miércoles, 9 de diciembre de 2009

Puntos…

Hay puntos calientes y puntos fríos, a veces también te ponen los puntos ¡y mamita!, ojalá no se ponga fulera la cosa. Otras veces hay puntos finales, de este tipo algunos son rotundos, otros duelen, algunos se olvidan, otros resuenan como portazos y otros parecieran no haber existido nunca, pero que los hubo, los hubo che, a mi no me vengas con ese verso de que no existió.
Algunos puntos son seguidos, para separar algo, para respirar un poco, tomar ese aire necesario para seguir, pero siempre es un punto. Hay otros puntos que son como una pausa larga, un leve letargo, son los puntos suspensivos, es un espacio y tiempo indefinido, a veces recurrentes, otras veces necesarios, ¿quién sabe para qué?. A la vez existen puntos exactos que no son iguales para todos pero si para uno, cito como ejemplo el punto justo de soda, el punto justo de whisky, que más que punto es una medida generosa… a decir verdad no se si vale como ejemplo, pero el que escribe soy yo y es lo que se me ocurre a las 3:52 hs. mientras fumo este cigarrillo.
Después están los puntos alineados, de estos prefiero los dos puntos, ya que estos conllevan a un desenlace (esperado o no), que a uno le puede agradar o le puede generar distintos matices de sentimientos, a saber: broncas, odios, amores, espanto, lujuria, placer, estupor, agrado, etc.
Pocas veces pude describir la mezcla de un punto con una coma, ya que se utiliza cuando se requiere una pausa superior a la de la coma e inferior a la del punto, de todas formas tiene un punto, pero no es un punto común ya que su existencia está ligada a un signo distinto al de su clase. Recuerdo vagamente una escritura mía de mis épocas de adolescente estudiando en la secundaria donde dediqué un párrafo entero en prosa a un dichoso punto que estaba en el pizarrón del aula y que se mantuvo solemne y resistió borronazos de forma estoica por al menos tres días (entiéndase que soportó tres turnos: –mañana, tarde y noche-).
Observando bien, algunos signos (exclamación e interrogación) se aliaron con los puntos para ser uno en si y no en otro. Rencorosas las letras que para no ser menos, buscaron una alianza con los puntos y así apareció la “u” con dos puntitos arriba y de esta forma nació la diéresis, sino no podríamos decir antigüedad o agüita, por citar dos ejemplos de su uso.
Increíblemente todo está hecho de puntos, una recta por ejemplo es una sucesión infinita de puntos, pero yo les pregunto; ¿acaso ustedes ven puntos en una recta?; ¿o más bien ven una infinita sucesión de líneas cortas?. Al fin y al cabo en matemática el igual vendría a ser el dos puntos…
Demasiado derrape por hoy, creo que siendo las 4:10hs. es momento de poner un punto final a este ensayo, quizás ustedes tengas más respuestas que yo y eso es totalmente válido, si quieren y se sienten en la necesidad no duden en decírmelas, sino, hablen con sus allegados sobre este tema y no teman cuando los miren de forma extraña, pues quizás ellos no tienen la capacidad de razociño que tenés vos y que tengo yo, o que tenemos ambos ya que si estás en algo de acuerdo conmigo al respecto, nos hemos convertido en cómplices.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Paranoia…

Luego de una maratón de estudios y de una charla de recreo, miró la hora y decidió que debía marcharse, ya el sólo pensar en tomar esos dos colectivos para retornar a casa se le hacía una idea pesada, máxime siendo las dos de la mañana y el cielo cubierto por completo por nubes que presagiaban lo peor.
Ella por su parte quiso poner un granito de arena y le pidió que vaya en remis al menos hasta la avenida que divide la Capital Federal del conurbano bonaerense, obviamente el fiel sus hábitos nocturnos y acostumbrado a su corto presupuesto, se negó rotundamente. Pero de nada sirvió, ella en un acto de extrema nobleza llamó a la agencia y le pidió un coche. Por otro lado él se enojó, ¿pero qué podías hacer?.
La brisa era leve y amena y los sorprendió gratamente mientras se sentaron en uno de los escalones de la escalera mientras charlaban y esperaban a aquel automóvil, se rieron bastante, aunque el cansancio se hacía sentir, empero la pasaron bien igual, de la nada el sonido de un motor, ambos se pararon y se dirigieron hacia la puerta… sonó un bocinazo anunciando que el remis había arribado a destino, ella insulto por lo bajo… era tiempo de partir…
Se despidieron con un beso y un abrazo, y él se subió a aquel Polo Classic blanco que estaba con las balizas puestas, saludó al chofer y le indicó el destino. De forma inesperada, el chofer le comenta que va a doblar para poder tomar otra calle, esa acción le pareció extraña a él, sin embargo dijo que no había problema.
Doblaron a la derecha, hicieron una cuadra y volvieron a doblar en idéntico sentido, de golpe un frenazo, el chofer se da vuelta y dirige su mirada hacia la parte central de la consola que divide los dos asientos de adelante. Toda la vida de él se detuvo en ese momento, no pudo evitar pensar lo peor, máxime sabiendo como están las cosas en el partido de San Martín con los secuestros y los robos…
Grata sorpresa se llevó cuando pudo darse cuenta que el frenazo fue por un lomo de burro y que el chofer buscaba su billetera.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Con su marca X…

¿Soy un experimento?; ¿un experimentista?.
¿En una expedición?,
una expedición de un ex matrimonio; ¿de experimentarios?.
¿Qué soy? un extrovertido, experimentado, un exigente extraviado
en el exterior? ¿un exótico, excéntrico?.
Expiraron los excesos y quedé excitado, el extirpe quedó explicito pero exiliado.
Un éxodo exclusivo me extorsiona excesivamente con su marca X...
¿Estoy acaso exagerando?.

Creo no exagerar,
ni exacerbar mi mirar, mi reflexionar.
La yuxtaposición de sensaciones me exalta.
Deseo que terminen de forma expeditiva,
para no experimentar más esa marca en forma de X.

¿Soy un expedicionario?; ¿un explorador?
¿en un experimento?.
Me explayo en mesetas con un xilófono.
¿Reflexiones extremas de luz?,
no, sólo exagero con pensares exponenciales.
Explosión en mi cabeza.
Examinado en cada paso, ¿acaso seré exprimido?.

¿Soy un extraterrestre?; ¿un inexpresivo?.
Es un éxito este boxeo al mundo,
expreso deseos de existir, un rato más.
Texturas exquisitas, nubes de xenón,
oxigeno renovador, pulmones exhausto de respirar.
¿Me estaré convirtiendo en xerófito?; ¿o en xilofonista?,
Ya lo sé, ¿en un axolote?; ¿o en Excalibur?.

Creo no exagerar,
ni exacerbar mi mirar, mi reflexionar.
La yuxtaposición de sensaciones me exalta.
Deseo que terminen de forma expeditiva ,
para no experimentar más esa marca en forma de X.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Escala de grises…

Empaté mis ganas de no soñarte en esa tarde de bravo chaparrón, tirados en la misma cama estábamos mi soledad, mi Bloodhound y yo, con la cabeza en punto muerto y con ese lío de no querer sin querer, el palo de un adiós resonando, y queriendo hacer cosas (para sentirme útil) sin querer hacer nada. Espinas que no sangran, cabos que no se atan, intento darle cuerda al corazón, pero es bien en vano, mejor escuchar la tormenta que no me soltaba ni por puta, es increíble como duele el parto de aquel adiós… la puta, quizás sólo dios sabe cuanto duele…
Y así llegó la noche de antesala, tiré mis dados, sabiendo que nadie me va a ganar en este oficio de perder, y allí estaba el resultado, como ya era sabido la casa gana, ¡JA!, hace 15 reencarnaciones que debería haber solucionado ese problemita, pero al parecer sigo viajando de colgado en el vagón de la reencarnación, ¿qué le vamos a hacer?, habrá que esperar a la próxima vida para solucionar este quilombo.
De la cama a la cocina para comer algo y de la cocina a ese bar que está cerca de la estación de Lugano. Largo camino para caminar con la calle húmeda. Una vez en ese lugar, me colgué del cuello el cartelito de escabiador y con el cuaderno y un lápiz reviví el mismo proceder de ponerse a escribir en la barra de ese lugar, como cuando tenía 16 años… como pasa el tiempo.
No hay con qué darle al tiempo loco, se destiñen los sueños y la pasión. Se acumulan resacas, crecen las botellas vacías y las desilusiones a estrenar. Se humedece la madera, no hay barniz ni lija que la pueden recuperar, pero cuando uno está desamorado por suerte siempre encuentra a alguien con quien brindar y el viaje se hace menos tenso, la ruta del desengaño siempre es larga y por suerte no me llevo a nadie conmigo ni debo nada, al menos eso creo. Y como decía antes (siempre hay con quien brindar), a ese lugar llegó una antigua camarera de ese bar, la saludé, creo que ni se acordaba de mi, se pidió una cerveza y charlamos un rato, de fondo sonaba Divididos.
Son estas noches de mezcla de felicidad, silencios y melancolía, de escalas de grises, lo obscuro no lo es tanto y los brillante queda opacado, así funciona la escala de grises, quise hilar una historia en ese cuaderno, pero me salió mal. Terminé en el fondo de ese vaso de scotch, la esperanza se desesperaba y alguien que estaba ahí me dijo que a la vuelta de la esquina iba a estar mejor, ojalá sea así pensé. Se puso obscura la vista. Se rifa un viaje al baño de caballeros dijo uno en la barra y allí fui a parar. Nada de lágrimas me dije, bienvenido al cementerio, me dijo otro que estaba semi parado frente al orinal. A pesar de mi disfraz, se me escaparon las ganas de llorar. Pero por suerte me repuse a tiempo y volví a la barra para terminar la historia que nunca empecé.
El de la barra comenzó a baldear y yo seguía ahí sentado, y es como siempre loco, se dobla, se dobla pero no se termina de romper jamás, es como una suerte de arte pos impresionista… el arte de lastimar y en ese bar fui a encallar, a veces todo es tan cíclico. Dale nene, terminá esa cerveza que me quiero rajar, dijo el mozo mientras se ponía los zapatos. Amaneció y apareció el Sol verdugo comiéndose mis pupilas, había escarcha en la calle y yo pensé en las cosas que podría darte pero aún no tengo, y hasta que lo consiga, guardá este escrito como garantía y recordatorio, que ya lo voy a encontrar.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Correos y envíos postales…

Hacía rato que no pisaba el correo, tanto que ya no recordaba como era estar ahí, un vago recuerdo de una tarjeta QSL enviada a alguien de quien no me acuerdo, era la imagen fugaz del momento que oportunamente le comenté a mi primo el segundo, el menor, que con muy buena predisposición se copó y me acompañó hasta el centro de Lugano; a aquella oficina postal que se encuentra en la calle de boulevard que tiene por nombre Av. Riestra.
La misión era simple, al menos en apariencia, consistía en enviar un giro postal de $140 para participar en un certamen del cual fueron seleccionados algunos escritos que compartí con ustedes en su momento y que a criterio de los jueces, merecieron ser seleccionados como finalistas y publicados en una antología de la editorial que organizó dicho certamen. Pero hete aquí que no todo es como uno lo planea, en teoría el trámite no debía durar más de 10 minutos, pero amargo fue nuestro desengaño cuando entramos a la oficina de correo y observamos el pandemónium. Mi primo el segundo, el menor, atinó a salir por donde entró pero una acción evasiva de mi parte fue suficiente para aniquilar su intento.
Sin sacar turno y ante la mirada acusadora de jefes que pedían telegramas de despido y los improperios de un grupo de muchachos que sólo habían ido a comprar estampillas, nos colamos en la fila y apuntamos a la ventanilla número 3 que era atendida por un muchacho cuya expresión facial pedía a gritos irse de aquel nefasto lugar. La cuestión es que lo encaramos y le pedimos un formulario para realizar el giro postal. De inmediato y con desdén, nos dió el formulario. Los insultos seguían cuando mi primo volvió a la ventanilla a pedir una birome para llenar aquella hoja.
Completamente perdido, me enfoqué en observar la hoja en blanco, con tantos campos por llenar como dudas al respecto. Mejor empezar por lo más simple, nombre y apellido aclararán futuros pasos, pensé en voz alta mientras mi primo el segundo, el menor, asentía con la cabeza, confirmando de esta manera mi proceder sistemático. Y si pensaba que con ese proceder llegaría al podio de las ideas por venir, errado fue mi pensar, no fue así, por lo que, después de algunos minutos sin aportar nada productivo a aquella empresa, decidimos llevar la ignorancia ante alguien “preparado ante esas circunstancias”. La ayuda no fue tal, ya que la cara del empleado comunicaba un ingrato “NO ESTOY CON GANAS DE TRABAJAR”. Al consultarle nos dió vagas instrucciones y descifrados de aquel formulario tedioso, llenos de chicanas postales, jeroglíficos y con formulaciones que en vez de ayudar a la comprensión, hacían transitar las dudas del que lo llena en un laberinto de sospechas y profundos pensamientos de errares. Pese a eso y tras varias vacilaciones a la hora de finalizar los ítems en blanco, con una expresión de duda y temiendo que todo esté mal, nos apersonamos nuevamente a la ventanilla del empleado “simpático”.
-Está todo bien, dijo. ¿Tenés sobre?.
-No, no tengo, pensé que acá iba a haber. Respondí anonadado.
-En este momento no nos queda ninguno, recién van a traer la semana que viene. Profirió el empleado postal.
Pero che, ¿Cómo puede ser que no haya sobres de más en una oficina de correo?. Pensé mientras mi primo el segundo, el menor, dijo:
-A comprar entonces…
Pocas veces sucede que la Avenida Riestra tenga un tránsito tan molesto como el de aquel día, el viento que corría se veía acelerado por las variaciones de presión, provocando corrientes convectivas que es mejor ni contar para no ahondar en detalles superfluos. Cruzada la avenida, sólo restaba atravesar la calle Murguiondo para entrar en la librería que se encontraba en frente nuestro.
Al ingresar al lugar otra grata sorpresa, era un mundo de gente, parecía que todos se habían puesto de acuerdo en ir a comprar a la misma hora… cosas de todos los días… dame 50 cm. de goma eva, ¿cuánto sale el papel crepé?, ¿tenés cuadernos rayados?, eran preguntas habituales de escuchar con cierta frecuencia.
Mi primo, el segundo, el menor, salió a fumar un cigarrillo reparado de la pequeña llovizna bajo el alero que tenía en el frente aquel local, mientras tanto yo hacía rigurosa cola, observando el reloj de pared y temiendo que cierre la oficina de correo. Finalizado el cigarrillo mi primo ingresó y yo todavía estaba sin atender, en un afán imperioso y solemne, mi primo el segundo, el menor, le preguntó a la señora que atendía si tenía sobres, ella contestó que si, y preguntó de que tamaño lo deseábamos. El furgón de las dudas nos llevó a dar un paseo, mientras una señora vociferaba a un tipo de 30 años que nos habíamos colado.
-Es para hacer un giro postal, respondí en un ataque de iluminación.
-Este te va a servir, son 50 centavos, me dijo la vendedora.
Pagamos y dejamos atrás un mundo de discusiones y entreveros entre los clientes y la vendedora por que nos habíamos “colado”, les aclaro (a todo aquel lector) que todo es relativo, ya que la vendedora ponderó nuestra necesidad de lograr nuestra misión y enviar ese giro postal, ¡que joder!.
Repetimos la operación de cruzar ambas calles y llegar al correo, que ahora estaba abarrotado de gente que aprovechó hasta último momento para hacer giros, envíos y encomiendas a todo tipo de lugares insólitos. Pasamos entre ellos como pudimos, volvimos a la ventanilla 3, entregamos el sobre y los $140, mientras se empezaba a notar el enojo de la gente por nuestra intromisión en ese puesto y el ambiente comenzaba a ganar temperatura.
-¿La querés certificada la carta?, preguntó con toda la pereza el flaco de la ventanilla.
-Quiero mandarla y ya. ¿Qué me recomendás?.
-Que sea certificada, respondió.
-Dale, hacé así.
Cinco minutos después el trámite estaba hecho, cuando un tipo se acercó a la ventanilla y golpeó el mostrador, la gente se peleaba entre si, una viejita lloraba, los papeles llovían por doquier en esa oficina… eso lo sabemos mi primo el segundo, el menor y yo, por que pudimos escapar y pasamos con el auto nuevamente por la oficina de correo cuando emprendíamos el camino de regreso a casa.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Atreverse…

Nos han hecho creer durante mucho tiempo que la esperanza es lo último que uno debe perder (o resignar, a gusto y piacere del lector en este caso). Y así nos mantenemos víctimas pasivas, cuya única salida es la queja y la indignación, mientras seguimos esperando, o muchas veces intentando que el mundo sea lo que queremos que sea, sin embargo la esperanza es lo primero que uno debe perder para empezar a aceptar la propia responsabilidad, una larga semana me ayudó a reparar en ese tópico.
Si esperaban que escriba algo nuevo, mal hecho, lo lamento che. Lo estoy haciendo, pero podría no haberlo hecho nunca. Podría haber muerto o resucitado por novena vez, o haber decidido no escribir más, o no escribir nunca más en este blog, o irme de vacaciones, o encerrarme durante meses a practicar matemática, física o desempolvar aquel libro olvidado rogando que la creación me ilumine por un momento y escriba algo maravilloso u otro fracaso más. No estoy aquí para cumplir las expectativas de nadie, eso lo saben bien, apenas logro cubrir las mías. Estoy aquí y ya. Pero estoy empezando. No soy ya el mismo que escribió todo lo anterior. Así que... ¿a quién esperaban?. Yo ya no espero nunca, ni a ustedes mis lectores (fieles u ocasionales) ni a nadie, ya me cansé de tanto esperar si es que se entiende lo que escribo en estas líneas... Gozo con ustedes cuando están, cuando deciden estar, a pesar que jamás me entero, pues no tengo forma de saber quien ingresa o no a este lugar y créanme, no me preocupa demasiado tampoco.
Otras veces nos contamos a nosotros mismos que estamos esperando unas condiciones mejores, un momento ideal, que recule el chaparrón, haber "superado" ciertas cosas, estar "preparado", saber lo que uno "quiere". Nos contamos todo tipo de excusas, hablamos mucho, nadie sabe a ciencia cierta todo lo que hablamos para no hacer lo que tememos hacer, que siempre es lo que más deseamos hacer por difícil que sea, por más obstáculos que haya. Y sin embargo la única forma de dejar de temer es hacer. La única forma de aprender algo es aprendiéndolo. Es el saber el que crea aquello que se sabe. Se trata de atreverte a saberlo. No hay proceso. No hay tiempo.
Soy el comandante de este barco transoceánico que atraviesa los mares del pasado y se aventura de a poco al futuro, y como están las cosas en el planeta Tierra, espero que me sea leve, este escrito es una suerte de celebración de los días por venir.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Revisitando momentos…

La habilidad que tengo es la de juntarme con gente de verdad (a veces fallo bastante) pero por lo general es así, los resultados son la consecuencia de ello, siempre fue un riesgo a asumir. Visito frecuentemente al pasado, el Domingo pasado tuve una de esas noches de repaso con Germán, más emparentado a una charla que a otra cosa, eso si, ambos siempre con el barco por debajo de la línea de flotación, a esta altura es algo común y pocas veces le damos importancia a ese pequeño detalle.
La contundencia estuvo dada en ese viejo cuento que profiere que “menos es más” y fuimos derivando durante toda la noche con un Callia escuchando aquella charla y con el buzo de DT puesto. Son esas noche donde ambos agregamos un poco de aire a la rutina, acudimos a aquel inflador moral y psicológico, proyectamos cosas a futuro (a veces bastante distantes), comentamos sobre las ansias de concretar los estudios, pero no detenerse allí, seguir adelante con otras cosas, lograr que no pierda aire este sainete.
Hay una suerte de elegancia que viste nuestro envejecer, ya no consideramos como importante la cacería sino que ahora la importancia está dada en la captura fruto de la misma. Y es bueno verlo ahora a la distancia, es decir, fui un garabato durante mucho tiempo y mis amigos fueron los mejores terapeutas durante ese largo período, ellos me ayudaron a entender que a veces no había que poner el pecho y pelear para ganar, pero también juntos fuimos poniéndonos la armadura y nos bancamos crecer sn posibilidad de poner piloto automático, siempre improvisando, qizás a veces no tanto, aunque los resultados no están muy a la vista, las medallas o trofeos que supimos conseguir son sólo nuestros, y eso nadie nos lo quitará.
Parte de mi ADN es mi amigo Germán y a él le estoy agradecido en muchos aspectos, por acompañarme en este viaje, por calcular ejercicios juntos, por la ayuda desinteresada, por que es una de las pocas personas que no compite y eso lo hace grande, y hoy acá estamos definitivamente retirado de la impostura rockera con cara de malo, pero manteniendo ese sentimiento por dentro, y esa noche miramos con largavistas tiempos de Heavy Metal, de rallyes adolescentes, de horas de componer música, de jornadas enteras de derrapes sin dormir, de autos que nos dejaban tirados en San Telmo, de pan dulces tirados desde aquel noveno piso y que casi mata a Nicolás que intentaba atraparlo cual arquero, de encuentros en ese bar de Lugano, de noches de insomnio y charlas feroces por radio, de poesías incompletas (o poco completas) de amores que naufragaron para nunca volver, de discusiones de política, de economía y de Perón, de nuestros proyectos abocados a la educación, de personas que no vimos más y de escabios que en vez de asesinar, curaban heridas que sangraban a más no poder.
Canilla libre de repertorio fue la premisa y “El Rifle” siempre irrumpe como francotirador autorizado y dispara con certeza en el blanco a la hora de preguntar y más allá de sus adornos discursivos, te hace crecer, cada conversación con él te hace crecer… Lastima que las noches se están volviendo más cortas…
Vimos la hora y era tardísimo, nos dimos un abrazo, acomodé todo así nomás y acá nadie vio nada....

Vaya este pequeño homenaje a vos amigo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Triscaidecafobia (12+1 como quieran)…

Este flasheo empezó con un singular viaje de ascenso en un ascensor (perdonen la redundancia) de una importante torre a la que tuve que ir por motivos ajenos a mi voluntad, la verdad hubiese deseado no ir, pero Pancho Ibañez dijo que todo tiene que ver con todo en el deporte del hombre y creo que esto lo termina confirmando. La cuestión es que al mirar el panel con los botones noté un faltante: del piso 12 se pasaba al 14. Actitud discriminadora hacia el número 13, que folklor pelotudo che, vociferé alarmando a un caballero que compartía la cabina conmigo. Al explicarle, el tipo con un gesto amable de su parte, comprendió a que me refería y me terminó dando la razón. Hete aquí que la cosa no se termina ahí, para variar mientras esperaba en un sillón de una sala de espera (donde parece que uno si o si debe estar aunque más no sea por un minuto antes de ingresar a un despacho), un desfile incesante de pensamientos marcharon por mi cabeza (para variar), y empecé a escribir esto pensando en aquel desgraciado número.
En la última cena, fue Judas Iscariote el último en entrar, y con él eran 12 (Jesús y los 11 apóstoles), pero si hubiesen sido 13 ¿la iglesia lo hubiese cambiado?. ¿Y si en realidad hubiesen sido 13 las monedas por las que Judas vendió a Jesús a los Romanos?.
Pero aparentemente hay una cuestión intrínseca en que todo debe ser “par”, 12 meses, 11 apóstoles más Jesús, 12 dioses del olimpo, eso es raro che, los signos del zodíaco eran 13, pero por algún motivo a Ofiuco lo sacaron para que queden 12 y no 13 signos. Ni hablemos del tarot donde la carta XIII marca a la muerte en su figura ilustrativa, pero más allá de eso, existe una creencia (iberoamericana) del martes 13, hablando de esto, investigando pude descifrar que este día está incrustado a la creencia de que ese día se produjo la confusión de lenguas al caer la torre de Babel (como me hubiese gustado estar ahí). En la cultura anglosajona esto no es así y el día nefasto es el viernes eso si, siempre manteniendo el mismo número, creo que era por la muerte de unos templarios o algo así, después de todo no soy profe de historia (aún) ¡jajaja!.
Recuerdo que al volar en avión haciendo la ruta Puerto Montt-Santiago de Chile, la línea aérea no asignaba este número a ningún asiento poniendo en su lugar el 12bis, si, no lo recordaba pero este ejercicio ayudó a hacerlo por desgracia.
Ni hablemos de la nefasta historia del Apolo XIII que por suerte fue una desgracia afortunada, pero sin dudas llevó a elevar a grados superiores el odio/temor a este número.
Lo peor es que tal creencia no tiene fundamente lógico o científico alguno y como muchas cosas y ahora apoyada por la efervescente globalización todas estas creencias la importamos o las exacerbamos a niveles que son impensables, o mejor dicho, que no queremos pensar hasta que realmente nos ocupamos un rato en hacerlo.
El reloj digital marcaba la hora 13 cuando cerré el cuaderno en aquella sala, el hambre me estaba volviendo un poco loco y rogaba que el trámite sea lo más expeditivo posible… 13 minutos después estaba dentro del despacho e irónicamente sonreí al ver aquel reloj marcando las 13:13hs evidentemente tenía que mirarlo precisamente en ese instante.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Noche en off…

El tema de los fantasmas estaba jodido esa noche loco, y no aprendo más que la nostalgia no es negocio. Realicé una triple mortal en mi cabeza, pero al caer mis pensamientos recibieron 3 o 4 puntos de sutura; hay que aprender a no hacer malabarismos cuando el corazón está en otra... me planteé cambiarle los pañales a esta tristeza, ponerme los zapatos de campeón, pero nunca pude comprender por que siempre me quedaron enormes, lo mejor será clavarse un buen tinto para no escuchar a algunos demonios que rondan en mi pieza. Que así sea.
Con brújula es más fácil ¡che!, me dijo una persona hace unos días atrás, yo vengo andando sin mapas y con esta mochila tan pesada que ya ni el rumbo que seguía encuentro, pero descubrí una cosa re loca: las paredes que fuí levantando (con el correr de los años), noto, recién ahora, que están en falsa escuadra, malparida suerte la mía, no hay un carajo en la televisión y un fantasma me quema la cabeza hablando boludeces.
Me estoy poniendo viejo para crecer y eso me está molestando, esta noche te desenterré, pero fue por accidente, no lo quise así, podés creerme. Lluvia, eso es, eso puede baldear las huellas, puede hacerme perder el tren y se termine así este lío. Acá no hay héroes que me salven, y con fiebre y con ese goteo de recuerdos, caí tacleado en mi cama, para dedicarme a escuchar aquella lluvia en el patio de casa. No tenía hambre, no tenía nada de ganas ni ganas de nada, escuché un par de discos mientras intuía a la Luna fisgonear por entre las nubes (no fue tarea fácil), hastiado, decidí salir a caminar…
La moneda giraba en el aire cuando ya había decidido donde ir a parar… aquel bar cultural ofició de refugio y distracción para no enfermarme más. Allí pedí el ya clásico whisky mientras escuchaba a unos muchachos tocando música peruana, cuando inopinadamente cayó Germán en aquel lugar, grata sorpresa para ayudar a la distracción, pero algunas noches son jodidas cuando dos melancolías se juntan a conversar. Se desplomó la tristeza por su propio peso durante la charla, pero el whisky corrigió su masa alivianando la carga, mientras El Rifle juntaba las estrofas de un verso sin rima e incompleto que descarté tras el sorbo final. Y es que a veces llega un momento que te cansás de salmonear nadando contra la corriente, así que preferimos preguntarnos otras cosas, cosas simples como ¿por qué siempre que nos juntamos está nublado?, cosas así, sin sentido, sin valor alguno, a veces se puede charlar sin pensar, desconectar el cerebro y vivir un momento más que no suma ni resta, que seguramente no volvamos a recordar.
Y así luego de unas horas de hablar sobre nada y con la mirada del mozo implorando que nos vayamos, disimulando lo triste y conservando la calma, ambos marchamos.
“Me enamoré de tu ausencia”, pensé mientras caminaba de regresó. Linda forma de terminar una noche en off, antes de desmayarme en mi cama.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Juegos de la imaginación (cositas simples)…

Mientras yo escribo esto hay una balacera en Afganistán, alguien está trabajando, otro subiendo a un colectivo, si, mientras escribo esto alguien está naciendo y lamentablemente algún niño está muriendo de desnutrición, una niña está con frío en la estación Constitución y Cristina debe estar durmiendo sin imaginar esto que imagino mientras escribo.
Mientras yo escribo esto, vos debés estar haciendo algo que por demás desconozco, seguramente está ocurriendo un incidente en algún barco, a decir verdad hay unas 6.000 millones de variables distintas para imaginar, quizás alguien está haciendo estadísticas (sacando promedios, desvíos medios y standard, la moda, etc), ella debe estar terminando con él, o quizás él está fumando y tomando un whisky en un bar tras su abandono. A lo mejor un pibe de 16 años está componiendo un tema que dentro de un año suene en las radios y lo lleve al estrellato.
En este mismo instante un avión está despegando y otro aterrizando en algún lugar del mundo, también se deben estar enviando datos vía satélite, y la Voyager 1 debe haber superado las 109,71 UA (Unidades Astronómicas, algo así como 16.414 millones de kilómetros del Sol) pasando la zona heliofunda para entrar a la heliopausa, algo más de 14 hs después de que yo termine de escribir esto, llegarán los datos de esta sonda a California y serán los datos que registró mientras yo estaba delante del monitor con mi cigarro encendido, mi vaso de cerveza y esta idea que les estoy comentando.
Mientras juego con mi imaginación, una máquina térmica dejó de funcionar por un desperfecto mecánico, Fobos se acerca más a Marte y la Luna se aleja un poquito más de nosotros, alguien pinta un cuadro, o una pared, otro lee un libro o quizás está escribiendo como lo hago yo. Algún universitario debe estar desvelado estudiando para un problemático parcial, una brisa debe recorrer la RP 76, un indeciso se debe estar animando a decirle a esa chica cuánto la quiere. Mientras pienso en esto que escribo, alguna lluvia debe estar baldeando un patio, un elefante está siendo capturado y algún valiente debe estar con el arma apuntando a su sien. Otro está tomando unos mates y otros debe estar escuchando al igual que yo a Ray Charles, en Rusia se debe estar celebrando un Contrato; mientras en Honduras Zelaya debe estar descansando para afrontar el día que le espera mañana, en Marruecos alguien festeja su cumpleaños y en Australia un canguro es atropellado por un auto.
Mientras yo escribo esto pienso que vos podés ponerte a pensar un segundo o intentar imaginar lo que yo hago, de todas maneras para cuando lo leas, puede que el efecto sea ese, pero no dure más de cinco minutos, lo cual me parece perfecto, ya que este escrito hubiese cumplido con su función, es decir, lograr que vos juegues con tu imaginación como lo hago yo en esta noche de octubre mientras escribo esto con mucho cariño y con muy poca dedicación… ¿por qué les voy a mentir?.
Mientras yo escribí esto, mi perra que dormía se despertó dos veces, dio una vuelta en la cama para volver a caer en el sueño, yo por mi parte realicé un ejercicio de mecánica técnica, me tomé una cerveza y fumé cuatro cigarrillos, planifiqué ese proyecto que pienso llevar adelante sin que nadie se entere y aún cuando esté terminado, a nadie le importará del todo… son los juegos de la imaginación. Gracias por jugar conmigo (o permitirme jugar contigo).