miércoles, 13 de mayo de 2009

Cuestión de contexto…

Hoy en la facultad hablaron sobre un tema muy interesante, al menos para mi, se trataba de la lectura del mundo; y la Licenciada muy astutamente nos hizo notar que ésta lectura precede a la lectura de la palabra, dicho esto en sentido literal, más allá de la vinculación dinámica típica del lenguaje y la realidad, me di cuenta de un juego de texto y contexto que más de una vez realicé de forma empírica e inopinadamente.
Haciendo un esfuerzo sobrenatural y apelando a la memoria que aún me queda, me remonté a los primero días de los que tengo memoria en aquella casa donde me nací y me críe. Me veo entonces en aquella casa mediana en Sierra de la Ventana, rodeada de árboles, algunos de ellos como si fueran centinelas custodiaban los márgenes del parque trasero de la casa, siempre a la tarde jugaba bajo su sombra y en sus ramas más bajas, más de una vez experimenté los primeros riesgos menores que me fueron preparando para riesgos mayores y situaciones mucho más complejas que aquella simple operación.
En dicho contexto estaban además los animales: los perros de la familia, dos Blood Hound, un Basset Hound, y un Siberian Husky, solían correr por el parque y casi siempre me causaba gracia el ladrido particular de los dos sabuesos, aunque solía temerles cuando ladraban o miraban algo que no les gustaba del todo, también recuerdo cuando mi padre los subía a la camioneta cuando se iba a algún lugar o al “centro del pueblo” o para Tornquist, siempre lo acompañaba allí y jugaba en su plaza con los patos que había en la laguna. Me acordé de los perros por que por lo general aparecían con Cuises o algún lagarto overo, una extraña vez uno de los sabuesos apareció con un zorro que estaba al acecho de las gallinas de la abuela.
Volvieron imágenes de la casa, sus habitaciones, sus pasillos, aquel sótano, la terraza (allí mi madre escogió como el lugar de sus flores), la calle de tierra, todo eso fue mi primer mundo. En él gateé por vez primera, balbuceé mis primeras palabras, allí un buen día me erguí, tiempo después caminé, y también hablé, mucho, eso si. Todo aquello, aquel lejano mundo serrano y tan, pero tan especial acentuó mi percepción e intuición, los olores de las flores de mamá, los matices que las nubes en su eterna pelea con el sol formaba en las sierras sombras y colores alucinantes, todo ello y un sin fin de otras cosas me fueron dando una cierta capacidad de percibir cosas, objetos, señales, signos, preguntas, cuya comprensión yo iba aprendiendo o hilvanando en mi trato con todo aquello, en mis relaciones con mis hermanos y con mis padres.
Los libros que leía en aquel entonces (aún sin saber leer) era el canto de los pájaros, la brisa y el cosquilleo que le producía a los árboles, el lejano sonido del Río Sauce Grande, el temor a los fuertes vientos que anunciaban tempestades, truenos, relámpagos; la lluvia jugando conmigo, con el barro, con la geografía, recuerdo que iba a la calle y jugaba a inventar lagos, islas, ríos, arroyos… y los gritos de mi madre cuando me veía entrar en la casa, eso también lo recuerdo. Los textos de aquel entonces eran los matices de naranjas y rojos que el cielo me regalaba en el atardecer o en las primeras horas de la mañana, el tren llegando a la estación, o los colores de los follajes, las formas de las hojas, el andar en bicicleta y levantar las hojas caídas de la calle en el otoño, las estrellas, una de mis primeras curiosidades, y mi padre “leyéndome” el cielo y diciéndome el nombre de las que él conocía, la bóveda celeste se veía preciosamente bien, no tanto como ahora.
Aprendí el significado del dolor sin saber escribirlo cuando me golpeé con una piedra en la orilla del río, aprendí sobre cual madera estaba seca o húmeda con el sólo hecho de palparla, todo un mundo por descubrir, sabía los nombres de los colores, de algunos pájaros y a la temprana edad de 5 años, también recuerdo que a esa edad tomé mi primer mate dulce, y noté con tristeza que se lavaba muy rápido, ya más de grande cambié ese hábito y descubrí otro sabor en la yerba sin azúcar.
Los temores también estaban a flor de piel en las noches de mi niñez, siempre temí al Lobizón, pero de pequeño comprendí que no existía mejor clima y condición para aquel monstruo que las noches de Sierra de la Ventana. Me acuerdo de las noches en que, envuelto en mi propio miedo, esperaba que el tiempo pasara, que la noche se fuera, que la madrugada comenzara a aclararse, trayendo con ella el canto de los pajaritos “tempraneros”. Recién allí volvía a mí la tranquilidad, mis miedos se terminaban con las mañanas y la luz; aunque reconozco que he percibido un sinfín de ruidos que se perdían en las mañanas y resultaban misteriosamente engrandecidos en los silencios profundos de las noches. Hoy la realidad es diferente, me enamoré de la noche y a veces prefiero dormir menos y renegar de mi noctambulismo, pero reconozco que me hallo más en la noche que en el día.
En aquel mundo, por otro lado, también prestaba atención al universo del lenguaje de los mayores, expresando sus creencias, sus comentarios políticos, sus gustos, sus vociferaciones sobre economía, sus recelos, sus valores. Todo eso ligado a contextos del mundo y cuya existencia yo no podía ni siquiera sospechar. Siempre hacía preguntas, por suerte mis padres y hermanos me las respondían, a veces como podían, otras veces explicándome que cuando fuera más grande lo entendería mejor. Recuerdo charlas de todo tipo, pero las que más tengo en la memoria eran aquellas en las que hablaban de espíritus, quizás al escuchar esas cosas a escondidas, detrás de la puerta cancel, motivaron un temprano miedo a la obscuridad, a veces escuchaba carcajadas estrepitosas en la lejanía, o gemidos de dolores, o ruidos extraños, calculo yo (ahora) que eran provenientes de animales a lo lejos, también escuchaba el mugido de algunas vacas en el Cerro Ceferino. Cuando algo de ello sucedía, generalmente recurría a la seguridad de mi escondite y me tapaba con mi sábana, usándola como una suerte de escudo protector de aquellos sonidos. Pero en la medida en que fui penetrando en la intimidad de mi mundo, en que lo percibía mejor y lo “entendía” y con ayuda de los años también, mis temores fueron disminuyendo.
Ya un poco más grande fue creciendo una especie de racionalismo en pañales, y se fue mezclando con la curiosidad de niño, allí aparecieron los primeros libros e inquietudes en la escuela, a decir verdad creo que esa curiosidad de niño jamás se fue distorsionando, aunque con el tiempo fue decayendo; mis padres siempre lo notaron y jamás se interpusieron en eso, y muchas veces me ayudaron bastante. Así me fui alfabetizando mucho más con el correr del tiempo y abandoné aquel pueblo en busca de más saber y conocimiento. Aunque reconozco que el primer profesor, pizarrón y tiza fue aquella naturaleza, aquellas imágenes, aquellos contextos acompañados de textos. La palabra mundo comenzó a tomar otro valor, y siempre desde entonces, comenzó a tender al infinito, como si se tratase de un límite en análisis matemático.
Recuerdos del puente blanco, del puente ferroviario, la ventana, el Tres Picos observando cual torre desde la ondananza, mi padre me dijo siempre que era el más alto de la provincia y fue cierto sin dudas, los piletones que se formaban en las sierras, los cañadones, aquellas dos rutas que siempre usábamos la RP72 y la RP76, las nubes jugueteando con las sierras, todo ello me fue alfabetizado en el suelo de aquella casa, de mi casa, a la sombra de los árboles, con palabras de mi mundo.
Hace poco tiempo, con profundo emoción, visité aquella casa donde nunca nací, pisé el mismo suelo en el que nunca me erguí, anduve, corrí, hablé y aprendí a leer. Aquella casa donde me hubiera gustado hacer todo lo que les conté en este texto. Vivir aquel contexto…



Bueno, miércoles 13 de mayo, mañana 14, se cumplirá un año desde que empecé a escribir en este medio, muchas alegrías me ha generado compartir con aquelos interesados lo que siento y me nace a la hora de escribir. A todos los que me apoyaron siempre GRACIAS, a los que les gustó algo que haya escrito y se sintieron identificados, perdón. Linda forma de cerrar este año con esta historia tan mía, quizás lo que me hubiese gustado, o lo que busque para mi y mi familia en un futuro.
A lo largo de estas 115 entradas aprendí mucho de mi mismo y también muchas cosas han cambiado en este año, y el blog no será una excepción a los cambios, a partir de ahora comenzaré a subir entradas una vez a la semana, seguramente me decida por el día miércoles. Nuevamente gracias por la paciencia y recuerden que todo lo que encuentren en este blog puede ser una gran falacia.

sábado, 9 de mayo de 2009

Esperando dormir…

Y es así loco, es re difícil pasarse la noche mirando el cielorraso y escuchar el ruido de aparatos extraños a lo lejos, viendo con el humilde flujo luminoso que salen de pobrísimas lámparas incandescentes que se esfuerzan por vencer a la obscuridad, aunque es en vano, yo las comprendo, son luchadoras, como yo, pero siempre es mayor la porción obscura que la porción que llega a estar iluminada. Pero eso cambia a las seis de la mañana mi viejo, ahí ya todo comienza a ser distinto, se empieza a escuchar más los ruidos de la calle, aparece algo de luz desde los ventanales y se nota un poco más el movimiento, generalmente es cuando empieza esa tos, que provoca quejas y el despertar prematuro de los que allí duermen, si desde allí se quejan a veces.
Y es que nunca la pase bien, ¡pero tampoco pensé que la iba pagar así che!, ese dolor por detrás del estomago, esa sensación de quedarse sin aire. No se la deseo a nadie, no es nada lindo, pero lo bueno es que a la mañana me pongo a escuchar la radio; eso me distrae, eso me hace bien, hasta que vuelve ese dolor, mejor ni te cuento, mi amigo.
Hace dos días cayó la vieja con Nahuelito, ¡¡¡que felicidad!!!, ¡que alegría!, Nahuelito me contó que estaba laburando bien, que tenía ganas de irse de vacaciones. La vieja me contó que estaba mejor de los huesos, pero yo la conozco, se que está mal por mi, y yo le hablo y le digo que estoy bien, que falta poco para que vuelva a casa y a ella se le llenan los ojos de lágrimas, bosteza para disimularlo, eso también lo hacía yo antes ¡eh!; ¿cómo no me voy a dar cuenta de eso?, a veces gira la cabeza para el otro lado, como mirando algo específico, y ya sé que es ahí cuando empieza a llorar. Pero siempre le seguí el juego, nunca le dije nada, generalmente cambio de tema, le cuento de algo que leí en una revista o le hago un comentario de lo que escuchaba en la radio, a veces salimos al patio y damos una vuelta, pero en el invierno se complica un poco, lo bueno es que están más calurosos que antes, pero me estoy yendo por las ramas amigo, vos parame cuando me pasa eso ¡eh!.
Y la semana pasada cayó Germán también che, lo ví como siempre, me dijo que habló con el tordo y le dijeron que estaba mejor, pero estaba fumando mucho, meta cigarro, yo lo conozco, sabía que me estaba mintiendo, pero le seguí el juego, ¿viste que siempre nos dijimos la verdad?; vaya a saber por que me habrá mentido, esa mirada no miente, estaba esquiva, yo lo noté, y ocultaba sus manos, sus puños se cerraban, pero me hice el boludo, a veces es mejor para el otro, además nunca quise preocuparlo de más, siempre se portó bien, me dio una mano increíble cuando… mirá mejor no recordarlo, aunque a veces me cuesta horrores recordar cómo fue. Lo mejor ahora es escucharse un buen rock, ¿te sigue gustando Kiss?; yo estoy escuchando mucho Almafuerte, es como que siento más las letras ahora, lo que también siento cada tanto son unas puntadas en el estómago, ¿podés creerlo?, ¡y extraño algunas cosas ¡che, eh!, de lugano poco me acuerdo ya, pero anteanoche me acordé de cuando dormía en la casa de mi abuela… ¡como pasan lo años!, me acuerdo de aquellos muebles viejos que de noche hacían ruido y se confundían con la sombras, ¡¡¡que miedo que tenía!!!, ahí si que me costaba dormir, pero por otras cuestiones, no como ahora, y que lindo era dormirse, no se, aunque sea ocho horitas, que bueno ¿no?, dormirse ocho horitas y levantarte hecho un pinturita y guerrearla todo el día.
Que lindo que era dormir…

miércoles, 6 de mayo de 2009

La ignorancia mata…

No hay una puta noticia, dijo el director de aquel diario, bastante enojado. ¿Pero qué quiere que hagamos jefe?, no pasa nada. Búsquenme noticias ya, para eso les pago. El portazo les indicó que allí se terminó la conversación. El gobierno ya había hecho un gran display de medidas a tomar y muchas ya estaban en marcha, políticamente estaba todo en “orden”, así que de inmediato se pusieron a buscar “historias de vida”, esas cosas siempre venden, pensaron y a la carga con eso. Tristemente hallaron muchas historias y con eso salvaron momentáneamente la situación, pero hete aquí que un periodista dio con una historia que le llamó fuertemente la atención, y es la historia que les voy a contar a continuación:
En la habitación 512 de un hospital del interior, se hallaba parte del ala de terapia intensiva. Misteriosamente todos los viernes los pacientes que se encontraban en la cama número 5 morían de causas desconocidas. El tema es que esto empezó a levantar revuelo en aquel hospital, jamás había ocurrido algo así, y claro, las noticias comienzan a correr y empieza esa suerte de teléfono descompuesto y las especulaciones también. Se habló mucho de ese tema, las teorías fueron de las más variadas, desde extraterrestres, pasando por un portal celestial que se abría a la misma hora todos los viernes, también se habló de un exceso de ondas electrostáticas que jamás pudo ser comprobado. Entre los médicos también se hablaban cosas, pero se cuidaban mucho de a quien se lo decían, temerosos por las pérdidas de sus puestos laborales y para no aumentar la mala fama que estaba ganando aquel lugar.
El asunto fue resuelto por un médico recién ingresado al hospital y es el día de hoy que aún no puede salir de su asombro. Obviamente el diario tuvo la exclusividad y el seguimiento del caso, la cosa fue más o menos así: luego de la sexta muerte, una enfermera se quedaba en el lugar supervisando lo que sucedía, el tema es que había una empleada que se dedicaba exclusivamente de la limpieza; por lo general cuando ella ingresaba en esa habitación, la enfermera aprovechaba para tomar un café o para ir al baño. Y Dios te libre de una sorpresa tan macabra, siempre que volvía a la habitación había un nuevo habitante en la necrópolis.
Lo que el médico aquel contó en exclusiva para aquel diario fue que al ingresar a la habitación pudo observar como la empleada, desenchufaba los equipos de aquella cama para enchufar la aspiradora. El azar y el bajo presupuesto en salud quisieron que las baterías de los equipos estén en mal estado y no funcionasen. La suerte decidió que aquel médico desenchufara aquella aspiradora y salve a aquella persona de la muerte. Le quitó los auriculares de los oídos a la empleada y le explicó lo erróneo de su proceder, casi al borde del llanto.
La empleada fue enjuiciada y sentenciada a una pena de 15 años por no haber tenido educación desde pequeña, algo muy típico en África.

sábado, 2 de mayo de 2009

Casa nueva …

La mesa llena de gente, la mesa vacía, la mesa limpia, la mesa llena de diarios, revistas y otras cosas. La habitación desprolija, la habitación en perfecto orden, la habitación sucia, la habitación sola, la habitación acompañada.
Libros cerrados, libros en una suerte de biblioteca, libros en el piso, libros abiertos de par en par, libros abiertos en una hoja que el viento eligió al azar. Un Blood Hound que viene y va, un Blood Hound que no se encuentra, un axolote lo mira atónito, trata de comprenderlo, pero no puede. Aunque a decir verdad ya pasó por lo mismo hace un tiempo.
La cocina… la cocina a veces en perfecto orden, otras veces es un desastre, a veces cocina él, otras veces cocina alguien más. Los verdes solos, los verdes acompañados, a veces frío, a veces lavados. Ahhh eso si, el mate nunca falta, que joder.
En un extremo de la mesa Ramiro tocando la guitarra, en el otro, Manuel barajando para empezar una nueva jugada, Javier y Diego mirándose a los ojos, fumándose un cigarrillo y tomando coñac; mientras el mundo gira, abajo un vecino mira la tele, restos de la cena fría, en medio de la mesa.
El hombre solo, en casa sola, mirada perdida en lo lejos, mientra nace el alba en la ciudad enferma.
Y ese es un perfecto relato del primer lugar donde viviré solo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Imaginación de un asesino…

Seleccionó su ropa, buscó una remera de su gusto, preparó sus zapatillas, tomó un par de medias del cajón superior de su ropero, casi se olvidó del calzoncillo. Entró muy tranquilo al baño de su casa, el plan era bañarse sin sobresaltos para luego salir a las apuradas (como siempre) con rumbo a la facultad, pero dicho plan fue desterrado unos minutos de su cabeza por cuestiones ajenas a él.
¡Y claro!, no era común ver algo así, se detuvo un instante para observar, no podía creer lo que veía, era la primera vez que ocurría algo así en aquel ambiente de su hogar. Pasmado, estudió la situación. Él no quería una compañía de ese tipo mientras se bañaba, pero tampoco quería llegar a tomar una decisión tan drástica. Nunca le gustó compartir el baño mientras se duchaba, y ésta vez no sería la excepción a dicha regla, si es que podemos llamarla así, y por más femenina que sea su camarada ocasional.
La idea comenzó a coquetear en su cabeza, pero la otra mitad le decía que no era menester llegar a ese extremo… para variar, ganó la parte “mala” de su cerebro, que ordenó a su mente a imaginarse como sería llevar acabo tan macabro plan.
El primer paso sería golpearla hasta dejarla inconciente de alguna forma, una vez que ello sucediera, caería en el agua. ¡Pobre!, la cañería la ahogaría en cuestión de segundo, el caudal de agua sería brutal para ella, la arrastraría hasta los confines mismos de las cloacas de Buenos Aires, donde la probabilidad de supervivencia serían mínimas para cualquiera. La corriente misma del agua haría el resto del sucio trabajo, quitándole cualquier posibilidad de vida, en vano sería que se aferre a alguna saliente o pared interna de los caños, el impulso impetuoso del agua la llevaría sin escalas y con flujo turbulento hasta el Río de la Plata y desde allí su cadáver flotaría hasta los confines mismos de éste, quizás, y si tiene suerte llegaría al mar; ¿y por qué no al océano atlántico?.
Conforme con lo que la imaginación le dijo en voz baja y hasta con el agregado de imágenes visuales y todo, llevó a cabo dicho plan. Vale aclarar que el mismo se realizó conforme a lo planeado y con el resultado esperado.
Mientras se bañaba y esbozaba una sonrisa, se dijo a sí mismo: Seguro que con esto, ninguna araña va a aparecer cuando esté por bañarme.

domingo, 26 de abril de 2009

Encuentro imaginario…

Es bueno saber que si se me cae una lágrima a ella se le caen tres, es hermoso que ella se haga eco de mis boludeces, que me haga sentir el tipo más importante para alguien por lo menos, que pese a todo se hace un lugar para saludarme una vez al día aunque sea...
No muchos supieron captar mi año de mierda que fue el 2008 y todavía es éste 2009 para mí y ella sin saberlo en realidad, le fue dando un color diferente a la cosa y contándome sus bajones diarios me hacía sentir que no estaba tan solo en el mundo… y de a poquito con sus males tan iguales a los míos (y tan distintos también), sus bajones, sus horas de llanto que me caracterizaban tanto (en otra época al menos), me hizo sentir que podía hacer algo por alguien y alegrarle la vida como ella me la estaba alegrando a mí sin darse cuenta. Sin conocerla.
Para mí una madrugada que no hablo con ella es diferente, y triste a cuando me voy a dormir sin sus últimas palabras en mis retinas… irme a dormir sin eso es como no haber almorzado y cenado más o menos.
Es muy poderoso contarle mis historias de cada día sabiendo que ella las disfruta tanto o más que yo, eso me hace sentir orgulloso, me hace sentir que algo estoy haciendo bien por lo menos. Cada vez que la veo, logra que vuelva a casa con esa sensación de que no hay nada malo, ni nada desequilibrado en mi vida (cuando en realidad sabemos que no es así), pero su presencia me deja ese ánimo por dentro y esa cosa que te hace olvidar todo lo otro que te arruinaría un poco la “existencia”… sentir que por más que te mates escribiendo no alcanzan las palabras para explicar lo magnífica que es y lo agradecido que estoy a no sé que fuerza del más allá o del más acá que hizo que de “casualidad” la conozca y que le haya caído tan bien como para que hoy en día me quiera tanto.. eso si, no más de lo que yo la quiero a ella.
Quiero que te quedes en mi vida por siempre, haciéndome mates, tomando un buen vino y bancándome en todas las locuras que hoy todavía no puedo hacer (o no me animo), que me sequés las lágrimas que lamentablemente caerán en algún momento, con todo lo que me hará daño, tengo plena confianza que ella va a saber cuidarme, y yo estaré para que todo eso directamente a vos no te pase.



Hace rato quería expresar algo así, el destino es increíble a veces y me permitió hallar unas hermosas palabras (de esas que hoy ya casi no existen) y bueno, consultándola a la persona que la escribió, la misma me permitió extraer algunos fragmentos de aquella bella escritura, la cual me tomé el atrevimiento de cambiar algunas cosas y compartirlas con ustedes.
Y esto es lo lindo de escribir, porque capaz que cuando uno escribe lo hace pensando en algo que vivió, imaginó, pensó, soñó y aquel que lee, lo interpreta de otra forma, y que es a la vez totalmente válida también. La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la sepa utilizar.
Gracias por compartir ese “pedazo de tu vida”.
Y así terminó una semana desde aquel adiós después del adiós…

sábado, 25 de abril de 2009

El adiós después del adiós V…

Sigue teniendo el mismo problema que viene teniendo desde hace unos meses, ese problema superlativo tiene nombre y apellido, y aunque trate de negarlo ya son varios los que lo saben, e intentan ayudarlo de alguna forma… como si eso cambiara algo, aunque en vano intentan ayudar, por supuesto que él lo sabe, lo comprende a la perfección, pero se siente más allá… quiere algo más que las palabras ya clásicas que el folklore popular ya tiene instalado en el vocabulario de cada porteño y que se adapta a cualquier tipo de situación, sea de la índole que sea. Siempre se molestó por esas cosas y aunque ahora también le molesta, le da menos importancia.
Escuchó de todo en estos días:
“Cortala de una vez!, esa flaca no te hizo ni te esta haciendo bien Ro!”.
“Lo pasado pisado”. “Un clavo saca a otro clavo”. “Si no se dio es por que no tenía que darse”. “Tal vez no era para vos”. “Vos estás para más”.
“Ahora tenés que buscarte una chica linda y vivir la vida”.

Vivir la vida… le contaron una frase harto conocida de Paulo Coelho: “Cuando deseas alcanzar u obtener algo en la vida, el universo conspira para que lo logres”. ¡¡¡¡Pero por favor!!!!, basta de chamuyar con esas cosas, dijo ante la mirada atónita de aquella persona que la profirió, pero no le alcanzó con eso, la operación siguiente fue la de reírse, calculo yo que cuando a una persona algo lo supera, se le da por la risa, quizás fue una risa irónica, algo muy típico en él también.
Pero hubo una frase que lo dejó taciturno y dubitativo un buen rato y a la cual no pudo responder, a decir verdad, aún se lo está planteando… sabemos que siempre fue de tratar de hallar respuestas a los sucesos, analiza todo, busca soluciones, pero esa ecuación no le cerraba. La frase en cuestión fue: “tiene miedo que la quieran, por ahí le tiene miedo al compromiso”.
¿Pero será posible?, jamás tuvo esa variable en la cabeza, pero por otro lado intenta no pensar en esas cosas, eso genera esperanzas, hace volver a creer en los milagros, y le gusta, le excita, pero la realidad lo golpea y fuerte.
Lo veo todos los días inventar rutinas diferentes, hace unos días con un buen amigo hizo un pleno al futuro y sumó un par de kilómetros a la esperanza, también fue a hacer algo por la patria en la que aún cree (una de las pocas cosas en las que aún cree) y se sorprendió con el apoyo de otro gran amigo que la vida le regaló hace ya unos años.
Y aunque los milagros no le tienen muchas ganas, espera encontrar una solución a su problema con nombre y apellido, aunque ello conlleve a la improvisación, ya que jamás supo como actuar.

viernes, 24 de abril de 2009

El adiós después del adiós IV…

Lleva consigo muchas cosas, algunas son buenas, otras no tanto, hace un tiempo que dejó de llevar las que creía malas. Lleva consigo aquel beso que selló un maldito final, lleva temores, lleva fracasos estrepitosos (muchos) también y a veces le suelen pesar bastante.
Pero ya estaba cansado de jugar al ave fénix, de resurgir de sus cenizas, de esa eterna monotonidad de morir para volver a vivir, de ese juego eterno, del mismo final, de la muerte, de la vida; a ver... suave, suavísimo, muy despacio para que no se entere su corazón de que esto no es una despedida, su amor quiere decirte que esta carta (por llamarlo de algún modo) no es el final, y avisarte que para no herirte/se eligió nuevamente salir con la soledad... su compañera más duradera.
Ya no recuerda la última lágrima que por vos derramó, pero te cuento que hubo un llanto en el cual una palabra moría y en esa palabra agonizante decía lo mucho que te quiere y extraña, el cielo desde entonces se nubla y llora, llora todo lo que él no puedo llorar. Y créeme que es bastante.
Quiso marcharse, intentó salir de tu vida, muy despacio, sin hacer demasiado ruido, nunca le gustó mucho eso, pero así decidió dejarte, dejarse, dejarlos. Quiso decir adiós como cuando una vez, hace un tiempo atrás dijo hola, sin abusar de verborragias y monotonismos, sin explicaciones, pues recaían en la redundancia. Salir a hurtadillas fue su premisa, y así fue, o al menos eso cree, salió sin hacer demasiado ruido, pero al cerrar la puerta desgraciadamente otra persona despertó. Un ser grotesco que surge del dolor, un ser ignoto e ingrato que le arrebató sin piedad el amor.
Extraña los “toques” que recibía en sus días, descubrió que puede amoldarse a ciertas rutinas, aunque nunca fue un fanático de esas cosas. Pero también se lo ve cansado, más que nunca, me podés creer, se la pasa haciéndole preguntas cursis al destino, como si éste le fuese a responder algo (ambos sabemos que nunca sucedió), está cansado nena, cansado de darse la ñata contra el muro del destino, y esto que quede entre nosotros, pero a mi también me tiene cansado… tendrías que verlo, no tiene ganas de nada, se aburre con facilidad y se plantea cosas ridículas… por poner un ejemplo perfumado, las rosas son hermosas, ¿pero a qué se debe su penosa amistad con las espinas?. ¿Y a quién le importan esas cosas?, le pregunté en vano, ya que no recibí respuesta alguna.
Anoche me pidió, medio moribundo, que lo medique con Haloperidol, le dije nada de drogas (por el momento), de todas maneras le di un té Vick, quizás le sirva para ese terrible resfriado que viene arrastrando desde hace unos días.

jueves, 23 de abril de 2009

El adiós después del adiós III…

El adiós después del adiós, no fue una segunda despedida, aunque en cierta forma si lo fue, pero aún piensa que fue una confirmación a la despedida real, al adiós que se suscitó en un principio.
Aquel pensamiento recurrente no lo abandonaba, a decir verdad, lo hacía por momentos, pero siempre regresaba; las noches eran su peor tortura, como siempre. Mañana decidió que va a renacer por quinta vez, pero hoy no puede, hoy no llega, hoy no quiere…
Reflexionó que aún se deben un viaje en ese extraño nuevo tren de Puerto Madero, aquellas papas fritas a la provenzal con una Heineken y las pizzas de mamá. Aunque también recordó aquellos besos que tuvo que guardarse… tal vez deban quedar pendiente para otra vida, quizás no, por ahí se los cobrará en un futuro próximo, aunque eso está en duda... Pensar todo el tiempo, simular que todo está bien (aunque le cuesta) y que todo seguirá por el mismo camino, de esa misma forma.
Y algunos momentos y sensaciones regresaron de forma maliciosa: “por que el amor cuando no muere mata, por que amores que matan nunca mueren”. ¿Qué quiso decir?; ¿a qué se refería?. Lo justificó apropiadamente diciéndose que a veces uno escribe algunas cosas por contexto y debido a determinados momentos y situaciones, que no siempre uno puede sostener lo que afirma con las palabras. Hay cierta magia en eso también.
¡¡Y esa frase!!. “Pegó en el palo”; ¿qué mierda significa eso?, siguió pensando. ¿Por qué no se conocieron hace 6 años?. Fracaso y victoria fusionados en una sensación difícil de explicar.
Flashes, momentos, recuerdos… Cruzó los dedos, pensó que esta vez lo iba a abrazar la Venus de Milo. Otra decepción más…
Hay que hacer el bolso, lagrimear, seguir la procesión y vestirse de olvidar. Le dijo la gente al verlo, pero él siempre supo que los milagros se le rieron (y le seguirán riendo) en la cara.
Al terminar de escribir esto, dijo en voz baja: Decime nena ¿cómo se hace para llegar a tu corazón, con ese pasado atacando y con este ejército en retirada?.

miércoles, 22 de abril de 2009

Adiós barco mío…

Solo me encuentro en la playa de mi vida,
solo y con aquel último beso.
Contemplando estoy tu partida,
vociferando sin ganas mi saludo,
invadido de la más cruel emoción.

¡Adiós barco mío que sola te marchas!
hastiada seguro de tanto navegar.
¡Lejos!. Muy lejos, allá en lontananza,
¿qué más puede hacerse desde acá?.

Si lo deseas, yo te acompañaré,
me convertiré en una gaviota
que cual centinela te seguirá.
¿Por qué, mi barco te marchas?.
¡Que solo me voy a quedar!.

¡Adiós barco mío que sola te marchas!
contigo llevas mi esperanza.
¿Dónde te podré volver a hallar?.
Confundida con la niebla,
y alejándote a cada instante aún más,
ya ni siquiera puedo verte,
pero en ti aún no dejo de pensar.

Cuando te encuentres tan lejos,
que la tierra no veas ya,
te confundirás al fin con el azul
del cielo y la inmensidad del mar.

Noticias tuyas me cuentan las olas
noticias de cuando te vieron marchar.
¡Adiós mi barco, tristemente marchaste!.
Y yo en la playa de mi vida
espero mi desgarrante desenlace.