miércoles, 24 de septiembre de 2008

Un poco de la música y de mi…

La sabiduría llega generalmente cuando no nos sirve para nada y eso aparentemente no se puede evitar de ninguna manera (o al menos no supe nunca como), aunque más de una vez la sabiduría se nos adelanta y podemos hacer maravillas o salvar el mundo quizás...
Como la mayoría hace ante su familia, sus amigos, ante ellos mismos... acepta sin rechistar la etiqueta envenenada, el juicio loco, el delirio. Y esta vez no fui la excepción a la regla. Todo fue por culpa de la música… si, la música, así que hoy les voy a hablar de ella.
Ya estoy hastiado de escuchar reproches sobre mi alejamiento de ella…
La música es para mi una chica bastante caprichosa que tiene la loca cualidad de hacerme sentir glorioso, como también más de una vez me hace pegarme un chapuzón en el mismísimo infierno. Puede hacerme sentir la peor basura, como también hacerme sentir digno, triste o feliz.
Mucho me ha enseñado, mucho he aprendido, juntos hemos hechos cosas muy lindas, hemos crecido, peleado, discutido, hasta que un día se me murieron las ganas y en un sueño profundo me acosté alejado de ella… Lo que no fue ya nunca será, pensé. Pensé también que cerrarían mis heridas y que al abrir los ojos, saldría el sol.
Muchas fueron las miradas que esquivamos mutuamente, la vida también nos ha dado este trago amargo que estamos viviendo en este momento. Y las lágrimas son de verdad, no hay lugar para la mentira entre nosotros.
Ella se dio cuenta que últimamente no me sale una puta y pedorra canción y ya estoy cansado de decir:

- Muy bien hermano, muy groso lo que hiciste!... ¿cambiaste la guitarra?...

También hubo algunas mentiras (generalmente mutuas) que nos dañaron, a veces queman los recuerdos y las ilusiones siempre están prestas a chicanear en esas situaciones. Tal vez es que nunca estuve a la altura, yo ahora me hago el inocente y ella juega a hacerse la dura y así estamos hoy, el uno sin el otro.
Pero también se que hay gente que lo hace por obligación, ignorantes de que el sólo hecho de hacerlo por ese motivo se lleva la alegría de sus corazones.
Silencio!!!!, que ahí la veo llegar a ella con sus balas y flores sin temor a presentar batalla, empuñando el escudo del amor y de a poco yo me noto coqueteando nuevamente con ella.
Como dijo “fitito” la música es la reina madre y ya no se hable más!.
Un día cualquiera, en algún lugar nos encontraremos y nos daremos otra oportunidad.

Y esa es la tristeza que la maga reconoció en mi hace ya un tiempo atrás.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Mi homenaje…

Y la vida dijo: Basta para mí!.
Y cuando al fin creíste que ya no quedaban lágrimas por brotar, la vida te sorprende con la tragedia, ¿y ahí que es lo que pasa?.
Puedo contarle sobre flores, plantas, autos y decirle que todo aquello me gusta, pero prefiero hablar de otras cosas…
Un sin fin de recuerdos y anécdotas brotaron de mi cabeza y no me dejaron dormir. Trepe al techo de mi caza y comencé a fumar (seria el desenlace de una larga noche de fumar como defensa del cuerpo y de la mente).
Mirando la nada a lo lejos, me puse a pensar como es la soledad en la ciudad y traté de entender como fue que decidiste eso… pero nunca podría pensarlo tan real, seguramente contigo te llevaste unas hermosas melodías que ocultaban tus ganas de gritar. Buscándote en el viento, soñándote despierto, pensándote en el tiempo, ¿Quién sabe donde estarás?.
Entre las grandes cosas que hiciste y dejaste, fue a un amigo de verdad. Arquetipo de vivir en soledad, pero siempre quitándote una sonrisa (es como te recuerdo)… aquí va mi homenaje.

Ofrenda (esperando que el destino nos junte)


A través de un vidrio empañado veo llover,
es muy grande mi pena y se que no vas a volver.
Paso toda la noche llorando tu ausencia,
y busco encontrar la forma de hacerte una ofrenda.

Aunque hoy no estés aquí, aun vive dentro de mí.
Es mi deseo que sepas que no olvidare tus lecciones de grandeza.
¿Cómo hago para tenerte?,
si la vida es tan cruel que nos deja sin tu presencia.
¿Y a donde es que vas?.
¿Por qué no te podes quedar?.
¿Qué es lo que hay donde vas?.

Espero que donde quieras que estés, sea mucho mejor,
desde aquei estare esperando reunirme contigo

cuando lo dicte el destino.

Esa poesía la escribí en 2003, es mi homenaje a Miguel Ángel Pesce. Que en paz descanses y espero que hayas encontrado la luz que necesitabas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aquella maga…

Hace poco alguien me preguntaba si creía en la felicidad. ¿Cómo puedo creer en lo que pocas veces viví?, pregunté. Reconozco que la conozco, más allá de cualquier circunstancia personal. No es cuestión de creencias. Aunque el ser humano sea especialista, también, en inventar su infelicidad (entre ellos yo).
Una personita, una verdadera maga, aunque ella no sea consciente de ello, y créanme que más de una vez la he visto cambiar el mundo varias veces en una sola tarde, que he reconocido hace poco como tal, o hace mucho, o desde siempre, en fin, me decía que no le gustaba esa tristeza que veía en mí. No supe decirle, en ese momento, que era una inmensa y profunda alegría lo que sentía, de estar allí, compartiendo ese instante junto a ella, debatiendo, intercambiando experiencias, aprendiendo.
Esa felicidad que somos es la piedra filosofal definitiva, la quinta esencia, el santo grial, la fuente secreta, privada y universal a un mismo tiempo y espacio, de toda transformación. Descubrirla supone tener la varita mágica con la cual podemos convertir todo en algo lindo y hasta a veces útil. El camino del alquimista pasa, antes que nada, por hallar en sí mismo ese manantial sagrado llamado piedra filosofal.
Cosas muy lindas he aprendido
, hace poco aprendí que generalmente mi tristeza, viene a señalarme en qué me equivoco, para poder enmendarlo y seguir así expandiendo mi consciencia, aunque también reconozco que más de una vez no suele pasar eso.
Acepto la tristeza que esa tarde la maga creyó ver en mí.

Pero ya les contaré de ello más adelante…

sábado, 13 de septiembre de 2008

el regalo inesperado...

Una chica de ojos claros y, con la que apenas (en ese momento) intercambié dos charlas bastante rápidas, me regaló un libro de poemas de Carlos R. Agüero, diciéndome que tenia ganas de que lo leyera. Me pareció algo importante y misterioso. Y como sé que los desconocidos traen siempre mensajes secretos y a veces decisivos... pensé en silencio, agarré el libro y lo abrí al azar. Entonces leí:

Anoche soñé contigo…
recostado en tu pecho,
manos sedosas acariciaban mi pelo,
y una voz dulzona susurraba una nana.
Fue un sueño dorado.
Un cielo azul luminoso de estrellas.
Fuiste solo mía.
Compartida con nadie,
acurrucado, mi cuerpo,
disfrutaba el mimarme.
Desperté relajado y feliz,
sin dolores ni tiempos.
Sólo un apuro latía y latía…
quería correr, gritar y abrazarte,
confesar que en la triste locura
a que me obliga la vida,
siempre estaré a tu lado,
mi vieja querida.

Corrí a abrazarla y darle un beso… también le dije cuanto la quiero…

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Soledad…

Yo no digo nada últimamente, pero ya no quiero tampoco impedir que nada sea dicho. Cada vez me gusta más estar vivo (pero reconozco que hay días y a veces meses que no).
A veces estoy feliz, otras triste. Son estos, estados de ánimo cíclicos y efímeros debo reconocerlo.
El otro día recordé que hasta hace un tiempo, la mayor parte de mi familia pensaba que yo buscaba y quería reafirmar mi ego contra el mundo, que sólo era un nene chiquito y “mimado” que quería llamar la atención o que tenía una suerte de espíritu “cheguevarista” de querer cambiar el mundo. Y sin dudas hay mucho de verdad en todo eso, aunque como en todo, nunca lo sentí así. A veces pienso que en realidad estaba intentando saber quién era YO, por qué estaba acá, cuál era mi misión; y para ello hubo un tiempo en que quise alejarme, interiormente, todo lo que pudiera de mi cultura, de mi entorno, de mi familia, de mis amigos, tratar de alguna forma de entender el mundo que los humanos habían creado, y que para mí aún hoy me parece extraño y limitado en muchas cosas.
Aprendí a ser una estrella (aquella que vio a aquel viajero solitario) y a ser un mendigo. Aprendí a invocar aliados (aunque no siempre acudieron), aprendí también a competir contra mí mismo, a matarme, a volar, a estar en más de un sitio a la vez, a viajar tan rápido que la luz, a ver todo lo que quisiese, siempre, de forma nueva y distinta, y aprendí poco a poco a sentirme bien en mi soledad. Y entonces comencé a crear el universo, a saber que, como vos, soy el sumo hacedor de todo cuanto existe y quiera que exista.

Pero aún tenía que lidiar con esa soledad. Sin embargo, junto con ella, hallé uno de los más hermosos regalos que la providencia me ha dado, en ella descubrí que la soledad es casi siempre ilusoria. Con ella comencé un viaje iniciático, a través de todas las sombras, abismos, temores, ilusiones, luces, vendavales, y alegrías, en busca de una suerte de santo grial. Y allí encontré que todo es tan real o irreal como estas palabras que lees ahora mismo.
Ahora, siempre que alguien me viene con un planteo de cualquier índole, con una duda que le provoca ansias de saber, con una situación de mierda de la que no sabe salir, le recomiendo (si esa persona vale la pena) un ejercicio que para mí fue decisivo, y que desarrollé a partir de mi soledad y mi profundo desarraigo interior.
Es un camino largo, pero de forma sencilla y con imaginación, se puede hacer en un instante.
Si te sentís muy sólo no huyas de tu soledad, no te juntes con gente que no te entiende, no empieces a hacer cosas que no te gustan sólo para transitar un sendero esquivo a tus ansias, no te conformes con una relación que no te hace abrirte, descubrirte, y evolucionar. Tampoco la asumas.
No es cierto que todos nacemos solos y morimos solos, o quizás es cierto, pero no de la manera en la que se suele decir, porque llevamos con nosotros el universo entero, y a todos los seres que han existido, que existen, y que existirán. Mirala de frente a tu soledad, saltá al vacío aunque tengas vértigo y miedo, adéntrate en ella (y con ella), y salí por el otro lado. Allí, amigo, amiga, estamos todos.

Digamos: - ¡Hola!.

En latín soledad significa con el sol adentro.

sábado, 6 de septiembre de 2008

El lobo de mar…

Aquel viejo lobo de mar lo vi, en la taberna de aquel antiguo y olvidado puerto, y es que en esos lugares es donde comienzan las historias verídicas. Naufragó en un baso de escocés bien añejo y fuerte, el barco en el que iba a viajar ya partió (yo vi como lo dejaba ir), se quedó bien solo (como ya era costumbre). Y pidío un trago más, para llorar en él, historias locas de tempestades, de amoríos, de naufragios, de despedidas, de soledades, de sol, de calor y de puertos.
En su pecho hace muchos años se hizo tatuar a su fiel amor, que desde entonces nunca lo dejó ni lo dejará.
Y con su ronca, vieja y hastiada voz canta una canción que sólo canta él y que sólo él conoce y es para aquel amor. Esa canción resultó (para mi) una suerte de pentagrama que sólo él conoce, que sólo él sabe, que nadie podría interpretar.
Y vaya si su melodía era linda, sus voz, su canción, todo retumbaba en aquel bar, las charlas se interrumpieron, lo único que sonaba era su canto, todos observábamos, la mayoría con desagrado, yo lo miraba con cierta admiración, con agrado, con alegría, con esperanzas. De repente se paró y comenzó a bailar.

Baila, baila viejo lobo de mar, baila para ella, baila viejo lobo de mar para nosotros.

Y yo me encontraba en un lugar un poco obscuro de esa taberna y lo veía bailar tan feliz, como si ella estuviese bailando con el.
Su canto acompañándolo con aquel ritmo que marcaba sus días de dolor, de angustia y de mucho penar. Por momentos, parecía que lentamente se alejaba de aquella taberna, y fijo su mirar en ese faro que acompañó su vida, que iluminó las olas del mar, ese testigo de que sufre y que ama en sus noches de intenso pesar. Por breves instantes su luz daba hacia la taberna y acompañaba el bailar del viejo lobo de mar, es una imagen difícil de olvidar esa. Yo lo seguía mirando, anonadado, con gran admiración e intentaba comprender sus silencios, más aun los silencios de su corazón, pero siempre oyendo la hermosa canción que no dejaba de cantar y esa sonrisa que sólo brota de la felicidad.
De repente ese viejo lobo de mar se volvió hacia mí, yo temblaba (cosa que no es rara en mi) y sin saber que decir sólo espere a que se acercara, cuando finalmente estuvo cerca, muy cerca de mí, sonrió aún más, y una vez más enredado en sus silencios, como atado por un ancla se fue perdiendo en la inmensidad de esa noche, esa noche que lo observaba, como lo hacíamos todos en aquella taberna olvidada en aquel viejo puerto.
El puerto quedo aislado de la taberna, y la taberna de mi, y el viejo lobo de mar de los que allí estaban, no podría ya olvidar su mirar, su bello cantar, me sería inútil querer borrar esa melodía que llevaba aquel lobo tan dentro de su ser, una sonrisa me nació del corazón.
En un instante sin saber como, estaba perdido en la inmensidad de ese muelle, observando aquellas sombras que creaba el farol que marcó sus días, que sabe de sus historias, de sus amores y desamores, que sabe tanto de aquel personaje, miraba atónito las olas que marcaron la melodía de su vivir, de su andar… y de su canto.
Aquel viejo lobo, se perdió en la noche como un barco en un naufragio, y mi ser con él, más me encontré naufragando, abrazado a mil olas oyendo su canción, el faro iluminó por un instante mis pupilas y al irse su brillo, la sombra de ese viejo lobo emergió buscando a su único amor….

Baila, baila viejo lobo de mar, baila para ella, baila viejo lobo de mar para nosotros.

Ya nada podía ser tan perfecto, de eso puedo dar fé, de repente, un paso en falso y la caída fue inevitable, su cabeza fue a dar contra el piso de aquel lugar, la sangre no tardó en derramarse, todos se levantaron a ayudarlo.
Tomé mi abrigo, me puse mi sombrero, me levanté y fumando me fui, no soporté tan terrible final.
Seguramente, con su amor se encontró, a decir verdad, eso espero…

Que así sea.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Sobre campeones…

Otra vez volviste a ganar, a pesar de que te pidieron mil revanchas, el resultado fue siempre igual, y enseguida los fuegos artificiales y las vengalas iluminaron el cielo, las multitudes gritando tu nombre al unísono, banderas con tu nombre, con tu cara, con tu apellido, parece la imagen de un estadio que está pronto a caerse y así la noche se hace día y aun no entendés donde estas parado…
La enorme maqueta fue apagando sus luces, y en tu mente los campeones que no pueden parar y gozan a los que están del otro lado del vidrio, mientras afuera están esperando los que han perdido. Pero tu mirada no fue la misma… Preferiste irte a dormir, pero los ruidos de los festejos no te lo permiten, de tus ojos una lágrima cayó.
Tu vida siempre fue de ese modo, te acostumbraste a ganar todo lo que te proponías, pero te hallaste solo y no soportas seguir con esa función teatral, allá afuera fue una fiesta, fue un espectáculo, allí adentro, un telón se cerró.

A juntar los puchos, los restos de comida y las copas, a limpiar el piso y barrer bien, a bajar las persianas y apagar las luces, se acabó la fiesta y ya es en vano pedir revancha...
Mientras afuera siguen las vengalas, los fuegos artificiales, las banderas y los gritos, todos vacíos, todos retumban en tu cabeza.

sábado, 30 de agosto de 2008

La fiesta… (para pocos)

Llegué a aquella fiesta casi sin interés, aunque la invitación me la habían hecho hace ya un tiempo atrás… más que una fiesta me parecía un velorio, a pesar que la gran cantidad de gente allí presente la pasaba bien.
Me tome el trabajo de tomar una botella de vino y sentarme en un costado a observar bien ese extraño evento. De repente me di cuenta que, entre la paja que tenía y el vino que ya se había bajado misteriosamente a la mitad, el tiempo se hacía eterno, así y todo noté que un watu estaba de choreo, casualmente una billetera fue a parar a su mochila. De prestado llegué a ese lugar, así que no se por que no le advertí al dueño de la misma, andate a la concha de tu madre!, pensé.
Todos somos emigrantes y en esa fiesta uno ya estaba envaselinado… vaya a saber cuantos más seguirían.
La mesa estaba chorreada con cerveza, tenía restos de lo que fue la comida (al decir verdad nunca pude descifrar que se comió en ese lugar). ¿Quien puso la mesa?. Sin lugar a dudas era un desastre. No terminé de pensar eso que se me acabó el vino… la puta madre!, quiero más!!!!. Utilice mi astucia visual, pero nada hallé…¿Quien esconde el vino?, proferí en voz bastante alta, y de repente pase a ser el centro de la fiesta… Acá tenés una botella sin abrir me dijo “uno”. Y todo siguió…
Al rato una chica muy atenta me trajo una porción de torta…¿Cómo comer el postre cuando no hay cuchara?... en fin esa porción se mezclo con los restos de cerveza y “comida” que había sobre la mesa…
Esa gente no podía lo posible, esa gente no pedía lo imposible tampoco, para colmo el invierno es caluroso y la humedad esta nos mata. Entonces entendí que los caballos regalados siempre muerden y que diosito ayuda a los que nos madrugan. Pero estaba todo bien, no pasaba nada, todo era alegría, todo era conmovedor, esa imagen comenzó a girar en elipse… quizás mucho alcohol por hoy.
¿Quién escupió el vino?, ya hastiado pregunte, y al ver que todos se rieron, pensé que ya era el momento adecuado.
Hijos de las grandes y muy felices pascuas, de las piñas por la espalda, me sentía ninguneado, más bien forreado diría, en mi entornos solo había tetras idiotas, masticados, mal dormidos, mal cogidos.

Tomé mi campera y me fui, pues esa fiesta no era para mi.

NOTA: cuando llegué me faltaba la billetera también…

miércoles, 27 de agosto de 2008

Renunciar a la razón…

Al renunciar a tener razón surge una extraña y loca (a veces linda) paradoja. Extraigo placer del sufrimiento. Y el tiempo que pienso que he perdido... lo he ganado.
Alguien escribió que la verdad es el mejor camuflaje porque nadie la cree. Así, al disfrazarme de mí mismo, queda oculto lo que soy, lo que todos somos. Y sólo quien acepta el disfraz como la imagen verdadera, se encuentra consigo mismo. Aunque no todos lo advierten y a veces hay que temer de aquellos que lo hagan.
Todos somos reyes, reyes en nuestra vida, que tenemos el poder y la visión sobre ella, aunque se complique más de una vez, aunque no halla ni reino, ni castillo, ni ejercito que nos defienda.
Pero también tenemos esa cualidad, si la descubrimos, de ser todos magos, porque somos los creadores de la "realidad", del mundo, y de ser conciente de que uno crea su propia vida a cada instante y a cada momento, y que toda palabra, todo acto, todo encuentro, toda circunstancia, se puede transmutar en lo que uno desee. Se crea (creamos) una ilusión sin aportar consciencia de la ilusión que nosotros mismos siempre creamos!.
La magia es lo único "real", es la naturaleza misma de la vida. El "adulto", no consciente de la magia, no habiéndose convertido en mago, inventa una historia fantástica en la que él mismo no cree, como consuelo muchas veces.
Y sin embargo, la verdadera magia, una vez descubierta, no se puede perder ya nunca, ya no hay vuelta a tras, es oxidarse o resistir, sin solución ni respuesta.
No hay desilusión posible porque uno es consciente entonces de que todo es ilusión, y uno sabe cómo crear sus propias ilusiones (es el principio de los soñadores). Las ilusiones no son historias para ir a dormir bien, es una revelación y una herramienta para despertar bien (en cualquier momento del día).

Y legará el día en que os digáis: "¿Qué pedir si ya soy todo?"… y ese día…

viernes, 22 de agosto de 2008

Contradicciones…

Entre lo que escribo está lo que no escribo, un secreto indecible que sólo algunos de los iniciados reconocerán. Pero, ¿sabes algo?, no es necesario que seas un iniciado para hacer que cualquier idea de vueltas con “vos” en armonía y paz en tu cabeza. Incluso ese ilusorio desacuerdo que a veces sentís, si trascendés la reacción y la racionalidad, puede ser un regalo maravilloso, una explosión que te impulse en otra dirección más linda para vos.
Un mago debe ser capaz de transformar todo en una aventura decisiva. Para un mago ninguna experiencia es negativa. Por eso no esta mal ser un mago con uno mismo, realizar magia y lograr un cambio.
Contradecirse sin miedo, sin vergüenza, es un síntoma de salud mental. Cuando el intelecto no nos domina, actuando de “contralor” interno, impidiendo que expresemos el cambio continuo (y maravilloso) que somos (aunque a veces no). Uno debe muchas veces contradecirse si quiere ser honesto y fiel a sí mismo en cada instante, a cada momento. A veces nos dicen, con un tono de decepción: -"Cómo cambiaste che!". Y deberíamos contestar: "¡Gracias!". Yo lo hago al menos…
Por ese miedo al inevitable cambio, por ese afán de creer que uno anda por terreno conocido cuando todo es, por naturaleza, siempre desconocido, por ese querer resistirse al precipicio y sentirse “acorralado”, la mayor parte de las personas, aún, prefieren percibir la contradicción como un “defecto”, un síntoma de no ser sincero, de mentir, de no ser íntegro, algo que vigilar en los demás y en uno mismo. A veces me pregunto: ¿Con qué fin?… aunque no lo niego, lo he hecho yo también y muchas veces.
De hecho se dice "caer" en una contradicción. Cuando lo que sucede es que uno se eleva en una contradicción, o más bien se traslada, o cambia de nivel de consciencia o punto de vista o evoluciona, o simplemente cambia... como vos quieras interpretarlo.
Como "vos", soy absolutamente libre para contradecirme. Ya no soy el que hablaba ayer, ni siquiera el que hablaba hace un minuto, ni el que empezó a escribir esta frase. Mis palabras de ahora no pueden compararse con ningunas. Porque el que habla ahora sólo existe ahora, y jamás dijo nada antes, ni lo dirá en un minuto...