miércoles, 21 de octubre de 2009
Triscaidecafobia (12+1 como quieran)…
En la última cena, fue Judas Iscariote el último en entrar, y con él eran 12 (Jesús y los 11 apóstoles), pero si hubiesen sido 13 ¿la iglesia lo hubiese cambiado?. ¿Y si en realidad hubiesen sido 13 las monedas por las que Judas vendió a Jesús a los Romanos?.
Pero aparentemente hay una cuestión intrínseca en que todo debe ser “par”, 12 meses, 11 apóstoles más Jesús, 12 dioses del olimpo, eso es raro che, los signos del zodíaco eran 13, pero por algún motivo a Ofiuco lo sacaron para que queden 12 y no 13 signos. Ni hablemos del tarot donde la carta XIII marca a la muerte en su figura ilustrativa, pero más allá de eso, existe una creencia (iberoamericana) del martes 13, hablando de esto, investigando pude descifrar que este día está incrustado a la creencia de que ese día se produjo la confusión de lenguas al caer la torre de Babel (como me hubiese gustado estar ahí). En la cultura anglosajona esto no es así y el día nefasto es el viernes eso si, siempre manteniendo el mismo número, creo que era por la muerte de unos templarios o algo así, después de todo no soy profe de historia (aún) ¡jajaja!.
Recuerdo que al volar en avión haciendo la ruta Puerto Montt-Santiago de Chile, la línea aérea no asignaba este número a ningún asiento poniendo en su lugar el 12bis, si, no lo recordaba pero este ejercicio ayudó a hacerlo por desgracia.
Ni hablemos de la nefasta historia del Apolo XIII que por suerte fue una desgracia afortunada, pero sin dudas llevó a elevar a grados superiores el odio/temor a este número.
Lo peor es que tal creencia no tiene fundamente lógico o científico alguno y como muchas cosas y ahora apoyada por la efervescente globalización todas estas creencias la importamos o las exacerbamos a niveles que son impensables, o mejor dicho, que no queremos pensar hasta que realmente nos ocupamos un rato en hacerlo.
El reloj digital marcaba la hora 13 cuando cerré el cuaderno en aquella sala, el hambre me estaba volviendo un poco loco y rogaba que el trámite sea lo más expeditivo posible… 13 minutos después estaba dentro del despacho e irónicamente sonreí al ver aquel reloj marcando las 13:13hs evidentemente tenía que mirarlo precisamente en ese instante.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Noche en off…
Con brújula es más fácil ¡che!, me dijo una persona hace unos días atrás, yo vengo andando sin mapas y con esta mochila tan pesada que ya ni el rumbo que seguía encuentro, pero descubrí una cosa re loca: las paredes que fuí levantando (con el correr de los años), noto, recién ahora, que están en falsa escuadra, malparida suerte la mía, no hay un carajo en la televisión y un fantasma me quema la cabeza hablando boludeces.
Me estoy poniendo viejo para crecer y eso me está molestando, esta noche te desenterré, pero fue por accidente, no lo quise así, podés creerme. Lluvia, eso es, eso puede baldear las huellas, puede hacerme perder el tren y se termine así este lío. Acá no hay héroes que me salven, y con fiebre y con ese goteo de recuerdos, caí tacleado en mi cama, para dedicarme a escuchar aquella lluvia en el patio de casa. No tenía hambre, no tenía nada de ganas ni ganas de nada, escuché un par de discos mientras intuía a la Luna fisgonear por entre las nubes (no fue tarea fácil), hastiado, decidí salir a caminar…
La moneda giraba en el aire cuando ya había decidido donde ir a parar… aquel bar cultural ofició de refugio y distracción para no enfermarme más. Allí pedí el ya clásico whisky mientras escuchaba a unos muchachos tocando música peruana, cuando inopinadamente cayó Germán en aquel lugar, grata sorpresa para ayudar a la distracción, pero algunas noches son jodidas cuando dos melancolías se juntan a conversar. Se desplomó la tristeza por su propio peso durante la charla, pero el whisky corrigió su masa alivianando la carga, mientras El Rifle juntaba las estrofas de un verso sin rima e incompleto que descarté tras el sorbo final. Y es que a veces llega un momento que te cansás de salmonear nadando contra la corriente, así que preferimos preguntarnos otras cosas, cosas simples como ¿por qué siempre que nos juntamos está nublado?, cosas así, sin sentido, sin valor alguno, a veces se puede charlar sin pensar, desconectar el cerebro y vivir un momento más que no suma ni resta, que seguramente no volvamos a recordar.
Y así luego de unas horas de hablar sobre nada y con la mirada del mozo implorando que nos vayamos, disimulando lo triste y conservando la calma, ambos marchamos.
“Me enamoré de tu ausencia”, pensé mientras caminaba de regresó. Linda forma de terminar una noche en off, antes de desmayarme en mi cama.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Juegos de la imaginación (cositas simples)…
Mientras yo escribo esto, vos debés estar haciendo algo que por demás desconozco, seguramente está ocurriendo un incidente en algún barco, a decir verdad hay unas 6.000 millones de variables distintas para imaginar, quizás alguien está haciendo estadísticas (sacando promedios, desvíos medios y standard, la moda, etc), ella debe estar terminando con él, o quizás él está fumando y tomando un whisky en un bar tras su abandono. A lo mejor un pibe de 16 años está componiendo un tema que dentro de un año suene en las radios y lo lleve al estrellato.
En este mismo instante un avión está despegando y otro aterrizando en algún lugar del mundo, también se deben estar enviando datos vía satélite, y la Voyager 1 debe haber superado las 109,71 UA (Unidades Astronómicas, algo así como 16.414 millones de kilómetros del Sol) pasando la zona heliofunda para entrar a la heliopausa, algo más de 14 hs después de que yo termine de escribir esto, llegarán los datos de esta sonda a California y serán los datos que registró mientras yo estaba delante del monitor con mi cigarro encendido, mi vaso de cerveza y esta idea que les estoy comentando.
Mientras juego con mi imaginación, una máquina térmica dejó de funcionar por un desperfecto mecánico, Fobos se acerca más a Marte y la Luna se aleja un poquito más de nosotros, alguien pinta un cuadro, o una pared, otro lee un libro o quizás está escribiendo como lo hago yo. Algún universitario debe estar desvelado estudiando para un problemático parcial, una brisa debe recorrer la RP 76, un indeciso se debe estar animando a decirle a esa chica cuánto la quiere. Mientras pienso en esto que escribo, alguna lluvia debe estar baldeando un patio, un elefante está siendo capturado y algún valiente debe estar con el arma apuntando a su sien. Otro está tomando unos mates y otros debe estar escuchando al igual que yo a Ray Charles, en Rusia se debe estar celebrando un Contrato; mientras en Honduras Zelaya debe estar descansando para afrontar el día que le espera mañana, en Marruecos alguien festeja su cumpleaños y en Australia un canguro es atropellado por un auto.
Mientras yo escribo esto pienso que vos podés ponerte a pensar un segundo o intentar imaginar lo que yo hago, de todas maneras para cuando lo leas, puede que el efecto sea ese, pero no dure más de cinco minutos, lo cual me parece perfecto, ya que este escrito hubiese cumplido con su función, es decir, lograr que vos juegues con tu imaginación como lo hago yo en esta noche de octubre mientras escribo esto con mucho cariño y con muy poca dedicación… ¿por qué les voy a mentir?.
Mientras yo escribí esto, mi perra que dormía se despertó dos veces, dio una vuelta en la cama para volver a caer en el sueño, yo por mi parte realicé un ejercicio de mecánica técnica, me tomé una cerveza y fumé cuatro cigarrillos, planifiqué ese proyecto que pienso llevar adelante sin que nadie se entere y aún cuando esté terminado, a nadie le importará del todo… son los juegos de la imaginación. Gracias por jugar conmigo (o permitirme jugar contigo).
miércoles, 30 de septiembre de 2009
No cuenten conmigo…
Volvía de la facultad un sábado al medio día en el asiento de atrás de todo en el bondi pero del lado contrario al que me gusta viajar, es decir, del lado del conductor, iba escuchando música con mi celular cuando de repente me percaté de esa anomalía que debe suceder de cuando en cuando. Atónito (y debido al sueño) refregué mis ojos para corroborar que no estaba en un error, pero el resultado fue el mismo, allí estaba él, delante mío… mejor dicho, abajo y por delante de mí. Llevaba puesta una remera negra y uno jeans bastante añejos, lo había visto cuando caminaba enfilando para aquel asiento vacío que me permitiría el retorno “cómodo” hacia mi casa tras una hora de viaje.
Le había visto una cara llamativa y conocida de algún lado, pero mis tres horas de sueño y esas tres horas de clase anularon toda mi capacidad de pensar, de todas maneras su cara y sus ojos me resultaron familiar de alguna forma. Preferí no darle mayor importancia y proseguir con el ritual de sacar los auriculares y poner algún disco que hiciera más ameno el viaje de regreso a casa.
Pasado un buen trecho y ya a la altura de la Plaza Flores, fue que observé aquella anomalía… allí estaba realizando los pasos de una gran danza cósmica coreografiada por la gravedad, peleando por ganar cada centímetro de altitud y con la meta fijada en llegar a la cima, como si su vida dependiese de ello. No podía creer lo que miraba, así que refregué mis ojos por segunda vez en ese viaje para cerciorar que lo que veía era estrictamente la realidad… pues era así, estaba siendo observador de un hecho casi insólito y del cual pocas personas se animarían a contra como una anécdota.
El tema es que una vez superada la remara tenía un gran valle hacia arriba que lentamente realizaba, como pensando cada paso y tratando de no ser visto (cosa difícil) o al menos presentido. Debo dar fé de que la situación se me tornó un poco extraña y sentía la necesidad de avisar todo lo que veía, pero por otro lado temía ser victima de la indiferencia y de las burlas de los demás. Al mirar por la ventana ya me dí cuenta que ya estaba a la altura de la Avenida Nazca.
Desconozco que fue lo que lo impulsó a pegar un salto, pero le sirvió para acercarse a su objetivo, el espanto me ganaba y las ganas de no estar crecían tras cada segundo, sinceramente hubiese preferido haber tomado otro bondi o bajarme allí mismo, intenté refugiarme en mi música y en alegrías que aún sangraban, pero aquel hecho bloqueaba cualquier intento de distracción y como siempre fui bastante fisgón, fue imposible dejar de ver lo inevitable.
El Bondi ya estaba por la calle Santiago de las Carreras cuando insospechablemente estaba llegando a su línea de llegada, unos obstáculos constituidos en forma de pelos y ya había llegado a la nuca de aquella persona conocida (mejor dicho familiar a la vista), y conseguido una posición por donde avanzar y desovar.
Esa persona bajó en la parada siguiente, mientras yo pensaba que pude haber sido víctima (como él) de un bicho como ese.
Por las dudas al llegar a casa me pasé el peine fino, no vaya a ser cosa que me ligue unos piojos por viajar en el transporte público automotor.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Milagros IV…
Esperas toda una vida para encontrar a alguien que te comprenda,
que te acepte tal como eres. Al final, descubres que ese alguien,
durante todo el camino, has sido TÚ MISMO.
Richard Bach.
Después de hablar por teléfono cuando salía de la facu y me dirigía a tomar el bondi, me quedé pensando en lo que me dijo: “preparate que te voy a sorprender”. Pero el cansancio ganó y aprovechando que viajaba sentado, el sueño me estafó y así dormí hasta casi la parada en donde tenía que bajar, increíblemente no seguí de largo, debe haber una suerte de alarma corporal en esos casos.
Extraña sorpresa me llevé al caminar los
-Manejo yo nena, le dije mientras tiraba las cosas atrás.
-Ni en pedo, el auto es mío y lo manejo sólo yo, me dijo con ímpetu.
-Yo conozco la ruta y sus bardos, además, ¿cuántos viajes a Tandil hiciste?, le pregunté.
-Ninguno, respondió.
-Bueno yo hice algunos más que vos, así que vas a tener que dejarme a mi, además vos salís de laburar.
Luego de unos minutos de discusión, accedió a dejarme el volante a mi, aunque insistía en ir por
Al llegar fuimos a buscar un hotel para quedarnos, luego de dejar las cosas allí, salimos al centro a tomar algo y de ahí nos fuimos al Parque Independencia a ver la ciudad desde el mirador. Extraña atmósfera flotaba en ese momento, como si fuese nostálgico, como si algo iba a pasar… y terminó pasando finalmente. Algo confundido por mi parte, y luego de caminar un poco por allí, volvimos al hotel.
A la mañana siguiente, nos bañamos y bajamos a desayunar.
-¿Dónde querés ir?, le pregunté.
-Vamos a donde vos quieras, vos sos mi guía.
Cuando terminamos el desayuno, la llevé al cerro
Después de cenar y pese al frío salimos a caminar por el dique y no satisfechos con eso, escalamos hasta el Quijote, era la primera vez que veía la ciudad desde ahí de noche.
-¿Esto es lo que buscás vos cuando decís que querés venir a vivir acá?.
-En realidad no quiero venir a esta ciudad específicamente, pero se asemeja mucho a lo que busco para mi y mi futuro. Respondí mirando la nada.
-Creeme que ahora te entiendo Ro, me dijo y se sentó a los pies de Sancho Panza a fumar un cigarrillo. Yo por mi lado, salí a caminar por el sendero que lleva a la parte más alta de aquella sierra y en la soledad más grande y con la obscuridad de cómplice, empecé a llorar.
Si subir no fue fácil, bajar no estuvo muy lejos, cuando llegamos al hotel ambos estábamos destruidos y ni bien nos acostamos, los dos nos quedamos dormidos.
Al amanecer, mientras ella dormía, aproveché para bañarme, planear el resto del día, y la hora de regreso. Y planificar lo que ya hace tiempo venía pensando y nunca pude concretar como sería.
Al salir, Milagros ya estaba despierta, me saludó y me abrazó muy fuerte, acto seguido, entró a bañarse. Cagamos, pensé, se avivó.
La esperé con el desayuno en el comedor, hablamos muy poco, agarramos las cosas, las cargamos en el auto y de ahí fuimos al cerro El Calvario y después de allí al cerro San Martín, donde comimos unos sándwich de jamón y queso, ya a esa altura estábamos hablando con normalidad. Luego fuimos a caminar por el centro, ella se dedicó a comprar cosas para llevar a la familia y amigo, yo me aboqué a fumar y pensar. Un mensaje del Rifle cortó la meditación y brindó un poco de ánimo para seguir adelante.
-Mirá lo que te compré, me dijo ella con un portarretrato artesanal.
-Es justo que tenga una foto tuya en él che, le respondí.
-Bueno, pero ahora no, vamos a ese negocio que ví algo que me encantó, y enseguida apuntó para aquel local.
Después del paseo de compras por el centro y ya con la tarde yéndose, salimos despacio a la ruta, saliendo de la ciudad paramos en una estación de servicio para llenar el tanque. En las inmediaciones había unas construcciones sin terminar y no sé por que fui para allá, Milagros me siguió.
-Que lugar raro este, ¿no?, me dijo.
-Si tenés razón, a ver, parate allá que te saco una foto.
-¿Acá está bien?, me preguntó.
-Si, quedate así.
Y allí mismo le saqué la última foto de aquel viaje.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Buscando…
Richard Bach.
El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto.
Se encendió una llama y un nuevo amanecer, me encontró despierto nuevamente, el humo del cigarrillo dibujaba figuras en el aire, desvaneciendo algunas sombras del ayer, y otra vez la busqué en mi memoria y la historia volvió a tener el mismo final.
Dolor. Mucho dolor. No tenía muchas ganas de dormir. Quería enfrentarme a todo este dolor que además se acrecentó con una contractura que llevaba varios días haciéndome sentir inservible. No hay esperanza. No hay expectativa. No hay camino ni receta para todo ese mal. No hay pócima que lo remedie, porque no es algo a remediar. Eso es lo extraño, simple y extraordinario del dolor. Uno no tiene que buscar soluciones, aunque a veces se torne menester. Uno no puede rebelarse sin sentirlo, no puede luchar contra él sin que éste se torne más y más poderoso. Toda energía empleada en tapar el dolor se vuelve contra quien la emplea, hasta se puede notar en el ánimo de aquellos que llevan a cabo esta práctica. Al huir de él te aferras a él, convirtiéndolo en algo mudo, negado y profundo, es una suerte de contrato de palabra, nada está escrito, pero lo conocemos, allí está. Uno sólo puede invitarlo a pasar, tratarlo como al mejor de los huéspedes, y despedirlo agradecido (o no tanto) cuando decida marcharse; porque sólo entonces habrá cumplido su función, la sepamos sentir o no. El mayor acto de transmutación que yo he conocido frente al dolor, la forma más rápida de transformarlo en luz, es aceptarlo plenamente, saber cantar, bailar, pensar, fotografiar, escribir, hundirse, pintar y colaborar con lo inevitable. Cuando duele, duele. Sin explicaciones. Sin conclusiones. Sin culpables. Sin consuelos. Ese es, misteriosamente, el principio y el final del dolor.
El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto. Por eso un excelente principio es comprender al dolor, explorarlo y eso pocos buscadores lo pueden realizar al ciento por ciento.
El pensamiento no es más que un relámpago en medio de una larga noche, y aquel cigarro ya estaba consumido en mis dedos. Encendí otro mientras seguía pensando y observando las figuras que creaba el humo.
Y aunque traté de encontrar una respuesta en mi interior, sé que a veces no puedo cambiar lo que yo soy, y escuché de repente tu voz como un eco en la distancia sin cesar, detrás de tu imagen, difusa, semi obscura y borrosa, pude leer la historia de un cuento sin final, caminando hacia el olvido, un amor perdido se aferraba a los caminos de tu piel, de mi piel.
Y es así, el tiempo calma las heridas (al menos en apariencias), y es inevitable que mil preguntas sin respuesta queden, y algún día en este camino estoy seguro que nos volveremos a cruzar, allí nuestros ojos reflejando la verdad y con el susurro mi voz en tiempo pasado, que se aleja como los hace el viento cuando corre por las sierras, nos abrazaremos.
El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto. A mi me pasó esa mañana cuando intente encontrar lo que buscaba pensando.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Ella y él…
Y en esa imagen estaba ella escondida entre nubes esperándolo a él, y por otro lado se encontraba él haciéndose el desentendido, evitando algunas pleitesías, quizás por desinterés, o tal vez por esa bicharrea que se nos dá a veces a los hombres de hacerse desear, la verdad es que a ciencia cierta no lo sé bien, por otro lado poco me importa. Es por ello que cerró la cajita musical y se dispuso a tomar un café bien cargado y sin azúcar, como siempre tomó y como a nadie le gusta.
Un tic-tac marcaba el incesante paso del tiempo, y ese lápiz delante de la hoja no quería hablar, prendió un cigarrillo, y de nuevo esa imagen de vuelta. Ella con todo ese amor guardado y él con esas ganas de emprender algo de nuevo, como si esa fuese la forma de volver el tiempo atrás, como si el mes de octubre estuviese destinado a ese reencuentro de aquella alma enceguecida de amor y su amor imposible. Imágenes de Cumbres Borrascosas o de un Cinema Paradiso tal vez estén a la altura “descriptiva” de lo que ella espera/siente.
Y agrandando el libro de bitácoras esa noche precisamente invocando recuerdos de un mes de abril y yuxtaponiéndolo con frases que adornaban oraciones inclementes de un pasado pisado, olvidado, oxidados por el traspase de la espada del tiempo, aquella misma espada que le dejó una cicatriz, pero no a él precisamente; se prestó a la inagotable tarea de revolver escombros y allí mismo encontró escritos sin nombres que seguramente servirán a la perfección cuando la misión sea la de conquistar un corazón que no se cansa de latir por él y que enfebrecido espera un dramático desenlace, para así de una vez, terminar con el sabor dulce de la victoria entre sus labios o con el amargo y doloroso veneno de perder en el torrente de su sangre.
Se le vino una decantación de ideas y nombró al universo, escribió como si conociese apenas la milésima parte de lo que no conoce pero intenta describir con palabras que pueden parecer profundas, según quien lo mire, claro está. Se cuestionaba cosas que él ya conocía, se preguntaba con la respuesta en la cabeza. Pero como sucede en esas ocasiones, gracias al paso del tiempo, el café perdió su temperatura. Ni un sorbo pudo darle, pues cansado de habladurías se dejó vencer por el inefable sueño que agazapado y sin que él lo notara fue moviendo pieza a pieza en el ajedrez de su cabeza, capturando al rey y ganando por knock out.
Despertó por el sonido del despertador que le sonó similar al de la caja de musical, pero claro, ahí está el truco, sabiendo lo que ella siente es fácil saber como actuar. Se despabiló, se enjuagó la cara y comparó lo escrito con la belleza de una rosa, como si ese fuese el final que cerraría su idea.
Amargo mi desengaño cuando llegué al final, no estaba a la altura de lo que esperaba, pero seguramente a él le cuadró perfecto, a quien corresponda le cerrará a la perfección y por eso lo finalizó así.
De todas maneras sabe y supo que ella muere por él.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Desaparecidos…
¿Te desilusionaste alguna vez?, a mi me pasó varias veces. ¡Bien!. Eso nos pasa por caer siempre en la trampa de la ilusión, tendremos que desilusionarnos del todo y aprender algo positivo, ¿no te parece?. ¿Te cansaste?, yo muchas veces. ¡Bien!. Ahora podemos descansar.
Últimamente no me gustan las medias tintas, estoy muy intolerante con algunas personas y hechos. Y es por eso que he optado por usar una de mis palabras preferidas y que recientemente he aprendido, "ahora". Por eso me gusta cerrar las cosas que no existen en el ahora para que no interfieran.
Con algunos de mis “enemigos” últimamente me abracé, me he reencontrado con otros amigos que hace mucho no veía y hasta compartimos algunas cosas juntos. Me dediqué a tratar de ver más a mis amigos cercanos y a no permitirme alejarme mucho de la gente que quiero tener cerca, que me alimenta, que me hace crecer, por otro lado es un orgullo contarles que ya no hay karma alguno en mi vida… llevó tiempo, pero no me quejo de los resultados.
Cuanta gente que nos acompañó un rato en nuestra vidas, algunos fueron figuras fugaces, otras perfilaban permanecer siempre al lado y hoy no están… ufff se me vienen a la cabeza un sin fin de nombres y momentos que he compartido con pasajeros ocasionales de este tren. Hoy me pregunté por todos y cada uno de ellos, bah… para ser sincero de los que me acordé.
¿Te preguntaste dónde están?. ¿Sabés algo de sus vidas?. ¿Intentaste un reencuentro?. ¿Te interesa aún algo de alguien que estuvo contigo?. Todo esto me pregunté y asombrosamente un infinito abanico de ideas fueron emanando de mi cabeza, algunas hasta increíbles. Para variar mi mente empezó a fabricar imágenes de cómo serían esos reencuentros, de que hablaríamos, del pasado que nos unió y del futuro siempre incierto, máxime cuando se trata de encuentros lejanos o cercanos que más que reencuentros son hallazgos.
Y algunos fueron hallazgos de verdad, otros se dieron en esa época de "cataclismos sanitarios" y "apocalipsis porcino", igualmente esas épocas no fueron un pretexto para que nos alejemos demasiado de las cosas que disfrutamos siempre saborear.
Y si vos sentís o pensás que formás parte de mi lista de desaparecidos, tenés que saber que yo te espero en Lugano, como siempre, tosiendo en el codo y con alcohol en gel en la puerta (por las dudas haya un rebrote). Las anécdotas, vivencias nuevas/viejas, los mates (en tiempo presente pero con sabor a pasado), la escritura, las fotografías (viejas y no tanto), los asados y las canciones, no parecen contagiar nada irreparable. A lo sumo, recuerdos y nostalgias varias... que nunca vienen del todo mal.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Sobre baldosas…
Todo comenzó hace unos días, cuando caminando luego de unos días de lluvia, vaya a saber uno por que motivo, entré a mi hogar y encontré mis zapatillas y la parte inferior de mi pantalón colmados de agua.
En ese momento pensé que era normal, pues todo estaba mojado y era lógico luego de tanta lluvia.
Al otro día salí a hacer algunas compras y caminando pisé una baldosa suelta, la cual en venganza por el pisotón, me aventó furiosos efluvios de agua sobre mi persona. Continué caminando, esta vez más atento, y divisé que diez pasos más adelante había otra baldosa suelta. Ya preparado la esquivé, pero de forma inopinada la que se encontraba al lado, me terminó mojando también, y no sólo eso, también proporcionó una pequeña dosis de barro a mis zapatillas.
Esta actitud desdeñosa de las baldosas me hizo pensar inevitablemente en una confabulación. ¡Si!, una confabulación impía entre la lluvia y las baldosas en contra del pobre peatón desprevenido.
Fue en ese instante donde comprendí por que uno se moja. Muchas baldosas utilizan camuflaje para que una persona la pise y ésta salga mojada impasiblemente. Por mi mente pasó también la posibilidad de una asociación ilícita entre las baldosas, las napas subterráneas y la lluvia, pero esta posibilidad quedó descartada tras algunas investigaciones.
Ahora bien, ¿cómo hacer para no mojarse ni embarrarse al pisar las baldosas?.
Comencé haciendo un plano de todo mi barrio, cuadra por cuadra y marcando con rojo cada baldosa suelta y con verde las baldosas camufladas. Pero al salir del barrio también me seguía mojando, motivo por el cual, amplié más el mapa, pero llegó un punto en el cual ya ocupaba mucho espacio físico y decidí no proseguir con esta solución.
Un amigo, preocupado por mi estado, me sugirió que me queje con el gobierno de la ciudad, lo que hice con gran velocidad, pero con el correr del tiempo y al ver que nada cambiaba, y nada iba a cambiar, desistí también de este plan y ya un poco vencido, empecé a idear otro.
De inmediato tomé el remanente de cemento que se encontraba en mi casa luego de la construcción, y hastiado convencí a un amigo para que me ayude a fijar cada baldosa suelta del plano que ya les había comentado. Luego de dos días de gran trabajo, nos quedamos sin cemento y sin dinero para comprar más.
Ahíto de tanto fracaso le pedí a otro amigo que me prestara el dinero para alquilar un martillo hidráulico y de esta forma acabar con el problema desde la raíz. Pero no llegué a romper más de un metro que fui sorprendido por la policía y llevado a la comisaría por destrucción de propiedad pública. No sé si fui convincente con mi teoría, pero al escucharla me dejaron ir con la condición de pagar los daños.
Sé que costará hallar una solución a tamaño problema, pero lo conseguiré. Y en ese momento todo el mundo disfrutará de ser peatón y vagaran sin temor a mojarse y a ensuciarse tras cada lluvia en la ciudad. Seremos felices y brindaremos por eso.
Una vieja historia que se las debía a algunos y que me dá un respiro, estuve muy ocupado y casi no tuve tiempo de sentarme a escribir algo.... ojalá les haya gustado.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Esperando dormir II…
Hace rato que no puedo salir más amigo, la tos sigue como nunca, el dolor en el estómago es cada vez más fuerte y la verdad que tengo ganas de hacer cada vez menos cosas, sabrás entender, no es fácil llegar hasta acá, de todas maneras sigo haciendo lo que me dicen que haga: tomate esta pastilla, calmate y tratá de no hacerte mala sangre; evite tomar tanto mate, le va a hacer mal… a hacer mal, jamás me hizo nada el mate, ¿ahora me va a matar?, ¡por favor!. Si ya sé lo que vas a decir, es mejor para mí, pero no sé si quiero algo mejor ahora, quizás lo quiero dentro de tres días o en un par de horas, ahora, cebame un mate que te voy a contar algo que tengo en la cabeza hace un par de días.
Amigo, me gustaría estar en la barrera de Lugano esperando ver pasar a Elena, como lo hacía hace un tiempo, esperando con ansias, esperando, no sé, un milagro… la cosa es que era encantador verla pasar; generalmente nunca se fijaba en nadie, siempre recuerdo su rostro, sus pasos ni largos ni cortos. Yo fumaba para matar la ansiedad y para disimular que no estaba haciendo nada… a veces en la espera debía fumar más de un cigarrillo, pero el premio lo valía. Recuerdo que después de un tiempo empezó a mirarme de reojo y al tiempo nos saludábamos ya… que tiempos aquellos… ¿te acordás que a veces con los muchachos íbamos a tomar café en el bar de la esquina?, yo recuerdo que en un par de ocasiones Elena pasó por enfrente para cruzar las vías y tomarse el colectivo vaya a saber uno a dónde… ya no recuerdo dónde iba.
Hace tanto tiempo che, que ya me olvidé del color de sus ojos... que lástima, que lástima que ya no recuerde todas esas cosas de antes, a veces siento la necesidad de escuchar a Piazzolla y hacerme el bocho pensando un poco en los tiempos pasados, pero siempre me agarra la tos y ahí se complica todo, caen las enfermeras y enseguida empiezan con el verso de siempre, que me calme, que me relaje, que piense en cosas lindas y esas boludeces; cuando me calmo me empiezo a pelear con el viejo de allá, que siempre se queja de que mi tos es molesta y pide constantemente que me cambien de habitación… te juro que le haría una maldad… pero esas épocas ya las dejé atrás.
La verdad te agradezco que hayas venido a visitarme amigazo, hace dos días vino Dario y se quedó hasta tarde tomando mate y charlando conmigo, pero se terminó durmiendo, yo aproveché para escuchar un rato la radio, me sigue costando dormir todavía. Vos sabés, siempre me costó mucho dormirme, ¿por qué va a cambiar ahora no?.
Seguramente pase lo mismo hoy, voy a dormir otras tres horas y después vuelta al dolor y la punzada en el estómago y la tos esa de siempre, pero si tenés ganas, podrías venirte mañana y salimos al parque a dar una vuelta y tomar unos mates, eso estaría re bueno.
Ojalá pueda dormir un poco más de la cuenta así no me canso tanto mi amigo.