miércoles, 15 de diciembre de 2010

La jefa…

No estaba del todo convencido de tomar aquel trabajo, pero la necesidad lo llevó a aceptarlo, después de todo siempre es mejor trabajar antes que hacer nada, pensó en aquel magro colectivo que lo llevaba hacia el trabajo en cuestión, mientras sumaba a sus argumentos la facilidad de horarios los días que cursaba en la facultad. El primer día quedó clavado bajo el Sol por que la jefa jamás apareció a la mañana, luego de almorzar y esperar un tiempo en una plaza cercana, volvió al negocio… rato después llegó su jefa montada en su bicicleta y abrió como si nada, como todos los días, casi sin prestarle atención a su presencia; por supuesto él tampoco prestó mayor atención por que Literio no es hombre curioso y sólo contesta cuando le hablan, por eso responde que no hay drama alguno cuando su jefa intentó explicarle los motivos de su retraso... vale aclarar que varias veces sucedió lo mismo en el transcurso del primer mes de trabajo, pero como todo, Literio con el tiempo se fue acostumbrando y no le dio jamás importancia alguna a aquel pequeño detalle.
Con el tiempo la relación pasó de distante a “menos distante”, algo en la jefa le llamaba la atención y es que más allá de lo correcto del trato y de muchas charlas con mate y sonrisas, había algo que los diferenciaba por demás.
Un Jueves mientras Literio se encontraba en la clase de física contemporánea y fue interrumpido por el estrepitoso llamado de su jefa consultándolo sobre como apagar el incendio de uno de los equipos de trabajo con los que contaban en el local. Historias como esas hay muchas, eso si…
Una tarde pasé por la esquina donde trabajan ambos y pude ver a Literio tratando de ayudar al mundo con soluciones prácticas de física clásica mientras atendía a una señora mayor que renegaba del trabajo mal realizado por la jefa, a la vez que ella, se encontraba observando la errante trayectoria de una polilla que se encontraba dentro del pequeño local.
Desde su puesto Literio hace lo mejor que puede, mientras la jefa se nefrega en todo y observa el vuelo de la polilla.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Viernes 2hs (2 AM, como quieran)…

Se dedicó a descansar un poco la vista con el color verde del tablero de instrumentos, mientras con total lentitud se arrellanó en la butaca, gozando con el placer de sentirse abrazado, seguro y cómodo. Las melodías que propinaba Aspen eran la compañía ideal o al menos así lo sintió en aquel momento.
Encendió un cigarrillo mientras se dejaba acariciar por la brisa fresca que ingresaba en el habitáculo, por un segundo cerró los ojos y pensó que eso es lo más cercano a la paz que le tocó vivir en los últimos tiempos.
La Avenida General Paz desde hace tiempo es un trastorno para todo osado que se anime a transitar por ella, pero esa noche no era así, esa noche era de él, sin preocupaciones por el tránsito o por vehículos en el entorno; el capot iba devorando el asfalto, él se entregó de lleno a ese tabaco, a esa canción, a ese verde del tablero, a esa despreocupación del entorno… si, él se entregó de lleno a ese momento de libertad… de paz… a ese momento tan de él.
El movimiento rectilíneo uniforme, el sonido del motor a mil quinientas revoluciones por minuto, los ochenta kilómetros en la hora de velocidad máxima, la Luna expectante a su izquierda, la brisa, el no pensar, toda esa sumatoria de sucesos conformando aquel evento, lo llevaron con una sonrisa a su casa, donde su perra y la almohada lo esperaron deseosos de querer saber lo que el vivió en ese viaje de regreso a su hogar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tarde lluviosa en Chacarita (historias de Literio)…

Mirá, no se que pasa, el tiempo está loco últimamente… ayer hacía 30ºC y hoy llueve y hace 18ºC, así no dan ganas ni de salir… pero te voy a contar algo que pude observar el otro día cuando acompañado por un amigo fuimos a hacer unos trámites en el barrio de Chacarita.
La gotera no paraba de chorrear, afuera el cielo parecía no querer dejar de tirar agua tampoco, debajo del techo la gente comía, estudiaba y resolvía ejercicios varios de la materias que cursaban sin advertir la presencia del agua. Dos o tres curiosos se reunieron para concurrir al cónclave observador de ese evento, minutos después fueron cinco, cuando quise acordar ya eran como veinte al menos los que se agolpaban y realizaban un círculo, miraban todos aquel espectáculo, primero callados, luego musitando alguna opinión… todo muy discreto, casi sin levantar sospecha.
Un grupo de personas abandonó el círculo para asistir a sus obligaciones, empero fueron reemplazados por otro grupo de curiosos que intentaban descifrar el por que de tanto alboroto. El drama duró al menos una hora sin incidentes, hasta que empezaron a suscitarse opiniones encontradas, las cuales desembocaron en una leve escaramuza que no pasó a mayores por la autorregulación del propio grupo, que en tamaño cada vez mayor, se encontraba en torno a aquella novedad.
Algunos hastiados se alejaban de aquella comunión de personas para ventilar opiniones deportivas o políticas, o simplemente para volver a sus hogares.
Pero no tardó en aparecer alguien con un cuaderno, un lápiz y una calculadora, segundado por su fiel escudero que armado con una cinta métrica trepó al primer piso para tomar dimensiones; otro intrigado, se dedicó a medir la velocidad del viento, un poco más allá una señorita realizaba mediciones de temperatura ayudada por una amiga que estaba abocada a determinar la humedad relativa de ese ambiente. Cosas así no son de extrañar en lugares como ese.
Hasta allí era un cuadro normal de situación (por llamarlo de algún modo), y digo normal hasta que apareció Literio y tomó una muestra.
Una vez que corroboró que se trataba de agua, empezó a sacar cálculos del caudal de agua de aquella gotera, temeroso de que se produzca una inesperada inundación en aquel húmedo ambiente. Una vez que comprobó que ese suceso sería casi imposible, se lo comunicó a las personas allí reunidas, acto seguido, se retiró con una sonrisa y mucho más tranquilo, sabiendo en su interior que había hecho bien.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un tal Néstor…

Me baso en los dichos de otro, como ser el presidente venezolano Chávez, una persona así no muere, cierra los ojos y vela desde el cielo y vaya si lo intentó cuando estuvo aquí.
No quiero caer en esa adulación pos mortem que existe o impera en mi país desde que grandes personas que marcaron el siglo que nos antecede se fueron (por nombrar a Sandro, Fontanarrosa, la “negra” Sosa) o al mismo Alfonsín a quien siempre le quedé debiendo un homenaje y que llegado el momento lo haré. No damas y caballeros, no quiero caer en eso ni quiero que este escrito sea interpretado de esa manera, ya que esa no es la idea, ahora pues, si vas a leer esto con preconceptos, lo mejor, o mi sugerencia es que te evites la molestia y busques algo mejor en Internet, que seguro tendrá cosas más importantes o mejor redactadas de lo que se pueda encontrar por aquí.
Yo no me olvido de tus méritos, llegaste con el 22% y te fuiste con el doble o más, le devolviste a la imagen de presidente el valor que había perdido con la casi infinita sucesión de presidentes que te antecedió; asumiste con todo el congreso en contra y demostraste que eso no es condicionante para gobernar… te repito, yo no me olvido como se escupía o se le tiraban huevos al congreso y diputados/senadores cuando asumiste; no me extraña mirando hacia atrás como en poco tiempo todo eso cambió. Hiciste de tus ideales una política de gobierno: la alianza estratégica de América latina, devolviéndole al país el papel preponderante que siempre tuvo en la región, superando aún a la supuesta “potencia regional”; lograste que aquella pobreza del 50% se redujera a poco más de la mitad en tu mandato, dignificaste la educación, la salud, la investigación y desarrollo con el presupuesto más alto de la historia, lograste, sobre todo eso, lograste que vuelvan aquellos que se fueron a investigar a otros países, y lo que es mejor, repatriaste a los que se fueron a Europa u otros destinos cuando no encontraron más posibilidades aquí. No me olvido de las caras que había cuando asumiste y de las que veo ahora, con una sonrisa o apostando a comprar autos, viviendas, electrodomésticos o lo que sea.
Pero no quiero hablar de los que algunos advierten, no, eso no sería un homenaje digno, lo mejor es que hable de lo que yo viví, sentí/siento o pienso. Por vos me volvió la sonrisa, la esperanza y las ganas de apostar y tener proyectos personales, sin darme cuenta comencé a militar (muy a mi manera) y a incentivar a los jóvenes que hablen al menos de política, siempre brindando con el ejemplo que nos dejaste, pero remarcando los desaciertos que todo los gobiernos tienen, imaginarás querido Néstor, que no se puede complacer en un 100% a las personas.
Me enseñaste, lo más loco es que nunca advertí a partir de cuándo, pero me enseñaste que la política de redistribución es posible en nuestro país… vaya si lo lograste y estoy orgulloso de ello. Vos lograste cumplir dos grandes sueños, el primero cancelar la deuda con el FMI, recuerdo aquel año 1999 cuando estando en el primer año de la secundaria, hablaba del FMI con mi profesor de Educación Cívica, el abogado Caruzo y entrábamos en una suerte de círculo vicioso discursivos con argumentos totalmente válido para ambos y un respeto mutuo enorme flotando en aquella aula de 1º 7º, justo la primera a la vuelta del pasillo que está en el primer piso. El segundo sueño que me cumpliste fue cuando llamate al pueblo a no comprar a aquellas empresas que aumentaron sus precios (recuerdo Shell sobre todo), siempre quise que un presidente realice un llamado como ese al pueblo… lástima que nada sucedió…
Mi viejo en ese mismo año 1999, decía que le gustaba la idea que seas presidente, en 2003 lo conseguiste y no lo defraudaste, no hay día últimamente que no hablemos de vos, calculo que será su homenaje.
Néstor, querido Néstor, estos últimos días me emocioné mucho, pero de verdad eh, varias lágrimas y nudos en la garganta se presentaron sin aviso al ver a los jóvenes despidiéndote, al hablar de vos con mis alumnos o simplemente viendo la televisación de tu velorio, hasta en este preciso momento un fuerte nudo tengo en la garganta y ruego no ver tu imagen en la tele para que no se note la fragilidad que causó en mi tu paso a la inmortalidad.
Si, a la inmortalidad, por que a partir de tu legado hay un antes y un después, tu nombre y apellido quedará marcado en la historia de mi país como uno de los presidentes progresistas de la historia moderna como Frondizi, Illia o el mismo Alfonsín.
Ahora al igual que desde hace un tiempo atrás seguiré apoyando más que nunca esta causa, esta transformación, este gobierno, esta esperanza… Gracias Néstor por tu legado, apoyaré a tu mujer utilizando todas las herramientas de las que disponga, gracias por dejarnos a ella continuar con este legado, dirigiendo el rumbo de más de 40 millones de personas y mostrando que aún estamos en el mundo, aunque muchos se empecinen a decir que ello no es cierto.
Este es mi homenaje, por cierto muy humilde y no a la altura que las circunstancias requieren, este escrito está dedicado a vos, a una persona que hizo su pasión una forma de vida, aunque ella misma se le haya escapado por culpa de esa pasión, este relato habla de mí y de un tal Néstor.

Siempre en mi mente de hace un tiempo en adelante.

Así sea.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Dibujando la noche…

Ella comenzó a dibujar un paisaje en una hoja amarillenta, con su lápiz añejo, muy gastado y reducido en tamaño, pienso yo que debido al uso. Sus trazos eran tímidos pero se endurecían a la hora de querer remarcar matices o fortalecer una idea de lo que su imaginación le iba contando. Aquella lámpara de 40 Watt no sólo iluminaba aquella hoja que de a poco se iba complementando con grafito, sino que permitía ver las figuras que el humo de su cigarrillo formaba con cada suspiro tras cada bocanada; y pueden creerme que hay imágenes (como esas) que son imposibles de describir o guardar en la mente con tanto detalle como para sentirse uno mismo parte de aquella situación.
Por un momento, pensé que crecí bastante al darme cuenta que no arruiné el momento interrumpiendo con alguna pregunta o comentario, por lo que decidí sacarme la corbata y desabrocharme los dos primeros botones de la camisa…
-El violeta te queda bien, me dijo mientras le daba una seca al cigarrillo.
-¿Cómo?, le respondí sin comprender del todo la situación.
-La camisa violeta, nunca te ví una de ese color, la camisa violeta y tu traje gris te sientan bien, me respondió a la vez que agregó, y el detalle del pañuelo en el bolsillo del saco también es muy bueno, te felicito, vestís bien.
Atiné a decir un tímido gracias, mientras fui por unas tazas de té y encendí un cigarrillo como pretexto de compañía, aunque no lo era tal, dado que ella estaba sumergida en su mundo de creación y yo bastante cansado de todo el día.
Su vista se perdía por momentos en aquel ventanal, con una mirada vesánica, observando lo que sólo ella podía ver, recorriendo el paisaje y mirando la Luna y las estrellas con una paciencia tal que tendía al infinito por momentos en aquella noche de octubre, puedo jurar que sentí que esperaba a algo o a alguien, lamentablemente no contaba (ni cuento) con los argumentos necesarios como para sostener esa teoría. No terminé de reparar en eso que el sonido de una campana en lo lejos me devolvió a la realidad, ella estaba tomando el té y poblando la hoja con su lápiz y yo estaba con el cigarro casi apagado.
El silencio dejó de ser silencio cuando empecé a caminar por algunos pensares, pero decidí suspender esos paseos que realizo por mis fantasías para asomarme (sin molestar ni interrumpir) a aquel ventanal y mirar la ciudad desde lo alto. Claro está que no me gustan los edificios, empero debo reconocer que la vista a veces es inspiradora; y esa noche lo era, la Luna dominaba el cielo con su brillo a la vez que Júpiter le presentaba batalla y yo no sabía bien a quien mirar, ambos estaban muy cerca y cualquiera hubiese optado por mirar a los dos al mismo tiempo, pero yo nunca fui cualquiera y terminé comparando el tamaño aparente de los dos astros, como si una solución científica pudiera sacarle el romance que el espectáculo le proponía a mi mirada.
Una brisa fresca me trajo de nuevo a aquel ventanal, y quedé atónito al ver la hora.
-Irina me voy, mirá la hora que es, se hizo re tarde. Le dije mientras miraba el celular.
-Esperá diez minutos más que ya termino. Mientras prepará otro té que lo tomamos y te vas. Sugirió sin levantar la vista de aquella hoja amarillenta.
Aproveché la acción y vacié el cenicero de ella que estaba lleno de cigarrillos, evidentemente estuve mucho tiempo perdido en el cielo, o al menos lo suficiente como para que ella fumara siete cigarros.
Por alguna razón no miré jamás el dibujo que ella hizo, pero cuando me fui advertí que dibujó exactamente lo que yo le había contado hacía una semana atrás; como quería que sea mi casa y en que lugar de las sierras bonaerenses sería.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sábado rojo…

Aquel tubo fluorescente no paraba de parpadear, pero la obscuridad le debía otro favor, en vano era pensar en el funcionamiento de una lámpara de descarga de gas con sus equipos auxiliares y todos los demás etcéteras; la falla de aquel elemento de iluminación era lo menos importante cuando hay un cuerpo tendido en el piso húmedo, gris y caluroso. No terminó de hilar aquel vago pensamiento que la iluminación se normalizó, pero era en vano ya que el sol era el mejor sistema luminotécnico para hacer realidad aquel hecho… un cuerpo sin vida yacía en la amargura de esa avenida.
Su mente se paralizó al igual que su cuerpo, sus ojos permanecieron sin parpadear, un rictus de desesperanza recorrió su rostro y congeló su expresión y el paso del tiempo. Tras unos instantes atinó a acercarse al cuerpo, pero el temor a lo desconocido se apoderó de ella. Pensó que lo mejor sería dar aviso a las autoridades, empero temió que lo liguen a aquel nefasto suceso. ¿Qué hacer?, se planteaba mientras permanecía inmóvil, de repente el sonido de un teléfono celular la devolvió a la realidad. Aquel teléfono no paraba un instante de sonar, el constante sonido comenzó a ponerla cada vez más nerviosa, se le metía por los oídos y le trepanaba el cuerpo entero.
No tardó la multitud en aglutinarse en torno al nefasto espectáculo, unos metros más allá yacía un motociclista con el cráneo roto, sin dudas la sangre era el espectáculo mórbido y trágico de aquel sábado por la tarde. Una sirena a lo lejos, un policía cortando el tránsito; una persona con un gesto afable pero imperioso proponía a los transeúntes desesperados en saber que pasaba que se alejen lo suficiente como para que el aire circulara en torno al cuerpo y al motociclista.
La ambulancia llegó como pudo y a los tumbos el médico intentó asistir al cuerpo para corroborar lo que todos temían y nadie se animaba a decir, aquel cuerpo era sólo eso y ya no era una persona, como la definición de cuarto grado que dictaba la maestra.
La ambulancia se llevó al motociclista y un tiempo después otra llegó a retirar el cuerpo, por alguna razón la gente permanecía allí, nadie conocía a las víctimas de aquel trágico accidente, sin embargo una suerte de fenómeno gravitatorio hacía que nadie se alejara mucho del lugar.
El tránsito permaneció restringido en ambos carriles de la avenida por cuestión de cuatro horas a la espera de un fiscal de turno que autorice el secuestro del rodado y una vez ocurrido eso, inspeccione de manera preliminar las fotografías sacadas por los peritos de la comisaría 48. Al haber cumplido el protocolo policial y judicial, lentamente todo volvió a la normalidad a pesar de que la sangre ya estaba endurecida por el calor radiante del Sol sobre la capa asfáltica; los patrulleros se fueron y la gente después de quedarse un rato charlando sobre teorías de lo ocurrido y realidades fantasiosas de lo que no ocurrió, volvió a su rutina habitual con un tema nuevo para exponer en todo aquel cónclave que sirviera de pretexto para manifestar la “novedad” acontecida en el barrio.
Yo esto lo sé muy bien por que me lo contó Doña Juana, que estaba justo en la esquina y pudo ver lo que aconteció cuando volvía del kiosco de Maxi por que fue a comprar unos chupetines para sus nietos.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El remanso (tercera parte)…

El otro día, cuando te fuiste y nombraste a Cecilia, volví a pensar en ese sueño y en ese cuerpo, yo sé que eso fue lo que nos terminó alejando por completo, ella sabía algo que yo nunca le conté y volví a soñar con ese cuerpo, ese río, esa noche, con todo. Al día siguiente a la tarde salí a recorrer el río, me detuve un rato a observar el Cerro del Amor que estaba lleno de gente, también aprecié como el cielo de a poco comenzó a taparse por nubes grises obscuras; así que decidí comenzar a caminar por la orilla del río, el Sol comenzó a ocultarse detrás del Cerro Tres Picos y yo seguí caminando por la orilla, de repente el ruido del agua golpeando las piedras me despertó, había caminado mucho tiempo y no me había dado cuenta. ¡Te digo que no Gastón!, eso no era un sueño, lo hice de verdad, dejame que te siga contando. Ya ganaban las sombras a la poca luz que había y las plantas estaban en todos lados y llegué a un remanso en el río, una parte profunda, como si hubiese un pozo grande, entonces pensé que ese lugar me era familiar de cierto modo, nunca había estado en aquella parte del río, no la conocía, pero la conocía a la vez, entonces todo fue muy claro, enseguida se me vino aquel sueño a la cabeza, también se me vino Cecilia y vos, el café, la ventana, los árboles, los pájaros, mi perra corriendo, las serranías, todo en mi mente en un sólo instante, como si estuviese próximo a explotar en mi cabeza.
Esperá Gastón no te vayas, ya sé que es tarde, pero estoy por llegar al final, por favor sentante, ¿querés que haga más café?. Bueno, como quieras, pero escuchá el final de mi historia.
Sentí la necesidad de quedarme allí un rato, pensé que si me quedaba aparecería ese cuerpo flotando cara arriba y por fin podría sacarme de la cabeza ese nefasto sueño, saber de quien era ese cuerpo, recordar aquella cara; todo concluiría. No Gastón, por favor, no digas que te pongo nervioso, por que el nervioso era yo en ese momento; esperé por al menos cinco minutos, comenzaba a hacer frío y yo no estaba muy abrigado, esa noche no había luna y encima estaba nublado, cuando de repente advierto que algo venía flotando aguas arriba en el río, y creeme Gastón no miento cuando te digo que empecé a temblar del miedo, flotaba y se acercaba muy lento, pensé en irme, pero sentí la necesidad de quedarme, quería ponerle un fin a esa sensación y a aquel horrible sueño.
Lo que flotaba era un cuerpo, vestido de blanco como en mi sueño, allí comencé a temblar más aún, de repente todo estaba muy claro, en mi sueño era igual, empecé a recordarlo todo y pude ver el rostro de aquella persona que flotaba en el río, fue allí cuando rompí el silencio con mi llanto, y en ese momento aquel cuerpo que flotaba en el río llegó a mis pies, era ella Gastón; ¡era Cecilia!, como en mi sueño, era el cuerpo de Cecilia flotando en el río Sauce Grande.
No Gastón, no te vayas, ¡esperá!, es verdad lo que te digo, ¡no estoy loco!, por fin el sueño se terminó en aquel remanso Gastón, el sueño se terminó.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El remanso (segunda parte)…

Y vos no sabés lo que es el miedo Gastón, por que nunca lo sentiste como lo sentí yo en ese sueño… estábamos en el río, en una tarde que se estaba obscureciendo por las nubes, había muchísima agua, es que hacía casi tres semanas que no paraba de llover y por momento se formaban como olas, pequeñas obviamente… ¡Si ya sé!, te estoy cansando con mi relato, pero te suplico que lo escuches, quizás así entiendas mi enojo; la cuestión es que íbamos con Cecilia caminando por la orilla del río, que no era muy ancha, en una parte que no conozco cual es, pero había muchas plantas y el sol se estaba ocultando más allá del Cerro Napostá, llegamos a una parte donde el río hacía un remanso y se tornaba bastante profundo en ese lugar, como si hubiese un pozo grande; de repente apareció un cuerpo flotando, Cecilia salió corriendo y yo me quedé mirando ese cuerpo, ya casi no había luz y te juro Gastón sueño con eso desde aquella siesta antes de cenar.
Las cosas con Cecilia empeoraron de a poco, casi ni hablábamos, es como si hubiese una conexión, como si eso lo hubiésemos vivido juntos, pero no, yo sabía que era un sueño… tres meses después ella se fue de casa y no la volví a ver.
No hay día que no piense en ello Gastón, yo conocía ese cuerpo, pero no puedo lograr visualizar su rostro, cada vez que vuelvo a soñar lo mismo trato sin cesar de poder mirarle la cara y ahí me vuelvo a despertar, asustado, agitado. ¡Y no!, no es como vos decís que lo que tengo que hacer es ir a un psicólogo, por que no es un problema que me genera trastornos, los trastornos de sueño los tuve siempre antes de soñar con lo que te estoy contando. ¡Esperá!, no te vayas, que ya falta poco para que termine de contarte, luego podés irte a donde quieras y no volver si lo crees necesario, pero no te vayas sin que antes termine mi relato.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El remanso (primera parte)...

Ya te lo dije Gastón, no sabés todo, por más que sepas mucho no podés ir pretendiendo saber todo, como si el mundo dependiese de vos, como si todos estuviesen a la espera de un consejo tuyo o de un comentario que demuestre que sos la joya de una corona, en cambio te pido, dejame hablar, tengo algo que contarte, algo que se remonta a la semana pasada cuando viniste y tomamos café a la tarde; ¿te acordás?, estábamos en esa ventana escuchando los árboles movidos por el viento y también se podía oír el curso del río atravesando las piedras, no siempre hay tanto caudal, pero esa tarde lo había y junto tomábamos café y charlamos hasta que vos nombraste su nombre y yo me quedé callado. ¿Recordás que me quedé callado un rato largo?. Y vos seguiste hablando hasta que yo interrumpí tu monólogo preguntando: ¿por qué dijiste su nombre?. No, estoy seguro que no lo hiciste sin querer, pero no quería reaccionar de esa manera tampoco…
Después a la noche me costó mucho intentar dormir, más que de costumbre, dí muchas vueltas en la cama y ese pensamiento volvió a aparecer y yo te insulté Gastón, te insulté mucho por nombrar ese nombre, yo sé que siempre quisiste saber que pasó con aquella persona y yo nunca te lo dije; ¿pero por qué la nombraste?. Ya sé lo que vas a decir, que no fue adrede y que se te escapó sin querer, ya lo sé, y ahora no estoy enojado con vos, pero si estoy enojado conmigo y no quiero pensar mucho al respecto por que me voy a terminar enojando contigo y eso es precisamente lo que no quiero.
¿Querés más café?, en la cafetera quedó, servite mientras yo te cuento de aquella noche que no podía dormir. Me acuerdo que hacía calor, pero había viento, se sentía por el ruido del follaje de los árboles moviéndose. Ya era tarde, me encendí un cigarrillo y salí a caminar por la orilla del río, que esa noche ya no tenía mucho caudal, caminé mucho, la luna apenas iluminaba lo suficiente como para poder distinguir donde pisaba, caminé hasta el puente y allí me detuve a pensar y a fumar y te insulté Gastón, te insulté durante un rato largo y a ella también la insulté por volver a aparecer en mi cabeza tras tu comentario. Sólo fui interrumpido por el rechinar de unas gomas en la curva de la ruta que me devolvió en si, pero sólo fue por unos instantes, enseguida volví a pensar en ella. ¿Tenías que nombrar a Cecilia, Gastón?.
No, no te vayas, te pido que te quedes un rato, yo te voy a contar como comenzó esta historia, o como terminó, es muy distinta depende desde donde se la mire. Vení sentate, alcanzame los cigarrillos y una taza de café por favor, sin azúcar, sabés que no me gusta el azúcar en el café. Como te decía esa noche recordé a Cecilia, hacía mucho que no pensaba en ella y en aquella pesadilla que tenía recurrentemente.
Con Cecilia solíamos sentarnos en aquellas reposeras bajo aquel árbol a tomar mates y a charlar, nos gustaba mucho escuchar a los pájaros y el ruido que hace el río en aquella curva que pega allí donde te señalo ahora; a veces ella se ponía a tejer algo y yo leía a Cortázar mientras tomábamos mate o sino ella leía esa revista que tanto le gustaba mientras yo resolvía problemas de estática, iluminación, ventilación o termodinámica, pero ambos coincidíamos que la pasamos muy bien en aquellos momentos, dado que si se producía un silencio, el mismo no molestaba y nos permitía expandirnos en nuestros entretenimientos. Una tarde en particular ella terminó de leer y se fue a bañar, mientras yo me quedé con mi perra terminando de escribir un pequeño ensayo. Recuerdo que al entrar, ella estaba preparando la cena, y yo me sentía particularmente cansado, entonces le dije que me iba a acostar 20 minutos, así al levantarme, me bañaría y nos pondríamos a cenar.

miércoles, 11 de agosto de 2010

El otro camino…

En un boulevard del pintoresco pueblo de Sierra de la Ventana, más precisamente en un bar, se encontraba Walter Martinez tomando un café bien cargado junto a su amigo Carlos Rojas. Es menester aclarar que una vez cada quince días se encontraban en ese lugar a celebrar aquella ceremonia, siempre elegían la misma mesa, que daba al gran ventanal que tenía como postal al Cerro Tres Picos en la lejanía. Con el correr del tiempo y para serles sinceros tras varias escuchas de sus conversaciones, pude enterarme que Carlos visitaba a Walter dos veces al mes, al parecer eran amigos desde hace mucho tiempo y en algún momento Carlos se mudó a Olavarría o por los alrededores, nunca me quedó del todo claro. Es necesario aclarar que ambos son personas grandes, de alrededor de 70 años, aunque sus apariencias no demuestren esto último.
Sus charlas eran de lo más variadas, por demás interesantes, es por eso que cada vez que los veía en aquella mesa, yo me ubicaba lo más cerca posible para poder oír lo que decían. Más de una vez tuve que irme por motivos laborales y en mi camioneta, peregrinando por la ruta, me acordaba y pensaba sobre lo que hablaron y unas cuantas veces me quedé fantaseando sobre las posibles continuaciones de sus charlas o de los temas que seguirían al finalizar el tema que estaban conversando, o mejor dicho, hasta donde pude llegar a escuchar. El léxico empleado por ambos, la competencia lingüística que usaban, era algo demoledor, estimulante y atrapante; cada silencio decía algo; cada expresión en sus rostros o gesticulación con sus manos acentuaban o glorificaba cada una de las palabras proferidas en los diversos encuentros… era tal la magia que rodeaba a aquellos encuentros que jamás me permití arruinarla con una intromisión… más de una vez me tenté y quise acercarme a ellos para compartir la charla, empero, mi respeto y mi admiración a estas dos personas jamás me lo permitieron.
En fin, como les decía, en aquel boulevard del pintoresco pueblo de Sierra de la Ventana, más precisamente en aquel bar que les dije con anterioridad, se encontraba Walter Martinez tomando un café bien cargado junto a su amigo Carlos Rojas, ese día me permití faltar a mis obligaciones y me quedé escuchando lo que decían. Eran alrededor de las 17hs. cuando el cielo color rojizo formaba extrañas figuras en complicidad con las nubes, allí me percaté de aquel silencio en la conversación, cosa que no era muy habitual… ese vacío de sonidos se prolongó por un tiempo largo.
De repente Walter dijo: Carlos hace varios días que siento el peso de los años; me levanto sin ganas de nada y me aploma el pensar que los días no tienen nada nuevo para mi. Me lastima no poder realizar lo que solía hacer antes sin inconveniente alguno; me aploma no poder proyectarme a más de dos años, es como si los proyectos se hubiesen estancado; vencido por llamarlo de un modo elegante. Es así, es lo que siento.
Quedé perplejo al escuchar eso, por lo que me dí vuelta y miré el cuadro de situación. Carlos esbozó una sonrisa tierna, se sacó los anteojos, limpió ambos lentes, se los volvió a poner y con el mismo gesto, dió un sorbo a ese café que aún largaba vapor.
Walter, yo hace un tiempo me planteé algo similar, pero opté por transitar por el otro camino, a mi edad creo que aún soy capaz de muchas cosas, por eso me meto en cuanto proyecto puedo, ayudo a mi familia con los campos y vengo a visitarte cada dos semanas, además de ser un honor para mi visitarte, son como unas pequeñas vacaciones, una distracción. El paisaje es tan inspirador. Vamos Walter, no me afloje ahora, tomemos el otro camino. Hay tanto más allá para ver todavía. Vivir es tan inspirador.
Carlos asintió con la cabeza, remató de un trago el café y juntos se levantaron.
La imagen de los dos amigos, me tocó el corazón, sus palabras aún hacían eco en mis oídos cuando se dieron un pequeño abrazo y mientras se iban pude escuchar a Walter decir: Carlos, voy a tomar el otro camino.