miércoles, 29 de julio de 2009

Milagros III…

Nos dimos cita en un restaurante de Devoto, ya que nos quedaba relativamente cerca a ambos, aunque debo reconocer que fui sin ganas. El hecho de tomarme el 107 y pasar cerca del LMD (Límite Mínimo de Defensa) me hizo recordar muchas cosas que no quería y pensar en que quizás pudiese ver a otra persona (cosa que jamás sucedió por suerte) que aún está en mi mente y cuesta demasiado esquivarla en mi atrofiada y cansada cabeza.
Al bajar del Bondi, encendí un cigarrillo y comencé a caminar las dos cuadras que me separaban de aquel destino, cuando me dí cuenta que aún estaba escuchando aquel disco de Mr Big que empecé a escuchar ni bien subí al Bondi. Si hay algo que me molesta es escuchar música mientras camino, es un cuestión psicológica que sólo se dá los sábados a la mañana cuando camino a la facultad y escucho aquel programa en la 100.7, pero que jamás se repite en el transcurso de la semana. Detuve mi marcha y apagué el celular, de todas maneras nadie me iba a molestar esa noche. Guardé los auriculares y vino a mi mente el mensaje escrito en aquel papelito que profería: “no puede ser que estés peleando siempre con tu melancolía”. Dije un improperio (que no pienso reproducir) como pensando, “¿qué mierda se cree esta mina, piensa que me conoce?. Inmediatamente le dí una seca terrible al cigarrillo para ultimarlo y reanudar mi marcha, ya sabiendo que iba a llegar tarde.
Efectivamente al llegar estaba Milagros esperándome en la puerta de aquel lugar, debo reconocer que estaba preciosa, como siempre, dándole la ultima pitada a ese cigarro (si se lo puede llamar así) y mirándome como diciendo, otra vez llegaste tarde. Nos saludamos e ingresamos a dicho lugar, recuerdo que la música funcional apenas se percibía, inmediatamente escogimos una mesa y pedimos lo que íbamos a comer. Ella pidió ese sushi que tiene atún, kanikama, y algo de salmón rosado (que realmente se veía bárbaro), yo por mi lado pedí unos fideos de arroz saltados con camarones, el mesero me dijo que eso no era japonés, pero me lo hicieron igual por suerte.
Una vez solos, la miré a los ojos y le pregunté:
-¿Qué estamos haciendo?.
-No sé. Me dijo ella.
Preferí hablar de banalidades y no tocar el tema del mensaje en el papelito por el momento. Y así fue, la comida habrá tardado algo así como 20 minutos en llegar.
-Comida de verdad, le dije y agregué, ¡vamos a entrarle!.
-Dale, parece buenísimo. Dijo ella mientras sonreía, como siempre lo hizo y como siempre lo hará, calculo yo.
Es menester decir que la comida era genial, ambos nos convidamos de nuestros platos y el buen vino ayudó a que la algarabía fuera mejor. Ambos no pudimos pedir postre dado el estado calamitoso que nos encontramos al finalizar la cena.
La idea era pagar todo yo, pero jamás me dejó ella, cosa extraña, pero por un lado (y siendo totalmente honesto) fue mejor, ya que me hubiese quedado a lavar platos para pagar lo que consumimos.
Salimos a caminar y fuimos a la plaza, los dos encendimos el necesario cigarro digestivo y del brazo comenzamos a hablar de esos temas que sólo a ella se le ocurren y que generalmente al común de la gente lo puede agarrar desprevenido y dejarlo atontatado. De todas maneras conversamos un rato largo hasta que nos sentamos en un banco de aquella plaza y nos quedamos mirando la nada. Se me ocurrió mirar al cielo y ahí estaba él, tan luminoso como siempre y admito que me quedé colgado un rato largo mirándolo, pero a Milagros jamás se le escapa un detalle y me preguntó:
-¿Qué mirás?.
-A Júpiter, le respondí.
-¿Y cuál es?. Cuestionó.
-Es ese que está ahí, el que brilla fuerte. ¿Lo ves?, interrogué.
-¿Ese de ahí?. Indagó.
-Si, ese. Le dije.
-¿Cómo sabés qué eso es Júpiter?. Preguntó incrédula.
-Hace años que miro al cielo, respondí sin dar mayores detalles al respecto.
-Eso es lo loco de vos, desde que empezamos a hablar por msn y por teléfono lograste que se me peguen cosas que decís, me dejaste pensando varia veces en frases que se te ocurren de la nada, y ni hablar de las cosas que leí tuyas, escritas de hace un tiempo y no tanto… ¿me vas a contar de ella en algún momento?.
Era la segunda vez que me quedé atontado conversando con ella, le dí una pitada al cigarro mientras pensaba una respuesta, la miré a los ojos y le conté más o menos como venía (viene) la mano. Un silencio lapidario se hizo cuando terminé de hablar… entonces dijo:
-Pero dejate de joder entonces, pensá en otras cosas, mirá otros cielos, buscá otro rumbos. Perdiste Ro.
Me quedé pensando en esa frase. “Perdiste Ro”… ella me abrazó.
-Vendería cara esta derrota Milagros, pero yo gané. Le dije.
Me miró con cara incrédula y me dijo: No, estás equivocado, perdiste, fijate como estás, y seguro que para ella la vida continúa como si nada hubiese pasado.
Su rostro me causó una ternura increíble, empero comencé a pensar en ese “para ella la vida continúa como si nada hubiese pasado”. Tras unos segundos le respondí: -Mirá, yo gané por que fuí sincero, hice lo que sentí y lo que me aconsejó el corazón, pocas veces hice cosas como esta por amor, y el mero hecho de haber dicho lo que sentía es ganar. Pero es una victoria triste, eso es verdad, no me salió como yo quise (por que en realidad nunca esperé nada, siempre supe que iba a perder), admito que mi olvido no la olvida, pero sigo convencido que si uno hace las cosas por amor gana, aunque pierda. ¿Se entiende más menos lo que digo?.
Su rostro me dijo todo, no entendió un carajo. –Pero vos no estás bien, es decir, estás todo el tiempo triste. Dijo mientras temblaba.
Le dí mi campera y le respondí: -Me parece que vos confundís mis problemas existenciales y mis vacíos con este tema del que estamos hablando. La verdad te quise mandar a la mierda de movida esta noche, pero ya hablaremos de mi nostalgia. Quedate tranquila que creo saber como defenderme de de ella, pero no metas a la nostalgia en este tema, nada tiene que ver. Yo lamento realmente que no se haya dado algo que quiero en demasía, pero me sirve para darme cuenta como funciona el mundo, por eso ahora respondo “vamos a ver” cuando me preguntan como estás. ¿Entendés?, ni yo sé como estoy.
El silencio fue terrible… tras caminar un poco por la zona decidimos ir cada uno para su casa.
Misteriosamente otro papel con un mensaje estaba en el bolsillo de mi campera.

miércoles, 22 de julio de 2009

La danza…

Es fácil vivir lo esperado y lo convencional. Pero cuando

vives lo inesperado, empiezas a disfrutar de la vida.

Richard Bach.

Se dejó vencer suave, despacio, casi sin querer. La pereza de su movimiento apenas fue perceptible, un león furioso, rugiendo hizo el anuncio a viva voz proclamando el inevitable final mientras yo, curioseando la nada, pude entrever el catastrófico desenlace de una situación apenas pensado por la mayoría de la gente que agobiada en su rutina (o no) ni se detiene a observar lo inobservable.

El día presagió sin ganas que se trataba de un domingo de esos en los que es mejor no levantarse de la cama y allí mismo seguir de largo como si el mundo no existiese, a veces es posible eso si nos lo proponemos, pero claro está, no todos nos animamos a semejante riesgo y preferimos levantarnos y hacer de cuenta que no desperdiciamos el día, por más que veamos la tele, vayamos a un estadio o nos copemos con una película de Olmedo y Porcel.

Yo decidí acostarme en el patio de mi casa, mientras miraba el cielo, nublado, con sus matices de grises claros, grises más obscuros y algún que otro cúmulo más tirando al negro… complacido con el absurdo teatro meteorológico y pensando que lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido presto a manifestarse siempre y cuando así se dispongan las distintas variables que a veces desconozco y otras veces no tanto, aunque no voy a mentirles, conocía el final de esa obra harto repetida en los anaqueles de la eternidad. ¿Tal vez será que yo pido mucho y me conformo con poco?.

Estaba pensando en eso, cuando la ví, ahí estaba ella, débil, flaca, apenas visible, pero ganado con cada segundo más poder. Silenciosa, queriendo pasar desapercibida, tímidamente emprendiendo un viaje con destino incierto y sabiendo que no había retorno alguno, se dejó vencer suave, despacio, y así fue creciendo (no mucho), eso le fue gustando. Del cielo un manto de luz cubrió los tonos grises dejando ver la magnificencia de una imagen fugaz y épica que me dejó maravillado.

Se las arregló para tomar la forma más idónea para la ocasión, y vaya si lo hizo bien, su forma inmaculada jugaba con la perfección que algún ingeniero habrá buscado alguna vez y que vanamente habrá podido concretar. Si, allí estaba ella, jugándose el todo por el todo, como si vivir no fuese una semejanza arrimada a lo que mis retinas trataban de retener con esfuerzo y una pizca de imaginación.

Creció un poco más para terminar en el esperado y tétrico final, acelerando a 9.81 m/s2 y dando de lleno contra la baldosa que lindaba con mi cabeza, el impacto fue tan leve que no fue captado por mi oído, pero ella fue la que llevando la bandera, desató la danza de la lluvia y un sin fin de gemelas y no tanto se lanzaron a la carga, poseídas por la locura y la atracción gravitacional, estallando en pedazos para que luego, el astro rey, las vengue cual Fénix y las devuelva a la atmósfera para repetir la operación.

Fascinado, me quedé observando la danza, hasta que el viento helado de las alturas las convirtió en granizo y me obligó a meterme en mi hogar, tras casi morir de un impacto en mi cabeza.

miércoles, 15 de julio de 2009

Empezando a empezar…

Cuando más aprendes, es al enfrentar a
un oponente que te pueda ganar.
Richard Bach.


Semanas raras estas que vienen pasando, con su carga de movilidad atípica por momentos y con su monotonía de siempre. En serio gente, que semanas raras, hace no mucho me propuse empezar a desfondear la vida, y de apoco algo empecé a hacer, sumé kilómetros de esperanza a mi vida entregando curriculums que eran tomados como si se tratasen de volantes que se dan en la vía pública. Pero de algo sirvió y un llamado me devolvió algo de esperanza, pero como siempre sucede, los horarios eran incompatibles… ¿si nunca hubo por qué ha de sobrar, no?. Un compañero de la facultad me invitó un café para charlar y fue terrible, un momento digno del recuerdo, lleno de anécdotas, situaciones en común y consejos, que aunque los fui desechando, los escuché con mucha atención.
Después esa entrevista en un diario y la nota que salió en página central, aunque no como hubiese querido, al menos salió y espero sea en pos de algo mejor, a la semana una revista especializada en temas de defensa publicó una nota que hice con un amigo que también se vio reflejada en foros de la web y en una página colombiana, pero muchas cosas aún no cambian, mi olvido se olvida de olvidarla, y la semana pasada volví a soñarla después de bastante tiempo.
Pero la pregunta seguía allí: ¿Por dónde empezar para terminar?.
Como siempre fui bastante curioso y me interesa de alguna manera la vida... grité, comencé a decir lo que sentía como nunca antes lo había hecho y de maneras totalmente distintas a las que alguna vez lo hice, arremetí contra todo lo que me rodeaba, le di rienda suelta a todo el enojo acumulado y no descargado desde hacía bastante tiempo.
Tuve que matarla para no morir. Lo intenté de varias maneras. Al principio en mi interior. Creí que bastaba con sólo darme cuenta de todo lo que no me gustaba, con saber que lo único que tenía claro en la vida era que no quería ser como soy, como fui, como me proyecto. Así que una mañana atravesada decidí ser valiente. Siempre sentí que nací distinto, como si el sólo hecho de haber nacido traía consigo la terrible tarea de arreglar algo. ¿Tal vez demasiadas películas, no?. Quizás.
Si quería cumplir con el cometido que dictaba mi alma, si quería realizarme, debía matar a aquel monstruo que parecía disfrutar aplastándome, ahogándome, es decir a mi mismo y lo hice de cierta forma, y también lo hice con ella al asesinarla.
Al alejarme, orgulloso y libre, me sentí también extrañamente triste (sigo estándolo). Tenía en mí el sentimiento de haberme vengado (por llamarlo de algún modo, aunque dudo que sea la palabra indicada), de rabia satisfecha. Me sentía tranquilo al fin, o sino más bien liberado, pero también sentía como si desaprovechaba algo, como si me faltase algo (aún lo siento para ser preciso). Había hecho algo que muy pocos seres humanos (que conozco al menos) son capaces de hacer, ¿y cuál es?. Ya tenía mi medalla. ¿Y qué?. ¿De qué servían los escombros que había dejado atrás?, típico en mi comencé a hacerme pregunta, a cuestionarme aquel asesinato. Creí intuir lo que muchas tribus han sabido desde hace cientos de años: “Al matar a alguien su espíritu te posee”. Y vaya si es cierto che…
Hace algunos días, muy enojado y sobre todo triste, empecé a escribir sobre todo lo que no me gusta en la vida, completé varias hojas. Enseguida me pregunté de nuevo: ¿Y qué?. La mayor parte de la gente hace esto, se queja a cada instante de cualquier cosa. Al menos yo ya sé lo que no me gusta. No tengo ningún temor en decirlo en voz alta. ¿Pero de qué me sirve hacerlo, de qué sirve ya, si es tarde?. ¿Qué mundo estoy queriendo inventar prestando atención a todo eso?. ¿Qué tipo de mundo quiero?. ¿Quién voy a decidir ser?. Todo esto me vengo preguntando desde hace años ya. Como vos... que seguramente alguna vez lo hicíste.
Por suerte para mi, la razón (por llamarle de algún modo) es uno de mis muchos aliados. Reconozco que aún tengo algo pendiente. Quiero ponerle desde hace un tiempo un precio a todo lo que me hizo, pedirle algo a cambio, la verdad no sé bien, aún estoy concluyendo algo... este pensamiento, esta vaga idea. Tal vez así ella (o yo) tendrá la oportunidad real de hallarse en paz conmigo.
La verdad es que la bondad y el amor no puede ser la excusa en ningún momento del miedo y la debilidad. Para practicarlas a ambas cosas uno debe saber ser un chico malo de cara a todos los demás, y creo, sin temor a equivocarme que sobre todo... para ayudar a alguien, uno debe ser consciente de su poder destructor.
Un día asesiné a la persona que más quise últimamente. Y gracias a ello aprendí el poder de resucitarla y quererla. No por lo que "ella" es. Siento por ella quizás un poco más de lo que siento por cualquier ser humano. Sino por lo que "yo" soy.

No quise asesinarte, sólo actué como creí que debía actuar… espero siempre lo hayas sabido.

Aún te quiero y extraño.

miércoles, 8 de julio de 2009

Frente a la TV…

A ver… 700cm3 de alcohol 96 grados (común de farmacia) + 300 cm3 de agua + gelatina sin sabor = Alcohol en gel al 70%, que ahora con la gripe cochina te lo cobran a 18 mangos un frasquito de mierda. Previa desinfección, cuatro barbijos en el morro, sentarse frente al monitor y comenzar a escribir esto.
Aquellos que me conocen un poco saben que no soy muy adepto a mirar televisión, todo me aburre, nada me atrapa, a excepción de algunos documentales o de la mirada cuasi rutinaria a aquel personaje que me acompaña y “entretiene” hasta la 1 de la mañana y que hoy tanto extraño.
Pero ese gran vacío que hay en mis noches, produjo una ruptura de otra cuasi rutina, y a veces para no pensar, no escribir, ni leer, opto por mirar la tele y desconectarme por algún momento de la realidad o de mi mismo (creo que eso es lo que más anhelo últimamente).
Es increíble que en la programación de trasnoche roten en todos los canales las mismas publicidades, es decir, debió haber un cráneo que se dedicó a estudiar que todos lo pajeros están entre la 1 y las 6hs. viendo tele y a cada instante bombardean con “mandá Belén al 2020 y ella te cuenta sus secretos en la cama”, ¿a quién mierda le importa?, me pregunto yo. La tarada que actúa de médico en la propaganda de Activia me dice que me sume al desafío por que también me deshincha y me muestra el testimonio de tres muertas de hambre que dicen que ahora cagan religiosamente una vez al día y que llegan con 4 cm. menos a la hora de acostarse. El morbo del tipo que planeó ese argumento es monumental, seguramente la venta de Activia creció gracias al chamuyo ese de que te desinfla… es la generación de los lácteos pareciera ser, y la renovación es increíble, es decir, hace años era el “GG” en la leche ahora le mandan en lactovasirus Lcasei y sos Super Man, ¿entonces me mintieron antes?; ¿Por qué no usan más el “GG”?... y también están esos programas que yo pensé que no existían más, donde una mina intenta mantener la atención del público diciendo giladas para que llamen y se ganan $10000 si adivinan una palabra, una imagen o una incógnita.
Otra cosa que me saca de quicio es cuando la programación habitual es interrumpida por enorme sesiones publicitaria, caso del H Channel un domingo a las 7hs. Otra cosa que me está molestando del canal de la H es que últimamente no me cuenta lo sucedido con H de Historia, sino con la H de Hollywood, logrando de esa forma aplacar mi interés en determinado tipo de documentales que menos onerosos, serían sumamente atrapantes.
Pero a la tarde… a la tarde no cambia mucho el asunto ¡eh!, una tarde que estuve libre de la facultad, me fui a visitar a mi primo el segundo, el menor, a su casa, y si mi idea era no ver televisión, amargo mi desengaño, mi tía se encontraba viendo Utilísima, y parece increíble pero a las pelotudas que ponen a conducir se vé que le dan la orden de hablar como boludas, para que la ama de casa “ignorante” entendiera bien la gilada que hace de bricolage. Fue un momento “Gerardo” y por no decir nada, me escapé con mi primo hacia el cuarto del fondo a charlar, tomar mates y hacer algo de música (o al menos a intentarlo).
Mientras comíamos una pizza el Martes pasado en el departamento del Tony, la pantalla se puso negra y una voz en off profería: “lo que te queremos mostrar, no te lo podemos mostrar, mandá no sé que palabra a no sé que número. Nos miramos y al unísono dijimos: esto no puede ser, se fueron a la mierda. Y es que así fue, ya es patético y voy a evitar hablar de las propagandas políticas que atestaron el aire televisivo, por que a nada voy a llegar.
A decir verdad a nada llegué escribiendo todo esto… menos mal que no quería pensar…

miércoles, 1 de julio de 2009

Consecuencias del olvido…

Me ahogo, caigo en una suerte de profundo y obscuro mar, no puedo respirar, mi cuerpo comienza a cansarse.
Me despierto, salgo de ese profundo y obscuro mar, vuelvo a respirar, mi cuerpo sigue cansado, pero se agita, me reclama por el olvido, me recrimina que sea así.
Eso me pasó una vez en una escena de crimen.
Eso me pasa por que a veces me olvido respirar…

miércoles, 24 de junio de 2009

Milagros II…

A veces el destino se la rebusca creando situaciones complejas y difíciles de explicar para un ser racional… ya no hay nada que me sorprenda, no he de negarlo, tampoco es una novedad que desde hace un tiempo ya no tengo fé.
La cuestión es que hace dos semanas fuimos con mi amigo Lucas (Luketas) a Aeroparque a sacar fotos a los aviones que despegaban y aterrizaban de aquel lugar. La tarde era idónea para la ocasión, el sol abrigaba la vaga esperanza de unas buenas tomas y la camaradería estaba siempre latente. Caminábamos siguiendo a la reja que contornea al Aeroparque, cuando de repente una voz femenina dijo: Roberto, que raro verte acá. Enseguida me di vuelta y allí estaba ella, con toda su belleza. Es increíble como el mundo puede parar un instante, y hasta al pobre de Lucas anulé del mundo, sólo éramos ella y yo, saludándonos.
Luego de cambiar un par de palabras, el mundo volvió a su ritmo habitual, Lucas estaba al lado mío, y lo presenté, pidiendo las disculpas pertinentes a ambos. Aún no salía de mi asombro.
-¿Qué hacés acá?, me preguntó ella por segunda vez.
-Vine a sacar un par de fotos con mi amigo, es que estamos medio oxidados los dos y nos sirve para ir practicando. ¿Y vos que hacés acá?, pregunté.
-Trabajo acá en Aeroparque desde hace dos meses, me gusta mucho.
-A mi también, dije.
-¿Trabajás en Aeroparque también?, me preguntó.
-No, digo que me gusta mucho que te guste, respondí apresurado y nervioso, ante la mirada crítica de Lucas que me decía: “sos un boludo”.
-Bueno, te dejo que tengo que entrar, podríamos almorzar juntos, ¿te parece?, me dijo mientras sonreía.
-Dale, tengo tu teléfono, te llamo y arreglamos un día para vernos. Le respondí.
-Espero que no sea como la última vez, me dijo en un tono crítico.
-No te hagas drama, yo te llamo en la semana.
Nos saludamos y con Lucas seguimos haciendo lo que habíamos ido a hacer, es decir, sacar fotos.
La semana pasó cargada con su habitual paranoia de trabajos prácticos y parciales para la facultad, llegado el viernes, llamé a Milagros para acordar un día y un lugar donde encontrarnos. Quedamos que sería el sábado a las 14hs. lo cual era perfecto ya que me daba tiempo para salir de la facultad y llegar con relativa puntualidad. Así llegó el sábado, la clase se hizo pesada e interminable, como casi siempre, el sol típico de otoño apenas llegaba a la vereda, tapado por la sombra que desplomaban los edificios. El viaje fue relativamente ameno, ya que la música lo hizo bastante cómodo, aunque el asiento del bondi estaba muy desvencijado.
Cuando llegué Milagros ya estaba en el punto de encuentro, otra vez llegué tarde, me dije en voz baja. Nos saludamos, me disculpé por la llegada tarde, a lo que ella me respondió que intuyó que yo era una persona impuntual, ¿por qué será?, le pregunté, y ella sólo sonrió. Me tomó de la mano y me hizo cruzar la avenida Costanera por el medio… no fue una situación para nada linda, pero debo reconocer que siempre me gustaron las personalidades impulsivas. De milagro no nos atropelló nadie. Empezamos a caminar a la vera del río mientras charlábamos de lo que aconteció en nuestras vidas en este tiempo que pasó. Le conté de todo, del estudio, de mi vida, de los amigos, de los proyectos, del amor… aproveche para pedir perdón por no haber respondido jamás su llamado, pero le expliqué un poco el motivo y lo que pensaba/pienso de aquel momento.
-¡Ah!, ahora entiendo por que nunca me atendiste ni me llamaste, me dijo mientras su mirada era la que vaciaba cargadores de dulzura sobre mis ojos.
-Ahora estoy devenido a solitario de cartón, le dije.
Paró en un puesto de comidas y pidió una hamburguesa de esas gigantes que hacen allí y una coca. Idéntico fue mi pedido, aunque debo reconocer que me pareció raro.
-¿Por qué comés este tipo de comida, pudiendo comer dentro de Aeroparque comida más sana?, le pregunté.
-A veces me agarra antojo, por lo general tengo poco tiempo para almorzar y a veces es la excusa ideal para comer un poco de comida chatarra. Me pareció más que lógica su respuesta.
Nos sentamos en una mesa y mientras comíamos me dijo: Ya conozco casi todo lo superfluo de tu vida y sin embargo no sé nada de vos.
No entendí nada en ese momento, es decir, ¿qué me está diciendo esta mina?; ¿Qué le pasa?... de todas maneras le respondí lo primero que se me vino a la cabeza.
-Es que si supieras demasiadas cosas de mi, seguramente esta charla no tendría sentido y caeríamos en una suerte de espiral melancólico en el que no quiero ni queremos entrar, le dije. Ella me miró de reojo, un leve rictus se le formo en los labios como conteniendo una sonrisa…
-Está bien, me parece justo, ya llegará el momento en que me entere. Dijo.
Terminamos de comer y encaró para el club de pescadores, la seguí, mientras seguimos charlando, le conté de mi fascinación por la aviación, de mis gustos en poesía y de mi proyecto a corto plazo. Nunca dejó de escucharme pero atendía con su vista a un buque enorme que se encontraba en aquella línea lejana que dividía al cielo de las aguas del Río de la Plata. Al llegar al club de pescadores, se me adelantó y habló con el tipo que estaba en la entrada, luego de intercambiar algunas palabras me llamó e ingresamos.
-¿Qué le dijiste?, interrogué.
-Le dije que venís de muy lejos y que siempre quisiste ver la inmensidad del río, si no le decía eso no nos iba a dejar pasar. Respondió.
Una vez más no pude salir de mi asombro… aunque ya me estaba acostumbrando de cierto modo, debo confesar.
En aquel muelle me empezó a contar de su vida, de cómo había llegado a trabajar ahí, de lo que pasó desde la última vez que nos vimos, en fin, me puso al día de su vida y me contó, de paso, un poco de su pasado.
Sus palabras eran justas y contundentes, nunca adjetivo de más, su cara no era de gesticular mucho, algo que si ella me había recalcado un rato antes, algo similar dijo de mis manos, pero ya estoy acostumbrado a ese tipo de “críticas”. Nos sentamos al final del muelle y nos quedamos viendo la lontananza y las nubes bajas que estaban en ese momento encima nuestro. No hizo falta palabra alguna como para entender que era un momento único.
Caminamos en silencio de regreso, ella miró la hora y dijo que debía volver a Aeroparque, nos abrazamos y nos despedimos.
Al regresar en el Bondi, descubrí que en mi bolsillo se encontraba un papelito con algo escrito, pero eso ya se los contaré en otra ocasión.

miércoles, 17 de junio de 2009

Júpiter…



Mierda… lindo título para empezar.
Sol que quiso ser y no pudo, con su silueta grandiosa y fina, siempre acompañó al firmamento y desde que tengo 12 años está atado a mi pensamiento, no hay noche que no lo busque en el cielo porteño. Siempre me llamó la atención el brillo y el tamaño de esa “estrella”, recuerdo aquellas lejanas noches de invierno en la terraza de mi casa, escuchando “Tiempos Violentos” en la Rock & Pop, armado con mi telescopio de mediocres 4X y con la mirada siempre puesta en él. Una vaga imagen de una luna diminuta recuerdo haber visto y anotado en un cuaderno de guardia que vaya a saber uno donde fue a olvidar el paso de los años. Desvelos increíbles, el anhelo vanidoso de ser un Galileo del subdesarrollo y el frío incisivo del invierno son recuerdo que jamás serán borrados de mi mente.
Con el correr del tiempo pude ver algo más que un simple punto blanco, y sucedió la vez que fui al observatorio que está en el Parque del Centenario, increíblemente pude ver sus colores a pesar de estar cinco veces más lejos que el Sol, su forma, sus cuatro lunas (Ganímedes, Io, Europa y Calisto), moviéndose en torno a ese gigante 318 veces más grande que la Tierra, aquella mancha roja, marcaron el momento del nacimiento de un romance que aún no se termina y dudo que acabe en algún futuro distante por llamarlo de algún modo.
Y es que en esas noches donde nado en el mar de mi soledad (no me ahogo como algunos piensan), siempre al mirar hacia el cielo, está presente esa imagen, ese brillo, esa frialdad de la luz lejana que reflejada, atraviesa todo límite e ingresa en mi nervio óptico para que el cerebro la procese y me dé una imagen clara de aquel planeta que marcó mi primera adolescencia y mi amor al observar el cielo. Y no escribo esto por que sea el año mundial de la astronomía, sino por que esta semana tuve un gran acercamiento a este gigante y aún estoy tratando de descubrir el por qué…
Dios griego (Zeus) y romano, protector y centinela del sistema solar, intrigante y maravilloso. Con su día de 9,8 horas, su traslación de 12 años, su volumen mil veces mayor al de la tierra. La gran mancha roja (donde entrarían 2 planetas Tierra) que no es más que un inmenso huracán que se ha mantenido por al menos 3 siglos.
Algo me hizo renacer mi amor, quizás sea que hace un tiempo trato de distraerme un poco, fue así que investigando, me enteré que cada año se contrae alrededor de 2 centímetros. Esto se debe a un fenómeno llamado contracción de Kelvin-Helmholtz (confieso haber copiado el nombre), sucede que la superficie del planeta se enfría, esto hace que la presión de su atmósfera se reduzca y que la presión de su núcleo aumente para compensar. La locura de esto es que su tamaño se reduce y que emite calor debido a la compresión, así Júpiter emite más radiación que la que recibe del Sol, esto hace que algunos astrónomos lo llamen una estrella fallida (yo siempre lo creí así) pero le faltaría multiplicar su masa unas trece veces para poder empezar a arder como una estrella y no está muy claro de dónde podría sacar Júpiter esa masa extra.
Al verlo uno a través de un telescopio, se lo observa lejano y silencioso (como uno se imagina el espacio), pero en su interior se desarrollan terrible tormentas, siempre me imaginé como sería ver sus relámpagos, imposibles de observar en su cara iluminada y escuchar sus truenos, debe ser algo que daría miedo a cualquiera.
Crecí imaginándome a un Júpiter sin anillos, ya que los anillos eran una característica absoluta de Saturno (Cronos), que por otra parte era padre de Júpiter, pero con los años me fui acostumbrando a imaginarme un Júpiter con un tenue anillo rodeando a sus lunas y éstas a su vez moviéndose dentro de un enorme globo de radiación atrapado en la magnetosfera, que no es más que el campo magnético del planeta, que alcanza entre los 3 y 7 millones de Km. en dirección al Sol, y se proyecta en dirección contraria más de 750 millones de Km., hasta llegar a la órbita de Saturno.
Pienso que si existe vida inteligente en un lugar muy lejano y apuntan para este lado, podrían descubrir a Júpiter por como altera a la órbita del Sol, al igual que nosotros hemos descubierto planetas lejanos.
De todas maneras creo que lo que más me atrae de Júpiter es su parecido conmigo, es decir, ambos segundeamos siempre, aunque alguna vez quisimos o al menos intentamos ser estrellas.

miércoles, 10 de junio de 2009

Naufragado…

Aquí mismo rompieron mis costillas
las rocas de aquel desfiladero.
Y ese alba descubrió isla desierta y árida;
llegué a la orilla, pensativo, y no la encuentro.

Ambos sabemos bien que nos separa
la distancia desvinculante de un naufragio,
o las imaginarias coordenadas que trazó
el pasado sobre la irregular superficie del mar.

Me reconozco en la imposible concreción
de un nuevo abrazo, absurda tentación de creer
que escribiendo se materializará un retorno,
acción cruel que pretende ser un acto de fé...

Es escribir diez, cincuenta, cien veces lo mismo,
y aquel naufragio aún hundiéndome,
es el náufrago inagotable, recitando preguntas,
plegarias y súplicas al viento…
aunque el grito vaya a lo más profundo y obscuro
ya sea en la bajamar o en la pleamar.

Mis dedos te dibujan en la arena,
serenando el mar de mis idiotas fantasías.
En el oleaje eterno y tan frío,
se pierde mi pasión, a la deriva.

Y este naufragio hundiéndome
en los recuerdos de tus paisajes, en tus silencios amargos.
Obscuras aquellas estrellas, vacías como tus ojos
lágrimas brotada desde las entrañas,
inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos,
llantos de cristal sombrío que no llegarán.

Sangre oculta del naufragio,
anunciación que supo hacer la playa:
“lo que dice un naufrago poco importa”.
Se pierde la mirada en un punto invisible
intento cruel de borrar la sombra de mi paso.

No sé si es pesadilla o desvarío:
naufraga tu imagen en los ojos.
Mi piel grita tu nombre sin consuelo
El naufragado ya no quiere naufragar,
ya no quedan fuerzas en este flagelado cuerpo…
quiere un rescate donde sienta
tu piel por fin y de una vez en su piel.

miércoles, 3 de junio de 2009

Mamá…

El viaje a Sierra Chica se me hizo interminable, menos mal que me tocó del lado de la ventanilla, de todas maneras, al ser un viaje de noche mucho no pude ver, aunque la luna estaba enorme, iluminaba todo el campo y las lejanas sierras que había al costado de la ruta; y las estrellas… las estrellas se veían como nunca, hubiese deseado que ese pensamiento no me atosigase durante todo el viaje, aunque debería haber estado más preocupado por mi destino luego de ese viaje que tanto disfruté y no a la vez.
Mamá, mi encierro es hoy mismo, ya no sé que hacer para que me puedas perdonar de alguna forma, te sigo esperando, sé que no me vas a fallar. Tengo ganas de gritar a los cuatro vientos, por favor perdóname de alguna forma, esta noche me cuesta horrores dormir y tengo el corazón palpitando a mil. Con mi compañero ya sé que no me voy a llevar muy bien, escribo en un cuaderno usado, frases que a nadie le importarán. Y ya sé, es repetir el mismo modo de operar de ayer… ojalá pudieras entenderme un poco más.
Desde acá prometo que puedo ser útil y de alguna manera ayudar, yo ya sabía que esta noticia no te iba a gustar, comprendo que esto no es para cualquiera, es muy difícil de asimilar; y me paso las noches gritando en silencio: “mamá mi abogado me cagó”, y acá estoy encerrado en Sierra Chica, con un compañero que no conozco ni quiero conocer, me cuesta horrores dormir, y aún tengo aquel peso de que me veas igual al preso que fui hace algún tiempo atrás.
De todas maneras sabés que esto no es como ir a la guerra, de alguna forma entendés que voy a volver, aunque aún siento aquel martillo y la sentencia en mis oídos, comprendo que el juez no entendió mi alegato final y sé que se dejó llevar solamente por mi historial policial, pareciera ser que nada importa, que todo les dá por igual.
Nada puedo justificarte mamá, pero quiero que sepas que sos la médico que todo lo cura, sé que mi cicatriz haz de sanar, de alguna forma mi veneno vas a extirpar, sin juzgarme, comprendiéndome, sabiendo la esencia de lo que soy, mis valores y lo que busco ser, o al menos eso espero que entiendas de alguna forma, aunque sé que es difícil y cuesta en demasía.
Pero también cuesta dormir en esta noche, duele mucho estar en este lugar, aún no me acostumbro a este colchón flácido y rústico, jamás tuve uno así, ni siquiera en el correccional. Prometo que con ésta voy a aprender… siento que me desangro en vida, jamás lo entenderás, pero es así, es un dolor que pocos humanos saben interpretar y comprender.
Trataré de hacer lo posible para dormir e intentaré tapar el dolor de todo lo que nos dijimos ayer a la noche, cuando nos despedimos para siempre mamá.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Conductas paragüiles…

El centro no es algo que recomiendo transitar en el verano, mucho menos los días de lluvia a la mañana, calculo que al mediodía o a la tarde ha de ser igual, ya de por si es un caos absoluto, ni hablar de cuando llueve. Hacer una cuadra en auto demora aproximadamente media hora, las veredas se ven amenazadas por turbias aguas que comienzan a aumentar su cota a valores alarmantes, hasta que en cuestión de minutos las veredas se ven tapadas por al menos un milímetro de dicho fluido. Los comerciantes a veces realizan esfuerzos vanos con secadores para evitar que el agua ingrese en sus locales.

Pero el mayor inconveniente más allá de las veredas inundadas, del caos de tránsito, de la merma de transeúntes desprevenidos que se refugian bajo cualquier alero, toldo, balcón, o cornisa que le provea de cierto resguardo de la imprevisible lluvia, son aquellos audaces que enfrentan los embates meteorológicos y salieron armados con un paraguas, un piloto y alguno que otro con botas para la ocasión.

Íbamos platicando al respecto con mi primo el menor, cuando inopinadamente la punta sobresaliente de un paraguas se enganchó en la larga cabellera de éste. ¡Mamita!, lo peor que le puede pasar a mi primo el menor es que algo le suceda en el pelo, una palabrota vociferada hacia el transeúnte; una leve escaramuza y la consiguiente reanudación de la marcha, los incidentes ocurren… en un momento, mi primo decide encender un cilindro de tabaco, pero la humedad en Buenos Aires es cada vez peor; renegando de ésta y de la baja calidad de la piedra del desvencijado encendedor, comenzó una suerte de lucha entre el hombre y aquel artefacto, que llevó varios segundo (varios de verdad), mientras el atendía ese asunto, yo me quedé mirando el panorama descripto con anterioridad.

¡Vaya que hay paraguas!, pero de verdad son muchos, las pequeñas trochas de las veredas del centro, conllevan a constantes choques de peatones ya con un día a pleno sol, jamás me imaginé que la tasa de embestidas aumentaba de manera logarítmica al sumarle aquel elemento de protección contra el agua que las nubes decantan por acumulación y condensación. Yo los miraba atentamente, casi aislado de los insultos que profería mi primo; eran como hormigas, frotándose las antenas, sólo que aquí se chocaban con los paraguas, se decían puteadas en voz baja, y nunca falta la señora que es atropellada por un adolescente que en su afán de refugiarse en algún lado se la llevó puesta por correr y no frenar a tiempo. En una esquina un oportuno vendedor callejero aprovecha el mal tiempo y a viva voz y a los cuatro vientos brama que tiene disponible paraguas a la venta para aquellas personas que no quieren quedarse debajo de algo que los salve de mojarse.

Dependiendo la edad, la gente lleva el paraguas de forma bien distinta, a saber:

*Aquellos menores de 10 años que recién comienzan sus primeras salidas con paraguas, se los ve desentendidos de su uso, prefieren disfrutar más de la lluvia que protegerse de ella, cosa que a mi me parece bien, eso si, cuando las madres lo ordenan, el paraguas a 90 grados respecto del plano horizontal, llámese vereda en éste caso.

*Aquellos entre 10 y 20 años por lo general se los observa desprovistos totalmente de paraguas, salvo algunas excepciones, a las cuales se las puede despreciar numéricamente.

*Entre los 30 y 45 años comienza un desfile incesante de variedades, colores y formas, ya el transitar difiere en esta franja de edades, los más jóvenes tienden a dejarlo perpendicular al suelo (éstos son entre 27 y 35 años), pero algún extraño fenómeno hace que de aquí en adelante las cosas cambien bastante, aquellos que tenían entre 37-42 años realizaban una leve inclinación hacia adelante, aparentemente dicha posición del paraguas, brindaba resguardo de las gotas maliciosa que atacan de frente y de aquellas que prefieren caer en forma clásica, es decir, caída libre de arriba hacia abajo (nunca olvidemos esto) y sin dejarse llevar por la dirección del viento.

*De 45 en adelante, no se puede precisar una posición determinada, ya que calculo yo, comienzan a ser empíricas, hay quienes, dependiendo del lugar, inclinan el paraguas a 45º (a la izquierda o derecha) para que no les caiga el agua de los balcones; también están aquellos que los van cerrando y abriendo a medida que pasan por debajo de alguna edificación, debe tratarse de un aporte al descongestionamiento paragüil de las veredas porteñas, luego admiré a un reducido grupo que adoptaba extrañas siluetas corporales con tal de ser absurdamente reparados de la lluvia por aquellos paraguas que se dejaron vencer por los embates de los vientos y parecen más un desparramo de alambres y tela que cualquier otra cosa imaginable.

¡Ro!, ¡Robert!, ¡PRIMO!, dale loco, sigamos caminando que ya nos falta poco, me dijo mi primo el menor que salió airoso en su anhelo de encender aquel cigarrillo. Sigamos, dije como volviendo de aquel letargo que me dejó perplejo. Mientras caminamos hacia donde íbamos, evité al menos que tres paraguas me dejaran tuerto, en vano fue tratar de esquivar algunos paragüasos en la nuca o en la sien; nos agachamos al menos una veintena de veces para sobrepasar a aquellas personas que caminaban más despacio que nosotros (y poseían menor estatura), no he de negarlo, hasta llegamos a tener una especie de telepatía y realizábamos acciones de sobrepaso en conjunto, como si las hubiéramos practicado, que eran dignas de admirar. A esta altura del relato creo que es vano aclarar que nosotros no utilizábamos paraguas, ya que estamos totalmente en contra respecto al uso del mismo.

Al ingresar al edificio de destino, tristemente pude observar como un violento paraguas le reventó un globo a una pequeña que se divertía viendo como las gotas rozaban para luego caer de él.