pesar de los insultos que profiere a diestra y siniestra, hasta que, calmado, recupera la concentración y dispone sus pensamientos rumbeando a dormir un rato más, ya que en pocas horas tiene que ir al trabajo.
Dos esquinas hacia el sur, me acurruco en la copa de un árbol para observar a los muchachos que creyéndose eternos abusan de substancias y elíxires de dudosa procedencia legal. Sonrío complaciente, algo en esa libertad me produce fruición, tanto ellos como yo sabemos que algún día me contarán de aquello, ya no como una hazaña, sino más bien como un reproche. Quiero dejar en claro que nada puedo hacer contra ello, cada cual sabe qué hacer de su propio destino, y siempre, tarde o temprano, un llanto despojado de toda nostalgia, desempolva viejas angustias y pesares que no me conmueven en lo más mínimo.
En la noche me siento más cómodo, la aparente quietud, anonimato y soledad dan piedra libre a inefables actos por doquier, aunque en lugares amplios y alejados, a plena luz del día, también me gusta fisgonear. Como la semana pasada, en una ruta provincial de Santa Fé, cuando el camionero Roque se quedó dormido mientras manejaba; o cerca de la cubre en el Volcán Lanín, aquella vez que Julián desconfío de mi susurro y se aferró a la piedra equivocada. No importa por dónde me mueva, las historias son similares.
Andrés es de mis favoritos, siempre muy ambicioso, como todo hombre de negocios, vivió sus días entre números y estrategias. Su carrera ascendió como un cohete, pero su familia quedó relegada al segundo plano. Una tarde, lo visité a su oficina, le dije: “ya está bueno de tanto tabaco y estrés, pensá en tu familia”. Seis semanas después, mientras trabajaba en su oficina, sufrió un ataque al corazón. El estruendo del colapso resonó en mis oídos, y mientras yo me acercaba sigilosamente, con su mirada fija en mí, pidió clemencia y una oportunidad más.
Las almas sensibles son de las que más me cautivan, como Eliana, una artista de espíritu libre, que bailaba y llevaba su vida al ritmo de la pasión que la abrazaba. Sus lienzos eran ventanas a su mundo interior, pero cuando se terminó su suerte, la crítica implacable con sus obras la dejó desolada. Un amanecer, mientras admiraba aquel lienzo en blanco, la fui a visitar; recuerdo que me dijo que se sentía incapaz de pintar otra pincelada. Su creatividad se desvaneció como un suspiro en el viento cuando apuró aquel trago con un cóctel de pastillas.
Hace tiempo que no puedo olvidarme de José, un anciano lleno de historias, tejía recuerdos en las palabras que compartía con los más jóvenes. Su mente era un tesoro plagado de recuerdos y experiencias, pero el tiempo trajo consigo la presencia del mal de Alzheimer. Las palabras se volvieron esquivas, como luciérnagas en la noche, y sus relatos se desvanecieron en la bruma del olvido. Cuando lo vi por última vez me recibió como un gran amigo.
Puedo contarles mil historias. Cada una de ellas, en su momento, cruzaron el umbral entre la vida y lo desconocido. Sus destinos, tejidos por elecciones y circunstancias, culminaron en mi abrazo silencioso. Y así, la vida se encargó de recordarme una y otra vez que su fragilidad es inherente a su belleza.
Porque en cada historia yace un recordatorio de la efímera danza que es la existencia. Somos como hojas en el viento, bailando en el breve suspiro de un instante antes de regresar a la tierra de la que emergimos. El tiempo nos reclama con una voz que no podemos ignorar, y nuestras vidas, con todas sus tragedias y triunfos, se entrelazan en el tapiz de la eternidad. Así es la naturaleza de la vida, y así es la naturaleza de su final.
No importa quién te lo cuente, las historias siempre son similares.

jueves, 24 de agosto de 2023

Cartas de batallas…

En un tranquilo pueblo de montaña, en medio del exilio, vivía María, la valiente esposa del general Carlos. Para estar a salvo de los peligros de la guerra y ocultar su identidad, María se refugió en un pequeño hotel bajo un nombre falso. Aunque estaba lejos de los campos de batalla, el eco de la guerra resonaba en su corazón cada vez que recibía noticias de su esposo.
Las cartas de Carlos no llegaron directamente, sino que eran entregadas por un niño llamado Andrés. El pequeño se había convertido en el enlace secreto entre ellos, llevando y trayendo las misivas que narraban el sombrío destino de cada acontecimiento que se suscitaba en el transcurso de la batalla. Con cada encuentro, Andrés miraba a María con sus ojos llenos de inocencia, sabiendo que estaba cumpliendo una misión vital que tal vez no comprendía del todo.
La primera carta llegó en un atardecer frío que dejó escarcha sobre la catedral. Carlos describió el frío arsenal con el que se encontró, rodeado de soldados cansados ​​pero determinados. Detalló la feroz lucha que se desataba en cada enfrentamiento, donde los disparos resonaban en los obscuros pasillos de abandonados cuarteles. El frío del lugar se colaba en sus huesos, pero su espíritu de liderazgo y valentía no flaqueaba a pesar de las extremas condiciones.
En la segunda carta, el tono de Carlos era más sombrío. Describía cómo las batallas iban en contra de su ejército, y cómo las fuerzas enemigas avanzaban implacables. Mencionó las negociaciones entre ambos bandos por la paz, pero las condiciones eran difíciles de alcanzar. A pesar de la incertidumbre, Carlos no perdía la esperanza y prometía luchar hasta el final y un reencuentro.
En la tercera carta, los relatos de Carlos eran aún más desalentadores. Las pérdidas aumentan y los cuarteles comenzaban a ser abandonados. Detalles del amanecer frío y neblinoso en los campos de batalla le dieron a María un escalofrío, imaginando la dura realidad que su esposo enfrentaba día tras día. Sin embargo, en medio de la adversidad, Carlos le recordaba a María su amor y lealtad inquebrantable.
Tras la cuarta carta, las noticias sorprendieron a María. Carlos le informó sobre las negociaciones, que se habían intensificado, y que se acercaban a un acuerdo de paz. Ambos bandos buscaban una salida a la guerra que había cobrado tantas vidas. María se llenó de esperanza y oró para que la paz finalmente llegara y su esposo regresara a su lado. Sólo fue un mal período, pensó.
Mientras esperaba el desenlace de las negociaciones, María observaba los atardeceres desde la ventana del hotel. Los cielos se teñían de amarillo y naranja, pero también sentían el frío que se filtraba por los cristales y que permitía apreciar aquellos rastros de condensación que con cada exhalación de aire dejaba en la ventana. Recordaba los cuarteles abandonados y cómo el tiempo parecía detenidos en ellos. Aunque el exilio la mantenía alejada de los combates, no podía evitar sentir en su corazón la desolación de aquellos lugares.
Mientras María esperaba ansiosa la llegada de Andrés con una nueva carta de su esposo, en un nuevo punto, a las afueras, el niño apareció frente a ella con una mirada triste y esquiva. Al ver su expresión, el corazón de María se hundió en un abismo de preocupaciones. Sus suposiciones se confirmaron cuando Andrés pronunció esas palabras dolorosas: "Lamento ser yo quien tus sospechas confirman".
Sereno era el cielo, pero oculto llevaba un trágico disfraz, en medio de las ruinas de aquel edificio viejo y abandonado, María se dejó caer en el umbral, abrumada por la desesperación y el dolor. Las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, y una sensación de vacío la invadió por completo.
El pequeño Andrés explicó que, durante las negociaciones de paz, se había acordado un alto al fuego, y como resultado, las cartas de Carlos ya no serían necesarias. El armisticio había puesto fin a la guerra, pero también al medio de comunicación que María había utilizado para sostener aquel necesario contacto con su amado esposo.
María sintió que su mundo se derrumbaba. La esperanza que había crecido en su corazón tras las últimas cartas se desvaneció en un instante. Desconsolada y a toda velocidad, se dirigió a un viejo edificio en ruinas a las afueras del pueblo y derrumbada en el umbral, dejó que sus lágrimas se mezclaran con la tristeza y la incertidumbre.
El lugar desolado se asemejaba a su estado de ánimo. Los restos del edificio abandonado eran un recuerdo tangible de la devastación y el sufrimiento causado por la guerra. El firmamento plomizo ya no transmitía órdenes de bombardeo desde distancias seguras; mientras, a lo lejos, el susurro de un asesino explicando lo que había sucedido y cómo se restableció la paz, era propagado por un ahogado parlante de televisor.
Ahora, la viuda del general con sus cartas desde el exilio promete regresar.

viernes, 11 de agosto de 2023

El amor…

Entonces Marga me pregunto: ¿Qué es el amor para vos?... silencio… ¿Por qué no me escribís para la semana que viene lo que es el amor para vos?, me dijo, y como de costumbre no cumplí con los plazos, pero acá estoy, accediendo a aquel pedido.
El amor es una ilusión donde dos individualidades convergen en una, conforme a una serie de consensuados y delicados engaños. Quizás no sea un concepto con una significación absoluta, sino más bien una amalgama de preferencias compartidas y afinidades en gustos, valores y códigos. Escapa a la fijación de referencias externas; es más bien autoreferencial, arraigado en lo más profundo de nuestra esencia. Sin embargo, esta conexión intrincada es un terreno incierto, ya que amamos desde nuestra esencia misma, lo cual conlleva al riesgo constante de sufrir, y ese sufrimiento deviene de su naturaleza volátil.
Para mí, el amor otorga un propósito a mi existencia y a la de todos en general. A la luz de esta reflexión, quizás el amor más sublime sea aquel que nunca llegó a materializarse en la realidad tangible. En esta dimensión, su pureza se mantiene inmaculada, y la llama que se encendió con el primer intercambio de miradas persiste incólume. La semilla de esta ilusión inicial germina sin ser tocada por la desilusión, la discordia o, sobre todo, el desengaño. En su núcleo, la pasión se erige como el pilar inquebrantable que lo sostiene.
Como aquel abrazo imposible de la Venus de Milo, los amores no concretados serán siempre motivo de inspiración, introspección, poesía y esperanza; toda vez que la espera de milagros es tanto más espectacular cuando menos los espera… será por eso que siempre te espero.