miércoles, 16 de septiembre de 2009

Buscando…

Tu misión es el sendero luminoso que sigues,
no importa lo obscura que pueda caer la noche.
Richard Bach.

El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto.
Se encendió una llama y un nuevo amanecer, me encontró despierto nuevamente, el humo del cigarrillo dibujaba figuras en el aire, desvaneciendo algunas sombras del ayer, y otra vez la busqué en mi memoria y la historia volvió a tener el mismo final.
Dolor. Mucho dolor. No tenía muchas ganas de dormir. Quería enfrentarme a todo este dolor que además se acrecentó con una contractura que llevaba varios días haciéndome sentir inservible. No hay esperanza. No hay expectativa. No hay camino ni receta para todo ese mal. No hay pócima que lo remedie, porque no es algo a remediar. Eso es lo extraño, simple y extraordinario del dolor. Uno no tiene que buscar soluciones, aunque a veces se torne menester. Uno no puede rebelarse sin sentirlo, no puede luchar contra él sin que éste se torne más y más poderoso. Toda energía empleada en tapar el dolor se vuelve contra quien la emplea, hasta se puede notar en el ánimo de aquellos que llevan a cabo esta práctica. Al huir de él te aferras a él, convirtiéndolo en algo mudo, negado y profundo, es una suerte de contrato de palabra, nada está escrito, pero lo conocemos, allí está. Uno sólo puede invitarlo a pasar, tratarlo como al mejor de los huéspedes, y despedirlo agradecido (o no tanto) cuando decida marcharse; porque sólo entonces habrá cumplido su función, la sepamos sentir o no. El mayor acto de transmutación que yo he conocido frente al dolor, la forma más rápida de transformarlo en luz, es aceptarlo plenamente, saber cantar, bailar, pensar, fotografiar, escribir, hundirse, pintar y colaborar con lo inevitable. Cuando duele, duele. Sin explicaciones. Sin conclusiones. Sin culpables. Sin consuelos. Ese es, misteriosamente, el principio y el final del dolor.
El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto. Por eso un excelente principio es comprender al dolor, explorarlo y eso pocos buscadores lo pueden realizar al ciento por ciento.
El pensamiento no es más que un relámpago en medio de una larga noche, y aquel cigarro ya estaba consumido en mis dedos. Encendí otro mientras seguía pensando y observando las figuras que creaba el humo.
Y aunque traté de encontrar una respuesta en mi interior, sé que a veces no puedo cambiar lo que yo soy, y escuché de repente tu voz como un eco en la distancia sin cesar, detrás de tu imagen, difusa, semi obscura y borrosa, pude leer la historia de un cuento sin final, caminando hacia el olvido, un amor perdido se aferraba a los caminos de tu piel, de mi piel.
Y es así, el tiempo calma las heridas (al menos en apariencias), y es inevitable que mil preguntas sin respuesta queden, y algún día en este camino estoy seguro que nos volveremos a cruzar, allí nuestros ojos reflejando la verdad y con el susurro mi voz en tiempo pasado, que se aleja como los hace el viento cuando corre por las sierras, nos abrazaremos.
El buscador muchas veces se esconde a sí mismo lo que busca y ahí es donde se pone complejo el asunto. A mi me pasó esa mañana cuando intente encontrar lo que buscaba pensando.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ella y él…

Mientras él miraba anonadado a la bailarina en esa cajita de música haciendo los ya repetidos pasos, una imagen fugaz le atravesó el cerebro, como a veces pasa cuando uno no está pensando en nada y se viene un recuerdo, un olor, antojo o sabor, así nomás, imprevisto, casi imperceptible.
Y en esa imagen estaba ella escondida entre nubes esperándolo a él, y por otro lado se encontraba él haciéndose el desentendido, evitando algunas pleitesías, quizás por desinterés, o tal vez por esa bicharrea que se nos dá a veces a los hombres de hacerse desear, la verdad es que a ciencia cierta no lo sé bien, por otro lado poco me importa. Es por ello que cerró la cajita musical y se dispuso a tomar un café bien cargado y sin azúcar, como siempre tomó y como a nadie le gusta.
Un tic-tac marcaba el incesante paso del tiempo, y ese lápiz delante de la hoja no quería hablar, prendió un cigarrillo, y de nuevo esa imagen de vuelta. Ella con todo ese amor guardado y él con esas ganas de emprender algo de nuevo, como si esa fuese la forma de volver el tiempo atrás, como si el mes de octubre estuviese destinado a ese reencuentro de aquella alma enceguecida de amor y su amor imposible. Imágenes de Cumbres Borrascosas o de un Cinema Paradiso tal vez estén a la altura “descriptiva” de lo que ella espera/siente.
Y agrandando el libro de bitácoras esa noche precisamente invocando recuerdos de un mes de abril y yuxtaponiéndolo con frases que adornaban oraciones inclementes de un pasado pisado, olvidado, oxidados por el traspase de la espada del tiempo, aquella misma espada que le dejó una cicatriz, pero no a él precisamente; se prestó a la inagotable tarea de revolver escombros y allí mismo encontró escritos sin nombres que seguramente servirán a la perfección cuando la misión sea la de conquistar un corazón que no se cansa de latir por él y que enfebrecido espera un dramático desenlace, para así de una vez, terminar con el sabor dulce de la victoria entre sus labios o con el amargo y doloroso veneno de perder en el torrente de su sangre.
Se le vino una decantación de ideas y nombró al universo, escribió como si conociese apenas la milésima parte de lo que no conoce pero intenta describir con palabras que pueden parecer profundas, según quien lo mire, claro está. Se cuestionaba cosas que él ya conocía, se preguntaba con la respuesta en la cabeza. Pero como sucede en esas ocasiones, gracias al paso del tiempo, el café perdió su temperatura. Ni un sorbo pudo darle, pues cansado de habladurías se dejó vencer por el inefable sueño que agazapado y sin que él lo notara fue moviendo pieza a pieza en el ajedrez de su cabeza, capturando al rey y ganando por knock out.
Despertó por el sonido del despertador que le sonó similar al de la caja de musical, pero claro, ahí está el truco, sabiendo lo que ella siente es fácil saber como actuar. Se despabiló, se enjuagó la cara y comparó lo escrito con la belleza de una rosa, como si ese fuese el final que cerraría su idea.
Amargo mi desengaño cuando llegué al final, no estaba a la altura de lo que esperaba, pero seguramente a él le cuadró perfecto, a quien corresponda le cerrará a la perfección y por eso lo finalizó así.
De todas maneras sabe y supo que ella muere por él.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Desaparecidos…

¿Te pusiste a pensar alguna vez sobre las personas que te rodean?. ¿Son los mismos de siempre?. ¿Pensás alguna vez en aquellas personas que antes estaban incondicionalmente y hoy brillan pos su ausencia o ya no forman parte de tu vida?. ¿Realmente lo hiciste con espíritu crítico?. ¿Indagaste el por qué no están?. ¿Pensaste que iban a estar para siempre?. ¿Qué pasó?.
¿Te desilusionaste alguna vez?, a mi me pasó varias veces. ¡Bien!. Eso nos pasa por caer siempre en la trampa de la ilusión, tendremos que desilusionarnos del todo y aprender algo positivo, ¿no te parece?. ¿Te cansaste?, yo muchas veces. ¡Bien!. Ahora podemos descansar.
Últimamente no me gustan las medias tintas, estoy muy intolerante con algunas personas y hechos. Y es por eso que he optado por usar una de mis palabras preferidas y que recientemente he aprendido, "ahora". Por eso me gusta cerrar las cosas que no existen en el ahora para que no interfieran.
Con algunos de mis “enemigos” últimamente me abracé, me he reencontrado con otros amigos que hace mucho no veía y hasta compartimos algunas cosas juntos. Me dediqué a tratar de ver más a mis amigos cercanos y a no permitirme alejarme mucho de la gente que quiero tener cerca, que me alimenta, que me hace crecer, por otro lado es un orgullo contarles que ya no hay karma alguno en mi vida… llevó tiempo, pero no me quejo de los resultados.
Cuanta gente que nos acompañó un rato en nuestra vidas, algunos fueron figuras fugaces, otras perfilaban permanecer siempre al lado y hoy no están… ufff se me vienen a la cabeza un sin fin de nombres y momentos que he compartido con pasajeros ocasionales de este tren. Hoy me pregunté por todos y cada uno de ellos, bah… para ser sincero de los que me acordé.
¿Te preguntaste dónde están?. ¿Sabés algo de sus vidas?. ¿Intentaste un reencuentro?. ¿Te interesa aún algo de alguien que estuvo contigo?. Todo esto me pregunté y asombrosamente un infinito abanico de ideas fueron emanando de mi cabeza, algunas hasta increíbles. Para variar mi mente empezó a fabricar imágenes de cómo serían esos reencuentros, de que hablaríamos, del pasado que nos unió y del futuro siempre incierto, máxime cuando se trata de encuentros lejanos o cercanos que más que reencuentros son hallazgos.
Y algunos fueron hallazgos de verdad, otros se dieron en esa época de "cataclismos sanitarios" y "apocalipsis porcino", igualmente esas épocas no fueron un pretexto para que nos alejemos demasiado de las cosas que disfrutamos siempre saborear.
Y si vos sentís o pensás que formás parte de mi lista de desaparecidos, tenés que saber que yo te espero en Lugano, como siempre, tosiendo en el codo y con alcohol en gel en la puerta (por las dudas haya un rebrote). Las anécdotas, vivencias nuevas/viejas, los mates (en tiempo presente pero con sabor a pasado), la escritura, las fotografías (viejas y no tanto), los asados y las canciones, no parecen contagiar nada irreparable. A lo sumo, recuerdos y nostalgias varias... que nunca vienen del todo mal.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sobre baldosas…

Las baldosas son un tema controversial, aunque nadie hable de ellas. Hablar de baldosas es entrar en un terreno complicado, ya de por sí poner el título fue complicado, pues puede interpretarse que uno está sobre baldosas, o que el presente habla de baldosas. Pero voy a permitir que el lector le de su interpretación al título.
Todo comenzó hace unos días, cuando caminando luego de unos días de lluvia, vaya a saber uno por que motivo, entré a mi hogar y encontré mis zapatillas y la parte inferior de mi pantalón colmados de agua.
En ese momento pensé que era normal, pues todo estaba mojado y era lógico luego de tanta lluvia.
Al otro día salí a hacer algunas compras y caminando pisé una baldosa suelta, la cual en venganza por el pisotón, me aventó furiosos efluvios de agua sobre mi persona. Continué caminando, esta vez más atento, y divisé que diez pasos más adelante había otra baldosa suelta. Ya preparado la esquivé, pero de forma inopinada la que se encontraba al lado, me terminó mojando también, y no sólo eso, también proporcionó una pequeña dosis de barro a mis zapatillas.
Esta actitud desdeñosa de las baldosas me hizo pensar inevitablemente en una confabulación. ¡Si!, una confabulación impía entre la lluvia y las baldosas en contra del pobre peatón desprevenido.
Fue en ese instante donde comprendí por que uno se moja. Muchas baldosas utilizan camuflaje para que una persona la pise y ésta salga mojada impasiblemente. Por mi mente pasó también la posibilidad de una asociación ilícita entre las baldosas, las napas subterráneas y la lluvia, pero esta posibilidad quedó descartada tras algunas investigaciones.
Ahora bien, ¿cómo hacer para no mojarse ni embarrarse al pisar las baldosas?.
Comencé haciendo un plano de todo mi barrio, cuadra por cuadra y marcando con rojo cada baldosa suelta y con verde las baldosas camufladas. Pero al salir del barrio también me seguía mojando, motivo por el cual, amplié más el mapa, pero llegó un punto en el cual ya ocupaba mucho espacio físico y decidí no proseguir con esta solución.
Un amigo, preocupado por mi estado, me sugirió que me queje con el gobierno de la ciudad, lo que hice con gran velocidad, pero con el correr del tiempo y al ver que nada cambiaba, y nada iba a cambiar, desistí también de este plan y ya un poco vencido, empecé a idear otro.
De inmediato tomé el remanente de cemento que se encontraba en mi casa luego de la construcción, y hastiado convencí a un amigo para que me ayude a fijar cada baldosa suelta del plano que ya les había comentado. Luego de dos días de gran trabajo, nos quedamos sin cemento y sin dinero para comprar más.
Ahíto de tanto fracaso le pedí a otro amigo que me prestara el dinero para alquilar un martillo hidráulico y de esta forma acabar con el problema desde la raíz. Pero no llegué a romper más de un metro que fui sorprendido por la policía y llevado a la comisaría por destrucción de propiedad pública. No sé si fui convincente con mi teoría, pero al escucharla me dejaron ir con la condición de pagar los daños.
Sé que costará hallar una solución a tamaño problema, pero lo conseguiré. Y en ese momento todo el mundo disfrutará de ser peatón y vagaran sin temor a mojarse y a ensuciarse tras cada lluvia en la ciudad. Seremos felices y brindaremos por eso.


Una vieja historia que se las debía a algunos y que me dá un respiro, estuve muy ocupado y casi no tuve tiempo de sentarme a escribir algo.... ojalá les haya gustado.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Esperando dormir II…

Hoy es un hermoso día para visitar Lugano, la verdad que hace rato que tengo ganas de ir para allá y ver como está todo, para mirar si el barrio está igual, si sigue habiendo empedrado en las calles, si la estación está bien cuidada, si le hicieron alguna reforma más al boulevard de la avenida Riestra, olfatear la libertad que sus calles siempre brindaron con ese aroma tan particular que sólo algunos pocos pudimos (o quisimos) asimilar con todas las virtudes y defectos que con ello trajo siempre ese olor.
Hace rato que no puedo salir más amigo, la tos sigue como nunca, el dolor en el estómago es cada vez más fuerte y la verdad que tengo ganas de hacer cada vez menos cosas, sabrás entender, no es fácil llegar hasta acá, de todas maneras sigo haciendo lo que me dicen que haga: tomate esta pastilla, calmate y tratá de no hacerte mala sangre; evite tomar tanto mate, le va a hacer mal… a hacer mal, jamás me hizo nada el mate, ¿ahora me va a matar?, ¡por favor!. Si ya sé lo que vas a decir, es mejor para mí, pero no sé si quiero algo mejor ahora, quizás lo quiero dentro de tres días o en un par de horas, ahora, cebame un mate que te voy a contar algo que tengo en la cabeza hace un par de días.
Amigo, me gustaría estar en la barrera de Lugano esperando ver pasar a Elena, como lo hacía hace un tiempo, esperando con ansias, esperando, no sé, un milagro… la cosa es que era encantador verla pasar; generalmente nunca se fijaba en nadie, siempre recuerdo su rostro, sus pasos ni largos ni cortos. Yo fumaba para matar la ansiedad y para disimular que no estaba haciendo nada… a veces en la espera debía fumar más de un cigarrillo, pero el premio lo valía. Recuerdo que después de un tiempo empezó a mirarme de reojo y al tiempo nos saludábamos ya… que tiempos aquellos… ¿te acordás que a veces con los muchachos íbamos a tomar café en el bar de la esquina?, yo recuerdo que en un par de ocasiones Elena pasó por enfrente para cruzar las vías y tomarse el colectivo vaya a saber uno a dónde… ya no recuerdo dónde iba.
Hace tanto tiempo che, que ya me olvidé del color de sus ojos... que lástima, que lástima que ya no recuerde todas esas cosas de antes, a veces siento la necesidad de escuchar a Piazzolla y hacerme el bocho pensando un poco en los tiempos pasados, pero siempre me agarra la tos y ahí se complica todo, caen las enfermeras y enseguida empiezan con el verso de siempre, que me calme, que me relaje, que piense en cosas lindas y esas boludeces; cuando me calmo me empiezo a pelear con el viejo de allá, que siempre se queja de que mi tos es molesta y pide constantemente que me cambien de habitación… te juro que le haría una maldad… pero esas épocas ya las dejé atrás.
La verdad te agradezco que hayas venido a visitarme amigazo, hace dos días vino Dario y se quedó hasta tarde tomando mate y charlando conmigo, pero se terminó durmiendo, yo aproveché para escuchar un rato la radio, me sigue costando dormir todavía. Vos sabés, siempre me costó mucho dormirme, ¿por qué va a cambiar ahora no?.
Seguramente pase lo mismo hoy, voy a dormir otras tres horas y después vuelta al dolor y la punzada en el estómago y la tos esa de siempre, pero si tenés ganas, podrías venirte mañana y salimos al parque a dar una vuelta y tomar unos mates, eso estaría re bueno.
Ojalá pueda dormir un poco más de la cuenta así no me canso tanto mi amigo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El secreto…

El secreto es que están ahí y no los reconocemos, el secreto es justamente eso, un secreto a voces que todos percibimos e ignoramos, como ignoramos tantas otras cosas. El secreto lo tuviste vos, lo tuvo él y también lo tuve yo, el secreto lo dejamos en secreto, a veces lo compartimos de más, otras veces no tanto, pero está ahí, obligando, silenciándonos, sentenciando en muchas ocasiones.
El secreto puede ser de uno solo, a veces puede ser un secreto a voces y vaya si los hay, no hay nada peor que un secreto sabido por todos y que uno ignora que es sabido. El secreto a veces no cumple con la condición intrínseca de ser secreto, pero a la vez lo es. El secreto es complicado y no tanto…
Un secreto puede nacer una noche, o a veces a plena luz del día, puede ser compartido siempre que se cuente con un cómplice adecuado, más nunca hay que recaer en confiarle un secreto a un informante. Hay todo tipo de secretos, los hay peligrosos, también los hay ingenuos, hay secretos nobles, como también los hay maliciosos, eso si, un secreto es un secreto, ¡que joder!.
Y allí están ellos, tomándose de la mano, caminando y viendo las vidrieras de recoleta, el brillo en sus ojos lleva el matiz ocre de la complicidad, de la complejidad, del errante transitar por senderos furtivos, sin escatimar en excusas y coartadas, sabiendo muy bien que lo que hacen es la máxima expresión de lo que algunos llaman “secreto”.
Tomados de la mano se dejan llevar por los placeres viscerales hacia los rincones más recónditos de sus mentes, de su morbo. Diciéndose cosas en el oído en voz baja, segundo a segundo planifican paso a paso como lograran conquistar la cima del monte de la no culpa para una vez arriba poder plantar un mástil que llevará la bandera de la lujuria en lo más alto.
Caminan y nadie los observa, nadie los escucha, son ellos y la ciudad, el caos y la libertad agazapada corriendo por sus mentes, el tránsito no hace más que dilatar lo inevitable a corto plazo. La tarde se hace noche y miles de perlas llenan el cielo y en su centro la gigante moneda de plata los observa como si fuese coparticipe del esclarecimiento.
Un cofre lleno de tesoros se abre debajo de las sábanas, rodando y jugando, haciendo y deshaciendo el amor, el mundo no existe. Una pausa en la rutina, humedad condensada. Un instante sin hipocresías, un instante secreto para el alma, un instante sin pensar, se puede vivir sin pensar.
El día los vuelve a descubrir, desnudos en la cama, un beso en la frente sella el final de una noche para ciegos. Se escuchan los rumores y se sienten los tumores de la calle, los chicos van a la escuela, y ellos, rendidos, se visten para proseguir la rutina de siempre. Un beso y una caricia marcan la despedida, nadie los mira, nadie los comprende. Cada uno se va por un lado distinto, jurando guardar el secreto, esperando que el secreto no se sepa ni se descubra.
Cuando la vida los devuelve a los quehaceres cotidianos y el fastidio los marca, los amantes, en secreto, vuelven a planear otro encuentro, para no ser vistos, para no ser escuchados, para vivir la montaña rusa que significa cargar todos los día con el secreto que ciertamente les hace sentir que están vivos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Epitafio…

Aquello que nos dicen o piensan cuando ya es demasiado tarde…

miércoles, 29 de julio de 2009

Milagros III…

Nos dimos cita en un restaurante de Devoto, ya que nos quedaba relativamente cerca a ambos, aunque debo reconocer que fui sin ganas. El hecho de tomarme el 107 y pasar cerca del LMD (Límite Mínimo de Defensa) me hizo recordar muchas cosas que no quería y pensar en que quizás pudiese ver a otra persona (cosa que jamás sucedió por suerte) que aún está en mi mente y cuesta demasiado esquivarla en mi atrofiada y cansada cabeza.
Al bajar del Bondi, encendí un cigarrillo y comencé a caminar las dos cuadras que me separaban de aquel destino, cuando me dí cuenta que aún estaba escuchando aquel disco de Mr Big que empecé a escuchar ni bien subí al Bondi. Si hay algo que me molesta es escuchar música mientras camino, es un cuestión psicológica que sólo se dá los sábados a la mañana cuando camino a la facultad y escucho aquel programa en la 100.7, pero que jamás se repite en el transcurso de la semana. Detuve mi marcha y apagué el celular, de todas maneras nadie me iba a molestar esa noche. Guardé los auriculares y vino a mi mente el mensaje escrito en aquel papelito que profería: “no puede ser que estés peleando siempre con tu melancolía”. Dije un improperio (que no pienso reproducir) como pensando, “¿qué mierda se cree esta mina, piensa que me conoce?. Inmediatamente le dí una seca terrible al cigarrillo para ultimarlo y reanudar mi marcha, ya sabiendo que iba a llegar tarde.
Efectivamente al llegar estaba Milagros esperándome en la puerta de aquel lugar, debo reconocer que estaba preciosa, como siempre, dándole la ultima pitada a ese cigarro (si se lo puede llamar así) y mirándome como diciendo, otra vez llegaste tarde. Nos saludamos e ingresamos a dicho lugar, recuerdo que la música funcional apenas se percibía, inmediatamente escogimos una mesa y pedimos lo que íbamos a comer. Ella pidió ese sushi que tiene atún, kanikama, y algo de salmón rosado (que realmente se veía bárbaro), yo por mi lado pedí unos fideos de arroz saltados con camarones, el mesero me dijo que eso no era japonés, pero me lo hicieron igual por suerte.
Una vez solos, la miré a los ojos y le pregunté:
-¿Qué estamos haciendo?.
-No sé. Me dijo ella.
Preferí hablar de banalidades y no tocar el tema del mensaje en el papelito por el momento. Y así fue, la comida habrá tardado algo así como 20 minutos en llegar.
-Comida de verdad, le dije y agregué, ¡vamos a entrarle!.
-Dale, parece buenísimo. Dijo ella mientras sonreía, como siempre lo hizo y como siempre lo hará, calculo yo.
Es menester decir que la comida era genial, ambos nos convidamos de nuestros platos y el buen vino ayudó a que la algarabía fuera mejor. Ambos no pudimos pedir postre dado el estado calamitoso que nos encontramos al finalizar la cena.
La idea era pagar todo yo, pero jamás me dejó ella, cosa extraña, pero por un lado (y siendo totalmente honesto) fue mejor, ya que me hubiese quedado a lavar platos para pagar lo que consumimos.
Salimos a caminar y fuimos a la plaza, los dos encendimos el necesario cigarro digestivo y del brazo comenzamos a hablar de esos temas que sólo a ella se le ocurren y que generalmente al común de la gente lo puede agarrar desprevenido y dejarlo atontatado. De todas maneras conversamos un rato largo hasta que nos sentamos en un banco de aquella plaza y nos quedamos mirando la nada. Se me ocurrió mirar al cielo y ahí estaba él, tan luminoso como siempre y admito que me quedé colgado un rato largo mirándolo, pero a Milagros jamás se le escapa un detalle y me preguntó:
-¿Qué mirás?.
-A Júpiter, le respondí.
-¿Y cuál es?. Cuestionó.
-Es ese que está ahí, el que brilla fuerte. ¿Lo ves?, interrogué.
-¿Ese de ahí?. Indagó.
-Si, ese. Le dije.
-¿Cómo sabés qué eso es Júpiter?. Preguntó incrédula.
-Hace años que miro al cielo, respondí sin dar mayores detalles al respecto.
-Eso es lo loco de vos, desde que empezamos a hablar por msn y por teléfono lograste que se me peguen cosas que decís, me dejaste pensando varia veces en frases que se te ocurren de la nada, y ni hablar de las cosas que leí tuyas, escritas de hace un tiempo y no tanto… ¿me vas a contar de ella en algún momento?.
Era la segunda vez que me quedé atontado conversando con ella, le dí una pitada al cigarro mientras pensaba una respuesta, la miré a los ojos y le conté más o menos como venía (viene) la mano. Un silencio lapidario se hizo cuando terminé de hablar… entonces dijo:
-Pero dejate de joder entonces, pensá en otras cosas, mirá otros cielos, buscá otro rumbos. Perdiste Ro.
Me quedé pensando en esa frase. “Perdiste Ro”… ella me abrazó.
-Vendería cara esta derrota Milagros, pero yo gané. Le dije.
Me miró con cara incrédula y me dijo: No, estás equivocado, perdiste, fijate como estás, y seguro que para ella la vida continúa como si nada hubiese pasado.
Su rostro me causó una ternura increíble, empero comencé a pensar en ese “para ella la vida continúa como si nada hubiese pasado”. Tras unos segundos le respondí: -Mirá, yo gané por que fuí sincero, hice lo que sentí y lo que me aconsejó el corazón, pocas veces hice cosas como esta por amor, y el mero hecho de haber dicho lo que sentía es ganar. Pero es una victoria triste, eso es verdad, no me salió como yo quise (por que en realidad nunca esperé nada, siempre supe que iba a perder), admito que mi olvido no la olvida, pero sigo convencido que si uno hace las cosas por amor gana, aunque pierda. ¿Se entiende más menos lo que digo?.
Su rostro me dijo todo, no entendió un carajo. –Pero vos no estás bien, es decir, estás todo el tiempo triste. Dijo mientras temblaba.
Le dí mi campera y le respondí: -Me parece que vos confundís mis problemas existenciales y mis vacíos con este tema del que estamos hablando. La verdad te quise mandar a la mierda de movida esta noche, pero ya hablaremos de mi nostalgia. Quedate tranquila que creo saber como defenderme de de ella, pero no metas a la nostalgia en este tema, nada tiene que ver. Yo lamento realmente que no se haya dado algo que quiero en demasía, pero me sirve para darme cuenta como funciona el mundo, por eso ahora respondo “vamos a ver” cuando me preguntan como estás. ¿Entendés?, ni yo sé como estoy.
El silencio fue terrible… tras caminar un poco por la zona decidimos ir cada uno para su casa.
Misteriosamente otro papel con un mensaje estaba en el bolsillo de mi campera.

miércoles, 22 de julio de 2009

La danza…

Es fácil vivir lo esperado y lo convencional. Pero cuando

vives lo inesperado, empiezas a disfrutar de la vida.

Richard Bach.

Se dejó vencer suave, despacio, casi sin querer. La pereza de su movimiento apenas fue perceptible, un león furioso, rugiendo hizo el anuncio a viva voz proclamando el inevitable final mientras yo, curioseando la nada, pude entrever el catastrófico desenlace de una situación apenas pensado por la mayoría de la gente que agobiada en su rutina (o no) ni se detiene a observar lo inobservable.

El día presagió sin ganas que se trataba de un domingo de esos en los que es mejor no levantarse de la cama y allí mismo seguir de largo como si el mundo no existiese, a veces es posible eso si nos lo proponemos, pero claro está, no todos nos animamos a semejante riesgo y preferimos levantarnos y hacer de cuenta que no desperdiciamos el día, por más que veamos la tele, vayamos a un estadio o nos copemos con una película de Olmedo y Porcel.

Yo decidí acostarme en el patio de mi casa, mientras miraba el cielo, nublado, con sus matices de grises claros, grises más obscuros y algún que otro cúmulo más tirando al negro… complacido con el absurdo teatro meteorológico y pensando que lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido presto a manifestarse siempre y cuando así se dispongan las distintas variables que a veces desconozco y otras veces no tanto, aunque no voy a mentirles, conocía el final de esa obra harto repetida en los anaqueles de la eternidad. ¿Tal vez será que yo pido mucho y me conformo con poco?.

Estaba pensando en eso, cuando la ví, ahí estaba ella, débil, flaca, apenas visible, pero ganado con cada segundo más poder. Silenciosa, queriendo pasar desapercibida, tímidamente emprendiendo un viaje con destino incierto y sabiendo que no había retorno alguno, se dejó vencer suave, despacio, y así fue creciendo (no mucho), eso le fue gustando. Del cielo un manto de luz cubrió los tonos grises dejando ver la magnificencia de una imagen fugaz y épica que me dejó maravillado.

Se las arregló para tomar la forma más idónea para la ocasión, y vaya si lo hizo bien, su forma inmaculada jugaba con la perfección que algún ingeniero habrá buscado alguna vez y que vanamente habrá podido concretar. Si, allí estaba ella, jugándose el todo por el todo, como si vivir no fuese una semejanza arrimada a lo que mis retinas trataban de retener con esfuerzo y una pizca de imaginación.

Creció un poco más para terminar en el esperado y tétrico final, acelerando a 9.81 m/s2 y dando de lleno contra la baldosa que lindaba con mi cabeza, el impacto fue tan leve que no fue captado por mi oído, pero ella fue la que llevando la bandera, desató la danza de la lluvia y un sin fin de gemelas y no tanto se lanzaron a la carga, poseídas por la locura y la atracción gravitacional, estallando en pedazos para que luego, el astro rey, las vengue cual Fénix y las devuelva a la atmósfera para repetir la operación.

Fascinado, me quedé observando la danza, hasta que el viento helado de las alturas las convirtió en granizo y me obligó a meterme en mi hogar, tras casi morir de un impacto en mi cabeza.

miércoles, 15 de julio de 2009

Empezando a empezar…

Cuando más aprendes, es al enfrentar a
un oponente que te pueda ganar.
Richard Bach.


Semanas raras estas que vienen pasando, con su carga de movilidad atípica por momentos y con su monotonía de siempre. En serio gente, que semanas raras, hace no mucho me propuse empezar a desfondear la vida, y de apoco algo empecé a hacer, sumé kilómetros de esperanza a mi vida entregando curriculums que eran tomados como si se tratasen de volantes que se dan en la vía pública. Pero de algo sirvió y un llamado me devolvió algo de esperanza, pero como siempre sucede, los horarios eran incompatibles… ¿si nunca hubo por qué ha de sobrar, no?. Un compañero de la facultad me invitó un café para charlar y fue terrible, un momento digno del recuerdo, lleno de anécdotas, situaciones en común y consejos, que aunque los fui desechando, los escuché con mucha atención.
Después esa entrevista en un diario y la nota que salió en página central, aunque no como hubiese querido, al menos salió y espero sea en pos de algo mejor, a la semana una revista especializada en temas de defensa publicó una nota que hice con un amigo que también se vio reflejada en foros de la web y en una página colombiana, pero muchas cosas aún no cambian, mi olvido se olvida de olvidarla, y la semana pasada volví a soñarla después de bastante tiempo.
Pero la pregunta seguía allí: ¿Por dónde empezar para terminar?.
Como siempre fui bastante curioso y me interesa de alguna manera la vida... grité, comencé a decir lo que sentía como nunca antes lo había hecho y de maneras totalmente distintas a las que alguna vez lo hice, arremetí contra todo lo que me rodeaba, le di rienda suelta a todo el enojo acumulado y no descargado desde hacía bastante tiempo.
Tuve que matarla para no morir. Lo intenté de varias maneras. Al principio en mi interior. Creí que bastaba con sólo darme cuenta de todo lo que no me gustaba, con saber que lo único que tenía claro en la vida era que no quería ser como soy, como fui, como me proyecto. Así que una mañana atravesada decidí ser valiente. Siempre sentí que nací distinto, como si el sólo hecho de haber nacido traía consigo la terrible tarea de arreglar algo. ¿Tal vez demasiadas películas, no?. Quizás.
Si quería cumplir con el cometido que dictaba mi alma, si quería realizarme, debía matar a aquel monstruo que parecía disfrutar aplastándome, ahogándome, es decir a mi mismo y lo hice de cierta forma, y también lo hice con ella al asesinarla.
Al alejarme, orgulloso y libre, me sentí también extrañamente triste (sigo estándolo). Tenía en mí el sentimiento de haberme vengado (por llamarlo de algún modo, aunque dudo que sea la palabra indicada), de rabia satisfecha. Me sentía tranquilo al fin, o sino más bien liberado, pero también sentía como si desaprovechaba algo, como si me faltase algo (aún lo siento para ser preciso). Había hecho algo que muy pocos seres humanos (que conozco al menos) son capaces de hacer, ¿y cuál es?. Ya tenía mi medalla. ¿Y qué?. ¿De qué servían los escombros que había dejado atrás?, típico en mi comencé a hacerme pregunta, a cuestionarme aquel asesinato. Creí intuir lo que muchas tribus han sabido desde hace cientos de años: “Al matar a alguien su espíritu te posee”. Y vaya si es cierto che…
Hace algunos días, muy enojado y sobre todo triste, empecé a escribir sobre todo lo que no me gusta en la vida, completé varias hojas. Enseguida me pregunté de nuevo: ¿Y qué?. La mayor parte de la gente hace esto, se queja a cada instante de cualquier cosa. Al menos yo ya sé lo que no me gusta. No tengo ningún temor en decirlo en voz alta. ¿Pero de qué me sirve hacerlo, de qué sirve ya, si es tarde?. ¿Qué mundo estoy queriendo inventar prestando atención a todo eso?. ¿Qué tipo de mundo quiero?. ¿Quién voy a decidir ser?. Todo esto me vengo preguntando desde hace años ya. Como vos... que seguramente alguna vez lo hicíste.
Por suerte para mi, la razón (por llamarle de algún modo) es uno de mis muchos aliados. Reconozco que aún tengo algo pendiente. Quiero ponerle desde hace un tiempo un precio a todo lo que me hizo, pedirle algo a cambio, la verdad no sé bien, aún estoy concluyendo algo... este pensamiento, esta vaga idea. Tal vez así ella (o yo) tendrá la oportunidad real de hallarse en paz conmigo.
La verdad es que la bondad y el amor no puede ser la excusa en ningún momento del miedo y la debilidad. Para practicarlas a ambas cosas uno debe saber ser un chico malo de cara a todos los demás, y creo, sin temor a equivocarme que sobre todo... para ayudar a alguien, uno debe ser consciente de su poder destructor.
Un día asesiné a la persona que más quise últimamente. Y gracias a ello aprendí el poder de resucitarla y quererla. No por lo que "ella" es. Siento por ella quizás un poco más de lo que siento por cualquier ser humano. Sino por lo que "yo" soy.

No quise asesinarte, sólo actué como creí que debía actuar… espero siempre lo hayas sabido.

Aún te quiero y extraño.