jueves, 2 de marzo de 2023

Autopsia...

¿Sabes cuánto tiempo pasa hasta que se despide la tristeza? ¿Alguien sabe a dónde van los poemas que no encuentran receptores?
¿Cuántos días van a pasar hasta que no te piense todo el tiempo? ¿Vos pensás en mi en algún momento? No, seguro que no, eso es una pérdida de tiempo absoluto.
Recuerdo tus ojos empapados, esquivábamos nuestras últimas miradas, como si un pacto de no llorar estuviera implícito, como si había que capear ese momento.
¿Sabes acaso cuándo vuelve el brillo a los ojos? ¿Y si a lo mejor somos hologramas?
Nunca pude ser cronista de mi época, ni radiografiar mi vida. No soy un buen acompañante de nadie, me falta ser más generoso y menos gruñón. Cada día lo noto más.
Mis cartas ya están marcadas por el paso del tiempo. Soy un señor que entiende que vive con los malos entendidos y al comprender eso, uno se forma como un tipo más solitario, donde cada vez nos es más difícil mentir, porque mostramos más a menudo lo que nos avergüenza.
Lamentablemente yo no elijo sentir lo que siento, y lo que hoy siento me descorazona. Intento menguar eso siendo hospitalario con mis caprichos, la mecánica, la música, la ciencia; pero sólo sirven como una decoración, como en las paredes de las pizzerías que están llenas de cuadros de los jugadores de fútbol o banderines de los clubes.
Se me cayó un final y un comienzo se pierde siempre…

domingo, 26 de febrero de 2023

Haciendo cuentas conmigo…

Mi viejo nunca me habló del amor, creo que nunca lo haremos y entiendo que, hablando con un psicólogo, nadie me va a decir ya: esto te va a pasar cuando te enamores... uno siempre hace lo que puede y nunca es demasiado. Jamás nadie es más estúpido que cuando está enamorado. Es una suerte de trampa y nadie quiere estar atrapado.
Nunca descubrí quien soy por andar buscando lugares y cosas. Hoy estoy haciendo cuentas con mis lacras y renaciendo por undécima vez en la semana, pero mientras lo hago, me pierdo buscándome y me fallo al prometer y soñar imposibles.
Me hundo en mi soledad haciendo lo correcto y eso no me hace mejor, ni admirable; me diluyo en mi cansancio, me entrevero en mi actualidad, siento que estoy encerrado con mis miedos bajo llave.
Se me acabaron los principios. No llego a ningún lugar. Pienso siempre que terminaste siendo el obstáculo que no supe ver venir. Me araña el corazón lo que escucho y siento en estos días y aunque logre cierto dominio de mi oficio después de un rato, me doy cuenta que sigo siendo ineficaz.
Mucha gente embellece mi vida, me hubiera encantado que sigas estando, porque de algún modo siempre advertiste que no puedo domar mi melancolía y con tus fotos, tus videos, tus charlas y compañía cada mañana, me ayudabas a que me olvidara por un rato de ello.
Perdí la sensación de que todo está por hacerse y que hay aventuras, pero no pierdo las ganas de buscarlas.
La mayor parte de las cosas que me pasaron nunca las soñé. Es como una carambola, nunca hubo un plan. Por ejemplo, la música es algo que me gusta escuchar, y por mis amigos pude hacer. Mi viejo inexpresivo, pero a su manera compañero, me asistió en mi aventura musical y es por ello que siempre le voy a estar agradecido. Extraño mucho hacer música. Intento hacer todo lo que hago mejor. Una especie de responsabilidad personal de un diletante.
Me veo más consciente y responsable de todo lo que hago, con la edad uno baja la vara de las cuestiones buscando acomodar el kiosco de la existencia, buscando tener salud, ser un buen hijo y no ser una persona genial que se acomode a todo. No me imagino envejeciendo, siendo igual a hoy; si es que dejo algún tipo de obra, espero no dejar vergüenza. No creo que hacer arte sea un oficio que te imponga hacer todo bien de por vida. Funciono pensando que el arte pretende de algún modo hacerte trascender.
La melancolía no es angustia, es una tristeza, a lo mejor, es prima de la nostalgia. Quizás es una añoranza a ciertas batallas y peleas que uno ya superó, o a lo mejor, no es más que el paso del tiempo por cuestiones que ya no van a volver. No tengo un calendario de melancolías, pero hay situaciones que me hacen pensar que todo es distinto. Discos viejos, o bailes, o pensar en el pasado. No me quiero volver un viejo amargo que piensa que todo tiempo pasado fue mejor, pero, si considero mi pasado con una sonrisa siempre, y me encantaría seguir jugando al fútbol con Marcos a la noche en Lugano, o trasnochar con Germán haciendo canciones, y también ser un adolescente y caminar cincuenta cuadras con mis amigos, fumando algún cigarrillo para llegar a un boliche. Y también volver con el desgano de que a nadie le interesaste, borracho y en zigzag. Y es que al mundo no le importabas y a vos no te importaba tanto el mundo en esas épocas.
Hace poco caí en la cuenta de que si te llaves bien con la soledad, se arma una especie de ecosistema que no es tan fácil de compartir. A lo mejor, uno no sabe compartir, sino más bien, invitar a tu soledad a alguien por un rato. Los vínculos son muy complicados. Generalmente se los decora con sanidad familiar, pero por cómo se me dio, en mi caso eso es imposible. Por eso cada tanto reviso esos contratos.
Creo que, en el futuro, todos harán con el amor lo que puedan. Si fueras vos, que lees esto, hubiera apostado por otros tipos que no fuera yo.
Hoy me planteo que uno no sabe por qué está con una persona o por qué no, no sé si es genuino; cada vínculo es una suerte de apuesta en la que uno está en un casino tirando fichas y ves como el crupier se lleva tu ficha, aunque muy de vez en cuando le atinas al rojo… y no es un pleno, pero el amor es un deporte de contacto donde vas a salir lastimado siempre.
Nunca soy más tarado que cuando estoy enamorado, me noto a merced de las torpezas propias de un enamorado en todas mis acciones y formas de expresarme. Este escrito sin ir más lejos…
La eternidad y la felicidad plena se termina a 50 cm del suelo y eso me aterra.


martes, 21 de febrero de 2023

Cuando me iba…

We try hide our feeling, 
but we forget our eyes sleak
 
Me duele pensar y recordar en aquel último miércoles, cuando me iba. Un sinfín de imágenes vienen a cada rato a mi cabeza. Tu pequeña mano contenida por la mía. El frío, tal cual lo imaginaba. Era así, era real. Eras vos.
Quizás hubiera sido mejor en una plaza, o mirando al mar. La verdad, creo que nunca hubiera sido mejor, pero fue y eso es lo que es. Y lo que es, más que nada, es tristeza.
Tu cabeza apoyada en mi hombro en aquella estación de servicio, mis tímidos besos aterrizando sobre ella, para evitar el deseo... Para no pensar en esos labios que son imposibles. Ese aliento que tanto deseo, esa siesta que siempre anhelaré.
Adeudo un abrazo interminable que era imposible por las circunstancias y el lugar. Me hubiera encantado fundirme a vos en un eterno abrazo final de despedida, quizás al borde del llanto y no disimulando, como ocurrió.
Mi última tristeza, la que había contraído más recientemente, se remontaba a mi adolescencia y es que para el universo da lo mismo vos o yo... Existe una indiferencia estelar, como la tiene el destino o la naturaleza, que no distingue entre uno y otro y lo que es peor… es inocente. Hoy colecciono una tristeza más para agrandar la colección.
Nuestra última charla, tu boca, mis ganas, el pensamiento acallando al deseo y no a su servicio. No me voy a perdonar jamás, pero espero que vos lo entiendas y comprendas que es lo mejor.
Podría haberte prometido mil cosas, todas envueltas en mentiras y engaños, para sostener un vínculo que nunca sería genuino. Como ya sabemos, los secretos te hacen creer que uno vive una vida diferente. Pero también, creo que la confusión es de los sentimientos más nobles, porque nos permite hallar nuestro propio desatino, nos saca de esa condición en la que podemos controlar todo y nos descubrimos desnudos ante una realidad.
Hacía mucho que no confesaba, ni me sentía enamorado. De algún modo me sentía con una energía que sólo proviene de esa ilusión, de ese engaño autopercibido que es el enamoramiento. No hay manuales de prevención para ello.
El andén de la nostalgia siempre espera a aquella alma sedienta de pasado que en él mismo encuentra un abrigo fructuoso que ampara realidades modernas con sabores pretéritos; más el presente cruel condena realidades venideras y frondosas que otrora no figuraban en cuadernos espiralados, ni en consejos que más que una caricia sabían a desconsuelo y ardor...
Compartir siempre es un acto de generosidad que respeto mucho y creo que eso hicimos en nuestro último encuentro. Entiendo las fotos y alguna mirada. Entiendo el esfuerzo y la risa como recurso… Me hubiera gustado poder ayudar.
Me encanta tu nombre tanto como vos. Me encantó nuestro último día y que me hayas hecho revivir lo que es una familia. Las risas, las caras, el hastío, el pequeño jugando, vos...
Te quiero tanto, me siento un adolescente.

jueves, 16 de febrero de 2023

Cuando vivir pierde sentido y significado...

 

Cuando en algún momento del vivir uno pierde significado de lo que es, cada vez que se proponga mirar atrás y ver el recorrido, jamás se encontrará con el sentimiento de autorrealización. Hará gala la sensación de no avanzar, de ver que no se llega a nada. Y eso suele volverse frustrante… No hay premio. Pareciera ser inútil cualquier tarea, esfuerzo o emprendimiento… No hay llegada. Se vuelve al punto de partida, de diversas maneras, a pesar de tomar caminos diferentes en apariencia. Es inútil, todo carece de resultado e importancia.
Pareciera una burla, pero aún si dejamos de lado eso, nada importa realmente. En apariencia, el tiempo tampoco, entonces muchos fantasean con la muerte como algo liberador. Eso, se vuelve una forma de vivir. Como si se tratase de una escalera que nunca termina, no tiene rumbo ni sentido. Uno la sube porque no hay otra opción, o nada es mejor.
El brillo en los ojos se apaga siempre. Sólo se reaviva ante un sueño, o nuevo proyecto. Suele pasar que cada día, uno se mueve porque no hay otra opción para hacer. Es un camino de una sola vía y sentido.
El pasado es lo único que da sentido a nuestras vidas, a veces es mejor que la vida actual. El significado de la vida, al perderse, es una muerte simbólica.
Mi idealismo y perspectivas de la vida me hace negar el presente. Por eso a veces vuelvo un rato al pasado y me quedo allí; pero también, el pasado pueden ser cosas dispersas que no llevan a nada. Sobre todo, cuando dejas algo en el olvido, sin terminar, archivado en un sótano, inconcluso, porque una conclusión que no llegó (ni llegará) jamás, no permanecerá en el olvido, sino que, aparecerá de manera esporádica. La vida se vuelve una espera eterna de poder concluir eso.
Miro al pasado esperando esa conclusión que nunca llega. Me miro a mí, la espera continúa y parece nunca acabar. Se gastan los días y espero. No le doy valor a las cosas que pasan.
Al morir llega la conclusión a todos los problemas. Súbitamente. No poco a poco.
Cuando escuchas el nombre amado o querido, es donde todo se detiene y el presente y el pasado se unen para tener un significado verdadero y especial. Ahí es donde me observo aferrado a una remota esperanza que ya no existe y donde descubro que distanciarse por miedo al abandono no es un método funcional.
Los humanos recurrimos al pasado en el último minuto de nuestras vidas, como si fuera un procedimiento filosófico, como si eso le diera un sentido a la existencia toda y la justificara.
Me veo de niño y no me reconozco. Nada queda de ese chico que reía y jugaba. La sonrisa como excusa para escapar o esquivar situaciones. Las risas escasas y sólo con amigos. Me convertí en algo irreconocible, a la deriva, sin nada a que aferrarme. El pasado no es quien fuimos, sino quiénes somos... Si no te queda pasado, es difícil que tengas futuro.
Cuando volvés a buscar lugares conocidos y no queda nada de lo que recordás. Eso es descorazonador. Por eso no quiero volver mucho a Lugano, ya no pertenezco a ese lugar. Ya nadie, ni nada me espera. Ya no formo parte de esa vida. Me volví un fantasma quizás…
A lo mejor, sigo buscando un lugar a donde me encuentre, o realmente pertenezca. Intento fingir desesperadamente que mi realidad existe y que pertenezco a algún lado, aunque muy en el fondo y pidiendo subir de apoco, me doy cuenta que es mentira la realidad.
Hay nombres que abren una puerta que no debiera haberse abierto, generalmente son malas señales, hacen daño y deben olvidarse. Quizás seguir la vida desde ahí, solo, sin lugar donde ir, sin dirección, sea lo que sigue de acá en más.
Las mujeres que aparecen en nuestras vidas, la complementan, nos sirven de apoyo, es una parte faltante nuestra, real, o que no conocimos, o que perdimos. Romper la realidad, eso es amar.
Veo mi vida como una eterna espera, siento que todo lo que pasó no sirvió para nada, y de apoco me abraza ese sentimiento que me susurra al oído: "la vida no tiene importancia". Como si lo importante de la historia no llegó o llegará. Es cómo que aún la vida no logra tener importancia.
Nada me conmueve. Todo es un sueño eterno y sin sentido. Todo es una fantasía, tal vez un pasaje a una nueva vida, a vivir un nuevo sueño.
Vivir con una nube gris. Vivir de imposibles, te lleva a vivir la nada y sucumbir a soñar; por eso, a lo mejor, morir te libera de todo aquello. Quizás por eso es mi mayor terror.
A veces siento que lo que viví está distorsionado, que es un sueño. No siento emociones fuertes desde los veinticinco años y poco me interesa lo que pasa a mi alrededor, salvo contadas excepciones. Se pasan los días aletargado, como si fuera un sueño o estuviera dormido.
Cuando por razones externas a uno, una persona se va y no hay nada que uno pueda decir o hacer... Es difícil confrontar la frustración. Sólo resta llorar. Hay una melancolía que hace que todo pierda relevancia y no parezca importante.
Al final, uno sucumbe a su pasado y muere solo, liberándose de aquel peso, tan pesado que uno mismo no puede recordar.

viernes, 10 de febrero de 2023

Martín...

Podría empezar diciendo que Martín, junto a Alejandro, son de mis nombres favoritos, seguido de Iván, Julio y el mío… pero nada agregaría de espacial a un relato que tampoco pretende serlo.
Hoy les voy a hablar de Martín, porque es la última persona con la que conversé esta noche y me dijo algo que hace mucho tiempo que nadie me decía, y eso lo vuelve raro en él. Pero eso lo vamos a dejar para más adelante.
Cuando me vine a vivir ventania, pensé que mis amigos se iban a quedar en Buenos Aires y que iba a ser muy difícil encontrarme con personas distintas en este lugar. Sí, bien Es cierto, que ya tenía mis amigos como Agustín, o Bruno, encontrarme con Martín fue distinto. Nos unió de alguna manera a la pasión por las camionetas y los fierros, y entre charlas y consultas, nos fuimos frecuentando en el diálogo. Me llamó la atención desde el primer momento su generosidad, su forma de compartir con nosotros su espacio y también de alguna manera su familia.
Con el correr del tiempo y una vez establecido en dónde vivo actualmente, fuimos manteniendo contacto y estableciendo comunicación cada vez más fluida hasta que eso redundó en más de un encuentro, y con el tiempo se fue transformando en una relación sustentable. No quiero extenderme mucho en el relato, pero con Martín me he ido de viaje más de una vez y creo que es de los compañeros de viaje que he tenido más eficaces en su labor, toda vez que conversa sobre temas entretenidos, se queda callado cuando la situación lo amerita y no impone jamás un carácter dominante, sino más bien, construye el viaje (salvo cuando levanta gente en la ruta, pero ese es otro tema).
Finalmente, Martín puede considerarse como un misterio encerrado en un acertijo. Difícilmente pueda entender que es lo que está pensando, o qué es lo que pasa por su cabeza. Muchas veces para no discutir te va a dar la razón, pero va a estar en las antípodas de todo lo que vos venís pensando o diciendo. De alguna manera Martín es un cabeza dura, pero tiene bien claro a dónde quiere ir, y además, cree profundamente en sus impresiones, aunque no duda en pedir consejos u opiniones al respecto de todo lo que pueda llegar a ser de su interés para hacerlo de una manera más eficaz. Yo creo conocerlo bastante a Martín, pero, me es muy difícil poder describirlo, lo miro siempre, lo estudio a mi manera, sin ánimos de juzgarlo, y de alguna manera veo muchas cosas de mi adolescencia en su forma de actuar o de pensar. Martín no tiene medias tintas, muchas cosas y lo que piensa es lo que vale, y quizás, eso no está tan mal. Lo cierto es que en algunas cosas es intolerante y en otras todo lo contrario. Creo que Martín es de las personas con las que más kilómetros he recorrido en este planeta, y eso me permitió de alguna manera, compartir con él un sinfín de anécdotas e historias. Recuerdo cierta tarde, viajando hacia Bariloche, en algún tramo entre Choele Choel y Piedra del Águila, en la que él me preguntó en algún momento por alguna historia mía; y yo le conté mi historia con Lara, de una manera sintetizada, y quizás, bastante esquiva, pero aparentemente fue lo suficientemente entretenida para él, como para interesarse al respecto y sostener esa charla, dando impresiones de los que pensaba y sentía.  A lo mejor era la manera más sencilla que él tenía para poder entretenerse en un largo viaje y caluroso, por cierto.
Muchas veces lo ví a Martín en sus ataques de ansiedad, y si hay algo que me encanta en cada una de esas oportunidades, es verme reflejado de pibe. Lo veo como que muchas veces le apuesta a un sueño que puede ser concretado y que a pesar del esfuerzo y el dinero que uno pueda disponer para llevarlo a cabo, no deja de ser utopía. Eso está muy bien. porque de alguna manera me hace creer que todavía hay gente que apuesta y sueña a las cosas que realmente nos pueden hacer bien.
Martín no es una persona que expresa sus sentimientos. Generalmente esquiva cualquier tema relacionado a lo mismo, y de alguna manera, creo, que reserva todo eso para su pareja actual; pero puedo contarles que, últimamente en mis días que no estoy tan contento, y podría definirme con una persona triste, introspectivo, y reflexivo, encontré en Martín, tal vez, una oreja; alguien que escucha, alguien que mira tratando de entender un fenómeno que difícilmente pueda ser entendido, como lo soy yo. Encontré en Martín una suerte de amigo que busca acompañar, omitiendo algunas veces un juicio de valor, pero sin comprometerse demasiado con él, por temor de herir, o de alguna manera, provocar algún enojo en quién les escribe.
Pienso, sin temor a equivocarme, que Martín nunca podrá entender todo lo que yo quiero explicarle, sobre qué pasa por mi cabeza, en temas inherentes a mis pensamientos y forma de sentir y de padecer el mundo. Pero también, sin dudas, puedo asegurarles que Martín está y sé que de alguna manera se preocupa y lamenta por todo lo que me pasa. Y también, se pone feliz cuando son cosas buenas, al igual que a mí me pasa con él, me encanta celebrar cada uno de sus triunfos y sus aciertos. Festejo cada vez que alguna de sus movidas sale bien.
Martín tiene planes y sueños que no va a contar a nadie, o quizás sí lo haga con aquella persona que eligió para compartir sus emociones y su felicidad. Pero también, yo creo, que Martín guarda consigo el secreto de no mostrar una personalidad que puede ser vulnerable con alguien.
Mis amigos que han venido de Buenos Aires y han tenido el gusto de poder compartir con él alguna charla comida, y demás, siempre dicen lo mismo: “como que cuesta sacarle a Martín algunas palabras, como que hay que usar un tirabuzón o un sacacorchos para poder hacerlo” y es que muchas veces es cierto. Quizás Martín escucha más de lo que habla, pero cuando habla y generalmente cuando habla con una mirada puesta de manera objetiva, lo hace con una eficacia que me trepana todos los sentidos.
Últimamente las charlas más profundas que he tenido han sido con él, y si bien desde mi perspectiva no entiende mucho de las cosas con las cuales yo puedo llegar a participar (porque ni yo me entiendo), creo que está muy bien que él, a pesar de tener una visión diametralmente opuesta, no la calla, o en el caso de creerlo necesario, lo dice y lo expresa sin temor a suscitar algún enojo, es como que ya sabe a dónde va y porqué lo hace de esa manera.
No quiero aburrirlos, podría escribir muchas hojas y ganas no me faltan de hablar de Martín y de lo sorprendente que puede llegar a ser conocerlo; pero sin dudas, es lo que más me impactó, es que el otro día cuando más lo necesitaba, en un momento que me hubiera gustado quedarme callado y quizás hundirme en las profundidades de la noche distrayéndome viendo alguna película, o leyendo algún libro, Martín rompió con toda esa rutina. Me dio su usuario y  contraseña de una plataforma de películas, para que ya no piense, para que yo me distraiga, para que pueda dedicarme a descansar, al menos un rato, en una noche calurosa de febrero en ventana.
Pero lo más importante no fue el gesto desinteresado y conveniente de Martín, lo más interesante es que Martín se despidió, como hacía mucho tiempo que nadie lo hacía, diciéndome te quiero mucho.

domingo, 5 de febrero de 2023

Te extraño...

Cuando un amor no es correspondido, cuando no nos toca la carta que esperamos en esa jugada, cuando un amor sale mal, o a uno lo dejan de amar... Es un estado de sufrimiento muy parecido al que uno siente ante la muerte de un ser querido... Es casi la misma soledad.
Soy mortal, por eso creo que nunca seré feliz. Aunque muchas veces estoy contento… La vida es una aventura maravillosa en esos momentos.
No involucrarse no siempre es una opción, casi siempre se siente cualquiera tentado, o afectado, por el fantasma de la nostalgia. Las cicatrices, a veces, sirven para no olvidar lo que pasó, o para mostrarnos que la vida también es frágil y que se desmorona cuando aparece algún vestigio del pasado, o toda vez que nos superan las situaciones por su dificultad.
La nostalgia, para muchos, es un sentimiento de apego que genera una actitud ante la vida que no es pasajero, generalmente remite a la idea de un pasado que nunca fue. A veces un encuentro/reencuentro es una despedida, donde buscamos caminos diferentes que nos permitan romper con los símbolos del pasado y lo que nos representan.
Llenar el vacío que uno tiene, a veces, se llena con la gente cercana. Pero no es la solución cuando el problema es más lejano.  Muchas veces, al alejarme, es para buscarme a mí mismo en mi pasado y después, una vez hallado, cruzar el puente al presente. Lamentablemente no me hallo, ni me encuentro y creo que me estoy empezando a agotar en esa tarea.
Quizás este mundo no es mi mundo y sólo vivo en él, porque la suerte así lo quiso…
Cuando parece que todo está bien, mientras sabes que es algo triste lo que va a pasar, se gesta siempre un silencio, una mirada, un momento. Ahí te cae la ficha. Ahí te das cuenta que vas a tirar de los hilos, y que seguramente te vas a alejar.
Te extraño, extraño nuestras charlas, nuestra compañía. Te extraño porque me hacías más fácil cada día. Te hablaba y estabas ahí. Me escribías y yo lo estaba esperando. Cuando me notabas raro, me hacías reír, de mil formas diferentes lo lograbas, me hacías olvidar lo que pasaba: ¿Viste cuándo ves la primera estrella después de algunas noches lloviendo? Así. De algún modo me hacías pensar en otras cosas, entonces yo era mejor, porque no me ataba al pasado, ni me buscaba a mí, tampoco pensaba en mi función en esta realidad y las rutinas se volvían de algún modo más tolerables porque estabas vos, porque te preocupabas y me prestabas la atención que quizás otros no.
Cada día que pasa es una nueva foto de un final intermitente que se apaga de a poco. Entonces es donde entendemos que el presente es el único momento que existe. Está acá, es inevitable, se vé y se toca. El futuro y el pasado, son literarios casi.
El amor sin ningún tipo de renunciamiento, sabemos bien, que con el pasar del tiempo empieza a no funcionar. Aunque existen terrenos irrenunciables, por su sacralidad. Lo sabés, por eso pesa y duele. Es difícil volver a ilusionarse con las cartas que nos tocaron.
El enojo detiene al pensamiento. Uno se abraza a la bronca, ante una injusticia, ante algo que no responde a nuestros valores y crianza... Enseguida uno se indigna, se vuelve intolerante y rechaza la posibilidad de poder pensar en otras variables, para ratificar lo que piensa por estar enojado. Creo que eso es lo que pasó.

viernes, 3 de febrero de 2023

María José...

Rodeada de fantasmas,
recorriendo un laberinto,
a veces desentendida.
Silenciosos son sus gritos.
 
Futuros que no existen
y realidades que no son,
sosteniendo todo por el bien.
Se agiganta un brillo incierto.
 
Buscando una conexión
con su mundo y con ella.
Misteriosa y con ansias,
jamás se deja abordar.
 
La rutina cual refugio,
rogando que esa apuesta salga bien.
El llanto nocturno acallado,
rendida en un lado del colchón.
 
Yo la veo siempre de lejos,
trepado a una loma imaginaria.
Pellizca duro el destino
cada vez que se retira su fugaz visita.
 
Mientras espera la autopsia
de sus deseos y sueños,
María José se enreda en círculos,
escondiéndose en silencios que
se tornan necesarios e imperiosos.
 
Yo la veo siempre de lejos,
trepado a una loma imaginaria.
La veo siempre y no sé
que es lo que debo/e hacer.

sábado, 28 de enero de 2023

Vamos bonita…

Cuando el viento despeina los recuerdos
y la vista fija en el pasado, transparentado
por un vaso que convida a tomar.
Cuando volvés despacio a tu casa y el Sol sale,
la mirada empapada en rocío y otra noche que se va.
 
Después de haber pasado tantas lunas
ya no quedan escondites dónde huir,
como dos fantasmas que se encuentran,
un hechizo que se empieza a derretir.
 
Llevo tiempo arruinando todo,
no sé otra cosa al parecer.
Pero con vos bonita no puedo,
dame la mano, escapemos una vez.
 
Con tu risa salpicando como gotas,
y tu mirada puesta en el sur,
vamos bonita, caminemos juntos,
seamos las huellas que nunca caminamos.
Vamos bonita, nos quedan batallas
y bostezos también por vivir.
 
Ya sabemos esquivar tormentas
ahora caminamos bajo la lluvia,
le sacamos punta a la imaginación
en cada encuentro que no sucedió.
 
Aprendimos a intuir miradas,
desciframos mensajes que no llegaron.
Perdonamos miserias propias y ajenas,
pero en crisis no tomamos ninguna decisión.
 
Con tu risa regando mis tardes,
y tu mirada puesta en la cruz del sur,
vamos bonita, caminemos juntos,
seamos las huellas que nunca caminamos.
Vamos bonita, nos quedan batallas
y brindis también por vivir.

viernes, 20 de enero de 2023

Resonancia y ecos…

 
Hace más de siete años que una noche, con alguien en un bar, nos escribimos en una servilleta un mensaje para nosotros; en la mía, me escribí: ¿Quién sos? Esta noche, sin ánimos de hacer cuentas, puedo afirmar que llevo por lo menos 20 años haciéndome esa pregunta y aún no encuentro una respuesta que me satisfaga. Puedo distraer a todos contando que hago lo que me gusta, que trato de ser todo lo bueno que me sale. Tengo, si se quiere, algo de experiencia, pero no descubrí aún quien soy.
Quien me conoce un poco sabe que temo a la muerte como nadie, no sólo la mía, sino de la de aquellos a quienes quiero. También que me enamoro de todo y me conformo con nada y que, cada vez que supero lo que me complicaba, me aburro y busco otro reto de dificultad mayor. Generalmente me pasa que al cubrir el 80% de una tarea, dificultad, carrera o proyecto; al comprenderlo y entender como superé la dificultad que me planteó, me aburro y suelo abandonarlo, con miras en otras cosas…
Sueño con ser todo lo que me interesa y no soy nada, se me podría definir como a una persona diletante. Creo en el amor, aunque no se presenta jamás de la manera que espero. Posiblemente ya no me divierto como antes, no creo ser tan alegre como solía y con el tiempo me divorcié de las ganas de tener aventuras. A pesar de que vivo en el lugar donde siempre quise, sospecho que ya no me basta. Soy una suerte de equilibrista entre mis sueños y mis decepciones.
Necesito un mundo diferente, el que vivo no me alcanza y entiendo que la gente que me rodea, difícilmente pueda comprender mi frustración. Me aburro por lo cotidiano, me desespera la repetición, los mismos patrones que se vuelven constantes. Por eso cada tanto, asoma Grytviken, el descontento, la necesidad de algo más que no llega, pero que espero y ansío.
Por eso creo que lo que importa en definitiva es la historia nuestra y como nos refleja, creo que el pasado siempre nos persigue y nos muestra quien es quien; quiero decir, los reflejos de nuestras vidas son premonitorios. No soy de esos que se empeñan en llorar, pero reconozco que muchas veces resuena mi vida en ecos; ecos que no dejan una clara imagen de lo que pasa y a veces, tampoco de lo que pasó. Por eso no prefiero llorar, no, prefiero soñar, aunque muchas veces lloro últimamente.
Me encanta distraerme y confundirme para evitar abordar lo que verdaderamente es importante, cada tanto la cabeza brama una advertencia que suplica por aprender de los errores propios, y de los que cometen los demás, para no terminar de la misma forma de siempre. A vece suelo ser eficaz al respecto… la mayoría no.
Nunca nos llegamos a conocer, pienso que creer en un sueño imposible, donde uno cree que está soñando una realidad, puede ser la solución a un montón de interrogantes que se nos plantean ciertas madrugadas. Por lo general, los ecos del pasado se reflejan cada vez que el pasado regresa. No se trata de glorificar al pasado, sino de vivirlo como una cicatriz que queda para recordarnos algo importante o trágico. Sueño con abandonar mi pasado y no seguir atado a él.
Quisiera reconciliarme con el que fui de chico y no encuentro cómo. Quizás mirando atrás, busco fuerzas, o tomo impulso para seguir, quizás esperando morir, o volver a ser un niño, donde me identifico como una persona completa y feliz.
Por eso, siempre voy a volver (siempre vuelvo) a mi pasado. El pasado no es una obsesión obtusa, sino gente, gente que me visita y me habla, pedazos de mí que reflejan algo que quiero y que no puedo tener. Vos que me estás leyendo, seguramente te vas a convertir en mi cicatriz en algún momento, o quizás, ya lo sos…
Somos, en definitiva, una suerte de fantasmas, que usamos la rutina y el trabajo como un ambiente oxidado que nos permite fantasear un pasado ya superado, como método de escape de nuestra propia sombra. Nos vivimos convenciendo que descubrimos nuevos métodos, que derivan casi siempre en el escapismo y la mentira; escapando, o ignorando esquivamente al dolor. Adormecido... Todo es más cómodo y conveniente.
Pasa el tiempo, cubrí con mil tapas o capas mi dolor y siempre se presenta de una forma moderna y elegante. Cuando el trabajo o la rutina, o la novedad se acaba, dice presente el pasado y aquella vieja herida florece… Lo pendiente siempre se queda con nosotros.
Equilibrado en intensidad y sutilezas, a lo mejor, los pequeños momentos del pasado son alicientes de los momentos presentes de estancamiento y dolor. El mundo sigue y todo es culpa de alguien, no de algo; así pareciera más fácil aliviar la carga, pero tal vez, disfrutando del ahora y no dejarse tirar por el pasado, sea la forma correcta de seguir. No hay que mirar atrás, me dijo una persona, sin ponerse a descifrar lo que le quise decir, al contarle mi situación y crisis actual; que por actual, tiene tientes de pasada.
Mire, no soy depresivo, sólo melancólico y nostálgico serial, me reconozco en el desatino y trato de solucionar aquellas cosas que puedo, por un lado, dejé de fumar hace mucho tiempo, pese al gran placer que sentía al practicar dicho hábito. También he logrado poner límites a mi manera de beber y sobre todo a la gran dosis. Logré incrementar las horas de sueño, pero no he logrado nunca descansar mejor, como tampoco pude jamás hacer que la mirada y opinión ajena cambie, respecto a que se me vea como una persona más que nada obsesionado con el ayer que con el mañana. Estrené muchas alegrías y felicidades en tiempos presentes también. Pero si es muy cierto que suelo negar felicidades en el presente, por buscarlas en el ayer y no en el mañana.
Crear nuevos sueños me sostiene vivo y me da esperanzas, me distrae de la idea de aburrimiento y estancamiento, me encanta cada vez que algo nuevo ocurre y no es una constante, ni una mirada al pasado desde un espejo retrovisor. Me gusta la idea de utilizar algunos retazos de lo que vivimos, y usarlos como trampolín, para proyectar nuestras propias experiencias y ver así, los hilos que realmente nos mueven. Por ahí, si tiramos de aquellos hilos, notemos referencias, matices, colores, sabores, olores y símbolos.
Doy vestigios de información, por lo general es una metodología que utilizo para ocultar algo, para que no se sepa lo que viene… ¿Quién sabe? Tal vez la vida me fue impostada. Pero ya no se si eso es relevante de algún modo. El núcleo de este pensamiento, conduce o refuerza mi presente. Ya no importa la construcción de un futuro o la ruptura del pasado, la presencia de heridas visibles o invisibles, sólo nos hace pensar que somos más fuertes, y la verdad es que no.
La vida es un viaje en el que se relacionan los problemas y se renuevan de maneras relativamente nuevas, sobre todo si empezamos a ser sinceros con nosotros. Ahí es cuando nos sentamos en un vehículo y deambulamos por calles de un único sentido, buscando, de alguna manera la forma de hacernos entender el medio por el cual nos desplazamos.
El pasado, creo yo, suele ser un recurrente generador de conflictos, sutilmente diferentes y no tan distantes, aunque a veces, uno no queda tan encadenado. Al superar nuestras huellas advertimos que ya no somos los mismos de antes; y que tampoco lo son nuestros conflictos. Para ello, la honestidad y la coherencia se tornan en factores fundamentales que permiten advertir aquello. En suma, los momentos que pasamos no son más que el motor que da marcha a nuestra experiencia, y así, a medida que la vida se va abriendo paso, necesitamos o adquirimos mecanismos que nos permiten adaptarnos, o rebelarnos, como método de supervivencia. Sólo al confiar en las nuevas experiencias es que podemos seguir adelante, sin asuntos pendientes y comprendiendo situaciones que antes pasábamos por alto; y de algún modo, nos sentimos y nos sabemos un poco más libres.
A pesar de que uno intente tener todas las variables controladas, la vida busca su rumbo, que casi siempre resulta inesperado... Es conveniente saber adaptarse para evitar los bloqueos. No somos el centro de todo. Las personas de nuestro entorno nos determinan siempre.
Las ojeras soldadas, mi viejo, las noches en la terraza mirando al cielo, los besos no dados, los silencios pensados, las tormentas, las miradas corridas, las estaciones de tren, los ojos nublados, los poemas quemados, los heavy metal que pogueamos, los recitales, tu última mirada, aquella sonrisa, las canciones en casetes y CD, ese mail en el que me explicabas todo, aquella vez que decidiste no volver a escribir, tu bloqueo, aquellos golpes de los que pude escapar, la borrachera para esquivar el llanto, los amigos que ya no están, el te quiero que no te dije jamás, las camionetas, los viajes en bondi para verte, las trasnoches hablando por radio, las ilusiones no concretadas, los jueves de lluvia que no te busqué, las noches que no bailamos, las caminatas en la costa, los bares, los alfileres que sostenían la imagen que nunca compraste, el silencio de cómo me veo cuando estoy a la intemperie, en el baldío de lo que soy, en esta penosa imagen que veo y me refleja, que suelo llamar desilusión.

martes, 10 de enero de 2023

Veo...

Asomado a una puerta que
pensaba entreabierta,
me atreví a mirar en tus ojos,
reflejándome una tarde en tu mirada
y sembrando girasoles en la noche
por el perfume de tu cuerpo
y el misterio de tu amor,
salgo, camino y veo tus ojos.
 
No cuenta como silencio
si nos miramos el uno al otro.
Tanteo caminos sólo por seguir,
quisiera contener tus manos frías,
y decirte lo que ya sabes:
por un beso, daría mi mundo,
por un abrazo te confiaría mis huellas.
 
Veo como transitan por tus ojos mi mirada,
mientras siento que lo arruino todo
y se está haciendo demasiado tarde.
La mirada fija y húmeda puesta en el horizonte,
respiro hondo y tiemblo.
Abajo sube el viento del abismo,
mi problema es hoy y esta madrugada.
 
Veo que el camino está lleno
de puñales y abrazos,
me recibí de equilibrista
sólo para verte un rato.
Veo que depositaste tu vida
en una promesa de la que
nunca supiste escapar.
Viajando en el auto,
respirando tardes y canciones
que acompañen tu andar.
 
Veo como ponés en dudas
cada color y cuestionas cada matiz
abrazada al uniforme de adaptarse,
para poder sobrevivir.
Y yo, acróbata sobre los renglones,
plasmando en papeles que no existen
mi anhelo vanidoso, pensando que
la noche más hermosa será
aquella que me quieras.