miércoles, 30 de junio de 2010

Anhedonia…

Hace rato que no se mentir cartas, y eso me está empezando a incomodar, pero referido a todos los ámbitos donde me muevo, en la escuela, en la facultad, en las reuniones, con mis amigos, con mi cabeza, en fin, con casi todo. Un amigo mío me habla mientras huelo el mal aliento de su vanidad, otro se cierra en un mundo virtual del cual no sale ni quiere salir, mi cabeza que no ayuda y su fantasma que cada tanto merodea por estos lares, a eso sumale ahora esa otra personita que mejor ni hablar de ello… me condiciona la existencia. Hablar con desconocidos que no sé si saben de mi dolor creo que tampoco suma mucho a este estado anhedónico en el cual me encuentro y muchos intrigados me consultan.
A decir verdad no sé si estoy haciendo las cosas bien, pero es la forma en la que me sale, al menos se que no quiero hacer las cosas como las hacen ellos, o como la podés llegar a hacer vos que estás leyendo esto, la cuestión es que al menos estoy avanzando hacia algo, que por demás desconozco, pero avanzo con cierto descontento, gasto mis suelas que no es poco. Reconozco que en este tiempo he tenido mis victorias que como siempre las termino subvalorando, debe ser una cuestión genética mía ese mambo de no darle la debida importancia a los pocos logros que voy teniendo.
Algo está mal en el diseño del hombre, es que no sólo se preocupa por alimentarse o reproducirse como los animales, sino que a esto hay que sumarle la psiquis, que varias veces nos juega en contra, cuando no nos paraliza ante determinadas situaciones. Ante esto el hombre comenzó a estudiarse a si mismo, buscando respuestas como siempre lo hace, de allí deriva la psicología, filosofía, cosmogonía y demás ciencias cuyo único fin es hallar respuestas, para solucionar algo, para conocer como funciona determinada cosa o por el mero hecho de saber. Y a eso me aboco últimamente, a buscar respuestas… a pensar, mucho, en demasía, ergo, como resultado el insomnio se multiplicó por dos y Dios me libre de una recaída como esta, ¡no es joda eh!.
Si pierdo ya está muy claro que es por vocación, a esta altura del partido tengo bien clara mi misión de que no soy un ganador y así estoy perdiendo mi encanto, me estoy desestilizando, ya no suelo ser aquella persona que solía estar confiado ante determinadas situaciones, o el mismo que se enfrentaba a cualquier desafío con confianza, a veces hasta con miedo, pero eso si, siempre yendo al frente.
De lo que resuelva en este tiempo respecto a mi problema que tanto me acongoja, saldrá una solución a largo plazo, se modificarán los cimientos de lo poco que hoy me queda por sostener, ahora, espero no caer en el círculo vicioso de andar pensando, buscando respuestas y que el proceso termine ahí, es decir, sin hallar una solución… eso si que sería bien triste.
Imposible no sentirse un patito feo e indefenso ante este momento que me está tocando vivir, no es divertido llegar a la conclusión de que probablemente sea uno el que tiene el problema y no los demás. Y así pasan mis días, grises, dubitativos y sin ánimo para nada.

Aquí estoy vida mía, perdiendo encanto frente a ti… perdiendo seducción, atractividad…

miércoles, 16 de junio de 2010

Mundialito…

Y así es señores, bienvenidos a la época en la que nada importa (al menos cada cuatro años), en la que el pueblo siente ese exitismo y patriotismo inusitado, que casi roza con la paranoia colectiva y la sed de las masas por sentirse un poco más argentino en mi caso, pero puede ser peruano, coreano o paraguayo. Si damas y caballeros bienvenidos a la época en la cual de lo único que se habla es de fútbol, de selecciones, de estadísticas futbolísticas que pareciera existen para demostrar que el periodista deportivo no es una persona común dado que maneja estadísticas y neologísmos (cuando no arcaísmos) en sus mensajes sean verbales o escritos.

Pobre señora, la comprendo, en menos de una semana ya conoce la historia de Sudáfrica, comprende (a medias) su estilo de vida y calcula que es el país más europeo del continente africano. Seguramente ya sabe como convertir un Rand a su equivalente en pesos y se enteró que en el medio de aquel país hay encerrado otro más pequeño que tiene por nombre Lesoto… obviamente poco le importa ni le importará.

Estos días que pasaron nos mostraron la peor bajeza humana en forma de periodistas deportivos, el pelotudo de German Paolosky haciéndose el copado con el otro budín de TELEFE mostrando los estadios y alrededores de los mismos, a la vez, Horacio Pagani entrevista a una colega periodista colombiana que está enamoradísima de Messi, y todo se torna repetitivo aquí, aquel apellido, los nuevos/viejos opinólogos que discuten respecto al balón oficial y el clima en aquel país al sur de ese continente.

Si mis amigos, nos van a bombardear con publicidades alusivas al mundial y cuidado con que nos vaya bien, por que ahí si estaremos hartos de los cornetazos, festejos y el resurgimiento de “Dios”… eso si durante en mundial de fútbol, la felicidad tiene por capital a Johannesburgo.

En fin, mientras la mente esté en Johannesburgo y todo esté más o menos Messi, yo estaré contento por el pueblo feliz y festejando en la calle, eso si no me dejaré convencer por informes estúpidos y disfrutaré el mundial como lo que realmente es, una competencia de alto rendimiento que despierta pasiones (sólo cuando juega la selección nacional).

miércoles, 2 de junio de 2010

Bicentenario (un llamado a la reflexión)…

“Podes crear tu propio mundo,
pero no esperés que nadie venga a ayudarte”

Un grito galopante se acercaba, un grito galopante susurrando apocalípticamente lo que no quería ser oído, un grito galopante que de cuando en cuando aún resuena en lugares de lo que fuera alguna vez parte de aquel reino lejano. Aquel grito proclamaba ideales nuevos… y así comenzó la historia corta por cierto de una nación que supo ser grande y aún lo es a su manera.
Argentina vivió grandes hechos, la revolución de aquel 25 de Mayo de 1810, una independencia desperdiciada en la Asamblea del año 1813, la independencia concretada el 9 de Julio de 1816, la generación del 80, Sarmiento con el privilegio de la cultura, Yrigoyen consolidando la democracia para los nuevos ciudadanos, o Perón promoviendo una profunda democratización social. Fueron etapas que nos proporcionaron ser el país humanísticamente más desarrollado del Continente.
En 1811 Moreno realizó el “Plan de Operaciones”, en agosto de 1812 Vicente López y Planes escribió el Himno Nacional, los dos textos dictaminaban que las por entonces Provincias Unidas del Sur tenían la misión de civilizar a los países hermanos, el destino de liberarlos y guiarlo, la obligación de protegerlos y servirle de ejemplo. Se forjaba la idea de dos grandes naciones líderes, con riquezas equivalentes y futuros gloriosos en un mismo continente, Estados Unidos al norte y la Argentina al sur.
En 1880 el indio todavía guerreaba en la Provincia de Buenos Aires y quebraba las fronteras de Salta y Chaco. En 1913 se inauguraba el subterráneo a Primera Junta, uno de los primeros del mundo. Pertenecíamos al puñado de naciones más ricas del globo, el G7 que en aquel entonces no existía. Teníamos un alto nivel educativo gracias al gigante Sarmiento, unido a una democratización social que hacía de todos los habitantes verdaderos ciudadanos.
Mi país fue pensado hace dos siglos como un reflejo de Europa, sin indios y sin negros. A ese país utópico, las sucesivas dictaduras, las internas iluministas, la oligarquía fueron convirtiéndolo en una repetición infinita de si mismo, en una línea directriz en la que cada uno, para sentirse argentino debe actuar como los demás. Esa repetición, es quizás, lo único que nos hace diferentes.
El país surgió al mundo en pocas décadas, más rápido que Canadá y casi como Israel a partir de 1948 (con todo el apoyo mundial). Hicimos mucho en cincuenta años y nada en los años que siguieron.
“No hay duda posible”, dijo Jules Huret en 1911: “dentro de cincuenta años, la Argentina será uno de los países más ricos y dichosos del globo”.
Quizás nadie pueda explicar la decadencia de aquel país que en 1928 era la sexta potencia económica del mundo y que seis décadas después quedó en el quintuagésimo lugar. Hoy mi nación se olvidó casi todo, salvo la grandeza que supo tener. Y es esa grandeza la que la atormenta, la asfixia, la condiciona en su presente, es una suerte de nostalgia, una súplica para que de algún modo vuelva a repetirse.
Desde la Organización Nacional y la Generación del 80 creyeron y crearon la Argentina, por entonces y a la luz de las estadísticas, Japón, España, Italia y el mismo Canadá, venían a nuestra zaga… por vivir mejor que ellos y verlos inmigrar por miles, terminamos creyéndonos superiores… lo cierto es que nuestras madres, la aborigen americana, la española y la italiana nos quedaban chicas en aquel momento. De la nada del desierto levantamos ciudades, una calidad de vida excepcional y hasta una de las diez metrópolis más grandes del mundo.
Ya en 1930 Buenos Aires fue la gran ciudad, la reina del plata, en un lustro se hizo el teatro Colón y el palacio del congreso (más bello que el capitolio de Washington), el barrio de Palermo, los palacios del Barrio Norte con frescos de Sert y gobelinos auténticos, la gran burguesía de la elegancia, con su París, bibliotecas y pinacotecas contrastaban con los barrios de La Boca del Riachuelo. En 20 años ya eran famosos nuestros cirujanos e investigadores. La universidad argentina exportaba conocimientos y técnicas e importaba investigadores europeos. La revolución comunista y el “crash” capitalista de 1929 nos afectaron muy poco, como si fuese una ola muerta llegando a la costa opuesta, pero como siempre aquí se magnificó la cuestión y nos permitimos hablar de la “década infame” y de atroces dictaduras, mientras en la bolsa se apostaban las empresas y los del campo hacían la suya como lo hicieron siempre, la hacen ahora y lo harán.
Muchas veces hablando con muchas personas, éstas añoran esos momentos y proclaman: “si alguna vez fuimos ‘así’, ¿por qué no podemos volver a ser ‘así’?. Y a veces me cuesta creer en esa manera de pensar… mi país tardó sólo veinte años en caer y lleva más de cuarenta tratando de levantarse. En 1942 el economista Colin Clark profirió que la economía Argentina sería la cuarta del mundo antes de que pasaran veinte años. En 1948 el país tenía más teléfonos que Japón e Italia y más autos que Francia. Inmediatamente después comenzó la decadencia que se terminó de profundizar con el derrocamiento de Illia.
El estadista francés Georges Clamenceau en sus apuntes de viajes advirtió: si bien la palabra “futuro” estaba en todas las bocas, había un exceso de confianza en que nunca se acabaría la riqueza. “El éxito suele perder a las naciones inmaduras”, dictaminó. El filósofo español Ortega y Gasset en la séptima serie de El Espectador (1930) fue más implacable: “Acaso la esencia de la vida argentina es ser promesa”… “cada cual vive desde sus ilusiones como si ellas fuesen ya una realidad. […] En el argentino predomina, como en ningún otro hombre, esa sensación de una vida evaporada sin que se advierta.”
A pesar de los gritos que proclamaban el ingreso en ambas guerras 1914-1918 y 1940-1945, nuestro sabio neutralismo nos valió la voluntad de asimilación técnica e industrial, no nos impidió actuar en la organización de la ONU en 1945 y nos permitió ser el primer país iberoamericano con relaciones diplomáticas y económicas intensas con la entonces URSS en 1946.
En unas viejas enciclopedias gigantes que encontré en la casa de mi abuela había un artículo sobre la Argentina, que anunciaba lo que en aquel momento parecía ser algo razonable: “Por sus recursos naturales, por su posición geográfica, por la educación de sus habitantes, la Argentina está llamada a ser en el año 2000, la única potencia capaz de competir con los Estados Unidos. Quizás pudo haber sido así hasta 1936, después nos llovieron desgracias como a pocos países en la faz de la Tierra. Llevamos la carga y la vergüenza encima de aniquilar en una sola noche (la de “los bastones largos”), en julio de 1966 cincuenta años de investigación científica. Onganía había logrado un milagro nefasto, nos arrancó de la modernidad y nos metió en la prehistoria. Obviamente es un ejemplo de lo nefasto que sucedió en la modernidad de nuestra historia, pero en menos de 30 años nos sucedieron dictaduras, una guerra contra una guerrilla y una potencia, desaparecidos, corrupción salvaje, olvidos, impunidades, indultos. El cambio cultural fue tan profundo, tan grave, que lo mejor que podemos hacer es admitirlo y ver que hacemos con todo aquello. La Argentina “granero del mundo” acabó por tener entonces la estatura intelectual de sus gobernantes, no la de sus hijos dilectos.
¿En qué nos fueron convirtiendo las décadas de autoritarismo desde el golpe de José Félix Uriburu hasta las presidencias de facto posteriores a la Guerra de Malvinas?. ¿Qué permitió la aparición de personajes como Astiz que dijo “¿Hubiera torturado si me hubieran mandado? Si, claro que si (…) Tenía mucho odio adentro”. O jactarse, como su jefe Emilio E. Massera lo hizo en el juicio de 1985: “Me siento responsable pero no me siento culpable”.
En 1929 Ortega y Gasset escribió que “el argentino vive absorto en la atención de su propia imagen. Se mira, se mira sin descanso”. Ojalá fuera cierto. Si nos miráramos de veras, tal vez descubriríamos por qué nos ha pasado todo lo que nos pasó. La oportunidad perdida tras el retorno de la democracia en 1983…
Los argentinos están tan quebrados que ven mal la guerra que les permitió pisar su propio territorio usurpado.
Habíamos reclamado durante siglo y medio. Por fin se produjo: el dos de abril de 1982 nos despertamos pisando el suelo volcánico de nuestras Malvinas después de un ciclo de 16 años de chicanas británicas, desde que se recomendó por aplastante mayoría mundial la correspondiente descolonización. Londres arruinó la posibilidad de paz con el criminal hundimiento del crucero ARA Gral. Belgrano.
Luego de aquel evento, nuestros pilotos navales y de la fuerza aérea conmovieron al mundo con sus proezas sobre las heladas aguas del Atlántico Sur.
En el tema de Malvinas (causa nacional y guerra apoyada unánimente por el pueblo) se patentiza la enfermedad de la hipocresía argentina.
La historia es circular y tiende a las repeticiones. En mi país, las repeticiones son tal vez lo único que nos hace diferentes.
En los noventas, un presidente solía decir que faltaba poco para figurar entre los 20 países más poderosos del mundo, lo que no dijo ese presidente era que para que ello sucediera, Argentina debía multiplicar por cinco su PBN (Producto Bruto Nacional) durante diez años y esperar que países como Dinamarca, Holanda o Bélgica suspendan su crecimiento en ese mismo lapso. Como ya marcaba la historia, la ilusión terminó siendo derrotada por la realidad. Mientras tanto el 60% de las personas adultas pensaban que el país era el más importante de América latina, ignorando que para Europa y EE.UU. la Argentina significaba (y significa) lo mismo que Sudán, Bolivia o Mongolia: un país de territorio gigantesco en el patio trasero de otro país mayor; “down there”, allá abajo, como decía Reagan.
Por aquel entonces ocupábamos el puesto 60 como país productor y como poder económico.
En aquel momento reinaba la globalización neocolonial de mercados abiertos (siempre de Norte a Sur), sistemas financieros y monetarios vigilando internacionalmente a través de premios y castigos del FMI y entidades afines.
Desarme obligatorio aún para los desarmados (Proyecto Cóndor y la Comisión Nacional de Energía Atómica).
Hoy todo es muy distinto a lo mencionado en este escrito, Brasil es la novena potencia económica del mundo y la Argentina uno de los cuatro exportadores agrarios. Tenemos autonomía nuclear (aunque nos reten por esta travesura) y somos capaces de crear armamento misilístico. Tenemos petróleo, acero, inteligencia, sensibilidad, ritmo. Sabemos vivir mejor que muchos supuestos civilizados.
La situación de las políticas neocoloniales conllevaron a una explosión de la economía en el año 2001, con índices de pobrezas jamás visto en estas latitudes y con un desempleo jamás imaginado en nuestra historia.
Un presidente parafraseaba, luego del paso de cuatro presidentes distintos en dos semanas, a Elio Jaguaribe (el mayor sociólogo del Brasil) profiriendo “La Argentina es un país inexorablemente condenado al éxito”. Pero Jaguaribe además enumeró lo que todos sabemos: riqueza territorial, el mar más rico, petróleo, climas, población, raza, talento creativo, vitalismo nacional, nivel de educación. Señaló que incluso tenemos condiciones más favorables que extensas regiones difíciles de Italia, España, Portugal, Grecia y el centro de Europa, que padecen el lastre de una cultura campesina impermeable a la modernización.
Ninguno de esos arrebatos de abundancia son posibles en un país donde todo es incierto: el trabajo de mañana, el salario, el humor de los gobernantes, los ataque de los opositores al gobierno, la carencia de un plan. Emile Durkheim definió al suicida como alguien que siente inseguridad, desasosiego, desencanto y que termina desvalorizando su propio ser, por creer que nada vale la pena ser vivido, que ya no hay felicidad, esperanza de cambio ni amores en un horizonte donde todo pareciera empeorar.
Donde crece el peligro, crece lo que salva dijo el genial Friedrich Hölderlin y ahí nació esta nueva etapa, adulada en los comienzos con la presidencia del presidente denominado como pingüino y destruida con la llegada de su esposa a la presidencia con profundas diferencias de gobierno con respecto al anterior. Hoy se respira un poco de esperanza cuando la oposición no la ahoga con discursos y arcaísmos que se remontan a la década del 50 por momentos. Hoy la Argentina no reniega de su realidad latinoamericana y ya no sueña con ser la Europa de Sudamérica, pero tampoco hay un proyecto a largo plazo, un ideal de país que si vieron los de la generación del 80. Nalé Roxlo decía, sollozamos dentro del Roll-Royce que no sabemos poner en marcha.
Entronizamos como valor la viveza, que sería la hija enana de la inteligencia. Buenos Aires fue siempre su capital, dicta modas, impone frivolidades, arrasando con los últimos bastiones de la discreción criolla. Es la vitrina que difunde nuestra fama de país poco serio, poco confiable y a la vez es también nuestro orgullo, una insólita creación de los confines de occidente.

Ruben Dario escribió par el centenario de la patria:

“¡Hay en la tierra un Argentina!/ He aquí la región del Dorado,/ he aquí el paraíso terrestre,/ he aquí la aventura esperada,/ he aquí el Vellocino de Oro, he aquí el Canaán la preñada”.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Encuentro grotesco (a la mañana)…

Para serles sincero, este escrito relata sobre un momento extraño, por no decir nefasto. Todo comenzó una mañana bastante temprano; había mucha humedad afuera, la radio alertaba sobre intensas nieblas que afectaban tanto a la capital como al conurbano. La presión debe ser baja, pensé, a la vez que observaba como aquella neblina invadía aquel ambiente de mi hogar.
Instantes luego de aquel pensamiento me encontré con él. Primero me miró de frente, su mirada era intensa, posteriormente inició un movimiento con su cabeza, tres cuartos de perfil hacia la derecha e idéntica acción hacia el lado opuesto. Aparentemente no le bastó con eso, sino que agregó un guiño cómplice con su ojo izquierdo y me propinó un segundo guiño con el ojo derecho.
A esta altura la situación comenzó a incomodarme bastante, empero el sueño que tenía era tal que decidí tolerar tal actitud desdeñosa e incomoda. Un vago pensamiento sobre tandilia, quizás sobre ventania me salvaría de aquel momento poco grato, pero todo intento fue vano…
No obstante mis empeños en imaginarme a las sierras, él empezó a hablar (sin voz), hablaba… hablaba mucho, de repente asomaron una serie de gesticulaciones con su manos y su rostro que me dejaron pasmado, una suerte de elegancia sutil se ocultaba tras ese monólogo extenso por cierto, que no profería contenido alguno pero que a la vista no era más que una obra magistral de cómo debería desenvolverse uno en una clase o un auditorio lleno de gente expectante, por poner un ejemplo gráfico y a fin al relato que les cuento .
Finalizado el (no) discurso, se quedó mirando un punto fijo, de sus labio llegué a leer un nombre el cual no reproduciré por cuestiones obvias, a nadie le va a interesar y sería un dolor de cabeza si se llegara a enterar aquella persona por este medio o por algún comentario mal intencionado de terceros; y es que ¡vamos gente!, las personas no siempre están llenas de buenas intenciones.
Un poco atónito, por no confesar que del todo, y tal vez bastante intrigado, me dispuse a ver que hacía con su dedo índice por debajo de su párpado inferior izquierdo, el mismo describía un semicírculo, como palpando irregularidades, y vaya que las había, las ojeras de él eran bien pronunciadas, como si le faltase horas de sueño o como si hubiese estado muchas horas despierto o de gira realizando labores pesadas para su cuerpo y cabeza. Instantes después repitió idéntica operación pero del lado contrario. Lanzó un suspiro, como si estuviese hastiado, y se tocó el mentón, palpando su barba de más de cuatro días, tal vez tanteando el largo de la misma. Disparó una última mirada, esquiva, más bien nostálgica, posteriormente empezó a acomodarse el pelo, húmedo, dándole forma con sus manos, procedimiento que no duró más de 10 segundos.
Ya bastante nervioso y con muchas ganas de irme a trabajar, a pesar del sueño, me dije a mi mismo:
Nunca voy a entender a ese ser grotesco que está del otro lado del espejo.
Me acomodé la corbata, luego la camisa y salí del baño.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Volvió Gabriela…

Y como toda gran vuelta no fue ni con sonido de cornetas ni con aplausos, vientos del pasado adornaron el retorno de una persona que marcó cierto pedacito de mi vida, que me acompañó durante largas horas hablando por radio y haciéndome el aguante en esas noches donde el sueño no se anima a asomarse por la puerta y decir, vamos che, ya es hora.
Como en la mayoría de mis pérdidas, esta no tuvo anuncio, simplemente se dió, un día ya no nos llamamos, una noche ya no nos hablamos por radio y cada uno siguió la vida como le salió, con los logros obtenidos y con las pérdidas propias de cada paso que uno va haciendo o se arriesga a hacer, con las caídas propias que son parte del camino y con los riesgos a asumir.
La verdad que es loco, y con esto quiero decir que en menos de una semana ya tuve dos reencuentros, uno con aquella dama y el otro con Gaby. En ambos casos es como si el tiempo se hubiese congelado, como si nada hubiera pasado en el medio… la manera de hablar fue la misma de siempre, las palabras (que nos marcaron) volvieron a ser dichas, como si se tratase de algo común, una constante que jamás varió. Y eso me gusta, es la pequeña impronta que fui (voy) dejando en las personas… no está mal que lo diga, creo yo.
Seis fueron los años que pasaron sin noticias de ella y el reencuentro cibernético permitió conocer noticias actuales, inesperadas.
Ya no somos los adolescentes que fuimos, y este reencuentro no hizo más que recordarme el paso del tiempo con el correr de los años.
Ojalá sigamos en contacto…

miércoles, 5 de mayo de 2010

Invisible…

Varios son los espacios en blanco
en esta hoja que pretende ser llenada.
Invisible quien te abraza y acaricia
en la soledad de esta noche que sucumbe
inevitablemente a las ganas de amar.
Bendita es mi desgraciada suerte,
hace horas que te beso y no te enteras.
¿Cómo hago para modificar realidades?,
¿cómo hago que este relato sea real?.

Universo nuevo, ecos constantes,
no me importa lo que miente el espejo,
ese momento mágico maquillé.
Vos estás tan lejos y sin embargo
nos arrima este vago pensamiento.
Te he desnudado todas las mañanas,
he guardado en el trono tu nombre.
Cabalgo por los pensamientos que hablan
que son muy míos y apenas conoces.

Invisible beso sin fecha, firma, sin contrato,
un beso con torrente de aplauso de nadie,
enredada entre la niebla de mis deseos
tu nombre oculto se halla en estos versos.

miércoles, 28 de abril de 2010

Centinela…

En tus tierras yace un ángel
con sus alas de roca.
Ahí nomás una piedra que late
susurra historias que no puede contar.
Y escapando del dolor y lo triste
a tus pagos me viste llegar.

Con mil llantos guardados en ríos
desemboca mi soledad.
Andando, misterioso camino, el viento
lleva nuestras cenizas.
Y en la cima del dolor y lo triste
en las cuchillas te fui a recordar.

La cumbre de la Juanita
se pinta con el alba.
A pesar de las distancias el tiempo
nos separa aún más.
Y en la cima del dolor y lo triste,
allí te he de esperar.

miércoles, 21 de abril de 2010

A aquella dama…

Hoy le voy a hablar/escribir a usted, si a usted lector, permítame jugar un rato con su imaginación, con los riesgos que ello implique… quizás está usted en este momento en México por poner un ejemplo y casualmente llegó a este blog buscando la piedra filosofal que oportunamente tipeó en google y el buscador equívocamente lo direccionó para este blog, si es así, amargo será su desengaño ya que si existiese la piedra filosofal (y si yo la hubiese conseguido/logrado) la hubiera vendido al mejor postor hace tiempo y créame, no soy una persona materialista, pero mi sueño es no trabajar y “gastar” mi tiempo en las cosas que más disfruto. Ahora, en cambio, si usted es un lector habitué o es esa lectora que fantaseo siempre que entra y lee mis entradas para ver que desvarío escribo cada semana, le propongo que piense conmigo: ¿qué es la melancolía?.
¡Ya sé!, vá empezar con que soy repetitivo y todas esas weas, pero le propongo de verdad pensar en ello… en todo caso a mi siempre me acusaron de ser un gran melancólico (nunca lo negué), pero es un buen ejercicio pensar un poco en eso. ¿Se anima?...
Mientras Ud. lo hace yo pensaré en el desplazamiento del eje terrestre tras el terremoto (brutal) que aconteció en Chile, también dedicaré mi tiempo a tratar de entender (de alguna manera y haciendo sobreesfuerzos) a lo oposición política que impera en mi país y destroza todo lo bueno que puede llegar a hacer un gobierno, eso si, permítame tener opinión política por favor. Autoríceme a pensar en los 3 cm. anuales que se aleja la Luna, pero atención, le suplico no me deje discurrir en una noche sin ella; y si lo desea, concédame pensar en París y en Francia, eso siempre me gustó, al igual que los Mirage y el Rafale que tan bien hicieron volar. O si es tan amable déjeme coquetear con personas que sientan nostalgia (por ponerle un nombre) de las misiones Venera de la ex URSS. No vaya a pensar que soy comunista, pero hay cierta grandiosidad en esas épicas misiones que no las tienen las que van al planeta rojo… sabrá comprender soy un romántico y detrás de mi cinismo se halla un admirador de las causas perdidas.
Calculo que para cuando esté leyendo esto habrá tenido tiempo suficiente para reflexionar en base a la premisa que sugerí, de no ser así, sepa disculpar el breve período de tiempo, es que verá usted, cuando uno escribe, la magnitud tiempo tiende a desparramarse sobre el cerebro y esta hoja digital donde estoy escribiéndole a usted misma en este instante. Es increíble que delante de mí haya un papel que no existe y que estas teclas jueguen a ser mi letra.
Ahora bien, nostalgia le llamo yo a ese hueco que usted ha dejado (de forma prevista y con aviso –aunque no oral ni escrito-) y que en éste caso, su servidor no ha podido rellenar de forma alguna. Yo sé, dirá, este muchacho es un idiota y en cierta forma concuerdo con usted, toda vez que cada tanto tengo pensamientos recurrentes o sueños donde Ud. aparece de manera intempestiva cortándome no sólo el sueño sino también la respiración, y yo siempre la abrazo y le digo lo mismo: “te re extraño”; pero sepa que he tratado de luchar contra ello escribiendo una poesía invisible que nadie se enteró y nadie por ende conoce, que llegado el caso (y la necesidad) publicaré para que Ud. Dama noble, se entere de lo que vengo pensando y no resuelvo, o si lo quiere, resolví y no supe entender las consecuencias de tal acción, aunque la valoro y acepto como tal.
Ciertamente prefiero que la nostalgia sea sólo de uno y no compartida, sino caeríamos recurrentemente ante un mismo error, cosa que sé muy bien que Ud. está harto preparada (o no) para situaciones como estas, con lo cual ya ha de haber ideado un modo sistemático para no caer en esa suerte de “depresión” tras cada adiós que afronta (si consideramos que todos actúan al igual que yo), cosa que dudo, ya que no suelo seguir patrones preestablecidos de conductas si es que los hay.
Nostalgia siento por aquel viaje en 2008 a las sierras bonaerenses y a mi pensar en usted en el transcurso de ese viaje, y créame, aunque yo no lo sabía, ya pensaba en Ud. De todas maneras y a razón de consuelo, le comento que siento melancolía por los paisajes que mi retina guardó y que espero pronto pueda revivir de alguna manera… eso si, con el proyecto siempre, de allí irme a vivir… Ud. sabe mejor que yo que ni las rutas, la historia y las Malvinas pueden salir de mi cabeza y de mi corazón y eso es bueno por que estoy seguro que me conoció más que muchos de los que hoy dicen ser mis amigos; a la vez eso no está mal, por que ellos no se dieron el lujo de hacer lo que usted, por motu proprio hizo.
En fin, Ud. ya conoce mi dicho “si uno habla mucho de algo es por que nada ha resuelto”, y puede creerme que yo si he resuelto lo nuestro, obviamente a mi manera, que como sabrá no siempre es la mejor pero es la única que por el momento me sale. Ya he probado ser una roca, ser un llorón, y todas las variantes intermedias que puedan llegar a haber, pero siempre termino donde partí, donde Ud. me conoció (hasta donde se animó), en aquella línea de partida ya gastada de tanto volver.
Entonces si me permite, déjeme contar como vá a seguir ésto y como le voy a dar vuelta este texto sin que se dé cuenta. Mañana fumaré la misma cantidad de cigarrillos que hoy, siempre y cuando no haya otro aumento como los que están viniendo últimamente, luego planearé una visita al observatorio del Parque del Centenario que jamás voy hacer por que seguramente alguien me llamará y me propondrá una alternativa a los planes originales… seguramente tomaré alguna bebida alcohólica de esas que a mi me gustan por su alto contenido de etílico y que no me permita pensar más de la cuenta.
Al día siguiente le hablaré a su recuerdo y le diré: le propongo que piense conmigo; ¿qué es la melancolía?.

miércoles, 14 de abril de 2010

Armagedón…

En el planeta Tierra todo es perfecto, es decir, es una inmensa comunidad en armonía (a veces no tanto). Todo está metódicamente calculado… el hombre pisó la hormiga sin querer pero queriendo a la vez, el león cazó a un cebra, un rato antes esa cebra comió la rama de un arbusto el cual se alimentó de los pocos nutrientes de la tierra de África. Todo una gran armonía cósmica que los humanos pocas veces se detienen a observar, mejor dicho estudiar y si lo hacen lo toman como algo ya sabido, algo natural.
La velas solares fallaron, al igual que el hombre tratando de vencer la a la iracunda naturaleza.
Señor presidente, es que la composición del asteroide es distinta a la de las muestras que nosotros teníamos en los laboratorios, dijo el vocero de la guardia espacial, mientras el inminente desastre se avecinaba y a esa altura del partido ya era visible a simple vista. EE.UU. había perdido la batalla contra su destino y la inmensa roca de de hierro de 1,5 Km a una velocidad de 48.000Km/h se hundiría a 6 Km de profundidad, con el equivalente de 6 arsenales nucleares, quemándose toda materia inflamable y generando sismos tan grandes que deprimiría cualquier cosa, las olas viajarían a razón de 200 Km/h a la vez que catastróficos vientos de 200 Km/s y con millones de litros de agua encima avasallaría a la tierra, decía el informe de Clarín mientras que agregaba detalles técnicos y no tanto (sino el lector promedio no entendería) y gráficos tan simples de entender que el sólo hecho de mirarlos daba por tierra las ganas de leer el artículo entero del “gran diario argentino”.
Mientras, la grava haría mierda Hollywood y todo aquel edificio que aún esté de pie en Norteamérica. Las olas de 200 metros de altura llegarían al Océano Pacífico y los incendios empezarían en todas partes, aumentando la temperatura atmosférica de norte a sur (por que todo evento importante allí sucede), siguiéndose los mismos por una mortal nube de azufre.
Las cosechas morirán, la hambruna aumentará, pero claro, ya en muchas áreas la gente muere de hambre, ya que 5000 millones de habitantes es la población de la tierra, suponiendo el mejor pronóstico (y siempre hablando de estadísticas) un medio se salvaría… claro está que la mayoría morirá dado que sus gobiernos no consideraron jamás la catástrofe natural, toda vez que siempre pensaron que los humanos serían eternos y que el gran benefactor (EE.UU) salvaría el planeta como nadie, con fuegos artificiales y con bandas y estrellas flameando por doquier al son de su himno nacional.
La conducta humana de sobrevivencia en las grandes urbes conllevaran a saqueos, guerras civiles y destrucción de los entes gubernamentales; a nivel global una nube tapará al sol… llegará el invierno nuclear que siempre se temió, comentarán Roberto y Agustina en la versión de media noche de Visión 7 por la televisión pública.
Lejos de todo ese panorama, en estas regiones el congreso no logrará el cuorum para definir si debe implementarse la ley de medios y criticarán la entrega de netbooks a los alumnos de escuelas secundarias. Un panorama muy similar al descripto más arriba, sólo que en un país que después de 200 años no logra encontrar su identidad y ya está hastiado de situaciones como esas y de oposiciones que sólo juegan el papel de oponerse a como de lugar.

miércoles, 7 de abril de 2010

La chica que no ví nunca más…

Nos conocimos en un bar, bueno, en realidad fui a parar a ese lugar en el año 2004 y allí me senté a tomar un amargo whisky (Criadores creo que era) y a observar como las parejas bailaban, pero de entre todas, aquella morocha se destacaba. No sé mucho de técnicas de baile (más bien sé nada) pero no relucía en ello, pero debió haber sido esa camisa roja y ese tajo que dejaba ver su pierna izquierda y alentaba a la imaginación a más.
Se hizo un impás en el baile, ella fue a su mesa con su pareja y empezaron a tomar, creanmé que tomaron bastante, las parejas volvieron a bailar y ellos siguieron allí sentados. Tras unas cuantas copas me animé y le pedí de trenzarnos en una pieza de tango… ya sabrán ustedes que de bailarín no tengo nada, pero tampoco tenía nada que perder. Comenzamos a bailar una especie de tango (más bien mambo). Ambos bailamos desentonando con los pies aquella pieza lo cual fue un éxito, dado que permitió ocultar mis dotes como “no” bailarín.
Le invité un trago, me dijo que no, le pedí su número, me lo negó también al igual que su e-mail. Resignado le pedí su nombre y entre dientes susurró Cecilia, a la vez que volvía a la mesa con su pareja.
Ese nombre me invitó a escribir sobre mi relación con el mismo… pero no por hoy, esa se las contaré más adelante, hoy quiero quedarme con ese tango y esa pollera en mi mente, al menos en este momento.