miércoles, 6 de enero de 2010

Trabajo (en) negro…

Con la abolición de la esclavitud en todo el mundo y con la llegada del modernismo varios cerebros habrán maquinado un plan muy convincente y funcional a los fines que ellos mismo buscaban, aunque claro, hubo cosas que no les salieron tan bien, pero no importa eso, total el sistema sigue vigente desde hace rato.
La cosa es más o menos así: con la creciente población en las ciudades, y como es sabido que donde hay grandes conglomeraciones de gente hay quilombo, los patrones (y gobiernos) cedieron “derechos” a las personas y lo primero que contentó al trabajador es la jornada de 8 hs. de trabajo, pero ahí está el asunto, el empleado nunca leyó la letra chica del contrato y feliz por sólo trabajar ocho horas, creyó que eso fue un avance, toda vez que el tipo trabajaría, podría volver a su casa y descansar unas ocho horas más con su familia y le sobrarían ocho horas más para dormir, así pues, sólo destinaría 1/3 del día en trabajar y dispondría de 2/3 para el ocio o descanso. Lo que nunca le dijeron a ese trabajador es que a esas horas de jornada de 8 hs. habría que sumarle 1 ó 2 hs. de viaje hasta su trabajo (el transporte público anda para el culo, el tránsito es un caos, los piquetes aumentan en forma exponencial) lo que conlleva a una eventual pérdida del premio por presentismo; ergo ya tenemos cuatro horas menos para estar en casa y disfrutar de la familia, leer un libro ó estudiar.
Luego de toda una travesía en los trenes que descarrilan, los bondis que no vienen y cuando vienen no paran por que están abarrotados de gente, el pobre laburante llega a la casa, pero tiene que salir a comprar algo para comer (o para la familia) así pues, se vá una hora más que podría usarse en algún esparcimiento, ya cansado, retorna a su hogar, se tira en el sillón y vé un rato el noticiero, pero hay que cocinar algo para aguantar el día de mañana, una horita más cocinando un pollo al horno con papas, ya que estaba antojado de eso, disfruta el hecho de poder tener dinero para darse tal gusto mientras come, cuando advierte la hora y se dá cuenta que necesita un baño urgente para poder dormir y al otro día volver a trabajar.
Una vez limpito y relajado se acuesta con la cabeza aún húmeda en su cama e intenta dormir, pero hete aquí que ese laburante tiene insomnio y sus ocho horas de sueño (ideales) ahora se ven penalizadas por ese factor y terminan convirtiéndose en cuatro horas de sueño (reales) y al día siguiente la historia se vuelve a repetir; moraleja esa pobre persona no labura 8 hs. aunque para el empleador y el gobierno si…
Anhelo con mucha esperanza el día que el propio ser humano destruya este sistema que él mismo creó y deje de basar las jornadas laborales en la simple rotación de la Tierra sobre su eje.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin (¿?) de año…

Mientras los vecinos se abarrotaban en las terrazas a gritar y tirar fuegos de artificios, mi mirada quedó clavada con rumbo sudoeste observando el cada vez más pobre espectáculo de pólvora iluminando el cielo y aumentando la entropía del universo, mientras las copas rechinaban quejándose de tanto brindis, la música resonaba tan fuerte que el Nivel de Presión Sonora estaba muy por encima de los 85dB saludables (o no tanto) que una persona puede admitir.
Con mi copa de champagne, sentado en el tanque de agua, me quedé un segundo pensando en lo que fue este año… ya sabrán ustedes como son esos momento, parece inevitable no hacer un pequeño balance de cómo fueron las cosas, el tema es que ese balance no se prolongue en tiempo y forma, sino ahí si que cagaste la fruta. La verdad que no pude definir como quedaron las cosas en la balanza, a decir verdad tampoco ahora lo sé muy bien. Este año tuvo cosas poderosísimas, muchos adioses, un título bajo el brazo, el regreso en forma de demanda de un accidente pasado, la ilusión apostando a realizar un viejo sueño, varios escombros e incendios, la esperanza de ir a las sierras en este verano, las ganas locas de volverle/te a hablar y explicarle algunas cosas y la esperanza que este bicentenario sea mucho mejor con todo lo nuevo que está por venir.
Le apuesto un pleno a estos días a estrenar, rogando que no se cumpla eso de año nuevo, infierno nuevo.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Juego de palabras (con los amigos)…

El estudiar nunca le alcanzará.
Olvidarte es morir.
El dinero no dá la felicidad.
Si usa un celular, está sometido a ondas electromagnéticas.
Ser objetivo es una medida de la pérdida de fé.
Los celos son síntoma de inseguridad.
Si usted sabe demasiado, será envidiado.
Ser sincero enmudece la verdad.
Para los sueños y los deseos el único límite es el cielo.
Respirar oxida.
Fumar trae cáncer.
Todo extremo es malo.
Comer queso trae colesterol.
Los sueños son reflejos del inconciente.
Si maneja, aumenta la entropía del universo.
Amar trae SIDA.
El meo mata.
Respirar poluciona los pulmones.
Hacer deportes aumenta el tamaño del corazón: riesgo de infarto.
Todo accidente es evitable.
Mirar envejece el nervio óptico.
Lo dulce dá caries.
El alcohol reduce al hígado.
Todo lo que le guste terminará matándolo.
La belleza dá pesadillas.
Lo que no te mata te hace más fuerte.

Nota: esto es el resultado del método de asociación libre que practicamos de forma escrita al comienzo del otoño con mis amigos Germán y el Tony.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Milagros V…


Me llamó temprano, tipo 9 hs. diciéndome que tenía ganas de verme, fijó al Paseo la Plaza como punto de encuentro. La verdad es que nunca supe como decirle que no tenía ganas. A las 17 hs. puntual, estuve en el lugar, ella llegó con su auto y me subí, para variar fuimos a parar a Aeroparque…

-Hoy no dijiste más de diez palabras. Me dijo.

-Es que no quiero arruinar el momento, respondí.

-Siento últimamente que te estás despidiendo. Dijo con firmeza.

Jamás pude responderle, noté que su cara iba cambiando de forma acelerada, ¿pero qué podías hacer?, yo estaba pensando otras cosas.

-La verdad que lo tuyo es increíble, me dijo y agregó: no puedo creer como alguien como vos arruine lo que tanto espera… todo lo que tocás lo destruís nene.

-¿Qué pasa?, le dije de corazón.

-Eso pasa, todo lo que tocás lo destruís. Tus relaciones, tus sueños, tus amistades, tus proyectos, tu vida, todo destruís… ¿querés destruirme a mi también?.

-¿Qué pasa?, fue lo único que se me ocurrió decir.

-Eso pasa, que todo lo que hacés está mal, tu eterna lucha con la melancolía, tu forma de actuar y de proceder. ¿No te das cuenta qué está mal?. ¿Nunca pensaste qué si estás así es por vos?. Hace rato que quiero que te des cuenta que me importás, pero al parecer a vos te da igual, total, la vida sigue para vos, mañana vas a sufrir de vuelta y el círculo vicioso en el que vivís va a estar igual, de la depresión al insomnio, del insomnio a la rutina, de la rutina al escabio y así estás, así vas a estar, ¿y sabés algo?, te lo merecés. Me gritó mientras lloraba.

-¿En base a qué hablás de mi melancolía?. Interrogué.

-Vamos Roberto, sabés muy bien que sos un sadomasoquista con ese tema, parece que te regocija hundirte en el pasado y dar vueltas siempre con lo mismo… ¿qué hubiese pasado si pasaba esto o aquello?... ¡y claro! Siempre con adornos dialécticos, total eso queda bien y hace que sea más suave todo… el tinte romántico hace que lo que pensás sea creíble, ¿pero sabés algo?, ¡me harté!. Me harté de tu forma de hablar, de tu forma de pensar, ¡de tu forma de maquinarte boludeces flaco!. Sos un joven sólo por fuera loco. Existe el futuro también, ¿sabías?.

-Pará loca, acá pasan otras cosas ¡eh!, ojalá algún día puedas conocer mucha gente con un punto de vista diferente, dije, mientras ella miraba por la ventanilla.

-Me importa un carajo lo que pasa acá, bajate del auto, me dijo mientras revoleaba unas hojas manuscritas.

Con toda la impotencia del mundo y sin poder frenar lo inevitable, tomé las hojas, me desabroché el cinturón de seguridad y dí un portazo… así fue nuestra despedida.

Un viento llevándose tres, quizás cuatro hojas y ella saliendo derrapando de aquel estacionamiento fue la imagen de aquel momento. Y como siempre supe que lo haría, la dejé ir.

¿Qué culpa tenía ella si no la supe querer?.

En aquel cofre de los recuerdo, guardé la foto que le había tomado en Tandil.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Puntos…

Hay puntos calientes y puntos fríos, a veces también te ponen los puntos ¡y mamita!, ojalá no se ponga fulera la cosa. Otras veces hay puntos finales, de este tipo algunos son rotundos, otros duelen, algunos se olvidan, otros resuenan como portazos y otros parecieran no haber existido nunca, pero que los hubo, los hubo che, a mi no me vengas con ese verso de que no existió.
Algunos puntos son seguidos, para separar algo, para respirar un poco, tomar ese aire necesario para seguir, pero siempre es un punto. Hay otros puntos que son como una pausa larga, un leve letargo, son los puntos suspensivos, es un espacio y tiempo indefinido, a veces recurrentes, otras veces necesarios, ¿quién sabe para qué?. A la vez existen puntos exactos que no son iguales para todos pero si para uno, cito como ejemplo el punto justo de soda, el punto justo de whisky, que más que punto es una medida generosa… a decir verdad no se si vale como ejemplo, pero el que escribe soy yo y es lo que se me ocurre a las 3:52 hs. mientras fumo este cigarrillo.
Después están los puntos alineados, de estos prefiero los dos puntos, ya que estos conllevan a un desenlace (esperado o no), que a uno le puede agradar o le puede generar distintos matices de sentimientos, a saber: broncas, odios, amores, espanto, lujuria, placer, estupor, agrado, etc.
Pocas veces pude describir la mezcla de un punto con una coma, ya que se utiliza cuando se requiere una pausa superior a la de la coma e inferior a la del punto, de todas formas tiene un punto, pero no es un punto común ya que su existencia está ligada a un signo distinto al de su clase. Recuerdo vagamente una escritura mía de mis épocas de adolescente estudiando en la secundaria donde dediqué un párrafo entero en prosa a un dichoso punto que estaba en el pizarrón del aula y que se mantuvo solemne y resistió borronazos de forma estoica por al menos tres días (entiéndase que soportó tres turnos: –mañana, tarde y noche-).
Observando bien, algunos signos (exclamación e interrogación) se aliaron con los puntos para ser uno en si y no en otro. Rencorosas las letras que para no ser menos, buscaron una alianza con los puntos y así apareció la “u” con dos puntitos arriba y de esta forma nació la diéresis, sino no podríamos decir antigüedad o agüita, por citar dos ejemplos de su uso.
Increíblemente todo está hecho de puntos, una recta por ejemplo es una sucesión infinita de puntos, pero yo les pregunto; ¿acaso ustedes ven puntos en una recta?; ¿o más bien ven una infinita sucesión de líneas cortas?. Al fin y al cabo en matemática el igual vendría a ser el dos puntos…
Demasiado derrape por hoy, creo que siendo las 4:10hs. es momento de poner un punto final a este ensayo, quizás ustedes tengas más respuestas que yo y eso es totalmente válido, si quieren y se sienten en la necesidad no duden en decírmelas, sino, hablen con sus allegados sobre este tema y no teman cuando los miren de forma extraña, pues quizás ellos no tienen la capacidad de razociño que tenés vos y que tengo yo, o que tenemos ambos ya que si estás en algo de acuerdo conmigo al respecto, nos hemos convertido en cómplices.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Paranoia…

Luego de una maratón de estudios y de una charla de recreo, miró la hora y decidió que debía marcharse, ya el sólo pensar en tomar esos dos colectivos para retornar a casa se le hacía una idea pesada, máxime siendo las dos de la mañana y el cielo cubierto por completo por nubes que presagiaban lo peor.
Ella por su parte quiso poner un granito de arena y le pidió que vaya en remis al menos hasta la avenida que divide la Capital Federal del conurbano bonaerense, obviamente el fiel sus hábitos nocturnos y acostumbrado a su corto presupuesto, se negó rotundamente. Pero de nada sirvió, ella en un acto de extrema nobleza llamó a la agencia y le pidió un coche. Por otro lado él se enojó, ¿pero qué podías hacer?.
La brisa era leve y amena y los sorprendió gratamente mientras se sentaron en uno de los escalones de la escalera mientras charlaban y esperaban a aquel automóvil, se rieron bastante, aunque el cansancio se hacía sentir, empero la pasaron bien igual, de la nada el sonido de un motor, ambos se pararon y se dirigieron hacia la puerta… sonó un bocinazo anunciando que el remis había arribado a destino, ella insulto por lo bajo… era tiempo de partir…
Se despidieron con un beso y un abrazo, y él se subió a aquel Polo Classic blanco que estaba con las balizas puestas, saludó al chofer y le indicó el destino. De forma inesperada, el chofer le comenta que va a doblar para poder tomar otra calle, esa acción le pareció extraña a él, sin embargo dijo que no había problema.
Doblaron a la derecha, hicieron una cuadra y volvieron a doblar en idéntico sentido, de golpe un frenazo, el chofer se da vuelta y dirige su mirada hacia la parte central de la consola que divide los dos asientos de adelante. Toda la vida de él se detuvo en ese momento, no pudo evitar pensar lo peor, máxime sabiendo como están las cosas en el partido de San Martín con los secuestros y los robos…
Grata sorpresa se llevó cuando pudo darse cuenta que el frenazo fue por un lomo de burro y que el chofer buscaba su billetera.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Con su marca X…

¿Soy un experimento?; ¿un experimentista?.
¿En una expedición?,
una expedición de un ex matrimonio; ¿de experimentarios?.
¿Qué soy? un extrovertido, experimentado, un exigente extraviado
en el exterior? ¿un exótico, excéntrico?.
Expiraron los excesos y quedé excitado, el extirpe quedó explicito pero exiliado.
Un éxodo exclusivo me extorsiona excesivamente con su marca X...
¿Estoy acaso exagerando?.

Creo no exagerar,
ni exacerbar mi mirar, mi reflexionar.
La yuxtaposición de sensaciones me exalta.
Deseo que terminen de forma expeditiva,
para no experimentar más esa marca en forma de X.

¿Soy un expedicionario?; ¿un explorador?
¿en un experimento?.
Me explayo en mesetas con un xilófono.
¿Reflexiones extremas de luz?,
no, sólo exagero con pensares exponenciales.
Explosión en mi cabeza.
Examinado en cada paso, ¿acaso seré exprimido?.

¿Soy un extraterrestre?; ¿un inexpresivo?.
Es un éxito este boxeo al mundo,
expreso deseos de existir, un rato más.
Texturas exquisitas, nubes de xenón,
oxigeno renovador, pulmones exhausto de respirar.
¿Me estaré convirtiendo en xerófito?; ¿o en xilofonista?,
Ya lo sé, ¿en un axolote?; ¿o en Excalibur?.

Creo no exagerar,
ni exacerbar mi mirar, mi reflexionar.
La yuxtaposición de sensaciones me exalta.
Deseo que terminen de forma expeditiva ,
para no experimentar más esa marca en forma de X.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Escala de grises…

Empaté mis ganas de no soñarte en esa tarde de bravo chaparrón, tirados en la misma cama estábamos mi soledad, mi Bloodhound y yo, con la cabeza en punto muerto y con ese lío de no querer sin querer, el palo de un adiós resonando, y queriendo hacer cosas (para sentirme útil) sin querer hacer nada. Espinas que no sangran, cabos que no se atan, intento darle cuerda al corazón, pero es bien en vano, mejor escuchar la tormenta que no me soltaba ni por puta, es increíble como duele el parto de aquel adiós… la puta, quizás sólo dios sabe cuanto duele…
Y así llegó la noche de antesala, tiré mis dados, sabiendo que nadie me va a ganar en este oficio de perder, y allí estaba el resultado, como ya era sabido la casa gana, ¡JA!, hace 15 reencarnaciones que debería haber solucionado ese problemita, pero al parecer sigo viajando de colgado en el vagón de la reencarnación, ¿qué le vamos a hacer?, habrá que esperar a la próxima vida para solucionar este quilombo.
De la cama a la cocina para comer algo y de la cocina a ese bar que está cerca de la estación de Lugano. Largo camino para caminar con la calle húmeda. Una vez en ese lugar, me colgué del cuello el cartelito de escabiador y con el cuaderno y un lápiz reviví el mismo proceder de ponerse a escribir en la barra de ese lugar, como cuando tenía 16 años… como pasa el tiempo.
No hay con qué darle al tiempo loco, se destiñen los sueños y la pasión. Se acumulan resacas, crecen las botellas vacías y las desilusiones a estrenar. Se humedece la madera, no hay barniz ni lija que la pueden recuperar, pero cuando uno está desamorado por suerte siempre encuentra a alguien con quien brindar y el viaje se hace menos tenso, la ruta del desengaño siempre es larga y por suerte no me llevo a nadie conmigo ni debo nada, al menos eso creo. Y como decía antes (siempre hay con quien brindar), a ese lugar llegó una antigua camarera de ese bar, la saludé, creo que ni se acordaba de mi, se pidió una cerveza y charlamos un rato, de fondo sonaba Divididos.
Son estas noches de mezcla de felicidad, silencios y melancolía, de escalas de grises, lo obscuro no lo es tanto y los brillante queda opacado, así funciona la escala de grises, quise hilar una historia en ese cuaderno, pero me salió mal. Terminé en el fondo de ese vaso de scotch, la esperanza se desesperaba y alguien que estaba ahí me dijo que a la vuelta de la esquina iba a estar mejor, ojalá sea así pensé. Se puso obscura la vista. Se rifa un viaje al baño de caballeros dijo uno en la barra y allí fui a parar. Nada de lágrimas me dije, bienvenido al cementerio, me dijo otro que estaba semi parado frente al orinal. A pesar de mi disfraz, se me escaparon las ganas de llorar. Pero por suerte me repuse a tiempo y volví a la barra para terminar la historia que nunca empecé.
El de la barra comenzó a baldear y yo seguía ahí sentado, y es como siempre loco, se dobla, se dobla pero no se termina de romper jamás, es como una suerte de arte pos impresionista… el arte de lastimar y en ese bar fui a encallar, a veces todo es tan cíclico. Dale nene, terminá esa cerveza que me quiero rajar, dijo el mozo mientras se ponía los zapatos. Amaneció y apareció el Sol verdugo comiéndose mis pupilas, había escarcha en la calle y yo pensé en las cosas que podría darte pero aún no tengo, y hasta que lo consiga, guardá este escrito como garantía y recordatorio, que ya lo voy a encontrar.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Correos y envíos postales…

Hacía rato que no pisaba el correo, tanto que ya no recordaba como era estar ahí, un vago recuerdo de una tarjeta QSL enviada a alguien de quien no me acuerdo, era la imagen fugaz del momento que oportunamente le comenté a mi primo el segundo, el menor, que con muy buena predisposición se copó y me acompañó hasta el centro de Lugano; a aquella oficina postal que se encuentra en la calle de boulevard que tiene por nombre Av. Riestra.
La misión era simple, al menos en apariencia, consistía en enviar un giro postal de $140 para participar en un certamen del cual fueron seleccionados algunos escritos que compartí con ustedes en su momento y que a criterio de los jueces, merecieron ser seleccionados como finalistas y publicados en una antología de la editorial que organizó dicho certamen. Pero hete aquí que no todo es como uno lo planea, en teoría el trámite no debía durar más de 10 minutos, pero amargo fue nuestro desengaño cuando entramos a la oficina de correo y observamos el pandemónium. Mi primo el segundo, el menor, atinó a salir por donde entró pero una acción evasiva de mi parte fue suficiente para aniquilar su intento.
Sin sacar turno y ante la mirada acusadora de jefes que pedían telegramas de despido y los improperios de un grupo de muchachos que sólo habían ido a comprar estampillas, nos colamos en la fila y apuntamos a la ventanilla número 3 que era atendida por un muchacho cuya expresión facial pedía a gritos irse de aquel nefasto lugar. La cuestión es que lo encaramos y le pedimos un formulario para realizar el giro postal. De inmediato y con desdén, nos dió el formulario. Los insultos seguían cuando mi primo volvió a la ventanilla a pedir una birome para llenar aquella hoja.
Completamente perdido, me enfoqué en observar la hoja en blanco, con tantos campos por llenar como dudas al respecto. Mejor empezar por lo más simple, nombre y apellido aclararán futuros pasos, pensé en voz alta mientras mi primo el segundo, el menor, asentía con la cabeza, confirmando de esta manera mi proceder sistemático. Y si pensaba que con ese proceder llegaría al podio de las ideas por venir, errado fue mi pensar, no fue así, por lo que, después de algunos minutos sin aportar nada productivo a aquella empresa, decidimos llevar la ignorancia ante alguien “preparado ante esas circunstancias”. La ayuda no fue tal, ya que la cara del empleado comunicaba un ingrato “NO ESTOY CON GANAS DE TRABAJAR”. Al consultarle nos dió vagas instrucciones y descifrados de aquel formulario tedioso, llenos de chicanas postales, jeroglíficos y con formulaciones que en vez de ayudar a la comprensión, hacían transitar las dudas del que lo llena en un laberinto de sospechas y profundos pensamientos de errares. Pese a eso y tras varias vacilaciones a la hora de finalizar los ítems en blanco, con una expresión de duda y temiendo que todo esté mal, nos apersonamos nuevamente a la ventanilla del empleado “simpático”.
-Está todo bien, dijo. ¿Tenés sobre?.
-No, no tengo, pensé que acá iba a haber. Respondí anonadado.
-En este momento no nos queda ninguno, recién van a traer la semana que viene. Profirió el empleado postal.
Pero che, ¿Cómo puede ser que no haya sobres de más en una oficina de correo?. Pensé mientras mi primo el segundo, el menor, dijo:
-A comprar entonces…
Pocas veces sucede que la Avenida Riestra tenga un tránsito tan molesto como el de aquel día, el viento que corría se veía acelerado por las variaciones de presión, provocando corrientes convectivas que es mejor ni contar para no ahondar en detalles superfluos. Cruzada la avenida, sólo restaba atravesar la calle Murguiondo para entrar en la librería que se encontraba en frente nuestro.
Al ingresar al lugar otra grata sorpresa, era un mundo de gente, parecía que todos se habían puesto de acuerdo en ir a comprar a la misma hora… cosas de todos los días… dame 50 cm. de goma eva, ¿cuánto sale el papel crepé?, ¿tenés cuadernos rayados?, eran preguntas habituales de escuchar con cierta frecuencia.
Mi primo, el segundo, el menor, salió a fumar un cigarrillo reparado de la pequeña llovizna bajo el alero que tenía en el frente aquel local, mientras tanto yo hacía rigurosa cola, observando el reloj de pared y temiendo que cierre la oficina de correo. Finalizado el cigarrillo mi primo ingresó y yo todavía estaba sin atender, en un afán imperioso y solemne, mi primo el segundo, el menor, le preguntó a la señora que atendía si tenía sobres, ella contestó que si, y preguntó de que tamaño lo deseábamos. El furgón de las dudas nos llevó a dar un paseo, mientras una señora vociferaba a un tipo de 30 años que nos habíamos colado.
-Es para hacer un giro postal, respondí en un ataque de iluminación.
-Este te va a servir, son 50 centavos, me dijo la vendedora.
Pagamos y dejamos atrás un mundo de discusiones y entreveros entre los clientes y la vendedora por que nos habíamos “colado”, les aclaro (a todo aquel lector) que todo es relativo, ya que la vendedora ponderó nuestra necesidad de lograr nuestra misión y enviar ese giro postal, ¡que joder!.
Repetimos la operación de cruzar ambas calles y llegar al correo, que ahora estaba abarrotado de gente que aprovechó hasta último momento para hacer giros, envíos y encomiendas a todo tipo de lugares insólitos. Pasamos entre ellos como pudimos, volvimos a la ventanilla 3, entregamos el sobre y los $140, mientras se empezaba a notar el enojo de la gente por nuestra intromisión en ese puesto y el ambiente comenzaba a ganar temperatura.
-¿La querés certificada la carta?, preguntó con toda la pereza el flaco de la ventanilla.
-Quiero mandarla y ya. ¿Qué me recomendás?.
-Que sea certificada, respondió.
-Dale, hacé así.
Cinco minutos después el trámite estaba hecho, cuando un tipo se acercó a la ventanilla y golpeó el mostrador, la gente se peleaba entre si, una viejita lloraba, los papeles llovían por doquier en esa oficina… eso lo sabemos mi primo el segundo, el menor y yo, por que pudimos escapar y pasamos con el auto nuevamente por la oficina de correo cuando emprendíamos el camino de regreso a casa.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Atreverse…

Nos han hecho creer durante mucho tiempo que la esperanza es lo último que uno debe perder (o resignar, a gusto y piacere del lector en este caso). Y así nos mantenemos víctimas pasivas, cuya única salida es la queja y la indignación, mientras seguimos esperando, o muchas veces intentando que el mundo sea lo que queremos que sea, sin embargo la esperanza es lo primero que uno debe perder para empezar a aceptar la propia responsabilidad, una larga semana me ayudó a reparar en ese tópico.
Si esperaban que escriba algo nuevo, mal hecho, lo lamento che. Lo estoy haciendo, pero podría no haberlo hecho nunca. Podría haber muerto o resucitado por novena vez, o haber decidido no escribir más, o no escribir nunca más en este blog, o irme de vacaciones, o encerrarme durante meses a practicar matemática, física o desempolvar aquel libro olvidado rogando que la creación me ilumine por un momento y escriba algo maravilloso u otro fracaso más. No estoy aquí para cumplir las expectativas de nadie, eso lo saben bien, apenas logro cubrir las mías. Estoy aquí y ya. Pero estoy empezando. No soy ya el mismo que escribió todo lo anterior. Así que... ¿a quién esperaban?. Yo ya no espero nunca, ni a ustedes mis lectores (fieles u ocasionales) ni a nadie, ya me cansé de tanto esperar si es que se entiende lo que escribo en estas líneas... Gozo con ustedes cuando están, cuando deciden estar, a pesar que jamás me entero, pues no tengo forma de saber quien ingresa o no a este lugar y créanme, no me preocupa demasiado tampoco.
Otras veces nos contamos a nosotros mismos que estamos esperando unas condiciones mejores, un momento ideal, que recule el chaparrón, haber "superado" ciertas cosas, estar "preparado", saber lo que uno "quiere". Nos contamos todo tipo de excusas, hablamos mucho, nadie sabe a ciencia cierta todo lo que hablamos para no hacer lo que tememos hacer, que siempre es lo que más deseamos hacer por difícil que sea, por más obstáculos que haya. Y sin embargo la única forma de dejar de temer es hacer. La única forma de aprender algo es aprendiéndolo. Es el saber el que crea aquello que se sabe. Se trata de atreverte a saberlo. No hay proceso. No hay tiempo.
Soy el comandante de este barco transoceánico que atraviesa los mares del pasado y se aventura de a poco al futuro, y como están las cosas en el planeta Tierra, espero que me sea leve, este escrito es una suerte de celebración de los días por venir.