Soy el que te espera cada noche,
soy el que verte siempre ansía.
Soy el que viendo las estrellas
tus ojos iluminados imagina.
Soy quien se ampara en la soledad
al no tenerte o saberte encontrar.
Soy aquel que se pregunta cada noche:
¿de qué me sirve tanta sabiduría
si para enamorarte no la sé utilizar?.
Soy una estrella perdida en el universo.
Soy el secreto oculto en tu conciencia.
Soy aquella brisa helada que sentiste
esa tarde cuando te abrazó la tristeza.
Soy el misterio que tiene nombre,
soy ese conocido que no conoces.
Soy las letras que a los silencios le da vida;
soy imagen mentirosa reflejada.
Soy quien espera inquieto y con ansias
ese abrazo imposible que no se concretará.
Soy tantas cosas y a la vez nada,
soy un río profundo y sin orillas
donde te recomendaría nunca pescar.
Soy estas palabras sutilmente embellecidas,
soy quien pone en tus labios estas dulces rimas,
soy el beso que suaviza tus heridas,
soy quien te escribe esta poesía.
miércoles, 16 de marzo de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
Sólo tenía 17…
Ella sólo tenía 17 y sin dudas era la belleza más impresionante del lugar, en realidad lo era para mi, pero ¿quién más importa en este caso?; la hermosura de sus ojos nunca me dejaron de hipnotizar y eso era doblemente terrible dado que no podía dejar de mirarlos y nunca pude sacarme esa mirada de mi cabeza, aún hoy los recuerdos como si fuese esa noche.
Esa noche la recuerdo muy bien, no por lo espectacular del cielo y aquel sin fin de perlas que de él suspendían, sino por como comenzó todo. Escoltado por mis dos fieles escuderos Darío y Jorge, llegamos a aquella esquina; Verónica vio con agrado nuestro arribo y enseguida salió a nuestro encuentro para saludarnos. Había una alegría indisimulable en la cara de mi amiga al verme, sus sonrisa era de oreja a oreja. Fiel al hábito protocolar de todo encuentro comenzamos una charla que abarcó una infinidad de temas que la verdad, al día de hoy no recuerdo bien, aunque creo que no sumaría nada a esta suerte de relato que estoy haciendo o intentando por lo menos.
La charla fue interrumpida por la llegada de aquel estruendoso y falso tren que pasaba del asfalto al empedrado que hay en esa parte de la Av. Rivadavia para estacionar. Un montón de personas saltaban y gritaban al son de la música reinante en aquel vagón, había muchas personas, hasta que en un momento se abrió un claro entre ellas, y ahí apareció ella, vestida de hada.
No podía salir de mi asombro al verla vestida de esa manera, cada movimiento, cada gesto, sus piernas, eran las mejores piernas del lugar, no terminé de pensar eso que saltó de ese vagón y comenzó a correr, cuando pude advertilo ya estaba saltando a mis brazos… les juro que no me dio tiempo de saludarla, selló aquel momento, quizás con el beso más hermoso y largo que me dieron en mi vida.
Esa noche fue especial, más allá de las bebidas y el baile, la pasamos de lo más bien, anoté en el cuaderno de bitácoras aquellos besos que guardaba y supe darle, los abrazos interminables que no se querían acabar, y el recuerdo de la etapa más feliz de mi vida, llena de vértigos y misterios por descubrir…
Después llegaron los inviernos cabizbajos, las tardes lerdas que no querían irse, desfiles incesantes de caprichos, alfileres que no podían sostener algunas situaciones, tropiezos y supersticiones, reproches que hablaban de más, ocupaciones varias y falta de tiempo, alguna que otra caricia de manos suaves, pero el final sería el mismo con ella como con las demás… es difícil ayudar a crecer a alguien que no quiere.
Ella tenía 17 y yo también.
Esa noche la recuerdo muy bien, no por lo espectacular del cielo y aquel sin fin de perlas que de él suspendían, sino por como comenzó todo. Escoltado por mis dos fieles escuderos Darío y Jorge, llegamos a aquella esquina; Verónica vio con agrado nuestro arribo y enseguida salió a nuestro encuentro para saludarnos. Había una alegría indisimulable en la cara de mi amiga al verme, sus sonrisa era de oreja a oreja. Fiel al hábito protocolar de todo encuentro comenzamos una charla que abarcó una infinidad de temas que la verdad, al día de hoy no recuerdo bien, aunque creo que no sumaría nada a esta suerte de relato que estoy haciendo o intentando por lo menos.
La charla fue interrumpida por la llegada de aquel estruendoso y falso tren que pasaba del asfalto al empedrado que hay en esa parte de la Av. Rivadavia para estacionar. Un montón de personas saltaban y gritaban al son de la música reinante en aquel vagón, había muchas personas, hasta que en un momento se abrió un claro entre ellas, y ahí apareció ella, vestida de hada.
No podía salir de mi asombro al verla vestida de esa manera, cada movimiento, cada gesto, sus piernas, eran las mejores piernas del lugar, no terminé de pensar eso que saltó de ese vagón y comenzó a correr, cuando pude advertilo ya estaba saltando a mis brazos… les juro que no me dio tiempo de saludarla, selló aquel momento, quizás con el beso más hermoso y largo que me dieron en mi vida.
Esa noche fue especial, más allá de las bebidas y el baile, la pasamos de lo más bien, anoté en el cuaderno de bitácoras aquellos besos que guardaba y supe darle, los abrazos interminables que no se querían acabar, y el recuerdo de la etapa más feliz de mi vida, llena de vértigos y misterios por descubrir…
Después llegaron los inviernos cabizbajos, las tardes lerdas que no querían irse, desfiles incesantes de caprichos, alfileres que no podían sostener algunas situaciones, tropiezos y supersticiones, reproches que hablaban de más, ocupaciones varias y falta de tiempo, alguna que otra caricia de manos suaves, pero el final sería el mismo con ella como con las demás… es difícil ayudar a crecer a alguien que no quiere.
Ella tenía 17 y yo también.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Navegante…
Te espera sin querer hacerlo.
Te busca sin ánimo de encontrarte,
te llama para hablar de nada,
te piensa sin decir tu nombre.
Se aleja de tu puerto de aguas calmas,
es el navegante que navega
en aguas densas y opacas.
Dime la verdad sin endulzarla;
¿acaso crees que haya esperanzas?.
Callando todo lo que no dice,
profiriendo lo que se le ocurre,
un pensamiento rompe el silencio
en las aguas sucias que envenenan las almas,
un pensamiento terrible, quizás no lo quieras.
Le canta una canción a Neptuno,
y le escribe poesías a la Luna.
No existe hombre de mar
que no se pueda ahogar.
No hay nada que explicar,
no hay nada que entender,
hoy la azul luz de aquel faro
marca el destino del navegante
que con dubitativas manos,
timonea a su navío.
De la carta al timón,
al revés la corrección,
y es que el que ha naufragado
teme al mar aún cuando está calmo.
El tiempo y la marea ni se paran ni esperan,
en calma de mar no cree, por sereno que lo vea.
Mejor navega el que tiene buen viento
que quien rema con mucho aliento,
sabe que la mar y la mujer
de lejos se han de ver.
Llenando el mar, con sus lágrimas de pena,
el navegante recordará aquella apuesta
de amor que uno de los dos perdió.
¿Por qué pasaste a lo lejos y no amarraste tu barco?
Piensa el navegante cuando te recuerda a vos.
Te busca sin ánimo de encontrarte,
te llama para hablar de nada,
te piensa sin decir tu nombre.
Se aleja de tu puerto de aguas calmas,
es el navegante que navega
en aguas densas y opacas.
Dime la verdad sin endulzarla;
¿acaso crees que haya esperanzas?.
Callando todo lo que no dice,
profiriendo lo que se le ocurre,
un pensamiento rompe el silencio
en las aguas sucias que envenenan las almas,
un pensamiento terrible, quizás no lo quieras.
Le canta una canción a Neptuno,
y le escribe poesías a la Luna.
No existe hombre de mar
que no se pueda ahogar.
No hay nada que explicar,
no hay nada que entender,
hoy la azul luz de aquel faro
marca el destino del navegante
que con dubitativas manos,
timonea a su navío.
De la carta al timón,
al revés la corrección,
y es que el que ha naufragado
teme al mar aún cuando está calmo.
El tiempo y la marea ni se paran ni esperan,
en calma de mar no cree, por sereno que lo vea.
Mejor navega el que tiene buen viento
que quien rema con mucho aliento,
sabe que la mar y la mujer
de lejos se han de ver.
Llenando el mar, con sus lágrimas de pena,
el navegante recordará aquella apuesta
de amor que uno de los dos perdió.
¿Por qué pasaste a lo lejos y no amarraste tu barco?
Piensa el navegante cuando te recuerda a vos.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Cocoteros, Cacatúas y bolitas lecheras…
La jefa a veces es incapaz de evaluar los riesgos, pensaba Literio, al verla a ella jugando al pie de un cocotero con una Cacatúa y una bolita de vidrio, de esas denominas “lecheras” por su color blanco el cual se combinaba con distintos matices de verdes, naranjas y rojos.
Alarmado ante este cuadro, Literio determinó la altura del árbol y la curva que describía el tronco del mismo, pero claro, eso no era lo que más le incomodaba, en la cima se hallaban diez hermosos cocos, grandes, relucientes, maduros, que lo incomodaban en demasía… tanto que comenzó a pensar que esos cocos podrían caer todos juntos, o de a uno, o solamente uno en la cabeza de su jefa.
Por eso mientras la jefa corría en rededor del tronco persiguiendo a la Cacatúa, Literio se dedicaba a realizar cálculos probabilísticos, tomando todo tipo de sucesos y llegó a la determinación de que al menos un coco podría caerle en la cabeza a su jefa mientras ésta estuviese divirtiéndose allí. Es por ello que pensó en advertile a su jefa del riesgo que suponía su presencia debajo del cocotero, pero conociéndola, sabía que no le iba a prestar atención.
Inmediatamente se fue corriendo al hospital más cercano y pidió la lista de aquellos médicos especializados en traumatismos y los marcó con resaltador, acto seguido recorrió las instalaciones y al corroborar que todo estaba bien para la atención de su jefa (en caso de un accidente), decidió retornar a donde ella estaba, es decir debajo de aquel cocotero, con la Cacatúa y la bolita lechera.
Mientras llegaba resolvió un ejercicio de caída libre para determinar con que velocidad y fuerza caería el coco sobre su jefa, a la vez que pensaba que en la Cacatúa sería igual estando ella en tierra o menos si ésta estaría volando… poca importancia le dio a la bolita lechera, eso si...
Cuando llegó al sitio todo era un caos, la Cacatúa ya se había volado, la bolita lechera era usada por unos niños que estaban jugando con ella y la jefa estaba colgada del cocotero con unos larga vistas intentado ver las costas de Colonia del Sacramento y quejándose por que quería comer waffles con dulce de leche.
Alarmado ante este cuadro, Literio determinó la altura del árbol y la curva que describía el tronco del mismo, pero claro, eso no era lo que más le incomodaba, en la cima se hallaban diez hermosos cocos, grandes, relucientes, maduros, que lo incomodaban en demasía… tanto que comenzó a pensar que esos cocos podrían caer todos juntos, o de a uno, o solamente uno en la cabeza de su jefa.
Por eso mientras la jefa corría en rededor del tronco persiguiendo a la Cacatúa, Literio se dedicaba a realizar cálculos probabilísticos, tomando todo tipo de sucesos y llegó a la determinación de que al menos un coco podría caerle en la cabeza a su jefa mientras ésta estuviese divirtiéndose allí. Es por ello que pensó en advertile a su jefa del riesgo que suponía su presencia debajo del cocotero, pero conociéndola, sabía que no le iba a prestar atención.
Inmediatamente se fue corriendo al hospital más cercano y pidió la lista de aquellos médicos especializados en traumatismos y los marcó con resaltador, acto seguido recorrió las instalaciones y al corroborar que todo estaba bien para la atención de su jefa (en caso de un accidente), decidió retornar a donde ella estaba, es decir debajo de aquel cocotero, con la Cacatúa y la bolita lechera.
Mientras llegaba resolvió un ejercicio de caída libre para determinar con que velocidad y fuerza caería el coco sobre su jefa, a la vez que pensaba que en la Cacatúa sería igual estando ella en tierra o menos si ésta estaría volando… poca importancia le dio a la bolita lechera, eso si...
Cuando llegó al sitio todo era un caos, la Cacatúa ya se había volado, la bolita lechera era usada por unos niños que estaban jugando con ella y la jefa estaba colgada del cocotero con unos larga vistas intentado ver las costas de Colonia del Sacramento y quejándose por que quería comer waffles con dulce de leche.
miércoles, 19 de enero de 2011
Te ví…
Esta noche te ví, pero no era como en la canción de Fito que juntabas margaritas del mantel, no, claro que no; te ví en varios recuerdos de los más hermosos que atesoro para contarles a la posteridad, también te ví en ese huequito que lleva tu nombre en mi corazón, ví tu nombre escrito a fuego en esa lista de gente importante que dejaron su huella en mi existencia… aunque no lo creas te ví.
Te ví al lado mío en un viaje que nunca vamos a hacer, te ví cocinando un pastel de papa mientras yo descorchaba un Shiraz-Bonarda; en verdad estabas ahí ayudándome a subir ese cerro que dejo pendiente para hacerlo contigo o a lo mejor sin darme cuenta también te ví escondida en este escrito que no lleva tu nombre, sino sólo lo que ví esta noche.
Te ví, no me digas que no estabas allí, cuando me recibí, o la semana pasada cuando estaba dibujando en el pizarrón para que los chicos entendieran mejor de las cosas de las que estaba hablando… te sentí yo sé que estabas ahí, en aquella foto que saqué a aquel atardecer donde el Sol se despedía desde el abra de la ventana con la promesa de volver al día siguiente.
Te encontré, después de mucho tiempo te encontré en un solo de guitarra que me perforaba el alma; o en aquellos mates al costado de la autopista, debajo de ese avión que homenajea a los pioneros aviadores de la capital… no lo niegues, me cebaste unos cuantos mates mientras mi mirada se perdía en la sucesión hipnótica de líneas discontinuas que separa cada carril. También te ví en aquella sombra indescriptible en esa noche lluviosa luego de hablar contigo por la pc y una tarde de domingo mientras estaba abocado a la corrección de láminas de dibujo técnico.
Voy a confesarlo, te ví esta mañana ayudándome a elegir el color de mi corbata para que combine con la camisa que me puse, también estabas ahí cuando emprolijaste el nudo de la misma, te hallé en dos o tres versos que no tienen nombre y que por estúpido olvidé en una hoja de papel en el colectivo.
No deja de darme bronca el hecho de que esto no sea del todo cierto, que no pueda concretarse de forma alguna… sería tan lindo…
Puedo jurarte que te ví, aunque no estabas allí…
Te ví al lado mío en un viaje que nunca vamos a hacer, te ví cocinando un pastel de papa mientras yo descorchaba un Shiraz-Bonarda; en verdad estabas ahí ayudándome a subir ese cerro que dejo pendiente para hacerlo contigo o a lo mejor sin darme cuenta también te ví escondida en este escrito que no lleva tu nombre, sino sólo lo que ví esta noche.
Te ví, no me digas que no estabas allí, cuando me recibí, o la semana pasada cuando estaba dibujando en el pizarrón para que los chicos entendieran mejor de las cosas de las que estaba hablando… te sentí yo sé que estabas ahí, en aquella foto que saqué a aquel atardecer donde el Sol se despedía desde el abra de la ventana con la promesa de volver al día siguiente.
Te encontré, después de mucho tiempo te encontré en un solo de guitarra que me perforaba el alma; o en aquellos mates al costado de la autopista, debajo de ese avión que homenajea a los pioneros aviadores de la capital… no lo niegues, me cebaste unos cuantos mates mientras mi mirada se perdía en la sucesión hipnótica de líneas discontinuas que separa cada carril. También te ví en aquella sombra indescriptible en esa noche lluviosa luego de hablar contigo por la pc y una tarde de domingo mientras estaba abocado a la corrección de láminas de dibujo técnico.
Voy a confesarlo, te ví esta mañana ayudándome a elegir el color de mi corbata para que combine con la camisa que me puse, también estabas ahí cuando emprolijaste el nudo de la misma, te hallé en dos o tres versos que no tienen nombre y que por estúpido olvidé en una hoja de papel en el colectivo.
No deja de darme bronca el hecho de que esto no sea del todo cierto, que no pueda concretarse de forma alguna… sería tan lindo…
Puedo jurarte que te ví, aunque no estabas allí…
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Aún no sabes quien soy…
Aún no sabes quien soy, ni si existo,
aún no logras creer en mi, ni soy lo que quieres.
Pero una pista te daré, cuando la luna te abrace,
y Júpiter esté de visita, piensa que a tu lado estaré.
Yo no te toco, ni te beso, ni te abrazo,
surco el cielo con la mirada
y al viento tu nombre le suspiro
implorándole al destino que algún día lo oigas.
Te miro desde mi perspectiva del mundo
como el farero que al mar vigila,
o a los barcos, o quizás lo obscuro.
Tus manos tampoco me conocen,
soy el suspiro de una nueva melodía
que una noche junto a ti inventé.
No me busques, piensa que a tu lado estaré.
En cambio yo algo sé de ti,
eres la flor que se enamoró del sol,
pero jamás de sus raíces.
Acorralada entre la pasión y el silencio,
eres ese amor secreto que te mantiene,
o lo que es mejor, sólo eres lo que eres.
Parece algo mágico e ilógico
y vaya si es verdad lo que piensas;
estos versos no pretenden ni serán
el jarabe que calmen nuestras heridas.
No soy lo que crees, no creas lo que ves,
no ves lo que soy, no sabes lo que soy,
estés donde estés, piensa que a tu lado estaré.
¿Es que aún no sabes quien soy?.
entonces una pista te daré, cuando la luna te abrace,
y Júpiter esté de visita, piensa que a tu lado estaré.
¿Entonces sabes quien soy?...
Supongo que ahora,
ya no necesitamos una presentación.
aún no logras creer en mi, ni soy lo que quieres.
Pero una pista te daré, cuando la luna te abrace,
y Júpiter esté de visita, piensa que a tu lado estaré.
Yo no te toco, ni te beso, ni te abrazo,
surco el cielo con la mirada
y al viento tu nombre le suspiro
implorándole al destino que algún día lo oigas.
Te miro desde mi perspectiva del mundo
como el farero que al mar vigila,
o a los barcos, o quizás lo obscuro.
Tus manos tampoco me conocen,
soy el suspiro de una nueva melodía
que una noche junto a ti inventé.
No me busques, piensa que a tu lado estaré.
En cambio yo algo sé de ti,
eres la flor que se enamoró del sol,
pero jamás de sus raíces.
Acorralada entre la pasión y el silencio,
eres ese amor secreto que te mantiene,
o lo que es mejor, sólo eres lo que eres.
Parece algo mágico e ilógico
y vaya si es verdad lo que piensas;
estos versos no pretenden ni serán
el jarabe que calmen nuestras heridas.
No soy lo que crees, no creas lo que ves,
no ves lo que soy, no sabes lo que soy,
estés donde estés, piensa que a tu lado estaré.
¿Es que aún no sabes quien soy?.
entonces una pista te daré, cuando la luna te abrace,
y Júpiter esté de visita, piensa que a tu lado estaré.
¿Entonces sabes quien soy?...
Supongo que ahora,
ya no necesitamos una presentación.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
La jefa…
No estaba del todo convencido de tomar aquel trabajo, pero la necesidad lo llevó a aceptarlo, después de todo siempre es mejor trabajar antes que hacer nada, pensó en aquel magro colectivo que lo llevaba hacia el trabajo en cuestión, mientras sumaba a sus argumentos la facilidad de horarios los días que cursaba en la facultad. El primer día quedó clavado bajo el Sol por que la jefa jamás apareció a la mañana, luego de almorzar y esperar un tiempo en una plaza cercana, volvió al negocio… rato después llegó su jefa montada en su bicicleta y abrió como si nada, como todos los días, casi sin prestarle atención a su presencia; por supuesto él tampoco prestó mayor atención por que Literio no es hombre curioso y sólo contesta cuando le hablan, por eso responde que no hay drama alguno cuando su jefa intentó explicarle los motivos de su retraso... vale aclarar que varias veces sucedió lo mismo en el transcurso del primer mes de trabajo, pero como todo, Literio con el tiempo se fue acostumbrando y no le dio jamás importancia alguna a aquel pequeño detalle.
Con el tiempo la relación pasó de distante a “menos distante”, algo en la jefa le llamaba la atención y es que más allá de lo correcto del trato y de muchas charlas con mate y sonrisas, había algo que los diferenciaba por demás.
Un Jueves mientras Literio se encontraba en la clase de física contemporánea y fue interrumpido por el estrepitoso llamado de su jefa consultándolo sobre como apagar el incendio de uno de los equipos de trabajo con los que contaban en el local. Historias como esas hay muchas, eso si…
Una tarde pasé por la esquina donde trabajan ambos y pude ver a Literio tratando de ayudar al mundo con soluciones prácticas de física clásica mientras atendía a una señora mayor que renegaba del trabajo mal realizado por la jefa, a la vez que ella, se encontraba observando la errante trayectoria de una polilla que se encontraba dentro del pequeño local.
Desde su puesto Literio hace lo mejor que puede, mientras la jefa se nefrega en todo y observa el vuelo de la polilla.
Con el tiempo la relación pasó de distante a “menos distante”, algo en la jefa le llamaba la atención y es que más allá de lo correcto del trato y de muchas charlas con mate y sonrisas, había algo que los diferenciaba por demás.
Un Jueves mientras Literio se encontraba en la clase de física contemporánea y fue interrumpido por el estrepitoso llamado de su jefa consultándolo sobre como apagar el incendio de uno de los equipos de trabajo con los que contaban en el local. Historias como esas hay muchas, eso si…
Una tarde pasé por la esquina donde trabajan ambos y pude ver a Literio tratando de ayudar al mundo con soluciones prácticas de física clásica mientras atendía a una señora mayor que renegaba del trabajo mal realizado por la jefa, a la vez que ella, se encontraba observando la errante trayectoria de una polilla que se encontraba dentro del pequeño local.
Desde su puesto Literio hace lo mejor que puede, mientras la jefa se nefrega en todo y observa el vuelo de la polilla.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Viernes 2hs (2 AM, como quieran)…
Se dedicó a descansar un poco la vista con el color verde del tablero de instrumentos, mientras con total lentitud se arrellanó en la butaca, gozando con el placer de sentirse abrazado, seguro y cómodo. Las melodías que propinaba Aspen eran la compañía ideal o al menos así lo sintió en aquel momento.
Encendió un cigarrillo mientras se dejaba acariciar por la brisa fresca que ingresaba en el habitáculo, por un segundo cerró los ojos y pensó que eso es lo más cercano a la paz que le tocó vivir en los últimos tiempos.
La Avenida General Paz desde hace tiempo es un trastorno para todo osado que se anime a transitar por ella, pero esa noche no era así, esa noche era de él, sin preocupaciones por el tránsito o por vehículos en el entorno; el capot iba devorando el asfalto, él se entregó de lleno a ese tabaco, a esa canción, a ese verde del tablero, a esa despreocupación del entorno… si, él se entregó de lleno a ese momento de libertad… de paz… a ese momento tan de él.
El movimiento rectilíneo uniforme, el sonido del motor a mil quinientas revoluciones por minuto, los ochenta kilómetros en la hora de velocidad máxima, la Luna expectante a su izquierda, la brisa, el no pensar, toda esa sumatoria de sucesos conformando aquel evento, lo llevaron con una sonrisa a su casa, donde su perra y la almohada lo esperaron deseosos de querer saber lo que el vivió en ese viaje de regreso a su hogar.
Encendió un cigarrillo mientras se dejaba acariciar por la brisa fresca que ingresaba en el habitáculo, por un segundo cerró los ojos y pensó que eso es lo más cercano a la paz que le tocó vivir en los últimos tiempos.
La Avenida General Paz desde hace tiempo es un trastorno para todo osado que se anime a transitar por ella, pero esa noche no era así, esa noche era de él, sin preocupaciones por el tránsito o por vehículos en el entorno; el capot iba devorando el asfalto, él se entregó de lleno a ese tabaco, a esa canción, a ese verde del tablero, a esa despreocupación del entorno… si, él se entregó de lleno a ese momento de libertad… de paz… a ese momento tan de él.
El movimiento rectilíneo uniforme, el sonido del motor a mil quinientas revoluciones por minuto, los ochenta kilómetros en la hora de velocidad máxima, la Luna expectante a su izquierda, la brisa, el no pensar, toda esa sumatoria de sucesos conformando aquel evento, lo llevaron con una sonrisa a su casa, donde su perra y la almohada lo esperaron deseosos de querer saber lo que el vivió en ese viaje de regreso a su hogar.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Tarde lluviosa en Chacarita (historias de Literio)…
Mirá, no se que pasa, el tiempo está loco últimamente… ayer hacía 30ºC y hoy llueve y hace 18ºC, así no dan ganas ni de salir… pero te voy a contar algo que pude observar el otro día cuando acompañado por un amigo fuimos a hacer unos trámites en el barrio de Chacarita.
La gotera no paraba de chorrear, afuera el cielo parecía no querer dejar de tirar agua tampoco, debajo del techo la gente comía, estudiaba y resolvía ejercicios varios de la materias que cursaban sin advertir la presencia del agua. Dos o tres curiosos se reunieron para concurrir al cónclave observador de ese evento, minutos después fueron cinco, cuando quise acordar ya eran como veinte al menos los que se agolpaban y realizaban un círculo, miraban todos aquel espectáculo, primero callados, luego musitando alguna opinión… todo muy discreto, casi sin levantar sospecha.
Un grupo de personas abandonó el círculo para asistir a sus obligaciones, empero fueron reemplazados por otro grupo de curiosos que intentaban descifrar el por que de tanto alboroto. El drama duró al menos una hora sin incidentes, hasta que empezaron a suscitarse opiniones encontradas, las cuales desembocaron en una leve escaramuza que no pasó a mayores por la autorregulación del propio grupo, que en tamaño cada vez mayor, se encontraba en torno a aquella novedad.
Algunos hastiados se alejaban de aquella comunión de personas para ventilar opiniones deportivas o políticas, o simplemente para volver a sus hogares.
Pero no tardó en aparecer alguien con un cuaderno, un lápiz y una calculadora, segundado por su fiel escudero que armado con una cinta métrica trepó al primer piso para tomar dimensiones; otro intrigado, se dedicó a medir la velocidad del viento, un poco más allá una señorita realizaba mediciones de temperatura ayudada por una amiga que estaba abocada a determinar la humedad relativa de ese ambiente. Cosas así no son de extrañar en lugares como ese.
Hasta allí era un cuadro normal de situación (por llamarlo de algún modo), y digo normal hasta que apareció Literio y tomó una muestra.
Una vez que corroboró que se trataba de agua, empezó a sacar cálculos del caudal de agua de aquella gotera, temeroso de que se produzca una inesperada inundación en aquel húmedo ambiente. Una vez que comprobó que ese suceso sería casi imposible, se lo comunicó a las personas allí reunidas, acto seguido, se retiró con una sonrisa y mucho más tranquilo, sabiendo en su interior que había hecho bien.
La gotera no paraba de chorrear, afuera el cielo parecía no querer dejar de tirar agua tampoco, debajo del techo la gente comía, estudiaba y resolvía ejercicios varios de la materias que cursaban sin advertir la presencia del agua. Dos o tres curiosos se reunieron para concurrir al cónclave observador de ese evento, minutos después fueron cinco, cuando quise acordar ya eran como veinte al menos los que se agolpaban y realizaban un círculo, miraban todos aquel espectáculo, primero callados, luego musitando alguna opinión… todo muy discreto, casi sin levantar sospecha.
Un grupo de personas abandonó el círculo para asistir a sus obligaciones, empero fueron reemplazados por otro grupo de curiosos que intentaban descifrar el por que de tanto alboroto. El drama duró al menos una hora sin incidentes, hasta que empezaron a suscitarse opiniones encontradas, las cuales desembocaron en una leve escaramuza que no pasó a mayores por la autorregulación del propio grupo, que en tamaño cada vez mayor, se encontraba en torno a aquella novedad.
Algunos hastiados se alejaban de aquella comunión de personas para ventilar opiniones deportivas o políticas, o simplemente para volver a sus hogares.
Pero no tardó en aparecer alguien con un cuaderno, un lápiz y una calculadora, segundado por su fiel escudero que armado con una cinta métrica trepó al primer piso para tomar dimensiones; otro intrigado, se dedicó a medir la velocidad del viento, un poco más allá una señorita realizaba mediciones de temperatura ayudada por una amiga que estaba abocada a determinar la humedad relativa de ese ambiente. Cosas así no son de extrañar en lugares como ese.
Hasta allí era un cuadro normal de situación (por llamarlo de algún modo), y digo normal hasta que apareció Literio y tomó una muestra.
Una vez que corroboró que se trataba de agua, empezó a sacar cálculos del caudal de agua de aquella gotera, temeroso de que se produzca una inesperada inundación en aquel húmedo ambiente. Una vez que comprobó que ese suceso sería casi imposible, se lo comunicó a las personas allí reunidas, acto seguido, se retiró con una sonrisa y mucho más tranquilo, sabiendo en su interior que había hecho bien.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Un tal Néstor…
Me baso en los dichos de otro, como ser el presidente venezolano Chávez, una persona así no muere, cierra los ojos y vela desde el cielo y vaya si lo intentó cuando estuvo aquí.
No quiero caer en esa adulación pos mortem que existe o impera en mi país desde que grandes personas que marcaron el siglo que nos antecede se fueron (por nombrar a Sandro, Fontanarrosa, la “negra” Sosa) o al mismo Alfonsín a quien siempre le quedé debiendo un homenaje y que llegado el momento lo haré. No damas y caballeros, no quiero caer en eso ni quiero que este escrito sea interpretado de esa manera, ya que esa no es la idea, ahora pues, si vas a leer esto con preconceptos, lo mejor, o mi sugerencia es que te evites la molestia y busques algo mejor en Internet, que seguro tendrá cosas más importantes o mejor redactadas de lo que se pueda encontrar por aquí.
Yo no me olvido de tus méritos, llegaste con el 22% y te fuiste con el doble o más, le devolviste a la imagen de presidente el valor que había perdido con la casi infinita sucesión de presidentes que te antecedió; asumiste con todo el congreso en contra y demostraste que eso no es condicionante para gobernar… te repito, yo no me olvido como se escupía o se le tiraban huevos al congreso y diputados/senadores cuando asumiste; no me extraña mirando hacia atrás como en poco tiempo todo eso cambió. Hiciste de tus ideales una política de gobierno: la alianza estratégica de América latina, devolviéndole al país el papel preponderante que siempre tuvo en la región, superando aún a la supuesta “potencia regional”; lograste que aquella pobreza del 50% se redujera a poco más de la mitad en tu mandato, dignificaste la educación, la salud, la investigación y desarrollo con el presupuesto más alto de la historia, lograste, sobre todo eso, lograste que vuelvan aquellos que se fueron a investigar a otros países, y lo que es mejor, repatriaste a los que se fueron a Europa u otros destinos cuando no encontraron más posibilidades aquí. No me olvido de las caras que había cuando asumiste y de las que veo ahora, con una sonrisa o apostando a comprar autos, viviendas, electrodomésticos o lo que sea.
Pero no quiero hablar de los que algunos advierten, no, eso no sería un homenaje digno, lo mejor es que hable de lo que yo viví, sentí/siento o pienso. Por vos me volvió la sonrisa, la esperanza y las ganas de apostar y tener proyectos personales, sin darme cuenta comencé a militar (muy a mi manera) y a incentivar a los jóvenes que hablen al menos de política, siempre brindando con el ejemplo que nos dejaste, pero remarcando los desaciertos que todo los gobiernos tienen, imaginarás querido Néstor, que no se puede complacer en un 100% a las personas.
Me enseñaste, lo más loco es que nunca advertí a partir de cuándo, pero me enseñaste que la política de redistribución es posible en nuestro país… vaya si lo lograste y estoy orgulloso de ello. Vos lograste cumplir dos grandes sueños, el primero cancelar la deuda con el FMI, recuerdo aquel año 1999 cuando estando en el primer año de la secundaria, hablaba del FMI con mi profesor de Educación Cívica, el abogado Caruzo y entrábamos en una suerte de círculo vicioso discursivos con argumentos totalmente válido para ambos y un respeto mutuo enorme flotando en aquella aula de 1º 7º, justo la primera a la vuelta del pasillo que está en el primer piso. El segundo sueño que me cumpliste fue cuando llamate al pueblo a no comprar a aquellas empresas que aumentaron sus precios (recuerdo Shell sobre todo), siempre quise que un presidente realice un llamado como ese al pueblo… lástima que nada sucedió…
Mi viejo en ese mismo año 1999, decía que le gustaba la idea que seas presidente, en 2003 lo conseguiste y no lo defraudaste, no hay día últimamente que no hablemos de vos, calculo que será su homenaje.
Néstor, querido Néstor, estos últimos días me emocioné mucho, pero de verdad eh, varias lágrimas y nudos en la garganta se presentaron sin aviso al ver a los jóvenes despidiéndote, al hablar de vos con mis alumnos o simplemente viendo la televisación de tu velorio, hasta en este preciso momento un fuerte nudo tengo en la garganta y ruego no ver tu imagen en la tele para que no se note la fragilidad que causó en mi tu paso a la inmortalidad.
Si, a la inmortalidad, por que a partir de tu legado hay un antes y un después, tu nombre y apellido quedará marcado en la historia de mi país como uno de los presidentes progresistas de la historia moderna como Frondizi, Illia o el mismo Alfonsín.
Ahora al igual que desde hace un tiempo atrás seguiré apoyando más que nunca esta causa, esta transformación, este gobierno, esta esperanza… Gracias Néstor por tu legado, apoyaré a tu mujer utilizando todas las herramientas de las que disponga, gracias por dejarnos a ella continuar con este legado, dirigiendo el rumbo de más de 40 millones de personas y mostrando que aún estamos en el mundo, aunque muchos se empecinen a decir que ello no es cierto.
Este es mi homenaje, por cierto muy humilde y no a la altura que las circunstancias requieren, este escrito está dedicado a vos, a una persona que hizo su pasión una forma de vida, aunque ella misma se le haya escapado por culpa de esa pasión, este relato habla de mí y de un tal Néstor.
Siempre en mi mente de hace un tiempo en adelante.
Así sea.
No quiero caer en esa adulación pos mortem que existe o impera en mi país desde que grandes personas que marcaron el siglo que nos antecede se fueron (por nombrar a Sandro, Fontanarrosa, la “negra” Sosa) o al mismo Alfonsín a quien siempre le quedé debiendo un homenaje y que llegado el momento lo haré. No damas y caballeros, no quiero caer en eso ni quiero que este escrito sea interpretado de esa manera, ya que esa no es la idea, ahora pues, si vas a leer esto con preconceptos, lo mejor, o mi sugerencia es que te evites la molestia y busques algo mejor en Internet, que seguro tendrá cosas más importantes o mejor redactadas de lo que se pueda encontrar por aquí.
Yo no me olvido de tus méritos, llegaste con el 22% y te fuiste con el doble o más, le devolviste a la imagen de presidente el valor que había perdido con la casi infinita sucesión de presidentes que te antecedió; asumiste con todo el congreso en contra y demostraste que eso no es condicionante para gobernar… te repito, yo no me olvido como se escupía o se le tiraban huevos al congreso y diputados/senadores cuando asumiste; no me extraña mirando hacia atrás como en poco tiempo todo eso cambió. Hiciste de tus ideales una política de gobierno: la alianza estratégica de América latina, devolviéndole al país el papel preponderante que siempre tuvo en la región, superando aún a la supuesta “potencia regional”; lograste que aquella pobreza del 50% se redujera a poco más de la mitad en tu mandato, dignificaste la educación, la salud, la investigación y desarrollo con el presupuesto más alto de la historia, lograste, sobre todo eso, lograste que vuelvan aquellos que se fueron a investigar a otros países, y lo que es mejor, repatriaste a los que se fueron a Europa u otros destinos cuando no encontraron más posibilidades aquí. No me olvido de las caras que había cuando asumiste y de las que veo ahora, con una sonrisa o apostando a comprar autos, viviendas, electrodomésticos o lo que sea.
Pero no quiero hablar de los que algunos advierten, no, eso no sería un homenaje digno, lo mejor es que hable de lo que yo viví, sentí/siento o pienso. Por vos me volvió la sonrisa, la esperanza y las ganas de apostar y tener proyectos personales, sin darme cuenta comencé a militar (muy a mi manera) y a incentivar a los jóvenes que hablen al menos de política, siempre brindando con el ejemplo que nos dejaste, pero remarcando los desaciertos que todo los gobiernos tienen, imaginarás querido Néstor, que no se puede complacer en un 100% a las personas.
Me enseñaste, lo más loco es que nunca advertí a partir de cuándo, pero me enseñaste que la política de redistribución es posible en nuestro país… vaya si lo lograste y estoy orgulloso de ello. Vos lograste cumplir dos grandes sueños, el primero cancelar la deuda con el FMI, recuerdo aquel año 1999 cuando estando en el primer año de la secundaria, hablaba del FMI con mi profesor de Educación Cívica, el abogado Caruzo y entrábamos en una suerte de círculo vicioso discursivos con argumentos totalmente válido para ambos y un respeto mutuo enorme flotando en aquella aula de 1º 7º, justo la primera a la vuelta del pasillo que está en el primer piso. El segundo sueño que me cumpliste fue cuando llamate al pueblo a no comprar a aquellas empresas que aumentaron sus precios (recuerdo Shell sobre todo), siempre quise que un presidente realice un llamado como ese al pueblo… lástima que nada sucedió…
Mi viejo en ese mismo año 1999, decía que le gustaba la idea que seas presidente, en 2003 lo conseguiste y no lo defraudaste, no hay día últimamente que no hablemos de vos, calculo que será su homenaje.
Néstor, querido Néstor, estos últimos días me emocioné mucho, pero de verdad eh, varias lágrimas y nudos en la garganta se presentaron sin aviso al ver a los jóvenes despidiéndote, al hablar de vos con mis alumnos o simplemente viendo la televisación de tu velorio, hasta en este preciso momento un fuerte nudo tengo en la garganta y ruego no ver tu imagen en la tele para que no se note la fragilidad que causó en mi tu paso a la inmortalidad.
Si, a la inmortalidad, por que a partir de tu legado hay un antes y un después, tu nombre y apellido quedará marcado en la historia de mi país como uno de los presidentes progresistas de la historia moderna como Frondizi, Illia o el mismo Alfonsín.
Ahora al igual que desde hace un tiempo atrás seguiré apoyando más que nunca esta causa, esta transformación, este gobierno, esta esperanza… Gracias Néstor por tu legado, apoyaré a tu mujer utilizando todas las herramientas de las que disponga, gracias por dejarnos a ella continuar con este legado, dirigiendo el rumbo de más de 40 millones de personas y mostrando que aún estamos en el mundo, aunque muchos se empecinen a decir que ello no es cierto.
Este es mi homenaje, por cierto muy humilde y no a la altura que las circunstancias requieren, este escrito está dedicado a vos, a una persona que hizo su pasión una forma de vida, aunque ella misma se le haya escapado por culpa de esa pasión, este relato habla de mí y de un tal Néstor.
Siempre en mi mente de hace un tiempo en adelante.
Así sea.
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